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I. CONCEPTOS Y TEMAS QUE SERÁN DESARROLADOS

1. LOS CONFLICTOS

1.4 LAS CARACTERÍSTICAS DEL MOVIMIENTO

La presión social que se aplicó en Coatzacoalcos y Minatitlán para darle solución a los problemas de abasto de agua, además de obedecer a una necesidad específica, se plantea que estuvo relacionada con un cambio político en el cual estaba presente una apertura democrática que generó una participación pluripartidista en el escenario electoral, también una mayor presencia de una ciudadanía que de manera organizada luchaba por sus derechos e impugnaba al Estado para que le proporcionara los servicios públicos de manera más eficiente. Las acciones colectivas fragmentadas por sectores cobran presencia en el escenario político, para el caso presentado fueron estudiadas desde la perspectiva de Alberto Melucci (1999).

Sidney Tarrow (1983) establece una distinción entre movimientos —como formas de opinión de masas—, organizaciones de protesta —como formas de acción—, para el autor son un sistema de relaciones que incluye respuestas del sistema político y la interacción entre grupos que se manifiestan y élites; desarrolla el concepto de “estructura de las oportunidades políticas”, a partir del cual, plantea un análisis de la acción colectiva como un sistema y no sólo como una creencia o un conjunto de intereses objetivos.

La hipótesis de una conexión entre ciclos de protesta y de reforma; es propuesta por Sidney Tarrow como una función fisiológica estable en sociedades complejas más que una manifestación de patología social. El análisis de esta vinculación puede proporcionar una base empírica para el punto de vista tradicional, que es el marxista en el origen, asociado al conflicto social con el cambio.

65 Un movimiento social, para Tarrow es:

Un fenómeno de opinión de masa perjudicada, movilizada en contacto con las autoridades. Semejante movimiento es extraño que actúe de manera concentrada y su existencia debe inferirse de las actividades de organizaciones que lo reivindican.

Los conflictos por el agua en las poblaciones estudiadas han generado acciones colectivas y movimientos políticos, la reconstrucción de ambas se hará desde la perspectiva de Melucci (1999). Plantea que las acciones colectivas representan un mensaje que transmiten al resto de la sociedad, también expresa que asumen una independencia creciente con respecto a los sistemas políticos, debido a que se vinculan con la vida diaria y con la experiencia individual, según el autor lo que está en juego en los conflictos es la reapropiación individual y colectiva del significado de la acción, de forma tal que el presente sea la condición de lo posible; por otra parte, plantea que en América Latina la acción colectiva se encuentra en las luchas por la ciudadanía, por las garantías civiles y democráticas, por el logro de formas de participación que se traduzcan en nuevas reglas y derechos.

Las coyunturas en las cuales se generan los movimientos sociales son analizados por McAdam, McCarthy y Zald, Tarrow y otros especialistas que estudian las formas en que interactúan a partir de las cambiantes oportunidades políticas, analizan las estructuras de la movilización y marcos culturales; estos autores proporcionan un panorama más completo de la movilización popular; sin embargo, no identifican los factores que facilitan y obstruyen las acciones colectivas en México y otros estados autoritarios.

Una perspectiva intersubjetiva y semántica del movimiento, es la que desarrolla Neil Harvey (2000) a partir del movimiento de los Zapatistas contemporáneos, hace una revisión sobre algunos de los significados y perspectivas teóricas que se encuentran presentes en las acciones colectivas indígenas que empezaron a desarrollarse a partir de la última década del siglo pasado. Busca aquellos factores que hicieron posible una forma nueva de pensar y actuar en las acciones colectivas. Algunos de los análisis realizados al zapatismo contemporáneo, dejaron de lado la complejidad de las relaciones entre las estructuras y los actores sociales, considera importante el conocer la manera en que los grupos oprimidos construyen sus espacios para combatir sus condiciones materiales, expresar discursos políticos y culturales. Para él en el zapatismo contemporáneo está presente un ejercicio auténtico de la ciudadanía, debido a que en el país ésta se ha

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desarrollado desde una perspectiva corporativista; también la propuesta evidenció el abismo que existe entre los ideales liberales y la realidad cotidiana, en la que viven los mexicanos; desde su perspectiva, los Zapatistas, plantearon una concepción radical de la ciudadanía y democracia.

Harvey considera que las reformas neoliberales alteraron los anteriores modos de acumulación de capital y el orden social previo; y que no puede deducirse el impacto a partir de su lógica interna; y menos considerar que los intereses de los Zapatistas — contemporáneos— eran reductibles a una esencia predeterminada y a una simple manipulación de empresarios políticos.

La identidad, es el concepto del que parte Harvey, desde una óptica posestructuralista a partir de categorías tales como: clase, etnicidad, campesino e indio, Estado y ciudadanía. No le interesa explicar la cadena causal de los acontecimientos que conducen a un resultado predeterminado, su objetivo es enfatizar en la construcción política básicamente de ciudadanía, a partir de los fragmentos de múltiples luchas contra la opresión; además del Zapatismo contemporáneo retoma algunos de los planteamientos de autores que califican como nuevos o novedosos a los levantamientos que se desarrollaron a finales del siglo pasado.

Neil Harvey (2000), analiza la propuesta de David Slater, apoyada en trabajos de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, quienes estudian los movimientos que se desarrollan en Europa Occidental y Estados Unidos, para ellos eran una respuesta a las nuevas formas de subordinación características de las sociedades capitalistas de la posguerra. La mercantilización, burocratización y masificación de la vida cotidiana, son luchas contra hegemónicas para resistir el poder impersonal del mercado y del Estado.

Los movimientos sociales, denominados como “nuevos”, desde la perspectiva de David Slater representaban una crisis de los paradigmas tradicionales en su representación e intereses. La politización de los espacios sociales condujo a su surgimiento y a que tuvieran una característica de autonomía, a partir de la cual se disolvió la división entre lo político y social aceptado tradicionalmente, estos le confieren una ampliación a la democracia popular porque se manejan alejados de las relaciones jerárquicas patrimoniales del poder centralizado que marcaron los partidos políticos y los viejos movimientos sociales como los sindicatos gremiales; también considera que son una resistencia al poder.

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Una mayor igualdad considera Neil Harvey se promueve a partir de los levantamientos contemporáneos; los cuales también plantean estructuras descentralizadas que promueven el respeto a la diversidad; sin embargo, en el caso de México el poder estatal se encuentra definido por el autoritarismo y la excesiva centralización; además de la masificación y burocratización de las democracias liberales occidentales. Lo destacable de estos movimientos es que buscaron mantener su autonomía de los partidos existentes; además de que plantearon la politización de los espacios sociales como resultado de sensibilidades posindustriales a la crisis de la modernidad y como una necesidad de vida bajo un régimen militar o autoritario. La crisis de la modernidad y los regímenes autoritarios generaron un desmantelamiento de las relaciones clientelares existentes, esto condujo a los grupos populares a buscar espacios nuevos autónomos para expresar sus exigencias. Las actividades culturales y religiosas no partidistas se convirtieron en los espacios ideales para reconstruir la capacidad de resistencia a la exclusión política, económica y social.

El único terreno posible es uno de los contingentes abierto a las acciones de los agentes sociales, el papel esencial del antagonismo reemplaza el desdoblamiento de las leyes objetivas de la historia, según Harvey brindando espacio a la esperanza, ahora y siempre, en la transformación de las condiciones opresivas. La sociedad está constituida por antagonismos y no por un principio predeterminado de orden, las dislocaciones dentro de una estructura están abiertas a su politización por diferentes fuerzas, los nuevos movimientos sociales actúan guiado por una proliferación más allá de aquellos que han tendido a dominar imaginarios políticos de la izquierda.

El argumento de que los movimientos sociales de final del siglo pasado eran nuevos propició múltiples controversias, para Harvey algunos estudiosos plantearon que se dejaba de lado la dimensión histórica de la protesta popular. Alan Knight (1990) describió las continuidades, su identidad siempre había sido problemática y contingente; los movimientos populares de México no eran novedosos como creían los teóricos aunque pudieron haberse involucrado nuevos actores o nuevas demandas. Sus prácticas siguieron siendo las mismas y no deberían malinterpretarse como signo del surgimiento de una cultura política democrática, retoma a Stater y Laclau, quienes plantean la refundición de lo político, espacios sociales que se van politizando y representan una apertura que amplía las

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posibilidades de una lucha democrática; está presente una crítica al autoritarismo y las formas tradicionales de representación; además de nuevos discursos políticos que plantean derechos ciudadanos; sin embargo, no en todos los países tienen las mismas connotaciones, porque la transición de los gobiernos democráticos, no necesariamente ha tenido un vínculo directo con estas acciones, sino que han tenido resultados ambiguos.

Neil Harvey analiza las propuestas que cuestionan la denominación de “nuevos” a los movimientos sociales de finales del siglo pasado, Knight y Rubín56 consideraban que era necesaria una perspectiva histórica con un enfoque regional, porque las acciones colectivas representan una continuidad de la lucha popular más que un nuevo desafío a un mítico estado corporativista.

Otro era el planteamiento de Sergio Zermeño, para quien la mayoría de la población se encuentra excluida de los modernos espacios de interacción política, cultural y económica, es decir, los movimientos sociales realizan acciones defensivas para proteger “identidades reducidas”, muy localizadas ante la represión y la cooptación política, desde su perspectiva, estos levantamientos son un minúsculo fragmento de una sociedad cada vez más empobrecida y desorganizada o de un México “roto”. Según Carlos Monsiváis las significaciones de estas acciones, son que la sociedad se organizaba y estaba generando un debate a las formas tradicionales de representación. Judith Hellman (1994) destaca que los movimientos populares tienen dos alternativas igualmente limitadas, por una parte, sacrifican su autonomía política por beneficios materiales de corto plazo, o bien la mantienen pero enfrentan la represión y marginación; según Paul Heber (1994) la relación entre movimientos populares y democratización ha sido exagerada y tal vez influida por un razonamiento generado en el Cono Sur, es decir, México no se estaba volviendo, ni más democrático, ni más represivo simplemente se exaltaban más las identidades.

Los movimientos populares inevitablemente marchaban hacia la democracia, desde la perspectiva de Fowerakes, estaba presente un desafío al clientelismo y al presidencialismo más abierto; sin embargo, seguía presente la supervivencia del clientelismo y del caciquismo, habían limitado las capacidades cooptativas del Estado, el futuro estaba inevitablemente definido por una infinita sucesión de gobiernos priístas,

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Destacaban que en México el movimiento estudiantil de 1968 fue lo que propició una nueva generación de organizadores de nuevos movimientos sociales.

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México estaba pasando por una profunda transformación política bajo el peso de la crisis económica, la reforma neoliberal y la movilización popular. Este autor ofrece otra alternativa al señalar la capacidad de algunos movimientos para sobrevivir al soborno y a la represión, conceptualiza el impacto político desde el punto de vista de la lucha por una autentica ciudadanía.

Fowerakes advirtió que el desafío al clientelismo y caciquismo estaba menos restringido a la figura personal de patrones o caciques que a una cuestión de principio, a una exigencia en que se respeten los derechos, los movimientos no le piden al gobierno favores, sino que le exigen respeto a sus derechos, las prácticas inevitablemente cambian. El sello distintivo de los movimientos populares mexicanos no es su autonomía radical con relación al sistema político, sino su institucionalismo, institucionalistas y anticonformistas. Negocian para conseguir que se satisfagan sus demandas, pero también se movilizan y desafían la manera en que son tratados por las autoridades del estado, nuevos líderes, activistas y tipos de discurso.57 Las prácticas políticas son las que definen a los movimientos populares, está presente una democratización, proceso interminable, entendiéndolas como un conjunto fijo de reglas al que han dado su consentimiento, no hay un interés de ir más allá de las democracias occidentales ni de los Estados Unidos, para darnos cuenta de que la revolución democrática está lejos de haber terminado, a pesar de las afirmaciones ideológicas de que hemos llegado al fin de la historia.

Las movilizaciones de mediados del siglo pasado, en las cuales los grupos indígenas y campesinos reproducían sus discursos políticos y culturales; desde la subordinación para reivindicar sus identidades e incluso la dignidad propia en la cual se encuentra la necesidad de contar con justicia social y los requerimientos básicos de subsistencia de un individuo y una colectividad, estas acciones colectivas se siguieron desarrollando a principios del nuevo siglo con características semejantes en algunas desarrolladas en Tatahuicapan, estuvieron presentes las estrategias empleadas en 1994, como el conocimiento del territorio, el uso de flechas para ponchar los vehículos, la confrontación total para luego dar lugar a la negociación.

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Foweraker, concede más espacio a la estrategia política y a las contradicciones en el seno del estado, la naturaleza política de los movimientos populares en México, los movimientos populares mexicanos están preocupados por hacer que la Constitución se vuelva realidad y se refieren no a una universal sino a la mexicana, añade un elemento mexicano específico o cómo se construye el significado de la democracia a través de diferentes discursos políticos, en vez de asumir una sola definición posible.

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En el caso de los tatahuicapeños como otras comunidades indígenas mostraron sus iniquidades con respecto a otras poblaciones veracruzanas; además de señalar problemas con respecto al agua y cuidado del medio ambiente se establecieron vínculos entre un reclamo particular y una validez generalizadora debido a que en un primer momento se movilizaban buscando obras de infraestructura, escuelas y posteriormente sus reclamos fueron de tipo político dentro del sistema, Neil Harvey cita a Alain Touraine para quien las acciones colectivas están transformando las prácticas y teorías tradicionales porque son luchas por su historicidad, es el trabajo que la sociedad hace sobre sí misma, por los sentidos culturales, las identidades y las diferencias. Los Dioses ancestrales de los tatahuicapeños se encuentran vinculados con el agua y son representados por una triada: San Martín —Jaguar protector y dador de lluvia—, San Lorenzo —patrón valiente del bien y el agua— y San Cirilo —patrón de los rayos—, ellos desde su perspectiva les propician el sentimiento que tienen de ser el pueblo elegido porque los siguen protegiendo.

Martín Aguilar Sánchez (2009:3) plantea que en las acciones colectivas los grupos organizados se disputan con sus adversarios el control de la historicidad de una determinada sociedad dando forma al movimiento social a partir de los principios de oposición y de totalidad, elaborando así sus objetivos, su propia historia y procesos que constituyen su propia identidad.

Las acciones colectivas en algunas ocasiones cobran forma de movimientos políticos, los cuales según Melucci (1991: 361) requieren de la presencia de tres situaciones:

Ante todo debe contener solidaridad, es decir, la capacidad de los actores de reconocerse a sí mismos y de ser reconocidos como parte de una unidad social. La segunda característica es la presencia del conflicto, una situación en la cual dos adversarios se encuentran en oposición sobre un objeto común, en un campo disputado por ambos. Esta definición clásica del conflicto es analíticamente distinta de la idea de contradicción usada, en la tradición marxista. El conflicto, de hecho, presupone adversarios que luchan por algo que reconocen está de por medio entre ellos, y por lo que se hacen precisamente adversarios. La tercera es la ruptura de los límites de compatibilidad de un sistema al que los actores involucrados se refieren. Romperlos significa la acción que sobrepasa el rango de variación que un sistema puede tolerar, sin cambiar su estructura, entendida como la suma de elementos y relaciones que la

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conforman los sistemas de relaciones sociales que pueden ser muchos y muy variados, pero lo importante es la existencia de un comportamiento que rompe las fronteras de compatibilidad, por lo tanto forzando al sistema de ir más allá del rango de variaciones que su estructura puede tolerar.

Los movimientos, según Melucci plantean variantes y los conceptualiza como: reivindicativos, políticos y antagónicos. 1) Un movimiento reivindicativo tiene un contenido antagónico, debido a que pone en cuestionamiento el nexo existente entre la funcionalidad neutra de la organización y los intereses de los grupos sociales dominantes. 2) Un movimiento político busca transformar los canales de la participación política, o para desplazar las relaciones de fuerza en los procesos decisionales. 3) Un movimiento antagónico es una acción colectiva dirigida contra un adversario social para la apropiación, el control y la orientación de los medios de producción social, no se presenta jamás en estado puro, debido a que la acción colectiva se sitúa siempre en el espacio y en el tiempo de una sociedad concreta, es decir de un cierto sistema político y de una forma determinada de organización social. Los objetos históricos con los cuales el análisis tiene que enfrentarse son siempre movimientos reivindicativos o movimientos políticos con la posibilidad de un mayor componente antagónico.

La articulación entre los movimientos sociales y democratización es planteada por Martín Aguilar Sánchez (2009:15) quien menciona que tienen un mayor impacto en el sistema político, cuando tiene una apertura y un debilitamiento en el control de las organizaciones corporativas, generando así una participación democrática tanto en lo político, como en lo económico debido a que originan injerencias frente a la exclusión que plantea la economía a las clases más necesitadas.

Las acciones colectivas de los tatahuicapeños propiciaron un sector de un movimiento social con injerencia en un área geográfica, considerando que para Sidney Tarrow, se define como un fenómeno de opinión de masa perjudicada, movilizada en contacto con las autoridades; tiene algunas características reivindicativas, desde la perspectiva de Melucci porque no buscó transformar al sistema político más bien generó cuestionamientos a las políticas del agua, demandas sobre infraestructura y la búsqueda de una ampliación territorial, administrativa y política. En tanto que, para Martín Aguilar, sería

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parte de un movimiento social, al generar la democratización del régimen aun cuando cuestiona sus decisiones y repercusiones en una localidad y región.

El movimiento social, según Georges Balandier (1997:128) es portador de vida y renovación. El orden y el movimiento deben coexistir para obtener el equilibrio. Rafael Pérez Taylor (2002:41) considera que está vinculado a dos conceptos complementarios: el de transición y el de cambio, categorías que plantean que el movimiento social —en su desplazamiento— construye una nueva estructura social, que se delimita desde un proceso en transición; pero si sucede lo contrario durante el movimiento, es decir, que la estructura social no se modifica, entonces solamente sería un cambio social, en la cual únicamente se han modificado los sujetos sociales, pero ésta sigue siendo la misma. Este último fue el caso de la movilización desarrollada por los tatahuicapeños.