El Diálogo entre Ricardo Piglia y Juan José Saer es un registro de con- ferencias y diálogos de estos escritores en la Universidad Nacional del Litoral (Santa Fe), realizados en sucesivos encuentros entre 1986 y 1993 y publicado en 1995. En algunos de esos diálogos e intervenciones, se explicitan las posiciones de ambos escritores en relación a lo latinoame- ricano, a cómo incorporan la serie de lo latinoamericano a sus tradicio- nes, y cómo dialoga esto con la relación entre evolución en lo literario, práctica escritural y despliegue de poética. En particular, esto puede verse explicitado en la conversación “Por un relato futuro”, retomado después en otras conferencias y diálogos. A su vez, estos planteos se vinculan, por supuesto, con consideraciones de los ensayos y entrevistas de Saer inclui- das en Una literatura sin atributos (1986) y de Piglia en Crítica y ficción (1986), ambos libros también publicados en su primera edición, como
Diálogo, por la editorial de la Universidad Nacional del Litoral.
Piglia señala, en relación a la tradición, que siempre hay muchas tra- diciones, una simultaneidad de tradiciones que “están en lucha, se enfren- tan, se niegan” (Piglia y Saer, 1995: 22). En relación a la literatura nacio- nal, marca que:
(…) uno podría pensar que una literatura nacional son varias literaturas nacionales, en el sentido de que quizás no haya un concepto homogéneo de literatura nacional, si uno parte de admitir la existencia de algo que permita enlazar entre sí obras de importancia diversa, unidas entonces por esa cualidad que podría definirlas como formando parte de la literatura nacional. Y en este sentido uno podría hablar de muchas literaturas nacio- nales conviviendo en un mismo espacio. (22).
Resulta interesante ver que ya no solamente la tradición se vincula con los “pasados literarios” usados y usables en la escritura y el debate de poéticas presente, sino que asimismo se vincula con espacialidades, vin- culación que le brinda otra perspectiva a la reflexión sobre las tradicio- 160
nes. En otras palabras: ya no sólo es una cuestión de historia cultural, sino también de lugares y territorios culturales aquello que enmarca la tradi- ción.
Piglia, por otra parte, amplía lo anterior en estos términos:
Uno también podría pensar la relación con la literatura nacional como un modo de leer. En este sentido, tal vez la literatura nacional funcione como una suerte de filtro, de espacio que transforma los textos extranjeros que uno lee. La tensión entre literatura nacional y literatura extranjera plantea de entrada la tensión frente a la lengua. ¿Qué sucede con los textos tradu- cidos? ¿Qué tipo de tensión supone el pasaje a la lengua? ¿Qué textos son los que resisten este pasaje y qué tipo de transformaciones se produce? (22).
A la idea de espacialidad, ya acotada, se agrega aquella otra, clave, de la literatura nacional como espacio que transforma los textos extranjeros que uno lee, lo que en Piglia es equiparable a pensar la literatura nacio- nal y las extranjeras como sistemas. Ahora bien, en relación a lo latinoa- mericano, a los “pasados literarios latinoamericanos”, y a las diversas y heterogéneas espacialidades de las cuales provienen esos “pasados”, esas “historias” literarias, repensando lo señalado por Piglia podemos marcar que, según esta perspectiva, las diversas tradiciones de literaturas latino- americanas pueden entenderse asimismo como “literaturas extranjeras” respecto a la literatura argentina, ya que más allá de que haya códigos comunes –la lengua en muchos casos-, hay singularidades que indican diferencias con otros sistemas literarios nacionales del continente.
Consideraciones que permiten comprender los deslindes que Saer y Piglia realizan, en el diálogo citado, en relación a la “literatura latinoa- mericana”. Ante la pregunta de Piglia:
Saer. ¿Cómo ves vos la situación de la literatura latinoamericana, y si vos te pensás un escritor latinoamericano?”; Saer contesta “Si tomamos el tér- mino latinoamericano como una determinación geográfica, evidentemen- te yo soy un escritor latinoamericano. Más precisamente sudamericano, más precisamente argentino y más precisamente santafesino… (24).
En el diálogo en cuestión, así como en otros fragmentos del Diálogo, aparece una modalidad de repensar lo latinoamericano –en función de lo
tes hispano-hablante y no hispano-hablante de América Latina (en este caso con Brasil). Evidentemente, los riesgos de antologías como éstas vienen, por un lado, de los prejuicios que pueden guiar la selección y, por otro lado, de la (in)consistencia que esa antología pueda mostrar.2Asi-
mismo, puede haber por detrás o en un plano más solapado discusiones políticas que friccionan y operan como criterios de inclusión o exclusión.
En el caso de Brasil, las antologías en portugués de autores brasileños, suelen estar regidas, tradicionalmente, por un criterio regional, es decir, antologías del cuento carioca, antologías del cuento sul-riograndense, etc. Criterio que favorece la segmentación y la fragmentación de un pro- fuso corpus “nacional” (que en realidad es reducido, en muchas ocasio- nes, a “los grandes escritores” –Machado de Assis, Monteiro Lobato, los modernistas, Clarice Lispector, Guimarães Rosa…) en micro-corpus endogámicos. Dentro de esa lógica aparecieron varios de los primeros cuentos publicados por Abreu, síntoma de sub-mercados editoriales y de segmentaciones internas del gran mercado editorial brasileño que tuvo su auge a partir de mediados de los ‘80 con la apertura democrática y que se ha consolidado a través de grandes editoriales en los ‘90 (claro que a la par de numerosas editoriales pequeñas o alternativas, en una tendencia similar a lo que sucede en Argentina).3
Las operaciones y estrategias de las antologías son ya conocidas den- tro del campo de la literatura argentina y latinoamericana. Es una prácti- ca literaria y editorial que se prolonga con diferentes modalidades y obje- tivos en nuestro presente, desde objetivos de actualización de un panora- ma (tal vez porque las vistas de conjunto supondrían la caracterización de un espíritu de época), la difusión de autores y textos considerados de _______________
2Sólo por mencionar otros casos de antologías de nuevos escritores brasileños traducidos al español por editoriales argentinas encontramos: la antología bilingüe de Editorial Comunicarte, 15 cuentos brasileños/15 contos brasileiros y la reciente antología de cuen- tistas cariocas denominada 10 cariocas de Ferreyra editor.
3Rio de Janeiro y São Paulo son los centros de la producción editorial. Esto explica los submercados y segmentaciones que mencionamos. Ambas ciudades son responsables por la “esmagadora maioria dos libros produzidos no Brasil” (Hallewell, 2005: 607). La con- centración del mercado editorial y del público consumidor del libro se encuentra en el
triángulo sul de Brasil (la región del sudeste y la región sul), tendencia marcada desde los
años ‘70 hasta hoy. Esa concentración tiene una larga historia vinculada a factores socio- políticos, económicos y demográficos que favorecen esta organización.
La organización de antologías traducidas de autores brasileños (cuen- tistas sobre todo) ha operado en un doble movimiento que implica por un lado la “emulación” de mecanismos utilizados por los nuevos narradores argentinos (como La joven guardia) y por otro lado, la intención “didác- tica” de difusión de la nueva narrativa brasileña, término introducido por Cristian de Nápoli en la organización de la antología Terriblemente feli-
ces: nueva narrativa brasileña, a través de la presentación de una larga
serie de autores en un intento de resumir un extenso período de descono- cimiento de estos escritores. Decimos esto porque la antología reúne narradores agrupados en bloques, según “generaciones” y años de naci- miento, criterio que ya ha demostrado su fragilidad dentro de la historia literaria.
El peligro de estas antologías traducidas, a las que tuvimos acceso, es que al crear ese “corpus” se están generando, quiérase o no, operaciones de inclusión y exclusión muchas veces arbitrarias o, por lo menos, débil- mente justificadas. El riesgo o, en términos de Jorge Fornet, el precio de esa operación que es la antología es que:
Al ejercerse sobre una literatura aún no asentada, las antologías suelen cargar con más arbitrariedades que las propias del género. Pero al mismo tiempo muestran la voluntad de poner a dialogar entre sí a autores de toda nuestra geografía, hacen pasar a muchos de ellos a un primer plano y esti- mulan, tanto en los autores como en los críticos, la noción de una litera- tura latinoamericana integral. Dan testimonio, en fin, de una suerte de ansiedad de la crítica por fijar el nuevo canon (2007: 16-17).
Fornet hace referencia a las antologías que se posicionan y autodefi- nen como “latinoamericanas” y que involucran autores de diferentes nacionalidades continentales. Nosotros nos referimos aquí a las anto- logías de escritores brasileños traducidas al español en un intento de mapear las circulaciones de los mercados editoriales nacionales y la exis- tencia de flujos e interconexiones entre mercados editoriales (indispensa- bles hoy para una circulación masiva de escritores) entre los componen- _______________
Un proyecto novedoso es la revista binacional bilingüe Grumo (www.salagrumo.org). Otro proyecto, aunque tal vez más aislado, fue el de Eloísa Cartonera, proyecto cooperativo en el cual se publicaron antologías de la poesía de Glauco Mattoso y de la poesía marginal.
literario, de lo cultural- que, con matices, resulta común a los dos escri- tores: pensar la literatura del continente atendiendo antes bien, como decisivas, a las áreas culturales y lingüísticas de las cuales provienen las obras literarias y culturales, y no pensarlas a éstas como “latinoamerica- nas”, definidas de manera central por este atributo. Piglia señala:
Yo no pienso las cosas en términos de literatura latinoamericana. Si tuvie- ra que pensar una especie de ordenamiento, tal vez tendría que hablar de áreas culturales y lingüísticas. Y podría hablar de literatura del Caribe, una literatura del Río de la Plata. Por ese lado se podrían encontrar tradi- ciones más próximas, trabajos con determinado tipo de transformaciones lingüísticas, más ligadas a ciertos espacios que no pueden definirse en tér- minos políticos o geopolíticos antagónicos con el orden que tiene la lite- ratura. De todos modos uno podría pensar que existen en la literatura lati- noamericana ciertas poéticas de la novela que son dominantes y que no son las que más me interesan. Estoy más ligado a escritores como Cabre- ra Infante o Roa Bastos o Pacheco. Están más próximos a aquellas cues- tiones que uno considera pertinentes en la discusión del relato hoy. (27).
La concepción de las áreas, combinada con el problema de las poéti- cas y las discusiones literarias actuales y vigentes desde la perspectiva de un escritor-crítico, definen este enfoque alternativo propuesto por Piglia. No hay, por consiguiente, una negación de la necesidad de pensar la literatura continental, sino una propuesta de otro enfoque, que parte de los particularismos. Podría decirse que, si entre los ‘60 y ‘70 entre la crí- tica y los escritores de América Latina, la discusión sobre la especifici- dad de América latina en la literatura –y en todos los órdenes de la histo- ria y la cultura- es central, pensada en términos continentales, aquella dis- cusión sobre la especificidad, en Saer y Piglia, se reformula y se reconfi- gura de la siguiente manera: ya no se ve como necesario inscribir estas problemáticas en la discusión sobre la especificidad “latinoamericana”, sino directamente partir de los singularismos que conforman América latina, pero sin englobarlos necesariamente en un marco continental. De este modo, no sólo ya como escritores sino también como críticos, Saer y Piglia se distancian tanto de la tradición crítica latinoamericanista pre- dominante en los ‘60, ‘70 y hasta entrados los ‘80 (recordemos como emblema de esto el libro colectivo Más allá del Boom. Literatura y mer- 158
cado, editado por Ángel Rama, entre numerosos títulos), como de la “tra-
dición del escritor latinoamericano”, aquel tipo de escritor que en las décadas mencionadas se consideraba “representativo” de lo “latinoame- ricano”, entendido esto como una unidad político-cultural englobante, con causalidades y finalidades comunes. De aquí esta distancia que además resulta de constante polémica, de constante tensión antagonísti- ca, entre las poéticas y teorizaciones sobre programáticas poético-cultu- rales saerianas y piglianas con aquello que Piglia denomina “poéticas de la novela dominantes” en América Latina, es decir las poéticas novelísti- cas del Boom, del Realismo Mágico y otras afines.
Para Piglia –y en el Diálogo se aprecia el acuerdo general de Saer con esto-, hay que distinguir aquellas “poéticas de la novela dominantes” de América Latina, de la significación de algunas otras anteriores que inclu- so han sido consideradas precursoras de aquéllas –la de Carpentier, la de Rulfo- y, como contrapartida, una serie de tradiciones alternativas:
Por otro lado podríamos ver la otra poética de la novela, que tiende a con- siderar la relación entre las que serían tradiciones orales, prehispánicas incluso, y el español. La elaboración del bilingüismo que esto supone. El guaraní en el caso de Roa Bastos, el quechua en al caso de Arguedas, cier- to tipo de habla popular campesina en el caso de Guimarães Rosa o de Rulfo. Y de este tipo de tensión casi bilingüe que se da, surge que la entra- da de las formas europeas está sometida a un tipo de control que generaría un tipo particular de novela. Y sólo se daría en aquellos lugares donde esta tensión es posible… (27).
La acentuación de la singularidad estética, poética, es correlato de la singularidad de las áreas culturales y lingüísticas, para pensar de otra manera lo específico y general de los vínculos literatura-dinámica cultu- ral. Como rasgo común con Saer, en Piglia vuelve a acentuarse de otro modo el énfasis en lo singular, lo inmanente, lo localizado para conside- rar los fenómenos literarios. Lo señalado marca una distancia radicaliza- da de lo que antes denominamos poéticas que se ubican teleológicamen- te en relación a lo político-cultural latinoamericano. En realidad, estas posiciones tanto de Saer como de Piglia –como luego, con otros matices, de Aira-, aparecen formuladas de esta manera desde los ‘80 y ‘90, pero, como ya lo vimos a propósito de Saer, es producto de que ambos escrito-
La narrativa de Abreu expresa una compleja, dinámica y mutable reali- dad en sus cuentos; realidades ligadas al contexto socio-político, artístico literario y cultural a las que, desde su elaboración estética, esta narrativa critica, justifica y replantea. Estos elementos se presentan en sus cuentos bajo temáticas que parecen recurrentes, tales como la angustia, la muerte, la utopía, la existencia que se configuran desde una forma novedosa.