EL HORIZONTE DE LA BUENA NOTICIA Evangelio según san Lucas
ABIERTA AL HORIZONTE DEL MUNDO PAGANO
5. LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS Introducción (Hch 1,1-11)
I. Testigos en Jerusalén (Hch 1,12-5,42). II. Testigos en Judea y Samaría (Hch 6-12).
III Testigos hasta los confines de la tierra (Hch 13-28).
Como se ve en seguida, esta división puede ser confirmada por algunos datos de las propuestas anteriores (por ejemplo, la presencia de Pedro en Hch 1-12 y de Pablo en 13-28), y en ella, lo mismo que en el evangelio, quedan claras las grandes divisiones; ahora será tarea de la lectura cursiva mostrar la coherencia interna de cada una de las secciones.
5. LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS Introducción (Hch 1,1-11)
Los primeros párrafos del libro de los Hechos cumplen la función de relacionar esta segunda parte de la obra con el evangelio. Comienza con una alusión a dicha primera parte:
(Hch 1,1-2).
De nuevo relata la ascensión, aunque ahora subrayando más que la marcha de Jesús significa el comienzo de la misión sin fronteras; la última recomendación de Jesús es, precisamente, ésta:
(Hch 1,8).
Estas palabras resumen el programa de la misión cristiana y el trazado del libro, que se debe leer como continuación o del evangelio.
1.Testigos en Jerusalén (Hch 1,12-5,42)
Toda esta primera parte se desarrolla en Jerusalén, los personajes que intervienen en ella pertenecen al círculo de Jerusalén, es decir, de los discípulos de Jesús, y la acción tiene un único objetivo: el anuncio de la buena noticia de la muerte y resurrección de Jesús.
Esta es la primera etapa de la misión cristiana, que tiene lugar en Jerusalén, y es paralela a la última etapa del ministerio de Jesús, que también se desarrolló en la ciudad santa. Poco a poco comenzará el movimiento de expansión hasta los confines de la tierra para manifestar con más
claridad este anuncio universal de la buena noticia, que es uno de los rasgos más característicos del tiempo de la Iglesia.
Según el programa anunciado en Hch 1,8, Lucas emprende la tarea de describir el testimonio en Jerusalén, y para ello explica la composición del grupo de los testigos (Hch 1,12-26), describe la solemne confirmación de esta misión por el Espíritu Santo (Hch 2,1-41) y cuenta con cierto detalle algunos episodios de dicho anuncio.
Con la muerte de Judas, el grupo de los Doce ha quedado incompleto y es necesario recomponerlo, porque este grupo es el guardián de la tradición sobre Jesús. Su misión consiste en dar testimonio de su resurrección y confirmar la expansión de este testimonio. El hecho de tener que completar la lista de los testigos le da pie a Lucas para describir las características del apóstol: haber estado con Jesús desde el principio de su ministerio y ser testigo de su resurrección (Hch 1, 12-26).
A continuación se describe el gran acontecimiento de Pentecostés: la venida del Espíritu Santo, seguida de un discurso de Pedro, que tiene carácter programático y que enumera todos los temas importantes que se repiten en los discursos de Pedro situados en la primera mitad del libro.
La descripción de lo sucedido en Pentecostés (Hch 2,1-13) contiene numerosas resonancias del Antiguo Testamento: el acontecimiento del Sinaí (Ex 19-20), así como las profecías de Joel (Jl 3,1-5) y de Isaías (Is 2,1-3), para mostrar que el comienzo de la Iglesia sucede de acuerdo con las promesas divinas. Se trata de un acontecimiento fundante. Con él se inicia una larga serie de intervenciones del Espíritu que van confirmando la expansión de la buena noticia.
El discurso de Pedro (Hch 2,14-41) es probablemente un resumen del anuncio cristiano tal como se hacía en el tiempo de Lucas, pero al mismo tiempo recoge los contenidos fundamentales de la fe en Jesús desde los primeros días de la Iglesia. El discurso tiene carácter programático, pues todos los demás pronunciados por Pedro siguen el mismo esquema literario y de contenidos. Desde el principio la buena noticia se dirige a todos: todos lo escuchan en su propia lengua (Hch 2,8-11) y a todos dirige Pedro la invitación para que se conviertan (Hch 2,39). Se trata de un anuncio sin fronteras, aunque el testimonio vaya progresando en el espacio.
Los siguientes capítulos (Hch 2,42-5,42) cuentan algunos episodios del testimonio en Jerusalén. Es evidente que la pretensión de este relato no es contar todo lo sucedido, sino lo más importante y, sobre todo, lo más ejemplar. La narración está articulada por tres sumarios (Hch 2,42- 47; 4,32-35; 5,12-16) que sirven de transición y como períodos de reflexión en el relato de los acontecimientos. Todos ellos se refieren a la vida de la comunidad de Jerusalén y en conjunto tratan de proponer un modelo de comunidad a quienes leen este libro.
El primer episodio tiene a Pedro y a Juan como protagonistas (Hch 3,1-4,31). La curación de un hombre lisiado a la puerta del templo (Hch 3,1-10) y un nuevo discurso de Pedro (Hch 3,11-26) motivan su arresto y la comparecencia de ambos ante un tribunal judío (Hch 4,1-22), introduciendo así un elemento que acompañará siempre al anuncio del evangelio: la persecución. En esta situación la oración de la comunidad (Hch 4,23-31) será siempre el mejor apoyo.
En Hch 4,36-5,11 se relatan dos ejemplos que explican el contenido del sumario que los precede (Hch 4,32-35): lo tenían todo en común. Ambos son ejemplo de dos actitudes distintas y de sus consecuencias.
Finalmente, Hch 5,17-42 describe una nueva persecución contra los apóstoles, que muestra una vez más cómo el anuncio del evangelio y los signos que lo acompañaban fueron siempre unidos a la oposición de las autoridades judías.
Estos breves episodios describen de una forma concentrada cómo fue la primera etapa de la expansión del evangelio, pero al mismo tiempo proponen un modelo de comunidad cristiana que se asienta sobre tres grandes pilares: el testimonio de los apóstoles, la fuerza del Espíritu Santo y la vitalidad de un estilo fraterno de vivir la fe (sumarios). Sin duda que la propuesta mira hacia los destinatarios del libro.
II. Testigos en Judea y en Samaría (Hch 6-12)
Esta segunda parte tiene en general carácter de transición. La delimitación del espacio y de los personajes no es tan clara como en la anterior y la siguiente. Sin embargo, se encuentran en ella indicios suficientes para afirmar que posee una cierta unidad. Esta unidad reside en el hecho de marcar la continuidad entre el testimonio en Jerusalén y el testimonio que llega hasta los confines del mundo.
Los primeros episodios se desarrollan todavía en Jerusalén, pero sus actores principales (Esteban y el grupo de ) pertenecen a los helenistas, que serán los encargados de difundir el mensaje cristiano en Samaría después de la persecución (Hch 8,1). En estos capítulos sigue interviniendo Pedro, que es el principal representante del grupo de los Doce, hasta que, liberado de la cárcel, desaparece de la escena y deja paso a Pablo, que será el personaje principal de la tercera parte del libro. También en estos capítulos se empieza a hablar de Antioquía, que es el lugar donde comienzan los viajes misioneros de Pablo. Esta mezcla de espacios y personajes confirma el carácter de transición de esta segunda parte de Hechos.
En estos capítulos todo el interés está puesto en la evangelización de Judea a cargo de Pedro y de Samaría a cargo del grupo de los helenistas. El comienzo de esta nueva etapa lo marca la elección del grupo de los siete (Hch 6,1-7), cuya tarea no consiste sólo como se dice allí en atender el servicio de las mesas, sino principalmente en anunciar la buena noticia y ser testigos de la resurrección del Señor, como vemos que hacen Esteban y Felipe. Es decir, tienen, con respecto a Samaría, la misma función que los apóstoles respecto a Jerusalén.
Los dos primeros capítulos (Hch 6-8) están consagrados al grupo de los helenistas; hay también un ciclo dedicado a Pedro (Hch 9,3 1- 11,18 y 12,1-24) y dos incisos relacionados con Pablo (Hch 9,1-30) y la comunidad de Antioquía (11,19-30).
El ciclo dedicado al grupo de los helenistas (Hch 6-8) comienza con la enumeración de los testigos (Hch 6,1-7). Las necesidades de la Iglesia naciente dieron lugar a una gran floración de ministerios, pero en todo caso no es una floración espontánea, sino siempre guiada por el Espíritu Santo (Hch 6,3) y confirmada por los apóstoles (Hch 6,6).
La tarea que les había sido asignada era el servicio de las mesas, es decir, una labor asistencial. Sin embargo, en seguida vemos que su principal ocupación, y según Hechos la única, fue el anuncio del evangelio. Primero se narra todo lo referente a Esteban (Hch 6,8-8,1): su actividad como predicador, su arresto y juicio ante el tribunal judío, su extenso discurso ante el mismo y su muerte ignominiosa. Todo sucede en Jerusalén, pero él pertenece al grupo de los siete que extendieron el mensaje entre los y sus palabras se dirigían sobre todo a los que se reunían en la sinagoga llamada de los libertos, adonde acudía gente de todas partes. Sólo después de la persecución contra la Iglesia de Jerusalén y la consiguiente dispersión de los discípulos comienza el anuncio del evangelio por Judea y Samaría (Hch 8,2.4). El protagonista de este anuncio es Felipe, uno del grupo de los siete. De su ministerio se narran dos episodios significativos: la predicación en Samaría (Hch 8,4-25) y la conversión del eunuco (Hch 8,26-40). En la primera de ellas se refiere la confirmación apostólica de la misión en Samaría: Pedro y Juan imponen las manos a todos los convertidos para que reciban el Espíritu Santo (Hch 8,14-17); la segunda es un modelo del proceso a través del cual se llega a la fe en Jesús: la comprensión de la palabra de Dios en profundidad (puede compararse este relato con Lc 24,13-35).
A continuación se narra la conversión de Saulo (Hch 9,1-30). Antes ya se había hablado de él con motivo del martirio de Esteban (Hch 7,58 y 8,1) y había quedado patente su saña contra los cristianos. En este relato comienza como perseguidor y termina como mensajero del que él perseguía a muerte. La experiencia del encuentro con el Señor resucitado en el camino de Damasco es la que obra esta conversión de dimensiones tan profundas. Al autor de Hechos le interesa resaltar el cambio operado en Pablo, pues él será el principal personaje en la tercera etapa de la extensión de
la buena noticia, y lo hace en este detallado relato de su , el más completo de los tres que contiene el libro de los Hechos (además de Hch 9,1-30, Hch 22,4-21 y 26,9-15).
El ciclo dedicado a los helenistas y a la conversión de Saulo concluye con este sintético balance de la situación:
(Hch 9,31).
Con este sumario se pasa al ciclo dedicado a Pedro (Hch 9,31- 12,24), que consta de tres unidades y que conduce el escenario de la narración a la costa mediterránea. Los episodios narrados son dos breves relatos de milagros (la curación de Eneas y la resurrección de Tabita: Hch 9,32-43) y el extenso relato de la conversión de Cornelio y toda su casa (Hch 10,1-11,18). Los dos primeros relatos están en la línea de las curaciones realizadas por los apóstoles en la primera parte, pero el episodio de Cornelio tiene una importancia grande porque refleja las tensiones que vivió la Iglesia naciente en su apertura a los gentiles. La tensión dramática está perfectamente lograda en el relato: aun a pesar suyo y sólo gracias a una fuerte presión divina, Pedro se ve obligado a admitir a un pagano en la Iglesia. Su acción es confirmada por la presencia del Espíritu, que desciende sobre Cornelio y todos los de su casa y que hace exclamar a los presentes:
.
Después es Pedro mismo quien tiene que convencer a la Iglesia de Jerusalén de que el designio de Dios alcanza también a los paganos (Hch 11,1-18).
Viene a continuación un breve inciso sobre la fundación de la Iglesia de Antioquía (Hch 11,19- 30). Lucas la cuenta tímidamente con el objeto de resaltar que ha sido Pedro el primero en admitir en la Iglesia a un pagano. Puede que ésta sea la razón que le ha movido a colocar el ciclo de Pedro entre la primera dispersión de los creyentes de Jerusalén (Hch 8,1-40) y estas noticias sobre la fundación de la Iglesia de Antioquía que son su continuación lógica.
El capítulo 12 reanuda el ciclo de Pedro con la noticia de la persecución de Herodes Agripa I y está centrado en el enfrentamiento entre los dos personajes. El resultado es la muerte del perseguidor y la liberación victoriosa del perseguido. Pedro desaparece de la escena y casi del libro, pues sólo volverá a notarse su presencia con motivo de la Asamblea de Jerusalén, y allí sólo de paso. Deja libre el terreno a Pablo, que llevará el testimonio de la buena noticia hasta Roma en la tercera etapa de su expansión. La transición está perfectamente marcada por el sumario con que concluye esta segunda parte:
(Hch 12,24-25).
III. Testigos hasta los confines de la tierra (Hch 13-28)
Esta tercera parte es la más extensa y tiene una gran unidad en cuanto a los personajes (Pablo y sus colaboradores) y a la temática: el camino que recorre el mensaje cristiano desde Antioquía, centro de operaciones de Pablo, hasta Roma, centro del Imperio y del mundo entonces conocido.
Esta tercera parte puede dividirse en distintas etapas o secciones siguiendo el itinerario de los viajes de Pablo:
Hch 13,1-3: lista de los testigos.
Hch 13,4-14,28: primer viaje apostólico.
Hch 15,1-35: confirmación de la misión de Pablo. Asamblea de Jerusalén. Hch 15,36-18,22: segundo viaje apostólico.
Hch 18,23-21,16: tercer viaje apostólico. Hch 21,17-28,31: arresto y proceso de Pablo.
Como en la segunda parte, y siguiendo el programa esbozado en Hch 1,8, Lucas comienza esta tercera etapa del testimonio cristiano citando los nombres de los de la comunidad de Antioquía. Entre ellos se encuentran Pablo y Bernabé, que serán ahora el canal a través del cual dicho testimonio se va abriendo camino. Su elección para esta tarea es obra del Espíritu Santo (Hch 13,2.4), que irá acompañándolos en su camino y confirmando su labor (Hch 15, 22-34).
El primer viaje apostólico (Hch 13,4-14,28) tiene como destino las zonas más cercanas, se realiza por mar y es llevado a cabo por Pablo y Bernabé. La atención del autor se centra en dos aspectos: colocar a Pablo en el papel de protagonista que va a desempeñar en esta etapa final y exponer las técnicas pastorales utilizadas por los primeros misioneros cristianos.
Hasta aquí Saulo había ocupado el papel del acompañante de Bernabé, que era el delegado de los apóstoles. Pero desde el comienzo de esta misión toma las riendas y es mencionado siempre en primer lugar. Este cambio de perspectiva coincide con el cambio de nombre que tiene lugar en Hch 13,9. Antes había sido nombrado sistemáticamente con su nombre judío: Saulo; desde este momento se le llamará siempre por su nombre griego: Pablo. También este cambio es significativo, pues contribuye a situarle en el horizonte del mundo al que desde este momento se dirige la misión cristiana.
Los dos capítulos están dedicados a narrar los diversos episodios de este primer viaje, pero en ellos llama la atención el espacio dedicado al discurso de Pablo en Antioquía de Pisidia; el autor aprovecha la ocasión para describir las técnicas misioneras de los primeros predicadores cristianos: la buena noticia se dirige primero a los judíos, pero no exclusivamente a ellos. Lo normal es que éstos la rechacen y entonces es cuando él se dirige con más claridad a los paganos. Este proceso se repite a lo largo de todo el libro y es reflejo de una realidad vivida por los predicadores cristianos. Nótese que el viaje de ida está consagrado al anuncio del evangelio y el de vuelta a la edificación y consolidación de las comunidades creadas.
Después de este primer viaje, el relato se centra en un acontecimiento capital dentro de la historia del cristianismo naciente: la asamblea de Jerusalén (Hch 15,1-35). En el conjunto del libro, este capítulo constituye un momento cumbre y supone un cambio de rumbo importante.
Detrás de estos acontecimientos relatados y organizados por Lucas a su manera se encuentra la confrontación entre dos modos de entender la identidad cristiana y el anuncio del evangelio, representados por Pedro y por Pablo. Pedro encarna la posición de Jerusalén (la necesidad de asumir las prácticas judías para ser cristiano) y Pablo la de Antioquía (todos están llamados a la fe sin necesidad de observar las prácticas judías). El resultado es la confirmación de la tarea de Pablo, que parte como enviado autorizado para la misión a los gentiles con el apoyo de Jerusalén y Antioquía, las dos grandes comunidades cristianas de la época.
Esta es la visión de Lucas, que va concentrando su relato en la figura de Pablo como testigo autorizado del evangelio. Sin embargo, esta visión es subjetiva y no coincide del todo con los datos aportados por el mismo Pablo en Gál 2. En este pasaje más que en ningún otro su visión de la historia está muy condicionada por sus presupuestos teológicos y por el objetivo que persigue con su obra.
El segundo viaje misionero (Hch, 15,36-18,22) va precedido del altercado entre Pablo y Bernabé, que supuso la separación entre ambos (Hch 15,36-41). El hilo del relato continúa ahora a través de Pablo y sus colaboradores.
El momento clave de este viaje se encuentra al principio en la visión del macedonio (Hch 16,6- 10); sus palabras: , reflejan la situación dramática que viven, según la visión de Lucas, los hombres privados del evangelio. De este modo el mensaje cristiano pasa a Grecia en tres etapas: Filipos, Atenas y Corinto.
En la primera llaman la atención el conocimiento exacto de las instituciones de la ciudad y la aparición de las . Tras breve estancia en Tesalónica y Berea (Hch 17,1-15), Pablo se dirige a Atenas, y allí, en el ágora, que era el templo de la cultura griega, pronuncia un nuevo discurso según las técnicas retóricas de la época. El resultado es un fracaso rotundo, del que Pablo aprendió que la cruz de Jesucristo sólo puede ser anunciada con pobres palabras (cfr. 1 Cor 1-2). En Atenas sólo algunos se adhieren a la fe.
La etapa final, la más extensa e importante de este viaje, se desarrolla en Corinto (Hch 18,1- 22). De nuevo la hostilidad de los judíos hace que Pablo se vuelva a los gentiles y además permite a
las autoridades romanas comprobar la inocencia de la nueva religión (cfr. Hch 18,12-17: proceso ante el procónsul Galión).
El tercer viaje misionero (Hch 18,23-21,16) se centra en Efeso y en la visita a las comunidades fundadas en viajes anteriores. Efeso representa en Hechos el lugar donde la palabra se corrige y endereza. La estancia prolongada de Pablo (dos años, según Hch 19,10) es la ocasión para corregir y aclarar las desviaciones que van surgiendo (Hch 19,11-40).
A lo largo de este último viaje se anuncian ya las dos etapas finales de la vida de Pablo: la subida a Jerusalén y su traslado a Roma:
(Hch 19,21).
A partir de Hch 20 el viaje hacia Jerusalén se concreta. Pablo parte de Efeso, atraviesa Macedonia y Grecia y se dirige allí impulsado por el Espíritu Santo. Desde este momento la edificación de las comunidades empieza a pasar a segundo plano y la atención se centra en la figura de Pablo: se insiste en el dolor de las iglesias que tienen que privarse de su presencia (Hch 20,17-38) y el encargo de la colecta para los pobres de Jerusalén se convierte en una marcha hacia el martirio, anunciado a Pablo por el Espíritu (Hch 20,23) y a la comunidad por el profeta Agabo (Hch 21,11). La segunda etapa de este tercer viaje es en realidad un camino hacia Jerusalén que recuerda el que Jesús recorre en el evangelio.
La última parte del libro es una extensa descripción del proceso de Pablo que se inicia en Jerusalén, pasa por Cesárea y termina en Roma (Hch 21,17-28,31). Lucas cuenta sólo la acusación y la defensa del testigo, pero no la ejecución de la sentencia, de modo que el final es a primera vista desconcertante. No lo es tanto, sin embargo, si caemos en la cuenta de que la verdadera intención