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De las maneras de leer: lectura offline y lectura online

4. Marco teórico

4.3 Prácticas de escritura vernácula

4.3.1 De las maneras de leer: lectura offline y lectura online

(re)haciendo. (Bermúdez, 2015, p.71). Lo anterior se logra evidenciar a través de las redes sociales, en la publicación de estados, es decir mensajes que desaparecen transcurridas 24 horas, los cuales dan cuenta de inmediatez; a nivel de narrativas en aquellas historias que funcionan por entregas y que se continúan actualizando con el paso del tiempo ya sea por medio de una plataforma o con por el uso de un blog.

4.3.1De las maneras de leer: lectura offline y lectura online.

La lectura al igual que la escritura y las maneras de comunicación, ha cambiado con el auge de la tecnología, estamos viviendo las transformaciones culturales a través de los ECT donde la experiencia audiovisual y mediática cada día resulta más atractiva para niños, jóvenes y adultos. Hablar de lo offline según Ramírez-Cabanzo (2012) tiene que ver con (la realidad que no está mediada por NRT, y se da en los encuentros cara a cara y la realidad online) (la que está mediada únicamente por los NRT). En esta medida en lo concerniente a la lectura se creado una dicotomía acerca de qué es mejor, si el formato del libro impreso o electrónico.

Al respecto, Quiroga (2007), manifiesta que en esta nueva cultura el libro electrónico (e-book) no desplaza el libro impreso, lo complementa materializando no solo el grafo, la letra, sino la imagen y el sonido (hipermedia) lo que antes únicamente estaba registrado en la mente y se podía recrear en un acto introspectivo, ahora se exterioriza con el monitor de la máquina. Así pues, se reconoce la transición que ha tenido el formato de lectura y como el hecho de la aparición del e-book auspicia un cambio diferente en la manera de abordar la narrativa. Al respecto hay toda una serie de comentarios a favor y en contra de que es mejor si el libro impreso o digital, sin embargo, se confluye en la idea de que no es que uno sea mejor que el

otro, sino que estamos ante un formato diferente en el que las prácticas de lectura y escritura se transforman.

No obstante, la hipertextualidad marcó una nueva forma de lectura y la relación con la literatura ha sido estrecha, en la medida en que varias obras literarias han sido llevadas a este formato y también ha dado pie a adaptaciones convirtiéndose en hipermedia o transmedias.

Por otra parte, en relación con el contexto educativo, Martín-Barbero (2003), en cuanto a la lectura, refiere que buena parte del mundo adulto, y especialmente el académico, carga a los medios audiovisuales la causalidad de la crisis de la lectura y del empobrecimiento cultural en general. (p.46). Evidenciando una situación de apatía por los nuevos formatos de lectura online y privilegiando la experiencia de lectura offline, con las tendencias literarias que las editoriales se han encargado de posicionar en el mercado y el canon que la escuela ha promovido año tras año. Sin embargo, es una realidad que hoy en día se lee en gran cantidad a través de las

pantallas, textos que incluso escapan a la tipología textual y resultan llamativos por la forma en que son presentados, no solo aspectos de color e imagen, sino también el uso del lenguaje familiar con la realidad de los jóvenes, sus gustos, sus preferencias y las posibles situaciones que tratan con su emocionalidad y cotidianidad. Al respecto Lévy (2007) llama obras-flujo, obras-proceso, obras metamórficas, obras acontecimiento (p.119)Es decir, obras que distan de los cánones tradicionales.

Lo anterior, depara grandes desafíos especialmente para los contextos académicos, tal como lo expresa Martín-Barbero (2003) al señalar que aprender a leer esa literatura significa, de una parte, aprender a transformar la información en conocimiento, esto es a descifrar la

multiplicidad de discursos que articula/disfraza la imagen, a distinguir lo que se habla de lo que se dice, lo que hay de sentido en la incesante proliferación de signos que moviliza la

información (p.58). Se hace urgente una renovación académica que vaya más allá de la instrumentalización en cuanto al uso de las tecnologías de la información (TIC), sino que requiere que en realidad exista un interés y preocupación por las nuevas maneras de leer. Para finalizar, es importante señalar la estrecha relación que existe entre lectura y escritura. Al respecto Martín-Barbero & Lluch (2011) manifiestan que en una sociedad cada día más moldeada por la información y los entornos de las redes virtuales con su exigencia de nuevas destrezas cognitivas y comunicativas, el derecho a la palabra y la escucha públicas pasa ineludiblemente tanto por la escritura fonética como por la hipertextual (p.27). En esta medida se ratifica que lectura y escritura van de la mano y si la lectura ha cambiado, también la

escritura ha tenido cambios.

4.3.2 Usos y apropiaciones de las escrituras vernáculas en jóvenes.

La lectura y escritura, se relacionan conjuntamente y en la propuesta para Colegios Públicos de la Excelencia (2007) se destaca que la lectura y la escritura son, ante todo, prácticas sociales y culturales (Chartier 1994, Rockwell, 1995) ligadas a la tradición de un grupo social al

respecto, a la forma como históricamente se ha relacionado dicho grupo con el mundo letrado y al lugar que ocupan estas prácticas en sus diferentes ámbitos: familiar, educativo, político, literario (p.27).

Asociar los procesos de lectura y escritura con el contexto, es entender las particularidades que presenta cada sociedad, las características propias de la época, en esta medida en el siglo XXI, los grupos sociales están muy activos en los escenarios digitales y sus maneras de escribir y leer, tienden relacionarse con ese contexto en el que interactúan. Así pues, las prácticas de escrituras vernáculas caracterizan en gran medida, esas maneras de escribir día a día, pues están presentes en las maneras de expresión y comunicación, Martín-Barbero (2003), señala que la