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5. MARCO TEÓRICO

5.6.2 LO POPULAR, UNA CAMPO POLÍTICO EN DISPUTA

Las realidades de las diferentes regiones y comunidades en América Latina y particularmente en Colombia, las desigualdades sociales, las ausencias o escasez de libertades y por tanto, la búsqueda de la ampliación de los espacios comunicativos históricamente dirigidas y coordinadas por las grandes cadenas matrices de comunicación masiva, que controlan los contenidos, han invisibilizado y estigmatizado las acciones colectivas de los movimientos sociales campesinos, como el que tiene como asiento en la región de Sumapaz.

92 Es aquí donde recobra importancia la comprensión que de la comunicación popular hace Martín-Barbero (S.f), en la que afirma que esta no puede ser comprendida sin la existencia de una cultura popular en relación a una cultura, que podría decirse, hegemónica”. “Porque admitir la existencia de una comunicación popular entraña admitir la existencia en nuestra sociedad, hoy, aquí, en América Latina, en nuestras ciudades, de otra cultura, de otras matrices culturales” (Martín-Barbero, s.f, pág. 4). Es decir, que lo que Barbero muestra es la existencia de unas tensiones, de unas problemáticas, de clase, si se quiere, que incluso, son la que generan las condiciones necesarias para la existencia misma de los movimientos sociales en la región como espacios altamente políticos y culturales.

Si la existencia de los movimientos sociales en América Latina supone el reconocimiento de los mismos como escenarios políticos y culturales, la comunicación popular es pues la materialización otro espacio que se disputa sentidos, significados, en relación a esa otra sociedad que no la componen “los de abajo” en palabras de Houtart (2006). Por ello Barbero insiste:

“hablar de comunicación popular, es hablar de comunicación en dos sentidos: de las clases populares entre sí (y cuando digo clases, estoy entendiendo los grupos, las comunidades, en incluso los

individuos que viven en una determinada situación de clase) pero estoy hablando también de la comunicación de las clases populares con la otra clase [hegemónica, élite]. Con aquella contra la cual se definen como subalternas, como dominadas. En este sentido, decir comunicación popular es decir básicamente el conflicto. Un conflicto a través del cual se identifica la cultura y la vida de las clases populares, pero un conflicto en el que no se agota la identidad cultural de esas clases.” (Martín- Barbero, s.f, pág. 5)

93 Esos conflictos a los que hace referencia Barbero, tiene que ver con la realidad

latinoamericana, aquella de la región del sur y centro de América que ha sido colonizada, que ha sentido sobre sus territorios, sus huellas, sus historias, la fuerza inmaculada de la dominación, el despojo, la colonización y la supremacía, esas contradicciones a partir de las cuales se puede comprender y referir la existencia de la comunicación popular, esta también como zona de tensión, de contrastes, en la que el reconocimiento de ese “otro” dominante, hegemónico hace posible el propio reconocimiento .

“…la comunicación popular nos exige plantearnos los procesos y los problemas de las culturas populares, de los conflictos que articulan esas culturas y, por tanto, de la imposibilidad de soñar una comunicación popular definida en términos positivos, ya que planteado en términos de culturas y en términos de dominación y de conflicto, lo que vamos a encontrar en la comunicación popular no es ninguna receta, no es ningún esquema nuevo; es, indiscutiblemente, un espacio de contradicciones, de ambigüedades, donde la resistencia y la impugnación conviven con la complicidad; conviven con la manera en la que lo popular, vive, paradójicamente, de su propio contrario” (Martín-Barbero, S,f, Pág. 5).

Ahora, si bien la comunicación popular se comprende sólo a partir de existencia de los conflictos, de las contradicciones, las ambigüedades y las tensiones entre las clases, una popular, contrahegemónica, dominada y otra, hegemónica y dominante, es esta la razón fundamental para establecer la conexión existente e incuestionable con los movimientos sociales y esa réplica en permanente discusión y relación dialéctica al orden establecido, a saber, una lucha de carácter político por la resignificación, reconstrucción, retorno y renovación de y a otro mundo posible.

94 Por tanto, como la comunicación popular no se define en tanto modelo comunicativo, sino como resultado de las múltiples contradicciones la interior de las comunidades y en relación, a su contrario en ejercicio de dominación, debe tenerse en cuenta que el acto creativo de la comunicación popular depende del territorio en el que este cobra sentido, a sus necesidades y problemas particulares.

Lo anterior lleva implícita la necesidad de otras formas de comunicación, que no sólo se definen en lo netamente comunicativo, sólo a través del medio, o sólo a través del emisor o sólo a través del receptor, no, la comunicación popular tiene que ver con las disputas por las formas de interpretar el mundo y la existencia, el ser y el hacer de los sujetos que la

interpretan, que la construyen, que la recrean.

La comunicación popular es por tanto, la respuesta contundente a esa construcción de sentidos hegemónica, homogénea, trasnacional que incluso, en términos de Martín Barbero folclorizan la comunicación popular, es la posibilidad de reconfiguración, de dotar de voz y de sentido aquello y aquellos que no aparecen casi que ni súbitamente reconocidos por la hegemonía comunicacional, sino más bien marginalmente, empobrecidamente, de forma lastimera.

“En ese sentido, mientras continúan existiendo prácticas comunicativas populares grupales, locales, sectoriales, centradas en la necesidad de poder dotar de expresividad las

desigualdades, diferencias y particularidades cuyo silenciamiento promueve y refuerza exclusiones sociales y políticas, existe un espacio expandido en el cual se busca intervenir produciendo cambios estratégicos” (Mata, 2011, pág. 16).

95 La disputa entonces por las trasformaciones se enraizan en cada una de las particularidades de los movimientos sociales, sus demandas, sus luchas, sus disputas por la identidad, por el poder de “reconquistar la palabra”, de trasmitir sus formas de vida, de colectivizar el

sentido que tienen de a existencia y la riqueza cultural y política que les alberga, es un alzar la voz, es una reconstrucción de la memoria histórica, de la memoria colectiva que les ha costado la vida a lo largo de las épocas de la colonización y la llamada república, del capitalismo y la modernidad inexplorada, del neoliberalismo y la transnacionalización, allí está el insumo para la consecución de la comunicación popular.

“Si algo confirmaron históricamente las prácticas de comunicación popular es que no se puede pensar la realidad y nombrarla con autonomía cuando a uno se le despoja de la palabra propia como ocurrió con los pueblos originarios, o cuando alguien es acallado es la esfera pública, como durante tanto tiempo nos ocurrió a las mujeres reducidas al habla hogareña siempre y cuando el amo de la casa lo permitiera. No se pueden colectivizar, poner en común necesidades y deseos para producir ideas acerca del modo en que se quiere vivir, cuando los espacios necesarios para esa puesta en común –las escuelas, las organizaciones políticas, los parlamentos, los medios de comunicación - están férreamente controlados por unos pocos que fijan temas, modos de actuar, de decir, de argumentar, de llegar a acuerdos. Por eso la comunicación popular comprendió y permitió

profundizar la articulación de la constitución del poder/de los poderes, con la capacidad de establecer las reglas del comunicar. Porque las luchas por el poder siempre han sido luchas por conquistar o reconquistar la palabra” (Mata, 2011, pág. 17).

Aquí subyace pues el heroísmo con que los pueblos de América Latina, disputan los espacios por el sentido, la significación, la transmisión desde sus saberes y experiencias de nuevas formas de poder local, territorial, popular, de nuevas de comunicación diferente a la hegemónica, este espacio para la memoria, para nuevas agendas políticas, ambientales,

96 sociales, económicas; para la visibilización de problemáticas que la comunicación

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