En la Nota introductoria a Los Egipcios ha quedado expuesta la parte primera del relato mítico concerniente a Dánao y a sus hijas las Danaides: desde su etapa inicial en Egipto y su huida a Argos hasta el funesto desenlace en que terminaron las bodas celebradas entre ambos grupos de primos, puesto que las acosadas muchachas consintieron al fin en unirse a sus primos, aunque sólo en apariencia: previamente se habían conjurado a darles muerte en la propia noche de bodas, eso sí, antes de la consumación del matrimonio433.
En esta última parte las fuentes mitográficas divergen aún más que en la anterior, lo que complica la labor de rastrear la posible versión esquílea434. Pero al menos todas coinciden en el primer episodio: cuando a la mañana siguiente se hace pública la matanza, se descubre también que ha habido una excepción: Hipermestra ha perdonado la vida a Linceo, su pareja; aunque luego hay divergencias sobre el motivo de tal comportamiento: unos testimonios hablan de que Linceo respetó la virginidad de la muchacha435; otros, que Hirpermestra se enamoró de su primo correspondiente436; y, finalmente, está la variante de la Heroida XIV de Ovidio, donde se acude a la pietas y al timor como explicación del comportamiento de Hipermestra437.
A partir de este punto del relato las fuentes presentan una amplia disparidad de variantes, en las que podría establecerse una doble estructuración general. Un grupo supone que las Danaides, a través de una más o menos compleja peripecia, alcanzan un final feliz; mientras que para otras Dánao y sus hijas serían víctimas de su comportamiento sanguinario438. En cualquier caso, es comprensible que Dánao y sus hijas se sintieran defraudados ante la insolidaridad de Hipermestra, de resultas de lo cual se tomarán medidas al respecto: se habla de que Dánao encerró en una prisión a la hija desobediente439; o incluso que fue sometida a juicio por tal desacato, pero que el pueblo de Argos la declaró inocente. Entretanto, Linceo, según algunas tradiciones, había huido para ponerse a salvo440, aunque otras nos hablan de que Egipto, el padre de los infortunados novios, había llegado a Argos, al recibir la noticia de la matanza, con claras intenciones de venganza, pero que Linceo se interpuso entre los hermanos, consiguiendo que Dánao aceptase someterse a juicio ante un tribunal compuesto por argivos y egipcios.
Tras esta compleja variedad de posibles peripecias se llega al final del relato mítico. Una tradición441 nos habla de una reconciliación general: tanto entre los personajes humanos entre sí como entre éstos y los dioses: según
Apolodoro, Atena y Hermes, por orden de Zeus, purificaron a las Danaides y, a continuación, Dánao volvió a unir a la pareja rebelde y en segundas bodas casó a sus restantes hijas con los vencedores en una competición atlética, dato éste del certamen atlético que ya testimonia Píndaro en un epinicio del año 474 a. C.442, pocos años anterior, por lo tanto, a la puesta en escena de esta trilogía443.
Pero hay otro grupo de la tradición que supone un final funesto para Dánao y sus hijas, en debida compensación al sangriento comportamiento con sus primos. Así, diversas fuentes nos hablan de la muerte violenta de Dánao: en ocasiones a manos de Linceo, que acaba incluso con la vida de las asesinas de sus hermanos; aunque Higino444 limita el trágico desenlace al padre y casa a las Danaides con argivos. Y dentro de esta segunda gran tradición es donde hay que colocar la variante mitográfica del famoso castigo a que fueron sometidas las sanguinarias muchachas en el mundo de ultratumba, al verse obligadas a tener que llenar infructuosamente de agua una vasija agujereada, lo que está en clara relación con toda esa serie de trabajos sin fin que en el mito se impone a diversos personajes en pago a su maldad445.
En el Catálogo446 se incluye una pieza titulada Las Danaides, dato éste corroborado por las fuentes de los cuatro fragmentos conservados. Ahora bien, Wilamowitz había supuesto que Las Danaides era la denominación que dio Esquilo a toda la trilogía, en la idea de que los títulos de las piezas individuales fueron producto de la erudición posterior. Pero en 1952 Lobel publicaba un papiro de Oxirrinco447 que recogía la noticia de un concurso dramático en el que Esquilo había obtenido el primer premio, mientras que los otros puestos correspondieron a Sófocles y a otro poeta trágico llamado Mésato448. Pues bien, en la línea tercera449 se mencionan dos títulos de obras, Las Danaides y Amimona, pertenecientes al lote que presentó nuestro poeta al concurso del año que registra el papiro. Así, a la vista de su aparición en el papiro y dada su mención en el Catálogo, que sólo recoge títulos de obras, hay que concluir que Esquilo escribió una tragedia con esta denominación. De igual forma, el testimonio aportado por el papiro confirma en buena medida una sugerencia hecha ya en 1817 por Schlegel al propugnar una trilogía compuesta por Las suplicantes, Los Egipcios y Las Danaides450.
De los cuatro fragmentos pertenecientes con certeza a esta tragedia, dos de ellos suponen un apoyo importante a la hora de intentar reconstruir el posible argumento. En el Fr. 43 se habla de la celebración de un epitalamio de despertar en honor de unos recién casados, lo que supone la existencia de unas bodas contraídas recientemente. Pero es mucho más importante el Fr. 44: Ateneo, la
fuente, dice que Esquilo en esta tragedia hacía intervenir a Afrodita en persona y, a continuación, proporciona siete versos de su parlamento, en el que la diosa hace una demostración de cómo los elementos fundamentales de la Naturaleza, el cielo y la tierra, obedecen fielmente a sus dictados al dejarse llevar de la pasión amorosa, que irresistiblemente empuja a los miembros de toda pareja a la unión, fruto de la cual es todo lo que brota sobre la tierra. Se trata, pues, de un alegato en defensa de la necesidad irrenunciable de la unión entre los sexos.
A la luz de estos datos, y con el apoyo inestimable de la tragedia conservada de la trilogía451, podemos admitir con gran probabilidad que el argumento de Las Danaides versaba sobra la parte última del relato mítico concerniente a Dánao y sus hijas, del que, como hemos visto, las fuentes mitográficas nos dan amplia cuenta: la existencia de unas bodas y la presencia de Afrodita haciendo una defensa de la necesidad de la unión amorosa, verosímilmente nos conducen al drama de las rebeldes Danaides, que terminan por aceptar en apariencia el matrimonio con sus primos. Y esta situación encaja bien con el punto del relato en que sugeríamos que terminaba Los Egipcios452.
En la exposición anterior de los testimonios mitográficos hemos visto la disparidad de variantes existentes, lo que dificulta enormemente las cosas a la hora de sugerir con un cierto detalle la posible acción dramática. Pero en dos partes, al menos, podemos tener una certeza mayor sobre las líneas generales: el comienzo y el desenlace de la tragedia. Sobre el momento del arranque, decía al tratar de Los Egipcios que, probablemente, la acción se cerraba con la salida de los dos grupos en cuestión camino de la celebración de las bodas, y que la matanza nocturna caería fuera, pero antes de iniciarse esta tercera parte de la trilogía. En consecuencia, es fácil suponer que la parte inicial de Las Danaides, o sea, ese período narrativo previo a la acción dramática propiamente dicha, versaría sobre el descubrimiento, a la mañana siguiente, de los funestos sucesos acaecidos durante la noche de bodas: los Egipcios habían sido asesinados por sus recientes esposas. Y a esto, claro está, se añadiría el no menos sorprendente hallazgo de que Hipermestra había perdonado la vida a Linceo en contra de los planes acordados, lo que, de paso, dejaba en una posición incómoda a Dánao y a las restantes Danaides453.
También el desenlace último de la tragedia —que ahora, además, es el cierre definitivo de la trilogía, con lo que ello significa de conclusión de la problemática general del conjunto dramático— es bastante determinable. La intervención conservada de Afrodita nos certifica que al final se alcanzaba el triunfo del nuevo orden, en el que la relación amorosa entre los sexos resultaba
triunfante, o al menos la relación amorosa no impuesta a la fuerza, como podía ser el caso de las Danaides. Sería, pues, el tercer eslabón de la bien conocida serie esquílea: violencia-contraviolencia-reconciliación454. Esto no significa que la presencia en escena de la diosa tuviera que ser forzosamente en estos momentos finales, como más abajo podremos ver; pero nos asegura con gran verosimilitud un final feliz, en consonancia con buena parte de la tradición mitográfica455; ante la intervención de la diosa las hijas de Dánao cedían en su radical posición a contraer matrimonio456, aceptando en consecuencia los postulados de Afrodita y la posibilidad de llegar a unos nuevos y auténticos matrimonios.
Ésta sería, pues, la idea general del desenlace. Pero, sobre la base de los testimonios al principio mencionados, no es en exceso arriesgado admitir alguna concreción mayor. Una vez aceptados los planteamientos de Afrodita, la acción hacia el final de la obra pudo contener algún tipo de referencia a esas segundas bodas de las que nos hablan diferentes fuentes, y entre ellas el propio Píndaro unos años antes de que Esquilo representase esta pieza457. Pero es cuestión más delicada precisar en qué medida incidía este motivo en la acción dramática, puesto que las posibilidades van desde una simple alusión a que en un futuro más o menos próximo las muchachas podrían contraer nuevas nupcias como prueba de su cambio de opinión, hasta una puesta en escena más o menos simplificada del episodio de las bodas con los vencedores de la prueba atlética propuesta por Dánao. Una parte de la crítica se muestra reacia a aceptar este punto en el momento final de la tragedia, porque supone que, dada la lucha mantenida por las Danaides para rehusar toda unión no escogida por ellas, todo el esfuerzo se vendría abajo con esas bodas dispuestas a gusto de los nuevos pretendientes, puesto que el relato nos dice que irían siendo elegidas por los vencedores de la susodicha competición en función del gusto de éstos. Pero en estas posibles segundas bodas habría ahora algún elemento nuevo: 1) ahora la concertación contaría con la aprobación del padre, cosa que antes no sucedía; y de esta manera nos encontraríamos con un tema repetido en el mito, según el cual el padre ofrece a su hija al vencedor en algún tipo de prueba de entre un grupo de pretendientes; y en este contexto se da por supuesto siempre la aceptación por parte de la hija de la voluntad paterna, lo que encaja bien con la realidad social y jurídica de la época en lo tocante a la concertación de matrimonio458; 2) pero, además, tendría aún una explicación más clara si aceptamos que todavía en Esquilo se mantenía en alguna medida el probable viejo planteamiento del mito de las Danaides, en el que lo que realmente se daba era un rechazo teórico y
genérico de las muchachas a toda relación con el varón: ahora la situación habría cambiado, puesto que las hijas de Dánao han aceptado las leyes de Afrodita, y el paso siguiente en pura coherencia es la concertación de unas bodas459. Ahora bien, previo a este motivo de los nuevos matrimonios, reflejo directo del cambio de actitud, es también probable que tuviese lugar una purificación de la sangre derramada. El procedimiento dramático utilizado es muy difícil de precisar, pero el desenlace de final feliz lo exige en buena medida y, además, tenemos el refrendo de alguna fuente460.
Hasta aquí me he referido a los probables momentos de arranque y conclusión de la tragedia. Pero la peripecia correspondiente al núcleo propiamente dicho de la acción dramática es cuestión mucho más problemática. Como aproximación general creo que puede admitirse fácilmente la sugerencia de que la trama versaba sobre las consecuencias inmediatas de la muerte de los Egiptíadas, pero de aquí debería sacarse una conclusión importante: el auténtico conflicto concerniría a las muchachas asesinas, y en función de este hecho es como, a mi juicio, habría que entender la posterior llegada de Afrodita, cuya función primordial, por lo tanto, estaría en relación con el destino de aquéllas. Esta interpretación, en consecuencia, haría pasar a Hipermestra a un segundo plano, aunque su desobediencia y escisión del grupo incrementaría la tensión general o, al menos, sería el elemento desencadenante del estallido central. En la línea general de la trilogía, el nudo dramático sería ahora la valoración de los asesinatos, puesto que habría que dilucidar si la violencia de que las Danaides eran objeto desde la primera tragedia es causa suficiente de su mortífera reacción, o si por el contrario está por encima el delito de sangre cometido. En este contexto la venida de la diosa con su postulado general de la relación amorosa entre los sexos, supondría la justificación de las Danaides y, sobre todo, la armonización de las dos partes. Además, un segundo elemento general también importante sería la participación de los argivos en el desarrollo del conflicto, como puede deducirse por su insistente presencia en Suplicantes, de donde podemos suponer con verosimilitud que incidía en toda la trilogía. Ahora, de alguna manera el pueblo argivo recriminaba —o condenaba en juicio, incluso— la actuación de las muchachas, de igual forma que en Suplicantes se había enfrentado a los Egipcios por medio de Pelasgo461.
Más complejo es concretar cómo se escenificaba este conflicto. Una parte importante de la tradición mitográfica habla de un juicio, aunque luego hay variantes sobre quién era el o los acusados. Efectivamente, ya me he referido más arriba a cómo unas fuentes nos hablan de que, simplemente, Dánao encerró
en la cárcel a su desobediente hija462, mientras que otras complican un tanto el episodio haciendo que Dánao presente a Hipermestra ante el tribunal de justicia acusándola de desobediencia a la autoridad paterna463, aunque el pueblo argivo la absolverá de tal cargo; o, también, que fue realmente Dánao el llevado a juicio, en este caso por Egipto, con o sin la intervención de Linceo según las fuentes464. De estas tres opciones generales la última tiene tal vez una mayor relevancia porque, entre otras razones, aparece en el Orestes de Eurípides465, donde el texto deja bien claro que Dánao es el personaje en situación complicada, al menos como protector, si no cómplice, de las asesinas466. Una parte de la crítica piensa que no es necesaria la existencia de un juicio467, lo que puede ser oportuno; pero al menos habría tal vez que suponer que se daba un planteamiento legal al conflicto, como se deduce del pasaje mencionado de Eurípides, y que tal vez el juicio tenía lugar fuera468, y alguien traía a escena la información, en paralelo a la conducta política de Pelasgo en Suplicantes, cuando sale a consultar la opinión de la asamblea argiva. En cualquier caso, pienso que el resultado del conflicto sobre la oportunidad o no de la actuación de las Danaides era negativo para ellas, lo que implicaba el rechazo de los argivos, y es en tal situación en la que Afrodita intervenía de forma decisiva, exculpándolas y estableciendo como norma absoluta la recíproca relación amorosa en la pareja, en paralelo a como actúan el Cielo y la Tierra en el Fr. 44.
Respecto a los posibles participantes en la acción dramática, parece indiscutible que el coro lo componían, como en Suplicantes, el grupo femenino de las Danaides, sujeto paciente y agente a un tiempo del conflicto trágico, aunque en ocasiones se ha supuesto que estaría formado por algún otro colectivo, por ejemplo, ciudadanos de Argos469. Pero la cuestión es más problemática en lo tocante a los personajes individuales. Para empezar, Ateneo certifica que en un momento dado aparecía en escena la propia Afrodita, recurso éste del que Esquilo hace un uso amplio en la Orestía470. La presencia de Dánao es prácticamente segura, puesto que parece verosímil suponer que desde la primera escena de la tragedia inicial este personaje es un elemento importante en la acción dramática de toda la trilogía; además, en este caso sería ese participante que en la Tragedia griega está en una relación con el coro más estrecha que el resto de los intervinientes. La posibilidad de otros personajes (Hipermestra, Linceo, Egipto) es ya más hipotética, aunque su presencia destacada en el relato hace verosímil su participación en la adaptación esquílea. Hipermestra tendría sentido en la parte primera de la acción dramática, una vez que se ha descubierto la masacre y su comportamiento irregular, que incrementaría la tensión. Linceo
se hace casi necesario si se excluye la existencia de un juicio, y el conflicto escénico se limita a un contraste de criterios, donde la parte contraria a las muchachas tendría que estar defendida por el Egiptíada sobreviviente. Finalmente, la opción de Egipto es la menos probable, aunque Frínico, pocos años antes de Esquilo, lo había hecho venir hasta Argos, y el pasaje mencionado de Eurípides pone de manifiesto que era una versión extendida en el siglo v. Más allá de estas consideraciones se pasa ya, a mi juicio, a un terreno de pura hipótesis471.
Al tratar de Los Egipcios me he referido a la corriente de opinión que coloca el motivo del oráculo dado a Dánao como elemento central en la interpretación última de la versión esquílea: la imposibilidad de que se casaran las muchachas provenía realmente del riesgo que corría Dánao de morir a manos de uno de sus yernos, como le había hecho saber un oráculo472. Según esta otra línea interpretativa el problema que se planteaba en esta tragedia última de la trilogía, era el cumplimiento del oráculo, o sea, la muerte de Dánao a manos de su único yerno sobreviviente. Linceo. Sommerstein473 sugiere una reconstrucción meticulosa. En el Prólogo Linceo cuenta su huida a un lugar seguro y, en un segundo momento de esta escena inicial, un criado (?) narra los festejos de las bodas y marcha a preparar el epitalamio de alborada474. En la Párodos las muchachas entran con sus puñales ensangrentados y proclaman su victoria sobre los odiados varones y la no menos odiada Afrodita. En el primer episodio Dánao trae a Hipermestra, da cuenta de la traición de ésta, la envía a prisión y se encamina a la asamblea de los argivos para organizar la búsqueda de Linceo. En el episodio siguiente regresa Linceo disfrazado de pastor, y asegura saber dónde está escondido Linceo, ante lo que el coro lo remite a Dánao. En el tercero llega a escena un mensajero que describe el primer desenlace: Linceo ha actuado con astucia en la asamblea argiva y ha conseguido la ayuda de un grupo de hombres armados, tras lo que ha descubierto que el auténtico peligro para Argos es