5. MARCO TEÓRICO
5.5.1 PERO ENTONCES, ¿QUÉ ES UNA ZONA DE RESERVA CAMPESINA?
La Zona de Reserva Campesina (ZRC) se constituyen como una figura novedosa en el ámbito rural y ambiental colombiano: ayudan a estabilizar la economía campesina, además de conservar los recursos naturales, los ecosistemas locales y regionales. La consolidación de la ZRC en la región del Sumpaz, responde necesariamente a la construcción social e histórica de sus habitantes, a la constancia, entrega, organización y participación, pero
84 sobre todo a su auto - reconocimiento como sujetos políticos de cambio, actores activos en su devenir histórico, su presente y su futuro.
Estos procesos sociales llevados a cabo por décadas en la región, le han permitido al movimiento campesino sumapaceño, la construcción de un Plan de Desarrollo Propio, que busca poner en la agenda pública sus intereses, necesidades y propuestas para la
conservación del territorio, la protección de las fuentes hídricas y de desarrollo social y ambiental. En ese documento exponen con total claridad, lo que facilitaría el
reconocimiento de la región como ZRC. Por un lado afirmas qué:
La figura facilita la negociación con las comunidades y posterior implementación de las políticas ambientales distritales y nacionales… (Además) la figura de acuerdo al modelo propuesto de implementación empodera a las comunidades a través de sus organizaciones, en la medida en que impulsa los procesos de definición de las políticas e inversión pública participativos y consultados, de manera que facilita la interlocución efectiva comunitaria con la institucionalidad.
(ASOSUMAPAZ, 2013, Pág. 13)
En el marco de los alcances de la ZRC en la región del Sumpaz, tiene que ver con los acuerdos de la Habana, sobre todo en lo concerniente con la reforma agraria integral y la reforma urbana, y por tanto de la soberanía alimentaria y territorial, explicando a partir de allí que implicaciones y alcances tiene el modelo de economía popular, campesina y agraria en relación a las devastadores consecuencias de los Tratados de Libre Comercio TLC y la criminalización de sus formas de vida y sus luchas territoriales.
La puesta en marcha de la RRI contrarresta el modelo de desarrollo de la clase hegemónica, esta plantea una contrarreforma agraria para la concentración y extranjerización de la tierra
85 dentro de un modelo agro empresarial, agroexportador y extractivista de despojo,
planteamos una política agraria integral que posibilite una reforma agraria integral y una reforma urbana que garantice que garantice el desarrollo económico, político, social y cultural del campo colombiano, la redistribución del ingreso, el ejercicio pleno de derechos, la paz y la vida digna.
Dentro de la consolidación de la ZRC, la soberanía territorial juega un papel preponderantemente vital, pues esta supone una visión contraria a la propuesta de desarrollo hegemónico, es decir, monocultivos, extractivista, agro empresarial “el país necesita una Soberanía Territorial que posibilite a las comunidades de manera libre y autónoma redefinir la organización de la producción, la distribución y el uso del suelo, como se gobierna el subsuelo y se protege el aire, el agua, los ecosistemas estratégicos y los medios de vida de las comunidades agrarias, rurales y urbanas” (Asocampo, 2016).
El campesino es desconocido como sujeto político de derechos por parte del Estado; no se le garantizan sus derechos políticos y sociales, son altas violaciones a los derechos
humanos, la falta de garantías para las organizaciones sociales y populares, la constante estigmatización y criminalización de quienes se movilizan para buscar la paz con justicia social; en consecuencia, es legítima la exigencia de respeto a nuestros derechos y las garantías para vivir en una sociedad democrática.
Otra variante de ZRC, tiene que ver con la relación campo-ciudad, que se supone distante, pero que en realidad, es una relación dialéctica, casi de dependencia. De lo que se trata entonces tiene que ver con el fortalecimiento de las dinámicas locales, comunitarias, populares, por ejemplo, a través de la puesta en marcha cada vez más consolidada y
86 diversa, espacialmente, de los mercados campesinos. De lo que se trata es de reconfigurar la relación desigual y casi de subordinación entre la ciudad y el campo. “Es oportuno analizar las falsas barreras entre ciudad y campo, para avanzar en el afianzamiento de la alianza popular a través de nuevos modelos alternativos de construcción territorial.” (Asocampo, 2016).
Más allá de las consideraciones de jurídicas para que se lleve a cabo el reconocimiento de la Zona de Reserva Campesina en Sumapaz, que comprende las veredas del Corregimiento de San Juan y las veredas Animas y Sopas correspondientes al corregimiento de Nazareth, sobre la cordillera oriental y en lo que tiene que ver con la delimitación geográfica de la localidad, la ZRC, se configura y transforma permanentemente de acuerdo a las
condiciones históricas que le preceden y le definen.
Alrededor de esta exigencia, de esta demanda por el reconocimiento institucional, que además, es una propuesta de defensa de lo público, de participación en la formulación de política pública, de apertura democrática, también subyace una problemática adicional y tiene que ver con la poca información veraz desde los medios masivos de comunicación sobre esta figura de ZRC, la malversación de sus intencionalidades y contextos históricos de lucha del campesinado colombiano ante la barbarie del modelo capitalista impuesto a la fuerza en un economía casi feudal como la colombiana.
De otra parte, las luchas campesinas por una reforma agraria justa en relación a sus necesidades territoriales y las exigencias del país en materia agrícola, quedan sin
legitimidad, para el conjunto mayoritario de las ciudadanías que se informan a través de los medios tradicionales y de masa, pues históricamente las luchas campesinas han sido
87 asociadas a la lucha armada (bandoleros, terroristas), relación que ya ha sido esbozado en acápite anterior, por lo tanto, sus acciones, exigencias, luchas y necesidades y forma de interpretación del mundo y de su cotidianidad, terminan reducidas a un pataleo
malintencionado, bandoleril o terrorista de alguna de las insurgencias del país para adueñarse de las tierras y expropiar a los terratenientes.
Además, la puesta en marcha del Plan Colombia, la Seguridad Democrática y la
Prosperidad Mejor para Todos, es decir, los últimos tres gobiernos neoliberales y con claros intereses, han permitido que se atenúe el conflicto social. Rural y ambiental de los sectores campesinos volviéndose estos, objetivo militar, milicianos de las FARC o ELN o cualquier guerrilla existente; invisibilizándolos, criminalizándolos y se deslegitimando sus luchas, todo esto, en con anuencia de los medios de comunicación hegemónicos.
El tipo de violencias que se han ejercido hacia el movimiento sumapaceño y que puede ser el mismo libreto para el resto de movimientos a nivel nacional, pasa por la violencia física (exterminio, desaparición), la violencia judicial (falsos positivos judiciales,
criminalización), violencia militar (militarización del territorio), violencia simbólica y comunicacional (acusaciones, señalamientos, silenciamiento, invisibilización,
tergiversación).
Es decir, que a las luchas históricas por el territorio, aquel que han ido constituyendo como Zona de Reserva Campesina, se le suma una lucha por la construcción de sentidos, de significaciones, de formas de vida rural, por espacios desde lo comunicativo, los mensajes, las historias, las memorias.
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