2. EL MÉTODO DIALÉCTICO COMO TRANSFORMADOR EFECTIVO DE LO REAL
2.5 LAS VANGUARDIAS, EL PODER DE UNA PROMESA RETÓRICA.
“No hay, en efecto, mentira más descarada que la consistente en sostener, aun y sobretodo en
presencia de lo irreparable, que la rebelión no sirve de nada. La rebelión se justifica por sí misma, con plena independencia de sus posibilidades de modificar o no la situación de hecho
que la determina”. André Breton1
Cuando se propone un trabajo de grado como este, en el que se plantea un objetivo de transformar a la sociedad a través del cine, se podría llegar a concluir que se trata de una idea utópica. Tratar de pensar los problemas sociales y querer desarticular un esquema social ya establecido, a través del cine, implica un deseo de cambio y una necesidad personal para que mi labor como comunicador social, a través del cine, logre mover al ser humano para aportar en el cambio hacia un “mundo mejor”. El método de Eisenstein, por lo menos me acerca a “suplir” esa necesidad personal de querer que el cine sea un instrumento de transformación social, “transformador del mundo”. Por eso, desde ciertas perspectivas puede chocar, en algún punto, el propósito de mi tesis. Pues yo mismo considero que querer que las dinámicas sociales cambien de manera efectiva a través del cine, en un mundo tan complejo y tan establecido como el que vivimos, tiene un grado de utopía. Por ello, me interesa hablar, sobre las vanguardias en tanto sus manifiestos enuncian un propósito de transformación, que en muchos casos resultan utópicos.
Las vanguardias se han caracterizado por la confrontación que generan con los esquemas establecidos y con unas convenciones ya adoptadas en el arte. “Toda vanguardia proclama una ruptura formal con los esquemas artísticos anteriores.
Se presenta como una portadora del poder de destrucción del consenso formal que, en
un momento dado, define lo que merece el nombre de arte”2.
El nacimiento de las vanguardias, al igual que las transformaciones más trascendentales que ha sufrido el arte a lo largo de la historia de la humanidad, está directamente relacionado con los procesos históricos, culturales, sociales, económicos, políticos, geográficos y todos aquellos elementos del contexto que determinan al hombre y su
1 Citado por Alain Badiou,Vanguardias, “EL SIGLO”, Argentina, Ediciones Manantial, 2005, pág. 178 2ALAIN BADIOU, Vanguardias, “EL SIGLO”, Argentina, Ediciones Manantial, 2005, pág. 169
entorno. Pues “El arte es la manifestación del espíritu humano”3.
Los eventos históricos que vive la sociedad son determinantes para el nacimiento de las vanguardias. Por mencionar dos de los múltiples acontecimientos históricos que fueron determinantes para el surgimiento de las vanguardias, además de los avances tecnológicos como el descubrimiento del papel fotosensible (que rompe con lo figurativo del renacimiento), o del cinematógrafo (a finales del S. XIX), son las revoluciones. Por una parte, en Francia, con la Revolución francesa, en la que se originó un cambio radical en el comportamiento de la sociedad que pasó, de un papel de sumisión frente a un Estado monárquico y esclavizador, a vivir absolutamente todo lo contrario con la revelación del pueblo francés, en donde se luchó para asentar las bases de la revolución: la igualdad, la fraternidad y el desarrollo; y, por otra parte la Revolución industrial, en Inglaterra, que comenzó un proceso acelerado de desarrollo económico, que le dotó al hombre de nuevas herramientas para una vida más cómoda. Estas dos revoluciones (XVIII y XIX) generaron en Europa una especie de euforia colectiva puesto que se pensaba que se iba a “terminar el sufrimiento” con el nacimiento del Estado Moderno y el fin de la monarquía (el nacimiento de las bases de la revolución francesa), y los inventos de la industria que mejorarían las condiciones y la
calidad de vida de la gente.
Por ende, a partir de acontecimientos tan trascendentales el arte comienza a presentar manifestaciones que rompen con las estructuras clásicas y las concepciones que hasta
ese momento se tenían del arte mismo.
En ese sentido, las vanguardias son movimientos artísticos que plantean un manifiesto y que, a partir de ese manifiesto, comienzan a proponer un arte con unas características particulares. Un arte nuevo, que, en primer lugar se caracteriza por la ruptura que hacen con el arte.
“Las vanguardias no son exclusivamente “escuelas” estéticas, se convierten en
fenómenos societas, referencias de opinión, contra las cuales se desatan violentas polémicas, mucho más allá de las citas de las obras o el conocimiento de los escritos
teóricos”4.
3Hipólito Taine, La naturaleza de la obra de arte –
Doce lecciones de filosofía, capítulo: “El arte”, pág. 24 (citado en un ensayo propio para Estéticas)
Por eso un grupo de vanguardia decide cuál es el presente del arte. Decide el instante de la manifestación artística. Pues el “arte establecido” al cual se contrapone la vanguardia, está encerrado en un conjunto de leyes formales que son vigentes en un momento determinado y que dichas vanguardias vienen a romper y a darle un presente al arte, una re significación. Pues el pasado del arte no puede decidir por el presente, así como tampoco las vanguardias pretenden decidir por el futuro porque no tienen una necesidad de eternización. El presente es el instante puro, el momento exacto en el que no hay nada que esperar, en el que nace la vanguardia y destruye lo establecido. “Sólo la constatación de una fabricación del presente convoca a la gente a las
políticas de emancipación o al arte contemporáneo”5.
Comúnmente se cree que un manifiesto representa un proyecto de acción a futuro. Normalmente se cree que las intenciones de las vanguardias consignadas en los manifiestos son promesas de una transformación efectiva que tendrá lugar en el futuro; sin embargo, siguiendo a Alain Badiou, el manifiesto no debe leerse como un proyecto, sino como una afirmación incondicional del presente. Cuando una vanguardia enuncia un propósito de transformación lo que importa no es si lo consigue o no en el futuro, sino la afirmación del presente que se produce en la pura enunciación. Este es el efecto retórico sobre el que opera el manifiesto.
En ese sentido, la creación artística es rebelde6, Porque es puro presente y ese presente tiene la capacidad de transformar los signos de los esquemas establecidos de construir un presente. Badiou lo llama cambiar un exceso con otro exceso. En ese sentido, se puede enunciar cualquier objetivo de transformación, porque lo que importa no es si se cumple o no con el objetivo sino el hecho de anunciarlo para
transformar un presente particular.
Por eso la rebelión, como las vanguardias es la “chispa vital”7, porque hacen posible el
cambio de signo.
5 Ibíd., pág. 176
6 Rebelde desde la perspectiva de Bodiou sobre la Rebelíon. “Rebelión, quiere decir que en el extremo
experimentado del exceso negativo se mantiene la certeza de que se puede cambiar su signo” (Ibíd., pág. 180)
7 “La rebelión es chispa vital (el presente puro, por lo tanto), con plena independencia de sus
posibilidades de modificar o no la situación de hecho que la determina. La rebelión es una figura subjetiva. No es el motor de un cambio de la situación, sino la apuesta de que es posible cambiar el signo del exceso”7. (Por lo tanto no tiene necesidad de evaluarse por sus resultados Ibíd., pág. 179).
“Sólo se puede pasar de un exceso sufrido, infligido, de un terrible signo negativo, de
un signo negro a la posibilidad conquistada de saludar lo que vale la pena vivirse. Ese paso es una operación a la vez voluntaria y milagrosa que invierte el signo del exceso,
y a la que Breton da el nombre de rebelión”8.
Un cambio de signo en un nivel en el que no importa el futuro. Lo importante es esa misma situación del presente que generan las vanguardias al generar esa ruptura. Por ese motivo no se puede medir ni evaluar un resultado posterior a ese instante. Lo que importa, desde esta perspectiva, es que se cambia el orden establecido. Así como en el guión que presento en el siguiente capítulo. Hay un orden establecido que es perverso y surge una “chispa vital” en el momento en el que se cambia ese orden. Más allá de lo que pase después de que se destruyó lo que estaba establecido. Lo trascendental radica
en que se logró un “cambio de signo”.
“Hacemos bien en rebelarnos, habría de ser, hasta estos últimos años, el rechazo altivo a comparecer ante el tribunal tramposo de los resultados económicos, sociales,
“humanos” y otros. En el fondo del alegato realista del sacerdote9
no hay más que el deseo reactivo de forzar a los sujetos a elegir el plato de lentejas que se les sirve como
contrapartida de su resignación”10.
Hay que cambiar el orden establecido. Hay que rebelarse contra ese “tribunal tramposo” y la voz del miserable sacerdote que solo lleva al mundo a la resignación. Y por más utópico que resulte enunciar el objetivo de una trasformación, es completamente válido. No es problemático enunciar objetivos utópicos. Pues tal vez esa es la potencia del arte. El arte como el terreno de la promesa permanente, sin importar su cumplimiento efectivo.
Como una promesa amorosa11: no importa si se cumple, lo que importa es el hecho de enunciarla.
8 Ibíd., pág. 179
9 Refiriéndose, Breton, al miserable sacerdote, que es una voz insidiosa que demanda que la rebelión se
evalúe a través de sus resultados y, de acuerdo con este único criterio se la comparte con la resignación)
10 Ibíd., pág. 181
11
Como lo compara Badiou. Consulta: ALAIN BADIOU, Vanguardias, “EL SIGLO”, Argentina, Ediciones Manantial, 2005
3. APLICACIÓN A UN CASO PARTICULAR DE ESCRITURA DE