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Las inferencias en el proceso de comprensión lectora

En relación al proceso de la lectura inferencial, se ahondó en la conceptualización de inferencias desde la perspectiva semiótica con Umberto Eco quien propone y ejecuta taxonomías sobre las abducciones. En este sentido se relacionan la propuesta econiana con algunos postulados de Cisneros, Olave y Rojas (2010). Así las cosas, se abordó el concepto de abducción como base teórica, el cual “[…] representa el intento aventurado de trazar un sistema de reglas de significación que permitan al signo adquirir su propio significado” (Eco, 1990, p. 61); por lo que se entiende que la abducción se presenta como la posibilidad de crear mundos textuales por parte del sujeto, teniendo en cuenta sus propios desarrollos, y se apoya de la existencia de indicios circunstanciales y contextuales que lo orientan hacia el reconocimiento de la regla y al proceso interpretativo.

La abducción es, entonces, un proceso inferencial, basado en la formulación de hipótesis de sentido, que se adelanta para explicar o desambiguar un suceso comunicativo concreto (García, 2014). Dicho de otra forma, es un proceso simultáneo de predicción-retrodicción donde, quien interpreta, lo hace a partir de preguntas sin respuestas fijas; sólo lo hace con hipótesis, las cuales se desarrollan con procesos de interpretación del código revisitado a través de tres tipos de abducción, a saber:

(i) La hipercodificación. Esta abducción consiste en el establecimiento de entidades (mensajes) que se sitúan en el umbral de la convención tradicional y la innovación radical. Más allá de las reglas comunicativas convencionales, los procesos de hipercodificación establecen combinaciones no reguladas previamente pero que permiten su interpretación.La hipercodificación, se produce a partir de una regla anterior y se propone una regla adicional para un caso particular de la regla general. Actúa asignando nuevos significados a entidades con un significado inicial previo. (Eco, 2000).

(ii) La hipercodificación parte de la convención para ir más allá de ésta, se presentan algún o algunos elementos indiciales que refieren a una única regla. De igual manera para adelantar la hipótesis, el sujeto recurre a una regla precisa y muy estructurada, con escaso margen de ambigüedad (Regla codificada) y de manera rápida, automática y obligatoria. En otros términos, se queda en lo superficial del texto. Aunque en un contexto expresivo multicultural y un co-texto discursivo concreto, esa regla se puede hacer ambigua (García, 2014).

(iii) La hipocodificación. Esta adbucción se define como la operación por la que a falta, de reglas precisas, se admiten provisionalmente porciones macroscópicas de ciertos textos como unidades pertinentes de un código en formación, que transmiten de manera vaga un tipo de contenido, aunque las reglas combinatorias sigan siendo desconocidas (Eco, 2000). Estas reglas pueden ser elementos equívocos y, por ende, pueden evocar diferentes reglas. Por lo tanto,

para adelantar la hipótesis, el sujeto debe seleccionar una regla entre una serie probabilística puestas a su disposición. En otros términos, se accede a la estructura profunda del texto. La regla elegida se selecciona como la más plausible entre muchas, pero no es seguro que sea o no la correcta; de suerte que la explicación sólo se toma en consideración en espera de sucesivas verificaciones co-textuales o contextuales (García, 2014).

(iv) La abducción creativa, que es aquella cuyas señales o referentes del fenómeno no denotan ninguna regla conocida, según Popper (citado en Eco, 1976) el avance de la ciencia requiere de hipótesis audaces. Pero luego se requiere disponer de la mayor cantidad de enunciados observacionales para poder contrastar esas hipótesis audaces a fin de mantenerlas o descartarlas. En este proceso la regla se construye a partir de la abstracción y pensamiento intertextual, intratextual y extratextual que se da a partir del desarrollo de indicios. La regla debe idearse. Y ello implica salirse del texto, puesto que el placer de una obra deviene de unir lo interior con lo exterior, lo cual hace intervenir procesos de abstracción y pensamiento intertextual, auxiliados por alta atención lectora sobre pistas. (Eco, 2000).

Desde este lugar, las inferencias se desarrollan en los sujetos a partir de la detección y trabajo mesurado con signos llamados indicios. Al establecer esta noción con elementos de la perspectiva psicolingüística, podemos asociar y afirmar que la inferencia es el conjunto de procesos mentales realizados en contextos de situación específicos para interpretar mensajes. Dicho término denota los procesos a través de los cuales las personas llegan a interpretaciones situadas o ligadas al contexto sobre qué se pretende en cada momento durante una interacción, interpretaciones sobre las que se construyen sus respuestas.

De esta suerte, para entender lo que los hablantes realmente quieren conseguir con sus mensajes, tenemos que realizar asunciones sobre sus experiencias pasadas, sus motivos generales y el hilo del argumento que están planteando y cosas similares. Esas asunciones se derivan, parcialmente del conocimiento previo, extralingüístico, pero, en gran medida, se comunican en el curso de la misma interacción (Calsamiglia y Tusón, 1999, p. 187). Así, pues, en la construcción de las inferencias es fundamental tener presente las experiencias propias de los sujetos, las cuales están contextualizadas en espacios sociales y culturales; en estos lugares se constituyen interacciones de significado a partir de diferentes interpretaciones. Por lo tanto, en este proceso de indagación acerca de

la lectura se retoma la clasificación de algunas inferencias, desde Martínez (2005), según los niveles textuales:

Inferencias referenciales. Estas corresponden al establecimiento de relaciones referenciales inferidas desde la búsqueda del referente, al interior del texto, bien sea hacia atrás o hacia adelante de un segmento textual; o por fuera del texto, en el contexto situacional (Cisneros, et al., 2010). Se trata de un análisis relacional entre palabras y proposiciones, que se realiza en la lectura lineal del texto. Por lo tanto, estas inferencias son un puente que establece la unidad proposicional y la conexión entre una anáfora y su referente (León, 2001, p. 59).

En la búsqueda de este referente es fundamental la microestructura en el texto, ya que esta se remite a constituir las relaciones que se entretejen en las unidades lingüísticas de aquel. Es así como la cohesión se desarrolla al interior del texto y funciona como un conjunto de relaciones que se establecen a nivel intratextual para establecer vínculos semánticos, que se definen en un texto para constituirse como unidad de significación (Calsamiglia y Tusón, 1999).

Las inferencias referenciales desarrollan un análisis relacional entre palabras, imágenes y proposiciones, que se realiza en la lectura lineal del texto; en este proceso se exige de parte del lector que avance y retroceda sobre lo que va leyendo en el texto, es decir identificar información conocida y nueva, sin perder de vista el objeto temático o la referencia. En la microestructura o cohesión, para relacionar las distintas partes del texto entre sí se utilizan algunos mecanismos como los léxicos, semánticos y gramaticales.

Ahora, en esta investigación se hace referencia a las relaciones léxicas desde la reiteración y las relaciones referenciales a través de las formas gramaticales como la referencia anafórica y catáforica. En este sentido la referencia se construye a partir de elementos léxicos, los cuales introducen temas. Por lo tanto,

para desarrollar la referencia iniciada se recurre a mecanismos de reiteración dentro de los cuales se encuentran dos:

 En primer lugar, la repetición, no es más que una forma de mantenimiento del referente; así pues, en el momento en que se debilita la referencia (por distancia entre una aparición y otra, o bien porque la memoria a corto plazo deja de funcionar) se repite el referente, con las mismas palabras o con variaciones.

 Por otro lado, la sustitución por sinónimos, antónimos, hipónimos y metáforas en palabras, sintagmas y oraciones (Calsamiglia y Tusón, 1999). Es así como en el texto (anuncio publicitario) se suelen repetir imágenes clave, aquellas que forman el núcleo conceptual del texto, se realiza la búsqueda de las palabras centrales del texto y se señala la ubicación a lo largo del mismo (indicando el eje en el que aparecen) y se tiene en cuenta las variaciones de género y de número.

Por consiguiente, la cohesión gramatical trata de unidades que remiten a otro elemento situado fuera o dentro del texto, cuyo significado reiteran o actualizan con el único objetivo de mantener el mismo tema o tópico. De lo anterior se desarrolla “[…] la referencialidad, que es parte integrante de la enunciación” (Benveniste, 1974, p. 85), porque los enunciados que expresamos siempre están referidos a la situación contextual en la que se producen y tienen como punto de partida esencial la posición del sujeto. Siempre que hablamos nos estamos refiriendo a algo, y siempre partiendo de nosotros. Somos nosotros quienes ponemos el punto de referencia. De esta manera, la referencia es uno de los elementos de cohesión importante de la referencia anafórica y catafórica; estas se desarrollan “con una orientación a lo ya dicho en el espacio tiempo anterior (anáfora), o lo que se dirá en el espacio/tiempo posterior (catáfora)” (Calsamiglia y Tusón, 1999, p. 237). La anáfora y la catáfora, son fenómenos que se encuentran al interior del texto, elementos que remiten a otro lugar del mismo texto para encontrar su significación.

Por otro lado, el aspecto referencial también se desarrolla como indicios que se representan a través del signo, ubicados en un contexto social y cultural y que se clasifican, según Pierce (1981), en Icono (el signo tiene alguna cualidad del objeto, guarda cierta analogía con el objeto, manifiesta algunos rasgos pertinentes del objeto (primeridad); Índice (el signo tiene alguna relación existencial con el objeto, existe uno porque existe el otro, (segundidad) y, finalmente; Símbolo (el signo manifiesta una relación convencional con el objeto, es una ley, un hábito, un acuerdo social (terceridad).

Imagen 1. Tipos de signos.

Fuente: recuperado de http://comunicacion.idoneos.com

Inferencias Macroestructurales. Estas inferencias se relacionan con el nivel semántico, ya que se desarrollan a partir del significado de expresiones orales y escritas que son estructuras conceptuales representadas en palabras, grupo de palabras y oraciones. Por lo tanto, el significado ha llevado a una noción más amplia que se ha constituido en la coherencia (interna y externa), la cual tiene en cuenta la superestructura (esquema de organización), la consistencia temática o progresión temática, que se asocia con la macroestructura (contenido), la coherencia local (oraciones individuales de la secuencia), junto con los presupuestos y sobreentendidos. En este sentido, la superestructura es la

estructura global del texto o la silueta, pues cada texto tiene unas partes establecidas, según el género discursivo y el tipo de texto: “[…] la superestructura es un tipo de esquema que establece el orden global de un texto y que se compone de una serie de categorías, cuyas posibilidades de combinación se basan en una serie de reglas convencionales” (Van Dijk, 1978, citado por Cisneros, et. al., 2013, p. 59).

A partir de lo anterior, el contenido de un texto se puede estudiar como un sistema global de relaciones enunciativas, y su organización consiste en un engranaje que gira alrededor de un eje central que se aborda a partir del análisis textual de unidades que se denominan macroestructura. En palabras de Calsamiglia y Tusón esta última “[…] es la proposición subyacente que representa el tema o tópico de un texto y constituye la síntesis de su contenido. Un modo de identificarla es considerarla como una reconstrucción realizada por la persona que interpreta el texto” (1999, p. 224). Efectivamente, la macroestructura textual se refiere al contenido semántico global (coherencia global), al tema y al reconocimiento de temas locales (coherencia local) que se desarrollan a lo largo del texto. Igualmente, en este proceso inferencial a los estudiantes se les motiva a pensar y construir ideas sobre el tópico o tema del texto (anuncio); por lo que esta inferencia permite evidenciar que la coherencia global y local son procesos que ocurren simultáneamente en el discurso y están interrelacionados (Cisneros, et. al., 2010).

De esta manera, la coherencia global y local permiten que el contenido del texto tenga una continuidad, pero este proceso también se desarrolla con la progresión temática la cual – al facilitar que la información avance- es el punto de partida de algo conocido, en el cual aparecen nuevos elementos y se concluye el texto. La progresión temática articula información a partir del rema (información nueva), entendida como el elemento que hace avanzar la información, al describir nuevos datos, presenta o aporta alguna cosa independiente del contexto de lo que se enuncia; y el tema o trasfondo (información conocida), elemento que ha construido un vínculo con lo que se ha enunciado en el texto, es dependiente del contexto.

(Calsamiglia y Tusón, 1999). En este sentido se pueden presentar cuatro tipos de progresión temática, pero para esta investigación solo se hace referencia a dos, a saber:

 La progresión temática lineal, parte de un primer tema y lo que se presenta como información nueva (rema) se convierte en el tema siguiente al que se atribuye otro rema, que a continuación se convierte en tema.

 La progresión temática de tema constante, a un mismo tema se le confieren remas diferentes. De esta manera se va avanzando en la lectura al reconocer como se desarrollan las oraciones y se interrelaciona la información conocida y nueva al interior del texto.

Por otro lado, en el desarrollo de las inferencias macroestructurales, se tienen en cuenta los presupuestos, que se instauran a causa del significado codificado de ciertos términos, y que obedecen por tanto al orden gramatical de la lengua. Los sobreentendidos se caracterizan por un implícito de la enunciación o enunciativo, que ya no se gesta en el sistema gramatical, sino en el uso concreto de un enunciado en circunstancias comunicativas particulares (Eco, 1992). Los sobreentendidos constituyen un hecho de enunciación, que acerca a los sujetos a las presuposiciones enunciativas.

Inferencias enunciativas. En la enunciación se pueden evidenciar las relaciones de fuerza enunciativa que en ellos se instauran y la manera como los sujetos discursivos se construyen y se muestran a través de las diversas formas de manifestación que toma el discurso. A partir de lo anterior, en estas relaciones se precisa la fuerza enunciativa y, para ello, se retoma el concepto de enunciación, como el conjunto de condiciones de producción de un mensaje: quién lo emite, para quién, cuándo y dónde; estos elementos permiten interpretar el sentido último del enunciado, producto resultante de la actividad enunciativa (Martínez, 2005). De ahí que la enunciación entiende el texto escrito como una interacción dinámica y compleja entre quien escribe (enunciador), quien lee (enunciatario) y lo que escribe (enunciado).

Asimismo, desde la situación de enunciación, en los enunciados se construyen las diferentes miradas que los sujetos dan al mundo natural, social y cultural (Martínez, 2002). En ellos se construyen los seres humanos y constituyen a otros como sujetos discursivos, de la misma forma como se traen otras voces de otros enunciados anteriores y posibles enunciados posteriores. Por lo tanto, los enunciados se hacen presentes en medio de voces en las que se entrecruzan relaciones, diálogos y se predicen respuestas. En estas voces se describe al enunciador quien construye su propia imagen y la imagen del lector; el enunciador anticipa las posibles relaciones y diálogos que espera obtener de sus enunciatarios, quienes son la confluencia de muchas voces. Esta es la razón, entonces, por la que “[…] el locutor instaura no sólo la presencia del interlocutor en

el texto, sino también la presencia de otros y su propia presencia, el todo con una actitud predictiva y evaluativa que conlleva un anhelo de respuesta activa por parte del interlocutor/lector” (Cisneros, et al., 2013, p. 56), tal como se muestra en el siguiente grafo:

Imagen 2. Relación de fuerzas enunciativas y construcción de la polifonía.

Fuente: Martínez (2002, p. 23).

En estas relaciones de fuerza se enmarca la situación enunciativa del texto, es decir, el lector indaga sobre el género o tipo de texto; estas inferencias representan los puntos de vista y la diferenciación de voces en el texto. De ahí que la inferencia enunciativa nos ayude a desarrollar el uso oral y escrito a partir del conocimiento de la superestructura del texto por parte de los estudiantes, por lo

tanto, una de sus características es su carácter pragmático ya que permite abordar lo semántico desde las experiencias previas en una situación o contexto de los niños y las niñas.