La identidad del Nuevo Israel Evangelio según San Mateo
EL MESÍAS Y EL NUEVO ISRAEL
1. EL MESÍAS EN LA HISTORIA
Para comprender la presentación que Mateo hace de Jesús hay que captar primero cómo entiende este evangelista el desarrollo de la historia de la salvación, porque es en este contexto donde se percibe con más claridad el perfil propio de la visión que Mateo tiene de Jesús.
a) Dos épocas: promesa y cumplimiento
J. D. Kingsbury, en un excelente estudio sobre el tema, ha mostrado que para Mateo la historia de la salvación tiene dos grandes fases relacionadas entre sí: el período anterior a Jesús y el período inaugurado por Juan Bautista, que llega hasta el final de los tiempos.
«Mateo no divide esta historia en tres épocas, sino en dos. Desde hace tiempo se reconoce que sobre todo las citas del Antiguo Testamento que contiene el primer evangelio revelan que Mateo posee una especial inclinación hacia las categorías de “profecía” y “cumplimiento”. Estos términos caracterizan muy bien la visión que tiene Mateo de la historia de la salvación. Hay un “tiempo de Israel”, que es preparación y profecía de la venida del Mesías, y hay un “tiempo de Jesús” en el que el tiempo de Israel encuentra su cumplimiento y que, desde el punto de vista privilegiado de la época de Mateo, se extiende desde el comienzo del ministerio de Juan y de Jesús (pasado), a través del período de después de la Pascua (presente), hasta la llegada de la consumación final (futuro). En el esquema mateano de la historia no se encuentra propiamente un, “tiempo de la Iglesia”, porque este “tiempo” está integrado dentro de los “últimos días” inaugurados por Juan y Jesús» (J. D. Kingsbury, The structure of Matthew’s gospel and his concept of Salvation History: CBQ 35 [1973] 471).
Algunos datos del evangelio confirman esta división en dos períodos:
– Mateo, a diferencia de Lucas, no posee un relato de la ascensión de Jesús, sino que más bien está interesado en subrayar la continuidad entre la situación de antes y después de la Pascua, es decir, del Mesías terreno y el Señor resucitado.
– Mateo presenta a Jesús según la imagen que la comunidad tiene de él: el Mesías terreno y el Señor resucitado se confunden muchas veces en este evangelio.
– Los discípulos, como ya hemos visto, son presentados de forma idealizada. Mateo hace de ellos figuras representativas de los cristianos de su iglesia. También aquí se confunden el tiempo de Jesús y el de la Iglesia para formar un solo período.
– Finalmente, hay que notar que para Mateo la Iglesia es una realidad que comienza durante el ministerio de Jesús (10,1-9; 13,11-17; 21,43), que está presente en su muerte (27,51-54) y sobre todo después de su resurrección (28,18-20).
Así, pues, la historia de la salvación se divide en dos épocas. el tiempo de Israel y el tiempo de Jesús. La primera se inaugura con Abrahán y es preparación o promesa de la otra, que comienza con el ministerio público de Juan Bautista y es cumplimiento y plenitud de la primera. Esta segunda época, que es la definitiva y abarca hasta el final de este mundo (28,20), comprende el ministerio de Juan y de Jesús, así como el de sus discípulos. Esta visión de la historia de la salvación tiene, como se ve, una fundamentación cristológica; es decir, el acento recae en la figura de Jesús, que es cumplimiento de las promesas de la época anterior y es a la vez el punto de referencia obligado en la etapa del cumplimiento que abarca con su continua presencia (28,20). En este marco se entiende mucho mejor la presentación que Mateo hace de Jesús como cumplimiento de las Escrituras, hijo de David y de Abrabán, Hijo de Dios y Señor presente en la comunidad. Veamos con un poco más de detalle cada una de estas afirmaciones.
b) En Jesús se cumplen las Escrituras
Ya hemos notado que la presencia del Antiguo Testamento en el evangelio de Mateo es mucho más extensa que en los demás. De entre las numerosas citas y alusiones hay un grupo que sólo se encuentra en este evangelio y que refleja muy bien su visión de las relaciones entre el tiempo de Israel y el tiempo de Jesús: son las llamadas . En estas citas se descubre el esquema que preside esta
relación, es decir, el esquema promesa-cumplimiento. Todo lo que acontece antes de que irrumpan los días finales (Mt 3,1) es promesa que tiende a la realización plena en Jesús. En él, efectivamente, en sus palabras y sobre todo en su vida se cumple lo anunciado en el tiempo de la promesa.
Jesús es, pues, aquel en quien se cumplen las promesas hechas a Israel. Esta es una idea que atraviesa todo el evangelio, pero de una manera especial está presente en los primeros capítulos, que intentan hacer una presentación de Jesús (cfr. 1,1-4,16). Esta convicción supone una intensa reflexión sobre la historia pasada, en la cual se descubre una proyección y un anuncio que mira hacia Jesús; toda la historia de la cercanía de Dios a su pueblo, todas las promesas y anhelos tienen su cumplimiento en Jesús de Nazaret.
e) Hijo de David y de Abrahán
Es decir, heredero de la tradición de un pueblo representado aquí en estos dos personajes claves de su historia. Como descendiente de Abrabán, el padre del pueblo (Gn 17), Jesús se convierte en la cabeza de un nuevo pueblo: el nuevo Israel, que él mismo va a congregar tras el rechazo del Israel histórico. Como descendiente de David, resume en sí todas las esperanzas del pueblo elegido que se habían ido concentrando en la figura de un de Dios, un Mesías, que sería descendiente de David, según la promesa divina (2 Sm 7).
Jesús es, pues, el Mesías esperado por Israel, pero su ser y su misión no se acaban ahí, porque este enraizamiento en la historia del pueblo elegido no es sino un modo de llevar a plenitud las promesas hechas por Dios a Abrahán: (Gn 17,4), y a David: (2Sm 7,16). Estas promesas se realizan en Jesús y en la comunidad de sus discípulos a través de su presencia continua.
d) Hijo de Dios
Esta es quizá la afirmación más profunda acerca de Jesús. Aparentemente Mateo no tiene interés en presentar a Jesús como Hijo de Dios. De hecho, en la presentación programática de 1,1 este título está ausente. Sin embargo, si nos fijamos con un poco más de atención descubriremos que en realidad éste es uno de los títulos más queridos y subrayados por Mateo. Este es el nombre que recibe de labios del Padre del cielo en el bautismo: (Mt 3,17), y en la transfiguración: (17,5).
En los primeros capítulos del evangelio se insiste de una forma velada en esta condición de Hijo: en la narración de la concepción virginal (1,18-20), a través de las palabras del profeta (1,22; 2,5) o por medio de metáforas (2,11; 3,11). También a lo largo del evangelio éste es el título con el que le reconocen sus discípulos: (14,33), y Pedro en representación de ellos: (16,16).
Esta es la identidad más profunda de Jesús: el ser Hijo. Tanto es así, que cuando se quiere poner en tela de juicio su identidad se recurre a este título con una pregunta maliciosa: «Si eres hijo de Dios” (4,3.6; 27,10.13); una pregunta que en los momentos más críticos (tentaciones y crucifixión) parece poner en duda la afirmación de la voz celeste al comienzo de la misión de Jesús (bautismo) y de su camino hacia la cruz (transfiguración).
e) El Resucitado, presente en la comunidad
Al comienzo, al final y en mitad de su evangelio (1,23; 18,20; 28,20) ha querido colocar Mateo tres pistas para dejar bien clara la presencia constante del Señor resucitado en la comunidad de sus discípulos. La traducción de la profecía de Isaías: (1,23), es un anuncio de la promesa de Jesús a sus discípulos en el último encuentro: (28,20). Con la certeza de esta presencia la comunidad se fortalece y lleva a cabo su misión, según la promesa de Jesús: (18,20).
Estos textos reflejan una experiencia viva de la comunidad cristiana: el Señor está presente siempre en su iglesia, con ella sigue caminando para llevar a cumplimiento lo que había sido anunciado. Y al revés: la comunidad trata siempre de hacerse contemporánea al acontecimiento histórico de la vida de Jesús para descubrir en sus palabras y acciones el sello propio de la etapa definitiva que él ha inaugurado.
Cumplimiento de las profecías, descendiente y heredero de David y Abrahán, Hijo de Dios y Señor presente en la comunidad; éstas son las categorías a través de las cuales Mateo describe su experiencia de Jesús, el Mesías. Es una presentación esquemática que, sin embargo, refleja una comunidad viva y consciente de la presencia de Jesús en medio de ellos y de la novedad del tiempo que él inaugura.