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Liberación del miedo al parto

Despierta en el útero

Ejercicio 40: Liberación del miedo al parto

Tema: Superación de tus temores con respecto al trabajo del parto y al parto. Instrumentos: Tu diario, afirmaciones y visualización

Participantes: La madre

Ritmo: 30-40 minutos, una o dos veces durante este mes

A medida que el embarazo va llegando a su término, casi todas las mujeres se preocupan de los rigores del trabajo del parto y del parto. Algunas son capaces de enfrentarse con sus preocupaciones poniéndolas en la perspectiva correcta, de modo que para ellas el último trimestre del embarazo es un período de júbilo e ilusión. Otras no pueden dejar de preocuparse, lo cual genera un estado de ansiedad que puede prolongarse durante horas o días.

Un alto nivel de ansiedad es un impedimento no sólo para la salud del bebé que esperas, sino también para tener un parto sin problemas. En un estudio realizado en la Universidad de Michigan se comprobó que, en general, los trabajos de parto duraban muchas horas más en las mujeres ansiosas que en aquellas que se mantenían calmadas.

Resultados similares se obtuvieron en una investigación realizada en la Universidad de Cincinnati. Se estudiaron diez tipos diferentes de ansiedad y de estrés, y se determinó el efecto que tenía cada uno de ellos sobre las contracciones uterinas y la duración del trabajo del parto. Los científicos comprobaron que la existencia de preocupaciones y miedos de forma habitual y extrema, una actitud negativa hacia la maternidad y una mala relación con la propia madre eran los factores que más prolongaban el trabajo del parto, y que los niveles normales de ansiedad apenas afectaban a la efectividad del proceso de dilatación.

Y en un estudio realizado por un grupo de investigadores de la Brown University, los resultados fueron especialmente concluyentes. Se estudió a cincuenta mujeres: la mitad de ellas estaban nerviosas por el nacimiento y la maternidad, en tanto que la otra mitad los esperaba con gozo y expectación. Después de que las mujeres hubieron dado a luz a sus bebés, los investigadores comprobaron que todas las ansiosas habían tenido por lo menos una complicación durante el parto. En muchos casos, incluso los bebés tuvieron dificultades, con problemas que iban desde una magulladura en la nariz a un nacimiento prematuro. Los bebés de las madres que no se habían inquietado, no tuvieron ninguna complicación.

Si bien una sensación de calma no va a garantizar un parto libre de problemas, sin duda es un factor positivo. Y el primer paso hacia el logro de esa tranquilidad durante el trabajo del parto y el parto propiamente dicho es la expresión de tus preocupaciones y tus miedos.

Las ansiedades relacionadas con el alumbramiento incluyen el miedo a un falso trabajo de parto, al dolor y a perder el control durante el parto. Algunas mujeres temen que el cuello del útero no se les dilate o que el bebé se les quede atascado en el canal de nacimiento y simplemente no salga. A muchas mujeres las asusta la posibilidad de que se tenga que usar fórceps, practicar una cesárea o de que el bebé se presente de nalgas.

Sean cuales sean tus miedos, la mejor forma de superarlos es que los admitas y los afrontes resueltamente. Una vez que hayas pasado revista a tus ansiedades más profundas con ayuda del ejercicio que te sugerimos, serás capaz de verlas en perspectiva y de encararlas de manera más productiva.

En algún momento de calma, siéntate con tu diario en un lugar tranquilo y procura que nadie te moleste durante una media hora o 45 minutos. Entonces cierra los ojos y pregúntate: “¿Qué es lo que más me preocupa de la experiencia de dar a luz?”. Durante unos cinco minutos deja que desfilen por tu mente las respuestas, y después abre los ojos y empieza a escribir. Describe tus miedos con absoluta sinceridad, anotando todo lo que te pase por la cabeza. Cuando hayas terminado, lee en voz alto todo lo que hayas escrito. Lee con lentitud y deja que cada miedo se registre en tu mente con toda la fuerza de su impacto. Después, vuelve a leerlo en voz alta.

Cada vez que te refieras a un miedo específico, trata de convertir la ansiedad en una afirmación positiva. Por ejemplo, si temes que tu bebé no pueda pasar por el canal de nacimiento, di: “Mi bebé pasará sin dificultad alguna por el canal de nacimiento”. Si temes

perder el control durante los trabajos del parto, di: “Me mostraré consciente y competente desde el comienzo hasta el final de la experiencia del alumbramiento.”

Emplea las afirmaciones que funcionen mejor para ti y ve creando una afirmación en respuesta a cada uno de tus temores.

Después de haber expresado en voz alta tus afirmaciones, escribe diez veces cada una de ellas en tu diario. Cuando hayas terminado, acaríciate suavemente el vientre e imagínate que a través de la pared abdominal puedes ver cómo flota tu bebé en el líquido amniótico. Ahora despídete de tu hija y, lentamente, levántate para continuar con las tareas del día.

Si quieres puedes repetir este ejercicio una vez más en el transcurso del último trimestre. Pero no te entretengas en tus miedos. Después de haberlos afrontado de la manera resuelta que te hemos explicado, lo mejor es que no pienses más en ellos y que, libre de esa carga, sigas bañando de cálido amor a la niña que llevas en tu seno.

Ejercicio 41: Dúo prenatal

Tema: Superación del miedo al proceso del parto Instrumento: Diálogo en pareja

Participantes: La madre y el padre

Ritmo: 30-40 minutos, una vez durante este mes.

Es importante que tú y tu marido habléis de los miedos que os inspira la experiencia del nacimiento. Por eso vamos a sugeriros que durante uno de vuestros diálogos regulares, este mes hagáis el siguiente ejercicio:

Tal como hacéis durante cualquier diálogo entre vosotros, sentaos el uno frente al otro. La tarea que abordáis es la de compartir y superar, ambos, vuestros miedos referentes al nacimiento. Recordad las reglas básicas para todos los diálogos en pareja: decir la verdad, hablad de corazón, escuchad verdaderamente lo que está diciendo el otro, apoyaros mutuamente, no interrumpiros, no hacer que el otro se sienta culpable por lo que está diciendo y tratar de evitar los propios sentimientos de culpa. Mientras compartís vuestros sentimientos, miraos a los ojos. Si sentís timidez o vergüenza, recordad simplemente que este ejercicio os ayudará a hacer frente a la situación cuando se inicie el trabajo del parto.

Ahora ya podéis empezar. Mira a tu marido y completa la frase siguiente: “Uno de los miedos que tengo por la proximidad del parto es…”

Entonces él puede responderte con las siguientes palabras: “Gracias por decírmelo”. De nuevo tu turno: “Otro miedo que tengo por la proximidad del parto es…”

Continuad así hasta que hayas expresado todos tus miedos y ansiedades. Entonces cambiad de papel y deja que sea él quien hable de los miedos que le inspira la inminencia del nacimiento. Debéis repetir el ejercicio hasta que no os quede nada por decir.

Si queréis, entonces podéis convertir todos los miedos que habéis expresado en afirmaciones positivas.

Después de que ambos hayáis afrontado vuestros miedos en relación con el nacimiento, prepárate para la experiencia con ayuda de los tres ejercicios siguientes.

Ejercicio 42: El suspiro del placer

Tema: Respiración rítmica y suspiros como parte de la preparación para el parto y de la

comunicación con tu bebé.

Instrumentos: Visualización y respiración rítmica. Participantes: La madre

Ritmo: 30 minutos, por lo menos una vez por semana, durante el resto del embarazo.

Igual que el ejercicio 34, “Mecer al bebé”, que aprendiste el séptimo mes, “El suspiro del placer” se basa en el original trabajo de la experta en yoga Sylvia Klein Olkin. En realidad, el ejercicio es una versión de “Mecer al bebé”, pero esta vez acompañarás cada exhalación con un prolongado y sonoro “¡Aaahhh!”.

El suspiro es un medio de comunicarte con la niña que llevas en tu seno. Como dice Olkin: “Emitir sonidos ayuda a que el cuerpo se abra durante el trabajo del parto”. Y señala que la práctica de estos sonidos guturales durante el embarazo hace que sea más fácil emitirlos durante el proceso de dilatación.

Antes de empezar, siéntate cómodamente y toma medidas para disponer de una media hora. Empieza por mantener la mano a unos quince centímetros por encima del abdomen, entre tres y cinco minutos. Mírate el abdomen y represéntate al bebé que llevas dentro. Visualiza su cuerpecito, desde los dedos de los pies a la cabeza; imagínate sus piernas, cómodamente flexionadas, los rasgos delicados de su carita. Observa cómo abre y cierra la boca y cómo se estremecen sus párpados en la tibieza del líquido amniótico que lo envuelve por completo.

Después de haber absorbido tan profundamente como te sea posible la imagen de tu bebé, ponte de pie y apoya las manos en el abdomen. Ahora, siempre con la imagen de tu bebé en la mente, haz una inhalación mientras mueves el abdomen hacia adelante. Exhala y hazlo retroceder. Y mientras exhalas, abre la boca y deja salir un “¡Aaaahh!” largo, sonoro y gutural. Repítelo varias veces.