Guadiana basin
2.4.4 Las inundaciones históricas en los afluentes
Como observábamos en la figura 2.6, entre el río principal y sus afluentes existen diferencias, más marcadas en los eventos de otoño. Esta diferencia nos lleva a pensar que responden de manera distinta a determinadas condiciones climáticas, como las tormentas. Para intentar reforzar este supuesto se han realizado análisis comparativos de las crecidas históricas del río Guadiana frente a sus afluentes en las distintas zonas de la cuenca. El río Guadiana (Figura 2.7) sigue un comportamiento claramente unimodal, con una única marcada población de eventos en invierno. Este comportamiento es
análogo al seguido por los grandes afluentes de la cuenca media extremeña. Esto indica que son los frentes de invierno los únicos que producen inundaciones de magnitud reseñable en el colector principal. Cuando comprobamos estos datos con los de la tabla 2.3, vemos que, efectivamente, las mayores crecidas acaecidas en el río Guadiana ocurren en invierno, pero existe un pequeño grupo que ocurre en primavera, y más concretamente en marzo (referencias nº 28 y 29). Esto nos señala la limitación de encasillar dentro de unos límites estrictos la ocurrencia estacional, ya que las diferencias entre los meses de febrero y principios de marzo pueden ser escasas, retrasándose los temporales de invierno en algunos casos.
La explicación de la existencia de este grupo principal de crecidas para el río Guadiana ya se ha dado en parte en el capítulo anterior. Aún se puede obtener algo más de información si comparamos las crecidas históricas con el comportamiento húmedo o seco de cada año, obtenido a partir de los datos de precipitaciones en invierno.
Figura 2-7. Número de inundaciones en el río Guadiana (RG) y sus afluentes de la cuenca alta (ACA), baja (ACB) y zona costera (ACC) en relación con el periodo de ocurrencia de los eventos.
46% 18% 36% (A) Relacionadas (B) Local (C) Sin relación
2.4.4.1 Años húmedos e inundaciones históricas de invierno
Intentando afinar más en las conclusiones hidroclimáticas, se han realizado análisis concretos de los eventos históricos, encaminados a discriminar aún más los grupos de crecidas debidas a situaciones frontales y crecidas debidas a convección. Para ello, se han comparado los años húmedos con los eventos ocurridos en invierno (Figura 2.8). Se han tomado como años húmedos aquellos cuya precipitación anual es superior en un 15% a la media anual (Custodio y Llamas, 1983).
Los resultados indican que en un 46%, las inundaciones de invierno se deben a años húmedos. Parecen indicar años con abundancia de sistemas frontales que generan niveles de humedad elevada en los suelos, lo que llevaría a reducir el umbral de escorrentía. Como ya se puso de manifiesto anteriormente, estos años más húmedos de lo normal coinciden con periodos del índice NAO negativo. El 18% son crecidas ocurridas en años húmedos, pero con más incidencia local que general. El 36% de los eventos no guardan relación entre año húmedo y crecida histórica de invierno.
Figura 2-8. Relación porcentual entre años húmedos e inundaciones en invierno. (A) Coincidencia entre inundación en invierno y año húmedo de forma general para toda la cuenca, (B) Coincidencia
entre ambos de forma regional o local y (C) sin relación aparente.
En resumen, más del 60% de las inundaciones que ocurren en invierno tanto a nivel general de cuenca como a nivel local guardan relación con lluvias persistentes en inviernos más húmedos de lo normal.
68% 24% 8% (A) Aisladas (B) Locales (C) Generales
2.4.4.2 Las crecidas otoñales. Ocurrencia espacial
Como se ha puesto de manifiesto en los análisis anteriores, las crecidas de otoño son frecuentes en la cuenca alta y baja, y parecen seguir los mismos patrones de comportamiento que en el litoral levantino (Martínez Goytre y Garzón, 1996), exceptuando los valores de precipitación en 24h, que son menores. No queda claro, sin análisis previos, la relación entre inundaciones y episodios de convección explicados tan solo por el tamaño de los afluentes implicados en crecidas. Por ello se han realizado análisis con objeto de determinar su distribución espacial (Figura 2.9). En un 68% de los casos, las inundaciones de otoño se han producido en algún afluente de forma aislada y sin relación con otros en la cuenca. El 24% sí que guarda relación, pero de forma local. También quedaron afectados afluentes cercanos en el mismo episodio de tormenta. Tan solo el 8% de los casos estudiados ocurren de forma más o menos general en una parte amplia de la cuenca, por lo que no pueden deberse a episodios de convección clásica, y han de ser estudiados en profundidad.
Las inundaciones históricas otoñales son eventos con un marcado carácter local, que generalmente afecta a afluentes de tamaño pequeño, y de forma puntual, exceptuando algunos eventos que parecen exceder la escala local, y pasan a la regional.
Figura 2-9. Relación porcentual entre las inundaciones históricas otoñales y su ocurrencia. (A). Inundaciones otoñales aisladas, (B) ocurrencia de forma local y (C) ocurrencia a nivel regional o
2.4.4.3 Episodios de convección a escala mayor
Muy puntualmente aparecen inundaciones con una distribución espacial mayor, y que afectan a gran número de afluentes, sobrepasando incluso la escala regional. Estos episodios son frecuentes a mediados y finales de otoño, y han sido constatados tan solo recientemente, no en crecidas históricas. Son las crecidas debidas a la formación de complejos convectivos de mesoscala (MCC), fenómenos ya detallados y que nunca habían sido reseñados en la cuenca del río Guadiana como causantes de una crecida hasta el episodio ocurrido los días 5-6 de noviembre de 1997, que tuvo como una de sus consecuencias la crecida del río Rivillas en Badajoz, que será detallada en el capítulo 4 de la presente tesis.