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Las diferentes etapas del análisis personal

Recordemos que en los grupos analíticos emanados de la Inter­ nacional, el análisis del candidato, cuando es considerado “ didácti­ co” o “ de formación” , sólo puede ser realizado por analistas didac- tas, seleccionados a su vez de entre los miembros titulares. En algunos países, todos los miembros titulares son elegibles, como resultado de las presiones que se ejercieron para disminuir el peso de una superselección perjudicial para el propio análisis.

De todas maneras, existen diferentes etapas en el análisis (perso­ nal o didáctico) del candidato:

1. La etapa inicial (llamada análisis personal) no siempre está relacionada con la Institución. El candidato entra en análisis en razón de dificultades personales.

2. Por lo general la otra etapa corresponde a la gestión institu­ cional de autorizar el ingreso en el análisis llamado didáctico. Este continúa con el mismo analista o bien con un analista “ habilitado” para realizar análisis didácticos. Más tarde el candidato debe cumplir otro requisito institucional que consiste en obtener la autorización para iniciar un control. Estas formas de intervención institucional en la trayectoria analítica que debe cumplir un candidato son práctica­

mente las mismas para todos los grupos pertenecientes a la Asocia­ ción Psicoanalítica Internacional. Sin embargo, una corriente de opinión propugna en la actualidad a que la relación del sujeto con el aparato institucional —que implica el reconocimiento de aquél como analista por parte de la Institución— se establezca una vez terminados el análisis y el control. Idealmente, esta posición coincidiría con la de Lacan, que siempre se negó a asociar el análisis en curso (y los criterios de “ normalidad” del candidato) con la Institución. Desde esta perspectiva, el candidato será reconocido o no por la Institución sólo después de haber cumplido una serie de pasos previos. Asimis­ mo, el candidato será juzgado10 sobre la base de su práctica (aunque en cierta medida también sobre la base de su participación en el trabajo de investigación de la Institución). De todos modos, este enfoque no elimina los conflictos de precedencia como los que existen en las instituciones afiliadas a la Internacional. En efecto, los problemas de parroquialismo se hacen sentir no sólo dentro de una institución analítica, sino también en el hospital y la universidad, y hasta influyen en los concursos para .optar a una promoción. Desde 1950, la calificación como psicoanalista brinda a los candidatos bien ubicados los puntos suplementarios que facilitan el acceso a puestos oficiales. Así, el acento pasó del análisis personal a la satisfacción narcisista de ser analista. Esto da oportunidad a que los candidatos disimulen sus dificultades personales, optando por una trayectoria académica de triunfos ininterrumpidos. Por ende, algunos candidatos ven el análisis como un concurso o un examen que necesitan aprobar.

Una ley de 1944 en los Estados Unidos,11 dio a los ex combatien­ tes del ejército la posibilidad de estudiar y aprender un oficio, psicoanálisis inclusive. Para que el candidato pudiera recibir subsi­ dios, se redefinió el psicoanálisis didáctico como enseñanza (mien­ tras que antes se lo consideraba terapia). Un clínico general, “ para mejorar como médico” , puede entonces deducir de los impuestos el costo de su análisis, a título de honorarios profesionales, en tanto que un psiquiatra diplomado no puede hacer lo mismo. Semejante intro­ ducción de normas jurídicas (que se podría producir también en Francia) distorsiona la reglamentación del análisis, en la medida en que lo hace pasar de una situación terapéutica (que implica el costo de un tratamiento) a una situación docente (que importa honorarios profesionales en el marco de una formación permanente), acentuando así el aspecto ‘ ‘profesional” de una disciplina destinada a convertirse

en una superespecialidad. El resultado de esta distorsión (tal como ocurre asimismo en Francia) es que los candidatos provienen de una

élite universitaria y se interesan más, como lo vimos, en triunfar en

una carrera que en experimentar las “ transformaciones dialécticas” que se producen en el curso del análisis. Así, la búsqueda de un conocimiento objetivo reemplazó en determinado momento de la historia del movimiento analítico al anhelo de acceder a una “ verdad” ,12 Estos candidatos, una vez convertidos en analistas, •pueden adoptar para con sus pacientes un enfoque estereotipado y repetir con ellos el “ falso sí mismo” de su propia actitud analítica (una actitud puramente intelectual que excluye la dimensión de “ drama” a vivir en la transferencia). Es posible entonces que le enseñe al paciente a pensar como él e incluso que como terapeuta se impaciente cuando la clínica desmiente una hipótesis teórica. En efecto, cuando el analista se identifica con su propio analista, puede reproducir con los pacientes las pautas en función de las cuales él mismo se formó. Este peligro (el de equiparar el análisis con la sugestión) aumenta cuanto mayor es el prestigio de que goza dentro del grupo el analista con el que se establece la identificación.

Esto lleva inevitablemente a cuestionar los criterios de termina­

ción de un análisis, que han llegado a ser por demás perfeccionistas,

pero en un sentido normativo (tendiente a definir la “ buena salud” mental). Tanto más cuando el tipo de análisis al que aludimos por lo general no da lugar a que se considere la fascinación que una imagen idealizada de analista ejerce sobre el candidato y deja sin tratar los problemas narcisistas. Además, ajuicio de los propios analistas, rara vez se indagan los problemas de celos edípicos o de rivalidades intergrupales y su proyección en la Institución (a menudo debido a que en el analista didacta persiste el mismo tipo de conflictos narci­ sistas).