Como contrapartida, el surrealismo es la afirmación del lenguaje, pero con un uso diferente:
El lenguaje le ha sido dado al hombre para que lo use de modo surrealista. En la medida en que le es indispensable para hacerse comprender, llegar a expresarse bien o mal, asegurándose así el cumplimiento de algunas de sus funciones más elementales56.
Así, se reconoce que aquello que constituye al hombre es al mismo tiempo el discurso que constituye las cosas, supeditado directamente a la capacidad de enun- ciación humana, a su poder, que bien puede ampliarse o reducirse en el transcu- rrir de su aventura. “¿No depende la mediocridad de nuestro mundo de nuestro poder de enunciación?” dice Breton en la introducción al discurso sobre la poca realidad, en donde también especifica la actividad del surrealismo: “Prescindir de las categorías de pensamiento propias de las razón objetiva” y atentar contra el
orden que constituye las cosas, en su estructura aparente, prefiriendo para ello la violencia del deseo al rodeo propio de la razón.
En consecuencia, debido al rechazo de los proyectos humanos, estructurados en la necesidad histórica, le será muy difícil al surrealismo aceptar completamente su adhesión total al marxismo y, específicamente, al Partido Comunista francés. No ve en el marxismo un proyecto para fundar las esperanzas humanas, y descubre el riesgo de someter al hombre a través de sus razones a la condición de medio57.
Además, de este rechazo a someter la acción a una concepción política proviene en cierta forma la fuerza con la que el surrealismo se vuelca a preferir la poesía a la acción práctica y a la militancia. Es más, al escoger la poesía como el principal medio de realización humana, en cierto modo está en contra de la concepción marxista del trabajo, entendido como el espacio de reencuentro del hombre con la naturaleza, que muchas veces no permite disponer del tiempo para ocuparse del destino de los objetos que ha elaborado58, estando aquí más de acuerdo con
Rimbaud cuando afirma que: “La mano con pluma equivale a la mano con arado –Qué siglo de manos– nunca tendré mi mano”, en virtud de que con ello el hom- bre pasa a ser medio de la técnica, aunque sea de la técnica de la poesía.
Cabe preguntar aquí si la sublevación surrealista contra los obstáculos de la lógica desencadena la rebelión contra la razón. Todo depende de aquello que entenda- mos por razón. Cuando rechaza someterse a los proyectos racionales y subordi- narse a la técnica, que esculpe un hombre a la medida de sus leyes, se subleva contra la razón. Sin embargo, la rebelión surrealista es contra cierto tipo de razón y no contra la razón, que es constitutiva del ser humano y uno de los principales medios de liberación, que se encarga de revelarle al hombre su situación en el mundo y lo insta a rebelarse contra todo aquello que se le imponga. Sólo cuando la razón está al servicio de la técnica, y pretende con ella conducir la acción huma- na hacia derroteros preconcebidos, al servicio de los cuales los obliga a ponerse, es cuando cabe rebelarse contra la razón. En este punto se hace extraña al hom- bre e intenta conducir los deseos con sus obligaciones y no tanto con las aspira- ciones. La razón toma el rostro de lo extrínseco, de lo objetivo que amenaza con imponerse al hombre, y le exige paciencia y una aceptación voluntaria casi incon- dicional de sus proyectos, de tal manera que en el transcurso de su desarrollo toda aspiración puede convertirse en nada más que admiración de la técnica.
5 7 Al respecto, son sintomáticas las dudas que siempre tuvieron los surrealistas, y sobre todo Breton, de
adherirse al Partido Comunista Francés, a pesar de las exigencias prácticas que de su condición de revolucionarios se desprendían. En los Prolegómenos a un tercer manifiesto del surrealismo o no, 1942, Breton aclara su posición y su decisión de no sometimiento a cualquier sistema que demande una entrega total, aparte del surrealismo. Ver ibíd., pág. 142.
Sin embargo, la rebelión surrealista es razonable, puede justificarse y generar con- secuencias que no pueden ser sino positivas. Ella advierte que se han señalado a la experiencia unos límites estrechos, que la razón se ha confinado a la lógica racionalista y que ésta niega todo aquello que pueda rebasarla; por tanto, el su- rrealismo se resiste a abordar el tren que siguen los proyectos basados en la técni- ca maquinista.
Además, no desea someterse al rodeo y la espera que exige la razón técnica; por el contrario, “quiere obtener el más allá en esta vida”, pues el deseo no tiene como principal virtud la paciencia y, cuando se propone algo, lo realiza con prontitud, antes que esperar la caída propicia de la circunstancia, aunque para esto, en mu- chos casos, sea necesario recurrir a la cólera y la irritabilidad.
El propósito ha sido descubrir aquello a través de lo cual el mundo se solidifica, se construye y aparece como un mundo real; lo mismo que el lugar donde la lógica ha establecido su reinado, para, desde ahí, guiar la experiencia humana del mun- do: el lugar privilegiado donde la razón humana habita es el lenguaje, y éste se ha prestado para la constitución de un mundo en el que los objetos están a su vez conformados por un conjunto de cualidades que permiten la interacción por me- dio de relaciones lógicas y constantes, es decir, leyes que al tiempo que mantienen los objetos en un estado funcional, también le impiden otros tipos de relación aparte de los que la lógica permite.
La tarea propia del lenguaje, por medio del cual será posible reconstituir la reali- dad, es expresada así por Breton: “Lo que es será, en virtud únicamente del len- guaje y nada podrá impedirlo. Reconozco que lo anterior puede expresarse mejor o peor, pero es lo esencial”59. Esa tarea es doble; en primer lugar, le corresponde
el rompimiento de ese cúmulo de relaciones lógicas, condición sin la cual no es posible aspirar al retorno de la unidad del espíritu con las cosas. En segundo lugar, después del primer paso “desconformador de la realidad”, atentado contra el len- guaje y luego sobre la totalidad de formas de expresión, será necesario buscar nuevos modos de relación más allá de los que constituyen a los objetos como conjunto de logicidad útil. Del mundo sólido se aspira encontrar la fluidez que permita al pensamiento moverse a su través, como lo expresa Breton: “Como pez soluble” en su pensamiento y en el hacer mundo. Este doble proceso podría definirse como aquello que los alquimistas denominan “coagula” y “solve” en el proceso de remoción de la realidad. Lo que le corresponde hacer a la poesía es la “alquimia del verbo” pregonada por Rimbaud, en la que el mundo como discurso objetivo se opone a la existencia cuyo ser traspasa las leyes apremiantes de la técnica y