• No se han encontrado resultados

LIBRO SEGUNDO DE LA SEGUNDA PARTE DE LA DIANA DE JORGE DE MONTEMAYOR

endo los pastores por su camino, casi a la hora qu´el ganado, huyendo el calor del sol y la cabeça baxa, con el huelgo, levantando el seco polvo, busca la apazible sombra, oyeron una çampoña. Y paresciéndoles cosa nueva, que en cuantas vezes por allí passado havían otro tanto no oyeron, endereçaron para allá, siéndoles guía el sonido d´ella a tomar allí la siesta, si el lugar les agradasse. Ya que cerca llegavan, vieron al pastor que, dexada la çampoña, este romance en boz baxa començava a cantar al concierto de un rabel:

Cuando yo triste y mezquino, infelice y desdichado,

de amorosos pensamientos estaba más descuidado,

el traidor del dios Cupido 5 me puso en mayor cuidado.

De muchos había burlado: quiso vengarse de mí,

pues le había menospreciado

porque nadie se atreviesse, 10 con ánimo confiado,

burlarse de su potencia, de su reino y de su estado. El traidor, como maligno,

nueva manera ha buscado, 15 que como ya muchas vezes

sujetarme havía provado con belleza de algún rostro, y por demás lo ha intentado,

móstrome una bella mano, 20 bella sobre lo criado.

Un golpe me dio con ella, que aquel solo le ha bastado,

no tuvo necesidad,

con otro haver segundado, 25 porque fue tan poderoso,

que con él fui derribado, sin haver en mí poder para d´el ser defendado27

Dime, mano larga y blanca, 30 .

de las manos el dechado, ¿cómo siendo tú tan tierna, tan duro golpe me28

Por mano yo te juzgué,

has dado?

más creo que me´ngañado, 35 que tal mano no es posible

que Natura la ha formado. Yo creo que tú, Cupido, en ella te has transformado,

para vengarte de mí, 40 porque no te he respetado.

Si por aquesto lo has hecho, de ti sea perdonado,

que desde agora prometo

no salir de tu mandado, 45 y dezir y confessar

ser en valor extremado. Y si algún inobediente contra ti huviere hallado,

mostrándole su maldad, 50 él será por mí avisado.

Bien quisieran los pastores que no diera fin a su dulce canto, mas como vieron (haviéndose detenido un poco) que en su imaginación suspenso se havía quedado, se fueron para él, y saludandole dixeron: “Pastor, tu canto suave y dulce çampoña nos ha

27 Defendado: Probablemente habrá que leer “defendido” o,mejor, “defensado”. 28

combidado y forçado a que, dexado nuestro camino antes de hora, demos descanso a nuestros fatigados cuerpos, tomando la siesta aquí contigo, si nuestra compañía no te es enojosa”.

Fausto, que éste era su nombre, dixo: “Pastores, no creáis que jamás estoy solo y no sé si me fuera mejor estarlo, pero vuestra compañía (a lo que de vosotros juzgar puedo) me será agradable”.

Ellos se lo agradecieron y, assentados, estuvieron un rato en sabrosa conversación. Después del cual, Silvano le dixo: “Assí nuestro Dios Pan favorezca a tu sonora çampoña y te ponga en el estado que deseas (si d´ello algún daño no se te recresce), nos tornes a cantar lo que cuando llegamos cantando estavas”.

“Antes pastor- respondió Fausto- no hay para mí mayor bien que cantar mi pasión, y sobervia que indignamente contra Cupido tuve, porque ninguno, de hoy más, temerario sea que se atreva a burlarse d´él. Y porque no os enfade, mudaré el canto guardando el mesmo intento”. Luego, sacado de su çurrón un rabel, assí començó:

Enojado Cupido de mí estaba, porque d’ él muchas vezes me reía, y porque de cualquier que le seguía en público y secreto me burlava. Por esto contra mí se aparejava, al tiempo que ocasión se le ofrescía, mas poco su saeta me ofendía, que luego de su fuego me librava. Pues viendo su trabajo ser en vano si quisiesse con rostro sujetarme,

móstrome una muy blanca y bella mano la cual vista, no fue más en mi mano, ni quise, aunque pudiera, d’ él librarme, para no ser vencido del tirano.

Silvano, en el punto qu´el pastor acabó, dixo: “Para lo mucho que el dios de amor puede, no tengo en mucho que haga esto y más”. “¿Cómo no –dixo Fausto- ¿Vencer Cupido tierno, con mano desarmada, siendo jurisdicción del feroce Marte, tienes en poco? Escucha, pues, este soneto:

Señales de valor grande y crescido, poder es admirable y estremado

del rey que s´ha en ajeno reino entrado, sin d´alguno poder ser defendido. A Marte herir con mano era devido, con mano hiere Marte estando airado, mas la cosa ha venido a tal estado, que con mano también hiere Cupido. Y quiso mi ventura o desventura, que fuesse yo el primero que sintiesse aquesta nueva fuerça y tiranía.

Con mano cual jamás pinta natura, hirió mi corazón, porque pudiesse conocer su poder y valentía.

“Bastantemente- dixo Silvano- lo has provado y cierto que es de maravillar el nuevo modo de amor y que al fin, como persona a quien el negocio toca, lo has ponderado y contemplado altamente. Mas assí Dios te dé buena mano en el amor de la mano, que tú nos cuentes el modo que para desliberarte tuvo”. “De lo que aquí havéis oído- respondió Fausto- casi el todo deduzir podréis. Mas pensando ligeramente por lo que tengo contado en breve, lo demás os mostraré. Como ya he dicho, viviendo (a mi juizio) contento con hallarme libre (si libre dezir se puede quien esté de amor ajeno) una noche fui a ver a un pastor amigo mío, herido con cuchillo. Donde estando, al mesmo fin piadoso (dubdo si para mí) entró una pastora en hábito disfrazado, tan gallarda en su persona cuanto por sus discretas razones eminente en entendimiento ser juzgué. De las cuales dos cosas tuve sana afición, que otra cosa no havía de qué pues lo demás el enojoso velo encubría. A cabo de rato, por dármele malo, sacó una mano, una mano os digo que sacó, que no sé cómo encubierto tal resplandor havía podido estar. De cuya vista, de tal manera mis ojos quedaron ciegos para alumbrarme el entendimiento, que aunque después su rostro descubrió, me faltó con qué mirarle. Ella, más presto que yo quisiera, de allí se despidió e yo más temprano que mi necessidad pedía, me enajené de consuelo, pues aún licencia darme no quiso para acompañarla con el mísero cuerpo, pues en su compañía iva la felice alma, de donde juzgaréis qué tal estaría quien tal

quedava, y cuál estará agora quien más verla no ha podido. Ésta es la suma de lo que de mí, pastor, saber deseabas”.

“Si otra cosa no nos dizes- dixo Silvano- paresce que esta pastora ni te conoce, ni tu passión le es manifiesta”. “Es verdad- dixo Fausto- que no me conoce, pero bien tiene noticia de mí, mediante otra hermosa pastora, con quien ella mucho comunica. La qual por darme contento, que cierto me le dessea, me hizo que la escribiese, prometiéndome darle una carta mía y recaudar respuesta. En lo primero bien cumplió su palabra; de lo postrero aún no se ha eximido. Verdad es, si ya no lo haze por me consolar, que dize havérsela prometido”. “No nos harás- dixo Silvano- tanto plazer que gozemos de la tuya, que, cierto, de tu mano no se puede esperar sino discreción en ella”. “Aunque no la hay- respondió Fausto- os la mostraré, que aquí tengo el borrador, porque entiendo pagarme de vosotros, sino que está en prosa de industria, porque sabía haver venido a sus bellas manos algunas insonoras rimas mías”.

“No pienso yo- dixo Silvano- que es de menos quilates la prosa sonora qu´el verso gracioso, y aún tengo por entendido que debe pedir más cosas, puesto que a nosotros nos son ignotas”.

Entonces, echando mano al doblez de su caperuza, sacó un papel, el cual leído, vieron que d´esta manera dezía: