• No se han encontrado resultados

Lavapiés: historia de la identidad cultural popular

D. Identidad socio-cultural de Lavapiés i procesos "bottom-up"

2. Lavapiés: historia de la identidad cultural popular

Lavapiés nace como barrio a extramuros de la villa de Madrid alrededor del siglo XV: algunos autores defienden su origen judío pero no existe unanimidad al respecto, ya que algunos de los relatos al respecto son fruto de una visión romantizada del barrio.

No obstante, sí que se admite la presencia posterior de comunidades judías en el barrio que contribuyeron al desarrollo de la artesanía como actividad económica que se impuso al carácter rural de los orígenes de Lavapiés. Las transformaciones más relevantes se inician a mediados del siglo XIX, periodo en el cual el barrio se incorpora a la Villa de Madrid, con la eliminación de la muralla medieval que separa la ciudad de la periferia. En este contexto, Lavapiés se transforma en la sede de numerosas fábricas que convertirán el antiguo tejido artesanal en un espacio proletarizado que acoge a los trabajadores de las fábricas que se extienden por el barrio.

La demanda laboral de la inminente industrialización del barrio exige la acogida de numerosas familias que emigran a Madrid en busca de trabajo. El modelo de vivienda que se construye consiste en viviendas no superiores a los 30 m2, articuladas en forma de O o U entorno a un patio central, sostenidas por un entramado de madera: las "corralas". Estas edificaciones, que forman parte del imaginario castizo del barrio, además de ser muy reducidas generalmente son oscuras y mal ventiladas. Este símbolo del Madrid industrial desarrollará un rol esencial en el siglo XX, en la segunda gran transformación del barrio de la que hablamos más adelante.

El carácter obrero de Lavapiés se mantiene durante la mayor parte del siglo XX, hecho que propició el surgimiento de un espíritu reivindicativo que ha caracterizado el barrio hasta la actualidad, llegando a su punto álgido en los años 80 y 90..

Aunque el primer plan de rehabilitación de Lavapiés data del 1997, a principios de los años 80 se inician de manera más puntual actuaciones urbanísticas destinadas a identificar y demoler las fincas del distrito Centro en peligro de derrumbamiento. La primera de ellas consiste en la elaboración de 250 expedientes para la declaración de ruina respecto a fincas del municipio, un tercio de las cuales apuntaba al distrito Centro, número que aumentó a finales de los 80. Las consecuencias de este tipo de actuaciones por parte de las instituciones públicas se traducían en el desalojo de las familias para las cuales no existía ningún plan de realojamiento ni indemnización62.

62

44

A partir del 1989, año en el cual las declaraciones de derrumbe de los edificios de la zona de Lavapiés empezaron a multiplicarse, se creó una comisión de fincas en ruinas en la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM), cuyas reivindicaciones ya se habían iniciado en los últimos años de la dictadura fraquista.

Paralelamente a la Asociación de Vecinos de la Corrala en Lavapiés, también se funda una comisión de características similares. Un año antes se produce una de las ocupaciones más significativas del barrio: el edificio de la imprenta "Minuesa" fue ocupada por sus propios trabajadores, ante la amenza de cierre.

Las mobilizaciones de los vecinos de Lavapiés se sucederán durante este periodo como respuesta ante las diversas amenazas sociales.

En los años 90, el espíritu reivindicativo irá aumentando en diferentes sentidos. Por un lado el año 1996 se ocupa la antigua panadería "La Karakola", que se convierte en un centro social para mujeres, dinamizado por un colectivo feminista. Un año más tarde se crea el primer "Laboratorio" en un edificio también ocupado, una antigua escuela de veterinaria de propiedad estatal.

Ambas iniciativas representan los inicios de un activismo asociativo de carácter más general que la corrala o el FRAVM pero que gracias a la tarea de la "Red de Lavapiés", fundada en 1997, quedaron conectadas también con los movimientos vecinales, incluso con asociaciones de carácter educativo, como el proyecto "Paideia".

A partir de la acción conjunta de las diferentes asociaciones, se desarrolla una interesante tarea de sensibilización y reivindicación respecto a los problemas del barrio, adoptando un formato transversal que oscila de la política al activismo cultural63. El problema de la vivienda constituía un problema central en el barrio: el carácter popular que la Red reivindicaba en las actuaciones conjuntas provoca, por un lado, que una gran parte de las demandas y actuaciones colectivas posean como trasfondo este tema. Otro objetivo fundamental en la actividad de la Red consistía en conseguir la implicación de la ciudadanía en este problema. Uno de los momentos más significativos fue la acción "Rehabi(LI)tar el barrio", generada en el marco del primer plan de rehabilitación del barrio (PGOU) en el cual se realizaban visitas guiadas a las "corralas" para visiblizar las pésimas condiciones de habitabilidad de los inquilinos y denunciar la pasividad de las autoridades al respecto.

Previamente al activismo cultural, en los años 70 y 80 el teatro constituía la actividad cultural por excelencia que se desarrollaba en pequeñas salas que se repartían por todo el barrio. Algunos de los más emblemáticos fueron: el teatro Lavapiés, la Sala Triángulo, la Sala Mirados, la Espada de Madera y el Teatro de Cámara, entre otros.

Sin embargo, a principios de los 90, coincidiendo con las mobilizaciones vecinales y okupas, el carácter de la actividad artística y cultural empezó a transformarse, dejando paso a una

63

A continuación se expondrá una síntesis de esta idea desarrollada por Jesús Carrillo en su ensayo "Lavapiés- Atocha, arte público y política municipal". Se puede consultar en: Carrillo, J (2009) "Lavapiés-Atocha, arte público y política municipal". Arte en el espacio público:barrios artísticos y revitalización urbana. Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza.

45

escena artística donde la calle, la performance y el activismo político configurarán elementos esenciales. Algunos de los colectivos artísticos que formaban parte de esta escena fueron Preiswert, inspirado en el situacionismo pero con trasfondo de denuncia socio-política o la Fiambrera Obrera, un colectivo que practicaba el activismo cultural, también desde la denuncia social, económica y política. La Fiambrera Obrera colaboró en sus acciones con otros agentes del barrio, como el Labo, la Red de Lavapiés o los propios vecinos del barrio. Esta atmósfera de activismo político-cultural llegó a su fin con el cambio de siglo. Jesús Carrillo argumenta que la disipación de las sinergias entre cultura y movimientos socio- políticos tienen su origen en 2 fenómenos: la institucionalización de las acciones semi- clandestinas de algunos colectivos artísticos, como la Fiambrera Obrera y la expansión de un tipo de activismo más global y menos focalizado en el contexto local.

Además, Internet empieza a perfilarse como el nuevo espacio de activismo político. El Laboratorio 2, por ejemplo, focalizó su actividad en el ámbito de las libertades del espacio virtual. Paralelamente, se produce una relocalización de las sedes de las asociaciones del barrio, lo que dispersa las conexiones que se habían consolidado entre estas.

Carrillo explica, por otro lado, cómo las demandas de la ciudadanía y locales respecto a una cultura alternativa fueron canalizadas a través de la institucionalización de estas. A partir del siglo XXI, se inicia la construcción de equipamientos culturales que pretenden ofrecer un tipo de oferta más en consonancia con el espíritu activista y alternativo que se había desarrollado durante los últimos años: centros como "La Casa Encendida", "Tabacalera" o el propio "MLP" representan esta línea cultural.

Respecto al paisaje físico del barrio, la transformación de Lavapiés resulta evidente. Al margen de la conversión del barrio a "zona de paso" entre el "Paseo del Arte" y el Madrid de los Austrias, se observan cambios fundamentales en el tejido humano. El desplazamiento poblacional provocado por el aumento del precio de la vivienda constituye una amenaza respecto a la diversidad cultural propia del barrio. De la misma manera que en el resto de procesos gentrificadores, la gentrificación simbólica de los centros de las ciudades funciona como reclamo de la clase media-alta que se desplaza a vivir al centro por la riqueza cultural que le ofrece el nuevo entorno. Como ya se mencionó en el apartado "Políticas urbanísticas y culturales", el precio del metro cuadrado se dobló en pocos años, a partir del desarrollo de los planos de rehabilitación, adquiriendo precios similares a algunos barrios tradicionalmente selectos, como el barrio de Salamanca.

Uno de los objetivos de la investigación es abordar este proceso de transformación a través del contraste de las percepciones de los diferentes actores y agentes del barrio: dos de ellos son David Rodríguez, agitador cultural vinculado a los movimientos vecinales y al activismo cultural de Lavapiés desde hace 2 décadas -también autodenominado "Tina Paterson" y los propios vecinos del barrio.

46