2. Contexto Histórico: Conflicto armado en Colombia
2.2 Las guerrillas colombianas: de la autodefensa al terror
Las regiones en las que, durante la época de la Violencia, se crearon los primeros núcleos armados de orientación comunista, ya tenían una larga trayectoria de lucha campesina por medios legales e ilegales. Este fenómeno se dio principalmente en el suroccidente de Cundinamarca, pero se fue expandiendo hacia otras regiones como el Quindío, el Huila, el sur del Tolima y el Norte del Valle, así como la zona del Sinú y la región bananera del Magdalena. En los años 20 y 30 los campesinos e indígenas empezaron a crear ligas agrarias y sindicatos para defender sus intereses y fue en estos “enclaves comunistas” que luego nacerían las autodefensas campesinas y estas se convertirían en guerrillas (Pizarro, 2011).
De acuerdo con Pizarro (2011) la guerrilla colombiana tiene dos particularidades que la distinguen de otras guerrillas y que han facilitado su subsistencia por tantos años: por una parte, su temprana emergencia, la cual ayudaría a adoptar con facilidad los ideales de la revolución cubana y, por otro lado, su carácter crónico, es decir, su constante transformación y duración en el tiempo.
Gonzalo Sánchez (1985), citado por López (2011), plantea que se pueden distinguir tres etapas de lucha guerrillera en Colombia: la primera se dio en las guerras civiles, cuando las élites se enfrentaban para terminar con rivalidades internas de las clases dominantes y resolver otros temas, como la relación que la Iglesia debía tener con el Estado y la abolición de la esclavitud. En estas guerras las élites participaban tanto ideológicamente como militarmente.
La segunda etapa corresponde a la época de la Violencia en la que Conservadores y Liberales se enfrentaron, pero en esta ocasión quienes iban a la guerra no eran los oligarcas, sino el pueblo. Como se mencionó anteriormente, fue en el periodo final de la Violencia, que las guerrillas liberales comenzaron a consolidarse.
La última etapa ocurre cuando la Violencia bipartidista se recrudece y la falta de control del partido Conservador, que se encontraba en el poder, lleva a un golpe de Estado por parte de las Fuerzas Militares comandadas por el general Gustavo Rojas Pinilla quien gobernó de 1953 a 1957. Con el objetivo de acabar con la ola de violencia que azotaba al país, Rojas Pinilla buscó la desmovilización de los alzados en armas, que se logró parcialmente y, en ese momento, acabó la etapa de guerrillas colombianas de inspiración liberal (Pizarro, 2011).
El Gobierno de Rojas Pinilla era abiertamente anti-comunista y no tardó en ilegalizar al Partido Comunista Colombiano. Así mismo, reforzó militarmente a movimientos de auto-defensa que pretendían exterminar a los guerrilleros que habían reincidido o que no habían acogido la desmovilización. A partir de este momento, iniciaría lo que se conoce como “Guerra de Villarica”, la cual se trataba de un despliegue militar contra las zonas de influencia comunista. Estos enfrentamientos darían origen a una nueva etapa en la guerrilla, que se caracterizaba ahora por su orientación comunista (Pizarro, 2011).
Tras la caída de Rojas Pinilla, los partidos políticos tradicionales conformaron el Frente Nacional (1958- 1974), en el que liberales y conservadores acordaron “mantener un equilibrio igualitario, alternando turnos en la presidencia y con igualdad de cuotas burocráticas y de senadores en el Congreso de la República” (López, 2011, p.113). De esta manera, aunque el partido comunista era nuevamente legal, se excluyeron a todas las otras fuerzas políticas, négandoles así la posibilidad de participar en la vida pública. Esta situación, aunada al auge de los movimientos de izquierda en América Latina, causó el surgimiento de grupos de autodefensa liberales y comunistas que se asentaron, especialmente, en el Tolima. Estas guerrillas que controlaban regiones como Marquetalia, Riochiquito y Ariari ya no buscaban insertarse en el poder, sino destruirlo y sustituirlo (López, 2011).
En 1964, bajo el Gobierno de Guillermo León Valencia, se llevó a cabo la Operación Marquetalia que tenía como objetivo eliminar los núcleos comunistas en el Tolima, especialmente aquel dirigido por Manuel Marulanda Vélez, conocido como “Tirofijo”. Esta operación culminó en la toma de Marquetalia, tras de la cual Tirofijo huyó con sus hombres hacia Riochiquito y se reorganizaron en guerrillas móviles. Después de esto, las autodefensas campesinas volvieron a convertirse en movimiento guerrillero (Vélez, 2001).
En 1965, se llevó a cabo la Primera Conferencia Guerrillera, donde nació el Bloque Sur, organización que en 1966, durante la Segunda Conferencia Guerrillera, se convertiría en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia o FARC. Casi simultáneamente, aparecerían también otros grupos guerrilleros como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en 1965, y el Ejército Popular de Liberación (EPL) en 1967 (Vélez, 2011; López, 2011).
Desde su fundación hasta comienzos de los años 80, las guerrillas tendrían un ‘crecimiento vegetativo’, debido a su subordinación al Partido Comunista. Sin embargo, tras la VII Conferencia Guerrillera celebrada en 1982, las FARC cambiaron su nombre a FARC-EP e iniciaron un proceso de modernización y expansión, así como también empezaron a plantearse el problema de la toma del poder (Pizarro, 2011). La rápida expansión de las guerrillas en los años ochenta estuvo asociada especialmente a sus fuentes de financiación. Mientras que las FARC aprovechaban el auge de la coca, el ELN utilizaba la extorsión y el secuestro para financiarse. Las guerrillas se movilizaban, inicialmente, en pequeños municipios que les servían de resguardo, posteriormente, iban a grandes municipios, más prósperos, donde podrían captar una mayor cantidad de recursos (Vélez, 2001; Pizarro, 2011).
Durante los años noventa, las guerrillas siguieron expandiéndose gracias a estrategias como la urbanización del conflicto y la multiplicación de fuentes. La crisis de legitimidad del Estado también contribuyó a que las guerrillas, especialmente las FARC, pudieran crecer rápidamente. Esto ocasionó que, durante esta época, las guerrillas tuvieran el control de las vías terrestres y de muchos municipios del país. La frecuencia de los ataques guerrilleros y la desmoralización de las Fuerzas Armadas, llevó a que estas optaron por fomentar una estrategia contrainsurgente que luego se convertiría en uno de los actores más sangrientos en la historia del conflicto en el país: las fuerzas paramilitares (Vélez, 2001; Pizarro, 2011).