La ideología del abastecimiento y distribución social del grano
3.1 Una ley como problema: Agirrio, su ley y la ideología del abastecimiento.
Posiblemente, pocos materiales del siglo IV pueden ser tan pertinentes para analizar el complejo mecanismo de abastecimiento y distribución del grano en Atenas como la ley de la tasación del grano de las islas de Lemnos, Imbros y Esciros que se aprobó en esta ciudad en el 374-373 a.C. Encontrada en las excavaciones del Ágora de Atenas llevadas a cabo por la American School of Classical Studies el 21 de julio de 1986474, la breve nota con la que se dio a conocer a la comunidad académica en el
Supplementum Epigraphicum Graecum no podía hacer justicia a la importancia de este
texto475. Sin embargo, aunque la editio princeps llevase hasta doce años de trabajo, estudio y comentario con el que Stroud la acompañó se convirtieron en obras de obligada consulta476. El trabajo de Stroud no se limitó a la lectura y traducción del texto,
sino que, además, acometió un profundo comentario histórico, filológico y epigráfico con el que iluminó muchos de los aspectos más complejos que presenta esta ley477:
Dioses. En el arcontado de Socrátides. Ley acerca de la duodécima (dodékate) del grano de las islas. [Línea 5] Agirrio propuso: para que haya grano para el pueblo de propiedad pública (en lo público), que se venda la duodécima de Lemnos, Imbros y Esciros, y la quincuagésima (pentékoste) del grano. Cada medida será de 500 medimnos: [10] cien de trigo y cuatrocientos de cebada. El comprador (priamenos) transportará el grano a expensas suyas al Pireo, y llevará el grano a la ciudad (asty) por sí mismo, y apilará el grano en el templo de Éaco. [15] El estado (polis) dotará al templo de Éaco de techo y puertas, y el comprador pesará el grano para el estado en treinta días, siempre que lo haya llevado por sí mismo a la ciudad. Siempre que lo haya llevado a la ciudad, [20] el estado no exigirá el pago del alquiler (enoikion). El comprador pesará el trigo al peso de cinco sextas partes [de medimno] por talento, y la cebada a un peso de
474 Shear, T. L.: “Athenian Agora excavations”, Newsletter: American school of classical studies at
Athens, 1, 1987, pág. 8.
475 SEG XXXVI, 146
476 Stroud, R. S.: The Athenian grain-tax law of 374/3 B.C., Princeton-New Jersey, 1998
477 Esta traducción ha sido llevada a cabo siguiendo los modelos de la de Ronald Stroud (The Athenian
grain-tax law... pág. 9) y la de Ugo Fantasia (en Magnetto, A.; Erdas, D.; Carusi, C. (eds.): Nuove ricerche sulla legge granaria ateniense del 374/3 a.C., Pisa, 2010, pp. 247-248).
un talento el medimno, seca y libre de cizaña [25], llenando la unidad de medida hasta el borde (¿?), como el resto de comerciantes. El comprador no pagará el depósito, pero [sí] las tasas de venta y las del heraldo, a veinte dracmas cada medida. El comprador presentará [30] dos avales solventes por cada medida, siempre que el consejo los haya aprobado. La simoría consistirá en una medida de 3000 medimnos [para] seis hombres. El estado tomará el grano de la simoría de cada uno y de todos los que están en la simoría, [35] hasta que recupere lo suyo. Que escoja el pueblo diez hombres de entre todos los atenienses en la asamblea en la que escojan a los estrategos, quienes se encargarán del grano. [40] Estos, después de haber pesado el grano de acuerdo con las instrucciones escritas, que lo vendan en el ágora cuando lo decida el pueblo. Que no se plantee votar la venta antes del mes Antesterion. Que el pueblo fije el precio [45] del trigo y de la cebada al que lo tienen que vender los escogidos. Que los compradores de la duodécima lleven el grano antes del mes Memacterio. Que los escogidos por el pueblo vigilen [50] que el grano se lleve en el tiempo estipulado. Cuando los elegidos hayan vendido el grano, que rindan cuentas al pueblo, y que vuelvan trayendo el dinero al pueblo, y que se asigne lo que derive del grano al fondo militar (stratiotika). [55] Que se reparta el depósito de las islas a los receptores, y de la quincuagésima, exactamente tanto como se recaudó el año pasado de las dos décimas. Desde ahora que sean para la administración, y para lo que queda [60], que no se recauden las dos décimas del dinero que se traiga.
En general, no resulta difícil hacernos una idea del objetivo principal de la ley, pero tanto por la cantidad de elementos técnicos que contiene como por los complejos procesos económicos que deja entrever, su análisis no es, en absoluto, fácil. Siguiendo la llamada del propio Ronald Stroud para compartir lo que él llamaba el placer de estudiar este texto con el resto de la comunidad académica478, varios investigadores se
han acercado a esta ley con el fin de analizar los aspectos más oscuros de la misma con diversas metodologías y sistemas de análisis. Muchos de ellos, si bien han enriquecido el conocimiento que tenemos de ella, también han restringido el debate historiográfico en al ámbito económico y legislativo479. A lo largo de las próximas páginas, vamos a abordar la problemática histórica de la ley desde diferentes perspectivas.
478 Stroud, R. S.: The Athenian grain-tax law... pág. 120
479 Faraguna, M.: “Intorno alla nuova legge ateniense sulla tassazione del grano”, Dike, 2, 1999, pp. 63-
97; Harris, E. M.: “Notes on the new grain-tax law”, ZPE, 128, 1999, pp. 269-272; Bresson, A.: La cité
marchande, Paris, 2000, pp. 183-210; Moreno, A.: “Athenian bread-baskets: the grain-tax law of 374-373
BC reinterpreted”, ZPE, 143, 2003, pp. 97-106; Rhodes, P. J.; Osborne, R. (eds.): Greek historical
inscriptions, 404-323 BC, Oxford, 2003, pp. 118-129 (inscripción nº 26); Fantasia, U.: “Appalatatori,
grano pubblico, finanze citadine: ancora sul nomos di Agirrio”, MediterrAnt, 7, 2, 2004, pp. 511-540; Moreno, A.: Feeding the democracy... pp. 102-115; Stroud, R. S.: “Introduction”, en Magnetto, A.; Erdas, D.; Carusi, C. (eds.): Nuove ricerche... pp. 11-25.
3.1.1 Un contexto histórico múltiple.
Para plantear el problema de la ley de Agirrio desde la óptica del alimento como instrumento de negociación de las jerarquías sociales y políticas hemos de partir, en primer lugar, de una reflexión sobre el cuadro histórico concreto en el que se enmarca este texto. La fecha exacta de datación es el año 374-373 a.C., el arcontado de Socrátides, aunque no es del todo fácil adivinar el momento preciso del año en el que esta ley se propuso y fue aprobada por los nomothetai siguiendo el procedimiento democrático habitual tras la guerra del Peloponeso480. En mi opinión, es necesario tener en cuenta una serie de contextos de largo, medio y corto alcance para comprender exactamente por qué se aprueba precisamente en este momento una ley que asegure el aprovisionamiento del grano en Atenas, o, en palabras de la ley, “para que haya grano para el pueblo de propiedad pública”481.
En primer lugar, el contexto histórico de menor alcance es el que nos apunta a la situación de Atenas en la década del 370 a.C., cuando las tensiones políticas provocadas por la hegemonía espartana tras la Paz del Rey llevan a Atenas a entablar una serie de complejas relaciones diplomáticas con Tebas en las que la desconfianza y las suspicacias dejaban paso de manera ocasional a alianzas frente al enemigo común482. Es precisamente en medio de uno de estos momentos de tensión bélica entre Esparta, Tebas y Atenas cuando esta última ciudad sufrió la aparición del siempre amenazante fantasma del hambre. Los aliados de Esparta, conscientes de la dependencia que tenían los atenienses del grano traído por comerciantes externos, decidieron forzar a la ciudad a aceptar la paz en el 376 bloqueando la navegación y evitando que los barcos llegaran a acercarse más allá de Geresto, en el extremo sureste de Eubea. Pese a que la narración de esta especie de bloqueo naval no resulta del todo coincidente en los relatos de Jenofonte y de Diodoro Sículo, parece claro que no fue sino la intervención militar ateniense lo que pudo garantizar que los barcos de grano llegasen al Pireo483. Tras la
480 Stroud, R. S.: The Athenian grain-tax law... pág. 15; sobre los nomothetai, Hansen, M. H.: The
Athenian democracy in the age of Demosthenes, Oxford, 1991, pp. 167-168.
481 Líneas 5-6: ὅπως ἂν τῶι δήωι σῖτος ἦι ἐν τῶι κοινῶι.
482 Buckler, J.; Beck, H.: Central Greece and the politics of power in the fourth century BC., Cambridge,
2008, pp. 33-43.
batalla naval de Naxos, que fue, como remarca Diodoro, la primera en la que vencieron los atenienses sin ayuda de los persas desde la Guerra del Peloponeso, los atenienses recibieron al almirante Cabrias y a las naves de un modo espléndido484.
La llegada de Cabrias al Pireo significó, además de la victoria militar, el fin de la amenaza del hambre. Aunque en los textos de Jenofonte y de Diodoro se intuye más que se reconoce explícitamente el apremio por poner fin a la situación, la situación tuvo que ser de una cierta gravedad. Un rastro de la ansiedad que tuvo que provocar esta circunstancia lo encontramos en los paralelos que esta guarda con respecto al bloqueo con el que Lisandro puso fin a la Guerra del Peloponeso entre el 405 y el 404 a.C.: al igual que entonces, los atenienses se sintieron sitiados y aislados de sus fuentes de aprovisionamiento, abandonados ante el hambre485. Según Luigi Gallo, otro indicio del mal momento que tuvo que pasar Atenas lo encontramos en un pasaje del discurso
Contra Androción, de Demóstenes486. Según el orador, en la última guerra que los atenienses mantuvieron contra los espartanos, la presión sobre el sistema de abastecimiento llegó a ser tan elevada que incluso los yeros (oroboi) llegaron a venderse en el mercado487. El yero, una variedad de la algarroba, es una planta leguminosa
comúnmente utilizada en el mundo mediterráneo antiguo como planta forrajera para los animales, y, aunque no es adecuada para el consumo humano por su alto nivel de toxicidad, de vez en cuando se recurre a ella como alimento de necesidad488.
El elevado grado de atención del que ha gozado el consumo de los cereales, vino y aceite ha tenido como efecto secundario una especie de, si no olvido, al menos menosprecio del de las legumbres en la estructura alimentaria de las sociedades griegas. No obstante, este tipo de alimentos no solo han constituido una parte esencial de la llamada dieta mediterránea, sino que, además, se tratan de elementos profundamente
484 D.S. XV, 35, 2: [Χαβρίας] µεγάλης ἀποδοχῆς ἒτυχε παρὰ τοῖς πολίταις. Plutarco (Moralia, 349f)
indica que los atenienses consagraron la memoria del día de la victoria con una libación anual de vino, aunque en Plu. Phoc. 6 se indica que fue Cabrias mismo quien dispuso de este reparto de manera anual.
485 X. HG. II, 2, 10-23; cfr. V, 4, 60: οἱ Ἀθηναῖοι ἐπολιορκοῦντο.
486 Gallo, L.: “Il nomos di Agirrio e una testimonanza di Demostene”, en en Magnetto, A.; Erdas, D.;
Carusi, C. (eds.): Nuove ricerche... pp. 149-157.
487 D. XXII, 15: τὸν τελευταῖον γὰρ ἴστε τὸν πρὸς Λακεδαιµονίους πόλεµον, ὅτε µὲν ναῦς οὐκ ἐδοκεῖτ᾽
ἀποστεῖλαι δυνήσεσθαι, πῶς διέκειθ᾽ ἡ πόλις: ἴστ᾽ ὀρόβους ὄντας ὠνίους.
488 Flint-Hamilton, K. B.: “Legumes in ancient Greece and Rome: food, medicine or poison?”, Hesperia,
68, 3, pp. 371-385; pág. 378; Dalby, A.: “Vetch”, en Dalby, A.: Food in the ancient world, from A to Z, London-New York, 2003, pp. 342-343; Gallo, L.: “L´alimentation de substitution dans les cités grecques”, en Collin Bouffier, S.; Sauner, M. H. (eds.): Substitution de nourritures / nourritures de
integrados en las estructuras simbólicas y culturales del mundo griego489. Con todo, aunque las legumbres pueden actuar como alimento de substitución temporal de los cereales, en realidad no pueden soportar durante mucho tiempo el peso en la dieta que estos tienen, pues sus propiedades tóxicas desaconsejan su consumo excesivo. Por ejemplo, en la ciudad de Aneo, en Tracia, quienes se vieron obligados a sobrevivir a base de yeros y habas durante una hambruna desarrollaron ciertas dolencias físicas que se relacionan con el latirismo, esto es, una intoxicación procedente de la acumulación de neurotoxinas de alcaloides que puede desembocar en casos de paraplejia490. Galeno, en el siglo II d.C., todavía reconoce que el yero, que en ocasiones prepara como purgante tras cocerlo dos veces y añadirle agua dulce y miel, es utilizado como un alimento de necesidad durante las hambrunas491.
Si los atenienses, como recordaba Demóstenes, se encontraban en una situación tal que hasta los yeros eran considerados como alimentos, la comunidad se encontraba en un estado de inseguridad alimentaria lo suficientemente grave como para que comenzaran a actuar los mecanismos individuales y colectivos que palian los efectos más extremos del hambre492. La disolución de la jerarquía alimentaria que hace que
ciertos elementos, aunque objetivamente comestibles, sean culturalmente aborrecibles, es uno de los primeros signos del azote del hambre en cualquier comunidad humana. Si el riesgo de la hambruna no es demasiado grave, el consumo se mantendrá dentro de los límites más razonables al ser posible la supervivencia mediante el recurso a plantas silvestres cuyo único inconveniente para el consumo es su extraño sabor, sus pocos nutrientes o, incluso, su asociación con las representaciones de la pobreza, el salvajismo y la exclusión social493. Un paso más allá en la gravedad de la crisis puede llevar al punto al que llegaron los habitantes de Aneo o los atenienses en el 376: el consumo de
489 Grmek, M. D.: Les maladies à l´aube de la civilisation occidentale. Recherches sur la réalité
pathologique dans le monde grec préhistorique, archaïque et classique, Paris, 1983, pp. 307-354;
Ballarini, G.: “Leguminose e strutture nutrizionali mediterranee”, en Longo, O.; Scarpi, P. (eds.): Homo
edens. Regimi, miti e pratiche dell´alimentazione nella civiltà del Mediterraneo, Verona, 1989, pp. 285-
293; Garnsey, P.: “The bean: substance and symbol”, en Garnsey, P.: Cities, peasants and food in
classical antiquity. Essays in social and economic history, Cambridge, 1998, pp. 214-225; García Soler,
M. J.: El arte de comer en la antigua Grecia, Madrid, 2001, pp. 66-72.
490 Hp. Epid. II, 4, 3 = VI, 4, 11; Grmek, M. D.: Les maladies à l´aube... pp. 324-327; Garnsey, P.: “The
bean: substance and symbol”... pp. 218-220.
491 Gal. De alimentorum facultatibus, 546-547.
492 Halstead, P.; O´Shea, J.: “Introduction: cultural responses to risk and uncertainty”, en Halstead, P.;
O´Shea, J. (eds.): Bad year economics. Cultural responses to risk and uncertainty, Cambridge, 1989, pp. 1-7.
alimentos de conocida toxicidad o que no entran dentro de la gramática culinaria habitual. El recurso a las comidas de substitución o necesidad es una de las experiencias que tienden a quedar grabadas en la memoria colectiva de una manera más firme como un signo del fracaso de la comunidad a la hora de abastecerse, y si los atenienses se vieron forzados a una situación tal por un bloqueo, no sería extraño que esto produjese un debate interno acerca de la articulación del sistema de suministro de alimentos que desembocase, finalmente, en la ley de Agirrio494.
Sin embargo, por encima del contexto histórico más inmediato, la iniciativa legislativa tiene que encuadrarse también en un ámbito mayor en el que se tengan en cuanta las tendencias y dinámicas de la sociedad y política en el mundo griego del siglo IV a.C. El final de la Guerra del Peloponeso y la derrota final de Atenas pudo ser saludada como una nueva época de paz y libertad por muchos griegos, pero la música de las flautas bajo cuyo ritmo se desmontaban los Largos Muros no tardó en ser acallada por el autoritario sistema de la hegemonía espartana495. A finales de la década del 380, la injerencia de los espartanos en otras poleis, materializada en la ocupación de la Cadmea tebana496, había dado como fruto una indignación generalizada contra ellos en
la que debemos entender las duras acusaciones arrojadas por Isócrates en su Panegírico contra el sistema de dominio espartano, amparado de la manera más cínica posible en la Paz del Rey497. No obstante, mientras que el riesgo de transformarse en un títere de la política espartana era real, la reivindicación de Isócrates del imperialismo ateniense como respuesta al lacedemonio es improbable que encontrase una respuesta seria más allá de las propias murallas de Atenas498. La desintegración del imperio ateniense a finales de la Guerra del Peloponeso se encontraba profundamente relacionada con los abusos y exigencias con los que la polis se imponía a su periferia para asegurar su propio sistema de gobierno, así que cualquier intento de reavivar una alianza entre
494 Ó Gráda, C.: Famine. A short history... pp. 39-44.
495 X. HG. II, 2, 23; en general, sobre el periodo que media entre el final de la Guerra del Peloponeso y la
de Corinto: Lewis, D. M.: “Sparta as victor”, en Lewis, D. M.; Boardman, J.; Hornblower, S.; Ostwald, M. (eds.): The Cambridge ancient history, vol. VI, 2ª edición, Cambridge, 1994, pp. 24-44; Seager, R.: “The Corinthian war”, en Lewis, D. M.; Boardman, J.; Hornblower, S.; Ostwald, M. (eds.): The
Cambridge ancient history... pp. 97-119; Tritle, L. A. (ed.): The Greek world in the fourth century. From the fall of the Athenian Empire to the successors of Alexander, London, 1997; Buckler, J.: Aegean Greece in the fourth century BC, Leiden, 2003, pp. 1-183; Fornis, C.: Grecia exhausta: ensayo sobre la guerra de Corinto, Göttingen, 2008.
496 X. HG. V, 2, 25-35; V, 3, 29-V, 4, 1; D.S. XV, 20, 1-2. 497 Isoc. IV, 110-118.
varios estados que reconocieran a Atenas como una suerte de hegemon necesitaba de unas ciertas garantías para evitar que los aliados volvieran de nuevo a transformarse en súbditos499.
Sin embargo, aun suponiendo que, con el tiempo, la única diferencia que mantuviera la Segunda Liga con respecto a la Liga de Delos fuera que los aliados, en vez de pagar tributos (phoroi), pagaban contribuciones (sintáxeis)500, la ideología y el espíritu que animaba a su constitución final eran muy diferentes a los que habían caracterizado al anterior imperialismo ateniense, especialmente en sus últimos años501. En el relato de Diodoro sobre la construcción de esta Segunda Liga, los atenienses tienen un gran cuidado de evitar cualquier suspicacia por parte de los futuros aliados al garantizar no solo un voto exactamente igual para todas las poleis, independientemente de su tamaño, sino también la promesa de su completa independencia política, aunque, al mismo tiempo, su papel hegemónico dentro del sistema se pone de relieve al hacer de Atenas la sede del consejo502. La información que encontramos en la denominada inscripción de Aristóteles ilumina todavía más aspectos al respecto503. Aparte de las
indicaciones referentes a la autonomía de los aliados, se especifica que estos no recibirán ningún tipo de guarnición, no serán sometidos a ninguna autoridad política externa y que no pagarán tributo504. Sin embargo, por encima de estos aspectos, los
499 En general, Davies, J. K.: “Sparta e l´area peloponnesiaca. Atene e il dominio del mare”, en Settis, S.
(ed.): I Greci. Storia, cultura, arte, società. Vol. 2: Una Storia Greca, II: Definizione, Torino, 1997, pp. 109-161 (esp. 146 y sigs.); Acerca del debate sobre la naturaleza del imperialismo ateniense: De Ste. Croix, G.: “The character of the Athenian Empire”, Historia, 3, 1953-1954, pp. 1-41; De Romilly, J.: “Thucydides and the cities of the Athenian Empire”, BICS, 13, 1966, pp. 1-12; Finley, M.: “The fifth- century Athenian Empire: a balance-sheet”, en Garnsey, P.; Whittaker, C. R.: Imperialism in the ancient
world, Cambridge, 1978, pp. 103-126; en general, estos estudios y otros igualmente interesante pueden
encontrarse reunidos en Low, P. (ed.): The Athenian Empire, Edimburgh, 2008.
500 Theopomp.Hist., FGH 115 F 98; Esta anotación no desentona con el desdén general con el que
Teopompo suele hablar de los atenienses: Flower, M. A.: Theopompus of Chios. History and rhetoric in
the fourth century BC, Oxford, 1994, pp. 116 y sigs.
501 Frente a posturas como las de Hammond (Hammond, N. G. L.: A history of Greece to 322 BC, 3ª
edición, Oxford, 1986, pág. 516), que veían en la Segunda Liga un intento más bien indisimulado de dominar al mundo griego: Cargill, J.: The second Athenian league. Empire or free alliance?, Berkeley, 1981. En cualquier caso, como indica Robin Seager, no parece que Atenas ejerciera sobre sus aliados un control directo en varios aspectos hasta el declive del poder espartano y los conflictos subsiguientes en el norte del Egeo (Seager, R.: “The King´s Peace and the second Athenian confederacy”, en Lewis, D. M.; Boardman, J.; Hornblower, S.; Ostwald, M. (eds.): The Cambridge ancient history... pp. 156-186; pág. 171).
502 D.S. XV, 28, 1-4.
503 Cargill, J.: The second Athenian league... pp. 14-47; Rhodes, P. J.; Osborne, R. (eds.): Greek
Historical Inscriptions... pp. 92-105 (nº 22).
504 GHI 22, líneas 21-22: µήτε [φρορ]ὰν εἰσδεχοµένωνι µἠτε ἄρχοντα ὑπο[δεχ]οµένωι µήτε φόρον
elementos en los que la estela se entretiene con mayor detenimiento son los relativos a la posibilidad de que los atenienses aprovecharan su situación de poder para reemprender las prácticas de imposición y dominio sobre los aliados. Entre las líneas 25 y 31 se explicita la renuncia a cualquier tipo de reclamación sobre las propiedades que