3– ALGUNOS AUTORES REPRESENTATIVOS
7- Lee el fragmento de Malena es un nombre de tango de Almudena Grandes y responde:
¿Qué quiere decir Magda con sus palabras? ¿Estás de acuerdo con lo que dice?
Investiga sobre Almudena Grandes. ¿Qué obras ha escrito? ¿Qué premios ha recibido? momento, siguiendo la tendencia del siglo anterior. Un maes-
tro en este tipo de narraciones es Eduardo Mendoza (La aventura del tocador de señoras) y Domingo Villar (La playa de los ahogados). Eduardo Mendoza domina el lenguaje es- pañol y los argumentos de sus novelas son, multitud de veces, sarcásticos y corrosivos. Este autor, en sus últimas novelas, ha rescatado la figura del delincuente loco del El misterio de la cripta embrujada.
3– EL TEATRO
Muchos son los escritores que escriben obras de teatro (Antonio Gala, Luis Alonso de Santos, José Sanchis Sinestierra, Ana Diosdado…). No obstante, poner en escena una obra teatral requiere un presupuesto elevado y el público no lo mantiene (como en otras épocas).
Las obras de teatro del siglo XXI son obras de grupos teatrales, más que obras de autor. Hemos estudiado los siguientes gru- pos, que continúan estrenando sus obras en el siglo XXI: Da- goll Dagom, Tricicle, Els joglars, La Fura del Baus. Pero mante- ner una compañía teatral es algo económicamente muy difí- cil.
Es de destacar la labor encomiable del Centro Dramático Nacional que forma a los autores noveles y pone en escena obras del teatro clásico español, de los Siglos de Oro.
Una tendencia del teatro de esta época es transformar nove- las en obras de teatro. Una obra de gran éxito es Cinco horas con Mario.
de hospital de nilón verde, cerrada por delante y sujeta por detrás me- diante unas cintillas, que dejaba al descubierto los glúteos y sus con- comitancias. De esta guisa me lle- varon más por fuerza que de gra- do a un salón amplio suntuoso abarrotado de público, y me hicie- ron subir a la tarima, junto a la cual, revestido de toga y birrete, oraba el doctor Sugrañes. A mi aparición siguió un silencio expectante, que rompió el conferenciante para presentarme como uno de los ca- sos más difíciles a los que había debido enfrentarse a lo largo de una vida enteramente dedicada a la ciencia. Señalándome con un puntero describió mi etiología con profusión de tergiversaciones. Re- petidas veces traté de defender- me de sus acusaciones, pero fue en vano: en cuanto abría la boca, las risas del público ahogaban mi voz y con ella mis fundadas razo- nes.
Eduardo Mendoza (adaptación)
—¿Sabes cuál es la única diferencia entre una mujer débil y una mujer fuerte, Malena? –me pregun- tó Magda, y yo negué con la cabeza–. Que las débiles siempre se pueden montar en la chepa de la fuerte que tengan más a mano para chuparle la sangre, pero las fuertes no tenemos ninguna chepa en la que montarnos, porque los hombres no valen para eso, y cuando no queda más reme- dio, tenemos que bebernos la nuestra, nuestra propia sangre, y así nos va.
Libros Marea Verde 4º ESO. Lengua y literatura Pág. 134
TEXTOS DE LA UNIDAD 9
El cuento más breve. Augusto Monterroso
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
El almohadón de plumas. Horacio Quiroga
Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.
—No sé —le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja—. Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada... Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida. [...] Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendie- ron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fija- mente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.
[...] Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desan- grándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.
Alicia murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extra- ñada el almohadón.
—¡Señor! —llamó a Jordán en voz baja—. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre. Jordán se acercó rápidamente y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.
—Parecen picaduras —murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación. [...] Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.
—¿Qué hay? —murmuró con la voz ronca.
—Pesa mucho —articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.
Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las plu- mas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y visco- sa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.
Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca —su trompa, mejor dicho— a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. [...] En cinco días, en cinco no- ches, había vaciado a Alicia. [...]
Where is my man. Ana Rossetti
Nunca te tengo tanto como cuando te busco sabiendo de antemano que no puedo encontrarte. Solo entonces consiento estar enamorada.
Solo entonces me pierdo en la esmaltada jungla de coches o tiovivos, cafés abarrotados,
lunas de escaparates, laberintos de parques o de espejos, pues corro tras de todo
lo que se te parece. De continuo te acecho.
El alquitrán derrite su azabache, es la calle movible taracea
de camisas y niquis, sus colores comparo con el azul celeste o el verde malaquita que por tu pecho yo desabrochaba. Deliciosa congoja si creo reconocerte
me hace desfallecer: toda mi piel nombrándote, toda mi piel alerta, pendiente de mis ojos.
Indaga mi pupila, todo atisbo comprueba, todo indicio que me conduzca a ti,
que te introduzca al ámbito donde solo tu imagen prevalece y te coincida y funda,
te acerque, te inaugure y para siempre estés.
No hay nada mas interesante que los ojos. ¿Ya miraste a los ojos de la otra per- sona? De la persona amada y no ama- da. Del amigo y del conocido. Del jefe y del compañero de trabajo. De un niño y un anciano. Los ojos emiten una energía que es la misma energía del alma, por eso son conocidos como las ventanas del alma. Cuando miro en los ojos y dejo que los otros miren en mis ojos, estoy abriendo puertas hacia un mundo de comprensión y amor.