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LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS O LIBERTAD DE LOS MODERNOS?

63 Lo mismo puede decirse acerca de la posición de Hannah Arendt, cuyo pensamiento la inscribe también en la tradición del republicanismo cívico.

64 Véase, por ejemplo, H. Hirsch, «The Theory of Liberalism», y D. Herzog, «Some Questions for Repuhlicans», ambos en Political Tbeory, vol. 14, n" 3, agosto de 1986.

La obra inspirada en la «nueva historia», cuyo pionero fue Quentin Skinner, resulta particularmente aplicable a ese proyecto. En un artículo en el que analiza los resultados de este tipo de investigación, Pocock explica que en el origen del pensamiento político moderno se encuentran dos estilos de lenguaje político, uno

de los cuales logrará imponerse en detrimento del otro.65 Por un lado

está el lenguaje de la virtud, que es el del republicanismo clásico, y por otro lado está el lenguaje de los derechos, que expresa el paradigma del derecho natural y se funda en la jurisprudencia. El término libertas está presente en los dos lenguajes, pero con distinto significado. En el lenguaje de los juristas, libertas tiene el sentido de

imperium, de libertad para producir las leyes propias. La libertad del

ciudadano consiste, pues, en la libertad para desarrollar una actividad bajo la protección de la ley. En el leguaje republicano, por el contrario, se insiste en la libertad en el sentido de participación en el gobierno del Estado, ligada a la concepción del hombre como animal político que realiza su naturaleza a través de sus actividades en el dominio público. Estas dos formas coexisten por un período, y Skinner ha mostrado, en el primer volumen de The Foundations of Modern

Political Thought,66 que las luchas de las repúblicas italianas por la

independencia fueron conducidas al mismo tiempo en el lenguaje republicano y en el de los juristas. Luego el lenguaje del derecho natural sustituye al de la virtud, pero al comienzo del período moderno la tradición del liberalismo, centrada en la ley y el derecho, se vio acompañada de una tradición de humanismo republicano en el que la personalidad se concebía en términos de virtud. Sólo con Hobbes adquiere predominio la modalidad de razonamiento político individualista, en que la libertad se limita a la defensa de los derechos individuales.

El propósito de Skinner en su libro más reciente67 es reevaluar

la concepción republicana que, durante el Renacimiento en Europa, había reformulado la concepción romana clásica del ciudadano, porque cree que de ella podemos derivar una idea de libertad más adecuada que la de la concepción liberal. Skinner es plenamente consciente del problema que plantea hoy la relación entre libertad individual y libertad política. A partir de Benjamín Constant se ha admitido que la «libertad de los modernos» consiste en el goce pacífico de la independencia privada y que esto implica la renuncia a la «libertad de los antiguos», o sea, la participación activa en el poder colectivo, porque eso lleva a una subordinación del individuo respecto de la comunidad.

65 Pocock, Virtue, Comerce and History , cap, 2,

66 Quentin Skinner, The Foundations of Modern Political Thought, 2 vols., Cambridge, 1978.

67 Quentin Skinner, «The Idea of Negative Liberty: Philosophical and Historical Perspectives», en Rorty,J, B, Schneewind y Q, Skinner, Philosophy in History, Cambridge, 1984.

Esta misma tesis ha sido reformulada en un famoso artículo de Isaiah Berlin,68 que distinguió entre la concepción «negativa» de

libertad, conocida como la mera ausencia de coerción y que requiere que una parte de la existencia humana se mantenga independiente de la esfera del control social, y la concepción «positiva» de la libertad, que surge del deseo del individuo de ser dueño de sí mismo e implica la idea de la realización de una verdadera naturaleza humana. De acuerdo con Berlín, esta segunda concepción es potencialmente totalitaria e inaceptable para un liberal, y de esto concluye que la idea de democracia y de autogobierno no puede pertenecer a la idea liberal de libertad. Este autor afirma que toda la concepción positiva de libertad es antimoderna porque requiere que se postule una noción objetiva de vida buena para el hombre. De esta suerte, todos los que defienden la concepción republicana de libertad, la idea de libertas, según la cual sólo es posible asegurar la libertad en una comunidad que se autogobierne, aparecen como adversarios de la modernidad.

Skinner rechaza esta tesis e intenta probar que en la tradición cívica republicana, y más en particular en la obra de Maquiavelo, se puede encontrar una concepción de libertad que, aunque negativa — pues no implica la noción objetiva de eudaimonía—, incluye los ideales de participación política y virtud cívica. Así, en los Discorsi Maquiavelo propone una concepción de libertad como capacidad de los hombres para perseguir sus propios objetivos, sus humori, mientras al mismo tiempo afirma que para asegurar las condiciones que eviten la coerción y la servidumbre, que harían imposible el ejercicio de esta libertad individual, es indispensable que los hombres satisfagan ciertas funciones públicas y cultiven las virtudes requeridas. Así, pues, si para Maquiavelo es necesario practicar la virtud cívica y servir al bien común, lo es con el fin de garantizar el

grado de libertad personal que nos permita perseguir nuestros fines.69

Es indudable que esta línea argumental requiere más desarrollo, pero al menos indica una senda extremadamente fructífera. La tarea principal de una filosofía política moderna y democrática es precisamente la articulación de libertad individual y libertad política, pues es allí donde hunde sus raíces la cuestión del pluralismo y la ciudadanía democrática. El gran mérito de Skinner consiste en mostrar una senda que nos remonta a Maquiavelo, sin duda punto fundamental de referencia para quienes quieren pensar políticamente hoy en día. Y si renovar la intimidad con la tradición del republicanismo cívico es importante, resulta esencial que esa renovación sea presidida precisamente por Maquiavelo. La crítica comunitaria del liberalismo puede conducirnos al redescubrimiento de una manera de pensar que se desarrolló por primera vez hace varios siglos, pero cuyas posibilidades aún no han sido explotadas, pues la reflexión sobre lo político adoptaría, con Hobbes, una dirección

68 Isaiah Berlin, «Two Concepts of Liberty», en Four Essays on Libert», Oxford, 1969.

pretendidamente científica que implicaría el rechazo de sus aspectos normativos y el predominio de una concepción instrumental.

Capítulo 3