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El ejemplo claro que cita Williams para referirse a cómo opera la tradición selectiva sobre un periodo determinado es el del análisis de la prensa popular de la década de 1840 en Inglaterra. El autor va a decir que el principal diario que se consulta para dar cuenta de la “prensa victoriana” es The Times, en

tanto figura más tradicional de la prensa inglesa. Pero en términos reales y documentados, ese diario tenía mucho menos circulación que otros periódicos

96 denominados “dominicales” como Dispatch, Chronicle, Lloyd´s Weekly y News Of The World (Williams 2003b). El problema para Williams es que las múltiples

selecciones de diversos periodos que se han hecho vincularon a The Times

con la tradición de la alta política, mientras que las otras piezas implicaron una lectura de recepción más efímera y baja. Por ello, el análisis cultural es sobre todo el análisis de la relación entre elementos que constituyen la totalidad. Muchas veces la concepción dominante de un periodo no hace sino obstaculizar su conocimiento. Como el mismo Williams escribió en el ensayo sobre Lucien Goldmann: “La visión del mundo isabelina, comencé a pensar, es una cosa fascinante en sí misma, pero, entonces, era más un obstáculo que una ayuda a la hora de percibir la materia plena del teatro isabelino” (Williams 2012: 43).

Todo el trabajo hecho sobre la Tragedia (Williams 2014), publicado por primera vez en 1966, viene a afirmar esta idea que se fundamenta en ir desentrañando visiones dominantes del mundo para abordar los elementos constitutivos de una cultura. Y esta es una discusión que se da en el presente:

“Es, más bien, cuestión de darse cuenta de que la tradición no es el pasado, sino la interpretación del pasado: una selección y valoración de los ancestros, en lugar de un registro neutro. Y si esto es así, el presente, en todo momento, es un factor en la selección y valoración” (Williams 2014: 36).

El repaso realizado por Williams en Cultura y Sociedad viene a intentar quitarle

naturalidad a la tradición selectiva de periodos anteriores, y a recuperar ese conjunto de tradiciones previas para enriquecer, justamente, la comprensión actual sobre la industrialización en Inglaterra. Como planteó luego en La larga revolución: “La tradición selectiva, que con toda seguridad continuará

cambiando, es en parte el énfasis en obras de valor general y en parte el uso de obras pasadas en función de nuestro propio crecimiento” (Williams 2003b: 67). La aportación y el comportamiento de los estudios literarios y en comunicación y cultura tienen mucho de esta idea de enriquecimiento a través de la recuperación de los estudios culturales ingleses. Idea que está en el inicio de la obra de Williams, y que parte también de la intención de su trabajo intelectual y de esa concepción de lento cambio donde todos los elementos

97 intervinientes del proceso tienen un carácter sumatorio o de agregación. De esta manera, el mismo autor comenta al final de Cultura y Sociedad:

“He escrito este libro porque creo que la tradición que documenta es una gran

contribución a nuestra comprensión común y un gran incentivo a sus ampliaciones necesarias. Hay ideas y maneras de pensar que contienen en ellas las semillas de la vida, y hay otras, tal vez en la profundidad de nuestra mente, con las semillas de una muerte general. La medida de nuestro éxito al reconocer unas y otras y nombrarlas para hacer posible un reconocimiento común puede ser, literalmente, la medida de nuestro futuro” (Williams 2001a: 275).

Otra característica de la tradición selectiva es que al recuperar elementos documentados de una cultura lejana en tiempo y lugar, también vamos a recuperar las marcas de la misma selectividad que la tradición dejó en esos elementos. Como el proceso de comunicación y de dinámica cultural se da en la misma selectividad, el autor plantea que se recuperan modos de sentir anteriores en los documentos que tomamos como objeto en el análisis cultural. Siguiendo el ejemplo que trabaja en La larga revolución, va a plantear

que la ficción popular de la década de 1840 implica muchos sentires de épocas anteriores, así como también elementos convencionales propios de géneros más selectos. De esta manera, el análisis materialista de Williams permite una relación de elementos que otras corrientes marxistas no podrían comprender. Un signo de esto es la correlación entre alta literatura y prensa popular que a través de la tradición se ha mostrado siempre de manera divergente, pero que tienen muchas más cosas en común que aquello que se ha recuperado. El intento de poner el ojo en discutir la manera en que se recupera el pasado, le permite esta identificación de ciertas continuidades que ha sido un aporte para el estudio de la historia de los géneros, los medios, los lenguajes y la cultura en general. En esta configuración, definir en convergencia a una cultura popular intrínseca al hacer del pueblo diferente de una cultura hecha sólo para la gran circulación carece de sentido, en tanto los elementos que circulan en el interior de estas dos formas culturales son los mismos:

“En términos de trama y estructura de sentimiento, las novelas de Charlotte y

98 periódicas: la institutriz heroína, la esposa insana o el marido alcohólico, la resolución por medio de la resignación, el deber y la magia. Dickens, de manera similar, utiliza una y otra vez las situaciones, los sentimientos y la magia de la

ficción periódica” (Williams 2003b: 74). II.IV. Tradición y hegemonía

Igualmente, cuando pensamos en la convergencia de elementos como un aporte al abordaje materialista de la cultura, no debemos creer que Williams no tenía en cuenta las diversas maneras de dominación y articulación hegemónica. De hecho, en el artículo Base y superestructura en la teoría cultural marxista, publicado en la NLR en 1973, el autor ancla la noción de

tradición selectiva a las distinciones y relaciones de las diversas formas culturales en la sociedad:

«Existe un proceso que llamo la “tradición selectiva”: se trata del proceso que, dentro de los términos de una cultura dominante, se hace pasar como “la tradición, como el pasado significativo. Pero, siempre la selectividad es el punto: la manera en que, a partir de una extensión de pasados y presentes posibles, ciertos significados y prácticas son elegidos para ser enfatizados, mientras que otros significados y otras prácticas son desatendidas y excluidas» (Williams 2012: 60).

Este análisis se da en el marco de la consideración de las formas culturales dominantes, residuales y emergentes. La “forma dominante” está compuesta por un “sistema integral de prácticas, significados y valores que podemos llamar propiamente dominantes y efectivos” (Ibídem 2012: 59), mientras que la “forma residual” implica:

“algunas experiencias, significados y valores que no pueden ser verificados o

expresados en los términos de la cultura dominante y que son, sin embargo, experimentados y practicados sobre la base del residuo (tanto cultural como social) de alguna formación social previa” (Ibídem 2012: 61/62).

En tanto, las formas culturales “emergentes” se caracterizan por incluir “nuevos significados y valores, nuevas prácticas, nuevas significaciones y experiencias” (2012: 62).

99 Ahora bien, esto no implica que la tradición selectiva sea fundamentalmente una manera estratégica dominante de mirar hacia el pasado. De hecho puede ser un método para recuperar nuevos significados y valores propios de un periodo histórico que se pueden integrar en el presente, justamente para corroer un conjunto de concepciones propias de la cultura dominante.

En referencia a esta lógica polivalente de la noción de tradición selectiva, Williams plantea: “tenemos que reconocer los significados y valores alternativos, las actitudes y opiniones alternativas, e incluso algunas percepciones alternativas del mundo, que pueden ser acomodadas y toleradas dentro de una cultura dominante particular” (Ibídem 2012: 60). No obstante, podríamos desandar nuevamente si analizamos el lugar que Williams le da a la tradición selectiva en Marxismo y Literatura, publicado en

1977. Allí está directamente relacionada con lo hegemónico, planteándola como “el medio de incorporación más poderoso” y como “una fuerza activamente configurativa, puesto que la tradición es en la práctica la expresión más evidente de las presiones y límites dominantes y hegemónicos” (Williams 2009: 153). Esto dado, sobre todo, por el carácter de selectividad que tiene la recuperación de esa tradición:

«Lo que debemos comprender no es precisamente “una tradición”, sino una

tradición selectiva: una versión intencionalmente selectiva de un pasado

configurativo y de un presente preconfigurado, que resulta entonces poderosamente operativo en el proceso de definición e identificación cultural y social» (Ibídem 2009: 153).

Igualmente, los elementos constitutivos de la tradición y la conformación de la selección de aquellos que emergen en lo contemporáneo, dando, en un nivel dominante, cierta sintaxis de continuidad pasado-presente, no siempre van a agotar las posibilidades de interpretación y comunicación entre ese pasado y ese presente. La hegemonía nunca es total, por lo que Williams prefiere hablar de “lo hegemónico” más que de la “hegemonía”. Las formas de dominación y de agencia están compuestas de momentos, muchas veces indiferenciados y difíciles de identificar. Por ello, si bien la cultura emergente puede implicar oposiciones a las prácticas sociales dominantes, no siempre lo emergente se

100 identifica con lo nuevo. Para ilustrar esta variabilidad de las formas dominantes, emergentes y residuales, Williams expresa:

Ningún modo de producción y por lo tanto ningún orden social dominante ni ninguna cultura dominante jamás en realidad incluye o agota toda la práctica humana, toda la energía humana y toda la intención humana

(Ibídem 2009: 166).10

Justamente Beatriz Sarlo en la revista Punto de vista N° 6 realiza una de las

primeras entrevistas a Williams, traducidas al español y casi a modo de presentación en el circuito intelectual argentino y latinoamericano. La edición es de julio de 1979, y allí la intelectual argentina consulta al teórico de Birmingham sobre el corrimiento o conexión entre el énfasis puesto en la tradición, propio de la época de Cultura y Sociedad, texto de 1958 y el énfasis

puesto en lo hegemónico, más propio de la época de Marxismo y Literatura.

La respuesta de Williams nos sirve para clarificar mejor el concepto de tradición selectiva que queremos desentrañar en este apartado:

“Lo que sobrevivía, elegido, del pasado era aquello que podía conectarse y ser

utilizado y tener valor en el presente. El factor clave que se introducía de este modo no era el pasado sino el presente, que es constitutivo de la tradición” (Sarlo

1979: 12).

Pero el punto que conectaba a esa selección del pasado con la hegemonía estaba ligado a la correspondencia que ese pasado tenía con los valores dominantes de una época determinada. Muchas veces, dice Williams, partes de ese pasado vienen a legitimar una hegemonía presente. No obstante, el autor retoma la tensión dialéctica presente en las observaciones de Marxismo y Literatura y explica claramente la develación que ese concepto le permitió

obtener al pensarlo en tensión con formas dominantes, residuales y emergentes:

“También me fue posible comenzar a pensar en términos de cosas y elementos

que estaban fuera de la hegemonía o contra a ella, que también eran fuerzas del presente, -nuevos hechos, nuevos valores, nueva cultura- pero que también a

101 veces significaba una reselección de la tradición: cosas que estaban en el pasado pero que habían sido excluidas por la tradición selectiva eran reintroducidas y, de pronto, podía verse el pasado y el presente de una manera

muy distinta” (Ibídem 1979: 12).