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LAVANDO EL INTESTINO GRUESO

El enema, acerca del cual se realizaron muchas investigaciones científicas y se escribieron muchos libros, acerca del cual mucha gente piensa con desagrado, incluso sin haberlo experimentado, es muy benéfico para el cuerpo humano. No expondré todo lo que puede decirse de este tema aquí, pero si tuviera que resumirlo en una frase corta, diría: Cuánto más profundo y frecuente se realice (dentro de los límites de la razón, por supuesto), mejor.

El intestino grueso es un lugar en el cual el cuerpo absorbe muchos tipos diferentes de sustancias, incluyendo todas las toxinas provenientes de las mezclas en estado de putrefacción. Todo es absorbido directamente por la sangre y luego circula por todo el cuerpo.

El lado interno del intestino grueso está cubierto de bilis, gracias a la cual el proceso de absorción puede ser realizado con mayor eficacia y sutileza. Durante toda nuestra vida, una sustancia gomosa y mucosa se mezcla con la bilis. Otras sustancias de composición compleja y difícil de definir se pegan a las paredes del intestino. Gradualmente, se forma algo que se parece a un aislamiento de goma, que hace que la absorción de nutrientes por la sangre se vuelva dificultosa o imposible. Además, esta capa constituye un medioambiente ideal para muchas bacterias nocivas, hongos, moho y otros parásitos. Las colonias de parásitos que proliferan y sus excrementos dañan la flora intestinal (necesaria para el correcto funcionamiento del intestino), envenenan la sangre y, como resultado, el cuerpo en su totalidad. Así es como se origina una base ideal para muchas de las enfermedades que sufren cada vez más representantes de las civilizaciones terrestres, y que crecen hasta ser epidemias (Ej., cáncer, diabetes, alergias).

Los doctores que aplican enemas dicen que esta materia, que es el residuo de lo que la persona come desde hace años, puede ser evacuada del intestino simplemente lavándolo. La acumulación

de esta sustancia se debe a que, si la persona no lleva una dieta apropiada, la capa de mucosa y materia fecal se vuelve cada vez más gruesa con el paso del tiempo. Esta capa reduce el diámetro del intestino grueso, haciendo que, gradualmente, sea cada vez más difícil (y hasta imposible) para el cuerpo absorber nada que no sea lo que constituye la materia en putrefacción.

Luego el hígado se intoxica tanto que ya no puede neutralizar todas las toxinas que ingresan al cuerpo. Una persona en esta situación se encuentra constantemente bajo la influencia de diversos venenos. Esto puede verse claramente en la cara y en toda la piel. Enfermedades frecuentes, sensación de cansancio, dolores de cabeza, prematuro envejecimiento de la piel, visión borrosa y ojos de color amarillo son síntomas comunes que indican que el cuerpo está envenenado, y que la intoxicación es de origen intestinal. Lavando la cara interna del intestino grueso, le devolvemos sus funciones adecuadas, lo cual resulta en un cuerpo más sano.

Cuando uno deja de comer, el intestino primero se enlentece, para luego dejar de funcionar. Algunos restos de comida a medio digerir todavía se encuentran en el intestino, junto con esa sustancia gomosa y la materia fecal antigua adheridas a las paredes. Como nada nuevo entra en el intestino, lo que está en él no es reemplazado. Dichos residuos se transforman en duros bultos, cuya presencia no es en absoluto benéfica para el cuerpo, ya que puede significar, entre otras cosas, un nido (o caldo de cultivo) de parásitos.

Estos residuos, así como la mucosa que se ha pegado a la bilis en el intestino grueso, pueden ser lavados con agua – un método simple y eficiente. En muchos casos, esto devuelve la salud e incluso puede salvar vidas (previene y elimina toxinas, tumores, parásitos). Esta es la razón por la que es tan importante lavar el intestino con agua. Puede decirse con seguridad que el enema salva vidas. Frente a muchas enfermedades graves, un lavado del intestino grueso bien realizado es suficiente para eliminar la causa de la enfermedad y sanar a la persona.

Yo suelo decirle a la gente, francamente (especialmente a aquellos que ven el enema como algo desagradable), esta verdad: Tú tienes la elección, porque puedes lavar tu intestino, pero no tienes que hacerlo si no quieres. Sin embargo, si lo haces, expulsarás la podredumbre de tu cuerpo. Si la dejas ahí, estás pudriéndote desde adentro.

Desde el primer día que dejas de comer, lava tu intestino grueso por lo menos una vez por semana. Cada persona decide por sí misma la frecuencia de los enemas según su criterio. Un buen procedimiento es enjuagar el intestino diariamente en la primera semana de ayuno, una vez cada dos días en la segunda semana, y una vez cada tres en la semana siguiente.

El intestino se lava con agua hasta que esté completamente limpio por dentro. Esto puede tomar de

una semana a algunos meses, dependiendo de la habilidad de cada persona. La sustancia gomosa y mocosa de la que hablamos necesita mucho trabajo porque se desprende lentamente y con mucha resistencia. Generalmente se necesitan muchos enjuagues para que las paredes internas del intestino queden completamente limpias.

Por supuesto, la eficiencia de la purificación intestinal depende más que nada de la habilidad de cada uno. Una limpieza perfecta del intestino, desde el ano hasta el punto en que el intestino grueso se conecta con el apéndice, precisa de ejercitación y enemas, repetidas veces.

El ser humano ha construido aparatos que ayudan a realizar esta tarea, algunos muy eficientes y utilizables. Sin embargo, si quieres ser independiente de todo tipo de aparatos, puedes aprender a hacer enemas ordinarios.

Lavando tu intestino con regularidad descubrirás el método que más te convenza. Puedes modificar y aplicar los consejos aquí escritos en la forma que desees.

Para empezar, puedes imaginar que el intestino es un tubo curvo y con pliegues, como el de la aspiradora, y tiene la forma de una letra U, pero al revés. Entonces pregúntate: ¿Qué debo hacer para lavar el contenido de este tubo? ¿Qué debo hacer con el agua y el cuerpo? ¿Qué movimientos debo realizar y qué posiciones corporales debo adoptar para poder limpiarlo completamente con agua, de principio a fin?

El enema debe realizarse con agua tibia, entre 15 y 45º C., aunque algunos especialistas recomiendan que esté todavía más caliente. Prueba hacerlo de forma alternada en una sola sesión: primero agua caliente, luego fría. Podemos introducir el agua de unas pocas a más de una docena de veces. Debes meter la mayor cantidad que puedas aguantar, pero no exageres. Cuanto más lentamente introduzcas el agua, con interrupciones, más podrás mantenerla dentro. Cuanta más agua puedas soportar, mejor y más profundamente se lava. Repito, no debes exagerar, porque el intestino no es un globo. Para que tengas una idea, puedes usar entre medio litro y dos litros de agua en un solo enema (algunas personas pueden aguantar más).

Cuando el agua se encuentre adentro, realiza algunos movimientos. Siempre que mantengas en mente que el intestino es como un tubo en U puesto al revés, podrás pensar, ejecutar y adoptar fácilmente las posiciones y los movimientos que te serán de más ayuda. Por ejemplo, puedes contraer el abdomen hacia adentro y empujarlo hacia fuera, sacudirlo a los costados o de abajo hacia arriba, o masajearlo. También puedes levantar los tobillos e inmediatamente bajarlos, pisando fuerte o saltando (esto provocará contracciones abdominales).

Después de un tiempo de realizar estos movimientos y posiciones, que puede ir de unos pocos segundos a algunos minutos, expulsa todo el contenido. Tu imaginación también puede ayudarte en esta actividad. Por ejemplo, para despedir toda el agua de la parte ascendente del intestino (en tu lado derecho), puedes apoyar tus pies en la pared y subir el abdomen, incluso hasta alcanzar una posición vertical. En esta posición debes contraer y relajar el vientre, hacia adentro y hacia fuera. Luego vuélvete hacia el lado izquierdo y baja los pies. Una vez que estás acostado sobre tu lado izquierdo, contrae las nalgas y el abdomen hacia adentro al mismo tiempo, pero sin levantar la cabeza. Después agáchate y expulsa todo, lo más que puedas. Puedes repetir el procedimiento cuantas veces lo necesites, para sacar toda el agua (2-5 veces, aprox.). Luego puedes introducir agua nuevamente, y empezar desde el principio.

Para dominar el método descrito, uno debe ejercitar. Este es un método muy eficiente a la hora de limpiar las paredes internas del intestino, eliminar los residuos y obstrucciones de materia fecal, y devolver al intestino su funcionamiento correspondiente.

Algunas personas lavan sus intestinos con orina, infusiones de hierbas, café, agua con limón u otros líquidos. Esta puede ser una buena idea en algunos casos, especialmente cuando quieres darle al cuerpo algo para aliviar el dolor (cafeína), una medicina (hierbas), o alguna sustancia que suavice la mucosa gomosa que recubre este órgano por dentro. En el pasado se utilizaba una solución de jabón, pero se ha descubierto que no es una buena idea, ya que irrita el intestino e intoxica el cuerpo. Recordando el principio de que las soluciones más simples son, generalmente, las más eficientes, podemos decir que, en la mayoría de los casos, es suficiente con agua común y corriente. Si tienes intención de hacer un ayuno seco, primero debes lavar el intestino cuidadosamente. Comienza a aplicarte enemas por lo menos una semana antes de dejar de beber – siendo este período un ayuno común, con agua. Antes de dejar de beber, el intestino grueso debe estar limpio por dentro. Gracias a esto, es mucho más fácil vivir sin agua, debido a que el cuerpo necesita bastante menos, comparado con el tiempo en que el cuerpo elimina toxinas (que entraron en el cuerpo por ingestión y, por lo tanto, a través del intestino).

En el segundo o tercer día de ayuno, puede ser conveniente causar una diarrea. Para este propósito uno puede ingerir laxantes herbales o químicos que no sean tóxicos. Uno de ellos es el sulfato de magnesio (sal de Epsom, 25 gramos aprox.). El jugo de pera 100% natural (alrededor de un litro, comprado o producido por ti), también funciona de maravilla.

Vale la pena recordar que muchas personas tienen dolores abdominales luego de beber una gran cantidad de jugo de pera. Esto puede ser muy doloroso, dependiendo de cuánto tiempo de ayuno lleva la persona antes de tomar el jugo y de qué queda en el intestino. Luego de beber este jugo,

una serie de espasmos fuertes y movimientos peristálticos tiene lugar en el intestino. Si este no está demasiado obstruido, la diarrea vendrá en unos cuantos minutos.

También puedes entibiar cerca de un litro de jugo de pera. Luego bébelo todo en unos cinco minutos o menos, pero no demasiado rápido pues puede causarte vómitos.

El jugo de pera utilizado de esta forma tiene una eficiencia de varias horas. Esto puede ser desagradable, uno puede sentirse mal todo el tiempo (por ejemplo, casi toda una tarde), a causa de los dolores abdominales, las jaquecas, los golpes energéticos, etc., dependiendo de cuán sensible se es. El jugo de pera tiene una acción bastante inmediata y repentina, por lo tanto, de uno a tres días antes de usarlo, te convendría lavar tu intestino con agua (para asegurarte de que no esté obstruido, porque si lo está, el dolor y los espasmos son más fuertes).

Por supuesto, esto no sucede de la misma manera a todos. Hay personas a las que al beber un litro de jugo de pera, con el intestino repleto, apenas les suenan las tripas (lo cual indica que el intestino es muy largo). Por otro lado, hay personas que padecen nauseas y sienten dolores muy fuertes habiendo tomado apenas dos vasos de jugo – este método no es para ellos.

He expuesto este método para aquellos que deseen intentarlo y experimentarlo, para ver cómo funciona en su caso particular. Si no estás seguro acerca de qué efectos tendrá en ti, puedes comenzar con un solo vaso de jugo y ver qué pasa. En el próximo intento puedes aumentar la cantidad de jugo, si un vaso no te es suficiente.

Existen otros métodos de lavado de intestino, y no sólo del grueso, sino también del delgado. De esta forma se lava el sistema digestivo en su totalidad y la vesícula biliar simultáneamente. El método más común y eficiente tiene sus orígenes en el yoga. A continuación, doy una breve explicación.

Mezcla aproximadamente un 1% de sal en agua tibia. Bebe un vaso de esta solución y realiza los ejercicios pertinentes, aquellos que empujan el líquido hasta el ano. Luego bebe otro vaso y repite los ejercicios. Debes repetir el procedimiento hasta que la solución comience a fluir por el ano. Primero se parece a la diarrea, luego comenzará a salir agua marrón, y al final será agua clara. Después, para terminar, te bebes dos vasos de agua común, sola.

Esto funciona mejor si es realizado no antes del tercer día de ayuno. En la mayoría de los casos, funciona perfectamente incluso si no se ejecutan los ejercicios correspondientes. En vez de estos ejercicios, puedes hacer algunos movimientos abdominales, o presionar rítmicamente el vientre. Piensa que estás moviendo la solución por el estómago, pasando por los intestinos, hasta llegar al

ano.

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