• No se han encontrado resultados

El amanecer de la conciencia

Ejercicio 36: Tu sanador interior

Tema: Fortalecimiento de la salud y el sistema inmunitario.

Instrumentos: Relajación progresiva, visualización, guiada y no guiada y tu diario. Participantes: La madre

Ritmo: 30 minutos, una vez por semana, durante el resto del embarazo.

En la actualidad hay un convincente aporte de pruebas científicas que indican que la fantasía guiada y la visualización pueden ayudar a combatir dolencias y enfermedades. Tanto en enfermedades potencialmente letales como el cáncer y las cardiopatías como en las migrañas y las alergias, la visualización ha demostrado ser un valioso suplemento de las técnicas médicas convencionales.

Muchos expertos creen también que la visualización puede ayudar a promover el bienestar y reforzar el sistema inmunitario, incluso cuando la persona goza de buena salud. La salud, en última instancia, es un continuo, uno de cuyos extremos lo ocupan la muerte y la incapacidad prematuras, en tanto que el otro corresponde a elevados niveles de bienestar. A quien esté enfermo, la visualización puede ayudarle a ponerse bien; a quien ya esté bien, puede ayudarle a llegar a niveles aún mejores de inmunidad, vitalidad y bienestar.

Antes de comenzar, graba en una cinta las instrucciones que te damos más abajo. Sería buena idea que le pidieras a tu marido o a una amiga íntima que te la grabara, porque la voz de la personada amada o de un amigo de confianza es especialmente eficaz. Pero si lo prefieres puedes grabarte tú misma las instrucciones. Te sugerimos que, sea quien fuere el que las grabe, las lea enteras antes de iniciar la grabación. Cuando la persona que vaya a grabar la cinta esté lista, deberá leer el texto de manera tranquila y relajada, haciendo las pausas en los sitios indicados. Una vez que tengas grabadas las instrucciones, búscate un asiento cómodo y un taburete o algo por el estilo donde puedas apoyar los pies. Antes de escuchar tu cinta de visualización guida, asegúrate de que dispones por lo menos de treinta minutos de tranquila

soledad. Y antes de apretar el botón, cierra los ojos y dedica unos segundos a recordar el lugar sagrado que creaste para ti y que visitaste durante el sexto mes. Repite para tus adentros estas palabras: “Buscaré la guía de mi sanador interno, que me ayudará a mejorar mi salud, mi sistema inmunológico y los de mi hijo”. Tu sanador puede asumir la forma de un médico con bata blanca, corbata y bigote, o la de tu intrépida bisabuela, o la de un yogui de la India. La forma exacta del sanador no importa mucho, siempre que sea la encarnación de tu propia capacidad de explorar y enriquecer tu psique y tu salud.

Una vez que hayas completado estos pasos, abre los ojos durante el tiempo indispensable para poner el grabador en marcha y comienza.

Cierra los ojos y haz un par de inspiraciones profundas. Sigue respirando profunda y uniformemente, y concéntrate en el ritmo de tu respiración, en tus sensaciones corporales y en cualquier sentimiento o imagen que tenga que ver contigo misma. Si te invaden ideas relacionadas con el mundo exterior, déjalas pasar de la misma manera que pasan las nubes sobre el horizonte. Advierte su presencia y deja que se vayan.

Ahora toma conciencia de tus pies. Percibe cualquier presión que sientas en ellos y el ángulo en que están colocados. Toma conciencia de las plantas de los pies y percibe los talones, los dedos, los tobillos. Ahora, dobla los dedos, hacia las plantas de los pies, como si quisieras tocártelas. Haz fuerza con los dedos hacia abajo, bien hacia abajo… mantén la contradicción, y después aflójala.

Respira; inhala y exhala. Ahora relájate y déjate ir.

Con cada respiración, te hundes cada vez más profundamente en un estado de relajación perfecta. No te estás quedando dormida; sigues alerta, pero relajada.

Ahora toma conciencia de tus piernas, desde los tobillos hasta las rodillas. Mientras lo haces, tensa los músculos de las piernas. Tensa, tensa, tensa. Mantén la tensión, y relájate.

Inhala y exhala. Relájate y déjate ir.

Con cada respiración, te hundes cada vez más profundamente en el interior de ti misma y tu cuerpo se va relajando cada vez más… más… y más.

Ahora concéntrate en los muslos, la pelvis y las nalgas. A medida que te concentras, tensa todos los músculos de estas tres zonas. Tensa, tensa, tensa… Mantén la tensión y relájate.

Inhala y exhala. Relájate y déjate ir.

Sigue respirando profunda y uniformemente. Con cada inhalación, introduces en tu cuerpo aire fresco, y con él, oxígeno y energía. Con cada exhalación, expulsas anhídrido carbónico y otros desechos corporales. Piensa que cada inhalación es una manera de recibir el amor y el apoyo del universo, y que cada exhalación es una forma de liberarte de sentimientos negativos y de tensiones.

Ahora toma conciencia de la columna vertebral, desde la pelvis hasta la base del cráneo. Empieza a hacer presión con toda la columna contra el respaldo del asiento o contra los cojines en que te apoyas. Empuja, empuja, mantén la posición… ya aflójate. Siente cómo se te relajan la espalda y el pecho.

Inhala y exhala. Relájate y déjate ir.

Cada vez que respiras, ayudas a tu cuerpo a relajarse. Cuando inhalas, cada músculo y cada célula reciben alimento y energía. Cuando exhalas, cada músculo y cada célula se liberan de impurezas y de tensiones.

Ahora toma conciencia de los hombros y del cuello y de toda la tensión que acumulas en ellos. Comienza por expulsar la tensión elevando los extremos de los hombros hacia las orejas; empuja hacia arriba hasta sentir que casi puedes tocarte las orejas con los hombros.

Empuja, empuja más, más… Mantén la tensión… y aflójala. Inhala y exhala. Relájate y déjate ir.

Ahora, levanta las manos unos cuantos centímetros y ciérralas. Tensa los puños. Ténsalos. Ténsalos más, más, más. Mantén la tensión y aflójala.

Inhala y exhala. Relájate y déjate ir. Sigue respirando profunda y uniformemente. Con cada respiración que haces decides relajarte un poco más. Te sientes cómoda, tranquila y segura.

Ahora, toma conciencia de tu cara. Percibe los músculos de alrededor de los ojos y de la boca y los de las mandíbulas. Empieza a mover los ojos de lado a lado, como mirando de reojo. Tensa los músculos de alrededor de la boca, y los de la mandíbula. Tensa, ténsalos, ténsalos bien. Mantén la tensión y aflójala.

Inhala y exhala. Relájate y déjate ir.

Ahora que tienes el cuerpo relajado, deja que tu mente también se relaje.

En este estado de ánimo, alerta pero relajado, ve en busca de tu lugar sagrado, del santuario, interior de paz y sosiego que un día visitaste. Tal como lo hiciste entonces, imagínate tu viaje terrestre hasta llegar a ese ámbito privado de paz y recogimiento. Ahora, contempla en detalle tu lugar sagrado. Sea cual fuere, contémplate tal como estás en él, ahora.

(Pausa de un minuto)

Ahora mira a tu alrededor en busca de tu sanador interior, en espera de que se materialice y aparezca ante tus ojos. Si no lo ves, comienza a recorrer todo el ámbito de tu lugar sagrado, explorándolo lentamente hasta que encuentres a la persona que buscas. Tómate tu tiempo para observar cuidadosamente su figura y pregúntale su nombre. Acepta cualquier nombre que se te aparezca como respuesta.

(Pausa de treinta segundos)

Ahora, toma la mano que te tiende tu sanador interior y síguelo; te guiará desde tu lugar sagrado hasta las playas de un cálido océano. Mira a tu alrededor, descubriendo los matices más sutiles en el color de la arena y del agua. Levanta los ojos para observar cómo evolucionan graciosamente las gaviotas en el aire. Mira todo lo que hay a tu alrededor y siente el calor de los rayos del sol. Quítate la ropa y sumérgete en el agua. Siéntate en el mullido banco de arena, cerca de la cosa, echa hacia atrás la cabeza y abre ampliamente brazos y piernas. Deja que el poder curativo de los minerales del agua y de los rayos del sol te inunde y penetre hasta el núcleo mismo de tu ser. Siente cómo el poder curativo de las aguas y de la luz del sol te inunda por todos los poros y canales de tu ser interior, llegando al corazón y los pulmones, a los riñones y el hígado, a todas las células. Siente cómo el poder curativo del agua y de la luz penetra en tu abdomen, recorre el cordón umbilical y atraviesa la placenta hasta llegar a cada poro y cada canal de tu hijo. Mira cómo la luz y el agua lavan los brazos y las piernas de tu bebé, bañan su hermoso rostro, su abdomen, y llegan a los órganos internos: al corazón y los pulmones, a los riñones y el hígado, a todas las células.

Durante unos cinco minutos, entrégate a la contemplación de esta imagen.

(Pausa de cinco minutos)

Si tienes un problema específico, pídele a tu sanador interno que te ayude a resolverlo. Si te duelen los músculos de la zona pélvica o los sientes débiles, imagínate a tu sanador frotándote con un ungüento mágico. Si te sientes cansada, mira cómo él te envía, a través de todo el cuerpo, un rayo de luz revitalizadora. Si te sientes estupendamente, pídele que te ayude a mantener tu bienestar y el del niño que albergas en tu seno. No alteres conscientemente las imágenes que acudan a tu mente, y pregúntale a tu sanador si puede decirte lo que necesitas saber. No te detengas a analizar las imágenes que inundan tu mente. Limítate a dejar que se desplieguen ante tus ojos, como si se tratara de una película.

(Pausa de dos minutos)

Ahora llega el momento de finalizar tu viaje interior. Sigue a tu sanador para regresar al pacífico dominio de tu lugar sagrado. Despídete de él y, cuando ya estés dispuesta, vuelve al lugar y al momento presentes.

(Pausa de un minuto)

Ahora regresa lentamente a un estado de total vigilia. Primero mueve y estira los dedos de manos y pies. Después abre los ojos. Recuerda que has de mantener esa nueva sensación de acrecentamiento de tu inmunidad, tu salud, tu vitalidad y tu calma. Siempre relajada, recurre a todos tus sentidos para volver a instalarte en el ambiente que te rodea. Ahora, renovada, revitalizada y relajada, puedes levantarte y continuar con tu día.

Pero mientras te ocupas de tus cosas, considera cuidadosamente el consejo que te ha dado tu sanador interior. Si el consejo os parece sensato a ti, a tu marido y a tu médico, piensa en la posibilidad de incorporarlo a tu rutina diaria.

NOTA ESPECIAL: Este ejercicio no está pensado para reemplazar la atención médica convencional. Si tu embarazo no presenta problemas, te sugerimos que uses nuestro ejercicio de visualización guiada para complementar – y no para reemplazar – la atención que te brinda tu médico. Si tu embarazo presenta problemas graves, practica este ejercicio de visualización guiada solamente con la ayuda de un profesional de esta técnica, recomendado por tu médico o algún terapeuta u otra persona en cuyo juicio confíes, al mismo tiempo que sigues todos los tratamientos médicos que te hayan prescrito.

Si quieres, puedes usar las técnicas de escribir y dibujar a partir del hemisferio derecho del cerebro para profundizar en los sentimientos que te produzca el ejercicio de visualización creativa que acabamos de ofrecerte. Y no dejes de trabajar regularmente con tu diario.