Las formas sociales de producción en la agricultura bonaerense al final de la primera expansión (1937)
Mapa 4. Evolución histórica de la frontera
7. Las vías de desarrollo de la agricultura bonaerense
A lo largo del presente capítulo hemos corroborado que, más allá de las especificidades zonales, la mayor parte de la producción agrícola bonaerense estaba en manos de productores no propietarios -arrendatarios o aparceros-. Asimismo, entre ellos predominaban los que organizaban la producción en base a la mano de obra familiar, con o sin el auxilio de uno o dos asalariados permanentes. Esta caracterización podría dar la impresión que ha sido correcta la "imagen tradicional" de un agro pampeano en el cual la agricultura estaba en manos de pequeños y pobres agricultores dominados por grandes terratenientes que los utilizaban para obtener pasturas para sus campos. Sin embargo, consideramos necesario formular una serie de aclaraciones, acerca de qué significaba este predominio de las formas familiares en arriendo. Aclaraciones que delinean una caracterización de la agricultura de la región con notorias diferencias frente a esta "imagen tradicional", pero que no implican adherir a la postura opuesta que negó el peso del latifundio y las limitaciones que implicó en las posibilidades de acumulación y de desarrollo social de los agricultores pampeanos.
En primer lugar, no siempre la agricultura se presentaba subordinada a la dinámica ganadera, ni todas las chacras eran dependientes de las estancias. Como hemos visto, de las tres zonas estudiadas, tan sólo en el Oeste resulta clara la dependencia entre actividades, pero incluso allí alrededor de la mitad de la agricultura no se realizaba en chacras sino en unidades mixtas. En estas explotaciones, la relación agricultura/ganadería era internalizada por un mismo productor. Este tipo de explotaciones predominaba claramente en la agricultura de la zona sur. Y, si en la zona norte, esta actividad estaba localizada en las chacras, aquí la ganadería se restringía a los campos sin aptitud agrícola, por lo cual tampoco era importante la rotación sistemática de los agricultores para preparar los campos a la ganadería. Esto no significa que los agricultores no estuvieran subordinados a los terratenientes, pero lo estaban sobre todo por su carácter de dueños de la tierra, más que por el perfil ganadero que tenían algunos de ellos. Resulta claro que era mucho más importante la conducta rentística de los grandes terratenientes que su interés por vincular a los agricultores a las actividades
ganaderas que ellos podían realizar Esto ocurría tanto en las áreas dónde era notoria la aptitud agrícola de los suelos (zona norte), como en áreas mixtas (zona sur).
En segundo lugar, corresponde aclarar que el carácter familiar tampoco debe interpretarse como sinónimo de pequeña explotación escasamente capitalizada. Esta podía ser la característica de la mayoría de las unidades de la zona norte92, y de una
porción de las de la zona oeste, pero claramente no era la realidad de la zona sur. Aquí la mecanización había expandido notoriamente las capacidades de trabajo de la mano de obra familiar. Entonces, casi la totalidad de la superficie agrícola de las unidades familiares de la zona sur (aproximadamente, el 84%) estaba en manos de productores a cargo de campos de 100 a 625 hectáreas (la mayoría de los cuales contaba con capacidad de cosecha propia). Además, en la zona oeste la mayoría (58%) de la superficie a cargo de explotaciones familiares, se ubicaba en unidades de más de 100 hectáreas. Sí debe asociarse el predominio de las formas familiares con la consolidación de un modo de vida rural (cuestión que analizaremos en el siguiente apartado) y con una mentalidad de los productores que buscaba el esfuerzo de todo el grupo familiar en pos del ascenso social, ya sea a través de la expansión en superficie y en maquinarias, ya sea con el acceso -por cierto más difícil- a la propiedad de la tierra.
En relación con la última cuestión mencionada, corresponde realizar una tercera aclaración. El hecho de que predominaran las formas de tenencia en arriendo o en aparcería, no significaba que no se realizara agricultura en campos en propiedad. Según nuestras estimaciones, si bien era pequeña la superficie agrícola desarrollada por los terratenientes-capitalistas93, no era tan marginal el lugar jugado por los farmers
(alrededor de un cuarto del área agrícola de cada una de las zonas). De todos modos,
92 Aquí el 90% de la superficie agrícola trabajada por productores que no contrataban asalariados permanentes estaba ubicada en unidades de menos de 100 hectáreas.
93 Salvo excepciones, los terratenientes no encaraban en forma directa la producción agrícola en grandes extensiones, ya que esto hubiera requerido una compleja organización del trabajo y grandes inversiones de capitales, sin claras economías de escala (es más, posiblemente había deseconomías de escala), cuando una conducta meramente rentística aseguraba ingresos por demás elevados. Así, por ejemplo, 20.000 hectáreas en Tres Arroyos, con los precios del arriendo de fines de los años veinte ($20 la hectárea), le retribuían a un terrateniente (que podemos considerar mediano, en relación con los grandes grupos que concentraban más de 100.000 hectáreas cada uno) un ingreso de $ 400.000 al año. Una cifra que permitía acceder a todo tipo de lujos y que, por su carácter de renta del suelo, podía ser gastada por entero, ya que no se requería ningún tipo de inversiones para asegurar la continuidad del ciclo productivo, pues todos los gastos estaban a cargo de los arrendatarios.
resulta claro que la mayoría de la tierra continuaba en manos de los terratenientes y no había sido adquirida por los agricultores, como, por ejemplo, había ocurrido en las praderas norteamericanas. Las causas de la ausencia de ventas fraccionadas es un tema que no ha sido estudiado en profundidad. Por un lado, es claro que para los terratenientes resultaba ventajoso esperar captar toda la valorización de sus campos. Esto es, mientras lo mantenían arrendado, recibían anualmente la renta del suelo, pero también su valorización94. Pero esto no significó que no existiera un mercado de tierras
importante, en el que entre 1914 y 1929 se vendieron 48 millones de hectáreas en las provincias pampeanas, equivalentes al 80% de la superficie agropecuaria de la región (Barsky y Pucciarelli, 1991: 380). Tal vez, las dificultades para acceder al crédito hipotecario por parte de pequeños arrendatarios sea el elemento clave de la explicación, tal como lo sostiene Adelman (1989: 140 y 333-355). Pero la situación se agravó por la existencia de un círculo vicioso que hizo que el propio desarrollo agrícola encarnado por estos inmigrantes empujase constantemente el precio de la tierra por encima de sus posibilidades de acumulación95. Si algo se había avanzado en el fraccionamiento
apoyado en el crédito hipotecario durante los años veinte, la crisis del treinta frenó y deshizo buena parte de este proceso, tal como hemos analizado anteriormente (Balsa, 1994a).
Como respuesta a la pregunta inicial de este capítulo, en torno a la caracterización de la agricultura pampeana, podemos decir que el predominio del arriendo no permite asimilar el caso pampeano al "camino inglés", ya que nuestros
94 El incremento del precio de la tierra parecía ilimitado hasta la crisis del treinta. Según los cálculos de Cortés Conde (1979: 159-176), el valor promedio de ventas de tierras realizadas por la casa Bullrich, pasó de $13 en 1883 a $69 en 1903 (deflacionados por los proecios de exportación), a pesar de dejar fuera del análisis a las zonas que al comienzo del período eran consideradas de frontera. Y luego, utilizando los precios registrados por la Dirección General de Ecnomía Rural, estima que en el conjunto de la provincia, subieron de $44 en 1903 a $ 128 en 1912. Por su parte, Barsky y Pucciarelli (1991: Cuadro 32) registran un incremento del valor promedio por hectárea en la región pampeana de $436 en 1914 a $772 en 1929. Por nuestra parte, en base a la información registrada en Kraft (1929), observamos que en Tres Arroyos el precio de la hectárea subió de unos $34 en 1895-99, a $123 para 1905-09, y $400 en 1925-28.
95 Por ejemplo, en Tres Arroyos, en los últimos años del siglo XIX el valor bruto de la producción de una hectárea de trigo casi duplicaba el precio de compra de esa extensión. En cambio, en 1910-14, esa producción sólo alcanzaba al 40% del precio de la tierra (Balsa, 1993: 115-117).
arrendatarios no pueden conceptualizarse como plenamente capitalistas, en tanto que la mayoría aportaba la fuerza de trabajo propia y de los miembros de su familia. Tan sólo un 7% y un 13% de la superficie agrícola de las zonas norte y oeste, respectivamente, estaban en manos de explotaciones en arriendo con al menos tres asalariados permanentes. Pero, en la zona sur, donde un 21% de la agricultura estaba a cargo de arrendatarios capitalistas, el "modelo inglés" habría tenido cierta vigencia.
Por otra parte, el perfil familiar que presentaba la mayoría de los agricultores, no los acercaba a la situación del campesinado parcelario europeo, tanto porque no tenían la propiedad, como porque las extensiones que trabajaban eran muy superiores y su orientación al mercado era total. Tal vez, los medieros más pequeños de las zonas norte y oeste (con lotes de 20 a 50 hectáreas) se asemejasen a estos tipos campesinos por las graves limitaciones en su capacidad de acumulación y su total dependencia del capital comercial. Estos mismos sujetos también permiten evocar la imagen de una vía "junker", en tanto era habitual que estuviesen relegados a los intereses ganaderos de un terrateniente-capitalista que les imponía una serie de limitantes a sus "libertades capitalistas" en los contratos. Pero, en primer lugar, estas cláusulas eran bastante menos rígidas que la fijación a la tierra practicada en Prusia; en segundo lugar, en las zonas agrícolas la mayoría de los terratenientes no tenían un perfil productivo-capitalista orientado hacia la ganadería, sino que cedían sus campos por entero en arriendo; y, por último, era muy reducida la importancia de estos aparceros muy pequeños dentro de la superficie agrícola (excepto, tal vez, en parte de la zona oeste). En cambio, el concepto de una vía "junker", en un sentido amplio, resulta más fructífero para describir la producción ganadera. Es claro que esta rama estuvo hegemonizada por la figura del terrateniente que a la vez se hacía cargo de la producción invirtiendo capital y contratando trabajo asalariado. El trabajo de Pucciarelli (1986: capítulo IV) contiene una muy detallada descripción de los distintos tipos de terratenientes-capitalistas y su significación en el desarrollo ganadero entre fines del siglo XIX y comienzos del XX96.
En el caso de la agricultura es la "vía (norte) americana" la que presenta mayores puntos de contacto con el desarrollo pampeano. En ambas regiones, la producción
96 Para el período anterior, en el que todavía tenían alguna significación los ganaderos de tipo familiar, ver Sábato (1989).
agrícola estaba en manos de productores medianos (en el caso pampeano, de mayor extensión que los de las praderas estadounidenses). Además, orientaban su producción centralmente hacia el mercado, y no hacia la autosubsistencia como los productores campesinos. También eran productores principalmente familiares, aunque en la región pampeana combinando la fuerza de trabajo familiar con asalariados. Asimismo, en ambos casos, estaban muy mecanizados.
La diferencia principal, era la tenencia del suelo. Si bien el arriendo había ido incrementando su importancia en el Corn Belt norteamericano97, esta expansión fue
producto de las formas de traspaso intergeneracional de las explotaciones (Friedberger, 1988: 48) y no la consecuencia del surgimiento de una clase de grandes terratenientes. La mayor parte de la tierra arrendada era propiedad de personas que vivían en esos campos98 o muy cerca de ellos99. Los arrendatarios a menudo eran parientes de los
arrendadores o, como mínimo, eran sus vecinos (Friedberger, 49). Desde fines del siglo XIX, en el Corn Belt la aparcería y el arrendamiento se habían convertido en parte del ciclo vital, en tanto era el punto de comienzo para un joven productor que la arrendaba a sus familiares o a sus vecinos hasta que podía comprar su propia tierra, en la denominada "escalera agrícola"100. En el caso de la región pampeana, la escalera se
97 En Iowa, por ejemplo, pasaron de ser un 23,8% de los productores en 1880 a un 49,6% en 1935 (Murray, 1946: 12 y Yoder, 1997: 463)
98 En un estudio realizado en los trece estados de la North Central Region en 1946, se encontró que el 44% de los propietarios que cedían toda su tierra en arriendo ("Non-operating landlords") residían en la explotación (Timmons y Barlowe, 1949: 869).
99 Así, por ejemplo, en el centro-este de Illinois a fines de los cincuenta, el 85% de los "landlords" (arrendadores) vivían a 50 millas de su propiedad arrendada, y tres de cada cuatro eran productores rurales, productores retirados, viudas de productores o habían realizado labores rurales (Reiss, 1961: 55). Así también, el Oeste de Illinois en los años sesenta, el 90% de los "landlords" vivían dentro de un radio de una hora de manejo de su propiedad (Reiss, 1968: 44).
100 Como lo reseña Wells (1987: 224) esta interpretación a dado lugar a opiniones controvertidas. El arrendamiento fue conceptualizado como un "peldaño" de una "escalera agrícola", que comenzaba con el trabajo en la explotación de los padres durante la adolescencia, continuaba con el trabajo asalariado en otras unidades, y seguía con el arriendo, para terminar con la compra de una parcela en la madurez. Este esquema fue propuesto por primera vez por R.T. Ely en 1917 y tiñó, tal vez de un modo excesivo, la visión del arrendamiento durante buena parte del siglo XX. (Friedberger, 1988: 47-49). Cabe destacar que, según los datos censales de 1920, el 42% de los productores propietarios habían salteado dos "peldaños", pasando directamente, de trabajar en la explotación familiar, a ser sus dueños (Friedberger, 1988: 49). Además, la crisis del treinta significó un duro golpe para las posibilidades de subir la "escalera". Sin embargo, uno de los estudios realizado en los años
había cortado, y los aparceros y arrendatarios no parecían presentar, al menos en la mayoría de los casos, vínculos familiares con los propietarios de los campos que tomaban. Aunque siempre existieron pequeños propietarios que, sin hijos a quienes dejar la explotación, arrendaban sus campos al retirarse, y también era común el arriendo realizado de hermanas a hermanos101, en general, en las tres zonas estudiadas
hemos observado que eran grandes propiedades las que cedían en arriendo pequeños o medianos lotes a muchos productores.
Podemos concluir que el predominio de las formas familiares en arriendo, con las precisiones que hemos enumerado, constituiría una vía particular de desarrollo agrícola, y en tal sentido, podríamos denominarla "vía argentina", o mejor, "vía pampeana" -para no generalizar al resto del país una situación regional-, en tanto se diferencia de las otras vías ya conceptualizadas, aunque combina algunos elementos de cada una de ellas.
Este "camino pampeano" de desarrollo agrícola en un contexto económico capitalista, estaría caracterizado por el predominio de las explotaciones familiares, pero abiertas a la contratación de mano de obra asalariada, ya sea en forma transitoria para los momentos de mayor demanda de trabajo, o de modo permanente (uno o, en todo caso dos peones) tanto porque los hijos del productor eran todavía muy pequeños, o porque había logrado expandirse territorialmente. Pues otra característica de este modelo, es que las unidades tenían extensiones considerables, en comparación con la agricultura cerealera de otros países, y que estos tamaños se fueron incrementando a lo largo de este período, gracias a la mayor disponibilidad de capitales por parte de los arrendatarios más exitosos, y a las posibilidades que la mecanización brindaba para
cuarenta, demostró la vitalidad de la "escalera agrícola", aunque con la presencia de empleos urbanos en sus "peldaños" intermedios. Así, esta investigación encontró que la mitad de los propietarios de Iowa habían realizado la "escalera agrícola" (un 27% siguiendo todos sus "peldaños", y un 23% incorporando, además, trabajo no agrícola en el medio de la "escalera"); un 30% de los propietarios no habría sido ni asalariado agrícola ni arrendatario (había trabajado en la explotación familiar, y eventualmente también en empleos no agrícolas antes de convertirse en propietario) y sólo un 16% de los propietarios no trabajaron al comienzo en la explotación de sus padres (Strohbehn y Timmons, 1960: 20).
101 Sobre las estrategias de transmisión y preservación del patrimonio resulta clave el trabajo de Zeberio (1995).
cultivar superficies cada vez mayores con la misma (o incluso menor) dotación de fuerza de trabajo.
El arriendo en dinero, la forma de tenencia del suelo típica de la agricultura de las zonas oeste y sur de la provincia de Buenos Aires, resultaba particularmente flexible para poder concretar estas expansiones territoriales, aunque la aparcería, característica de la zona norte, tampoco era en sí un obstáculo (a pesar de que las posibilidades de acumulación de los pequeños aparceros estaba seriamente limitada por los excesivos cánones que cobraban los terratenientes y las imposiciones que establecían).
La otra característica del modelo pampeano era que estos arriendos y aparcerías se realizaban sobre campos de grandes propietarios, meramente rentísticos en las zonas norte y sur, y de orientación ganadera en la zona oeste. Especialmente en la zona norte, pero también en el oeste, se generaba una relación de asimetría extremadamente desigual entre terratenientes muy importantes, y arrendatarios y aparceros de escasa capacidad económica.
Esta relación asimétrica, pero sobre todo la ecuación entre oferta y demanda de tierras en cada una de las zonas y en los distintos momentos, determinaron las posibilidades de acumulación de los arrendatarios y aparceros, que fueron muy importantes en la zona sur, donde al comienzo de la expansión agrícola había mucha oferta de tierra para cultivar y poca demanda por parte de agricultores. También esto parece haber ocurrido en la zona oeste hacia 1900, según la descripción de Adelman (1989: 115 y 226). Por lo tanto, no podría establecerse una relación directa entre no propiedad e imposibilidades de acumulación por el peso que la apropiación de la renta imponía a la reinversión del capital. De hecho, la principal inversión necesaria para la expansión productiva agrícola era la mecanización, y, tal como hemos visto, los medianos arrendatarios de la zona sur, pero no sólo ellos, habían desarrollado un intenso proceso de mecanización en los años veinte102. En perspectiva, observamos que esta
102 Entonces, si bien el acceso a la propiedad era un objetivo que claramente casi todos los chacareros perseguían, otras posibilidades de acumulación no eran menospreciadas. Convertirse en un gran arrendatario, era una opción interesante. De hecho, según Lahitte (1912: 35) la esperanza de aumentar su capital por medio de la agricultura extensiva, convertía al chacarero en un arrendatario de 200 hectáreas antes que en dueño una propiedad de 20 hectáreas.
inversión resultó mucho más ventajosa que los intentos de adquirir un campo en la década del veinte, a través del crédito hipotecario, pues en general éstos terminaron con la pérdida de la propiedad durante la crisis del treinta. No por ello, desconocemos las inseguridades que el arriendo generaba y el bloqueo que producía para realizar mejoras en el campo y en las condiciones edilicias.
Justamente, los procesos de acumulación de los medianos productores alcanzaban para que se mecanizasen, pero no para que se convirtieran en propietarios de los predios que alquilaban (tal como lo hemos estudiado en Balsa, 1993 y 1994a). Entonces, en cuanto a la tenencia del suelo, el "camino pampeano" se había cristalizado, a través de un proceso circular en el que el propio esfuerzo de los arrendatarios los iba alejando progresivamente del acceso a la propiedad, al menos como experiencia colectiva. Pues, la propia valorización de los campos que, como hemos visto, generó la expansión agrícola realizada por los arrendatarios, los hacía cada vez menos accesibles. Como lo describió Taylor (1948), la escalera agrícola se había cerrado. Si bien, un