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Lo que son los cristianos

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1. Comenzaré ahora a exponer yo mismo las ocupa- ciones de la facción cristiana, por donde, habiendo refu- tado el mal, demostraré el bien. Somos un cuerpo (corpus sumus) por la comunidad de religión, la unidad de disci- plina y el vínculo de la esperanza.

2. Nos juntamos en asamblea y congregación para asaltar a Dios con nuestras oraciones como a carga cerra- da. Esta violencia sí es grata a Dios. Oramos también por los emperadores, por sus ministros y por las autoridades, por el estado presente del siglo, por la paz del mundo, por la dilación del fin.174

3. Nos reunimos para recordar las Sagradas Escritu- ras, por si la índole de los tiempos presentes nos obliga a buscar en ellas premoniciones para el futuro o explica- ciones del pasado. Ciertamente que con esas santas pala- bras apacentamos nuestra fe, levantamos nuestra esperan- za, fijamos nuestra confianza, intensificamos asimismo nuestra disciplina inculcando los preceptos.

4. En tales asambleas se tienen también las exhorta- ciones, los castigos, las reprensiones en nombre de Dios. Porque entre nosotros se juzga con gran peso, ciertos como estamos de la presencia de Dios, siendo un terrible prece- dente para el futuro juicio si alguien de nosotros hubiere delinquido de tal modo que se aleje de la comunión en la oración, de las reuniones y de toda ceremonia santa.

5. Presiden bien probados ancianos,175 que han alcan-

zado tal honor no con dinero, sino por el testimonio de su vida santa, porque ninguna cosa de Dios cuesta dinero. Y aunque exista entre nosotros una caja común no se reúne

174 En el Nuevo Testamento se ora por la próxima venida de Cristo

(en Apocalipsis, por ejemplo), pero a la vez, impresionados por la ne- cesidad de salvación del mundo, los creyentes consideraban necesario un aplazamiento de la segunda venida para dar lugar al arrepentimiento a un mayor número de personas. Cf. 2ª Pedro 3:9: “El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”.

175 Presbíteros.

Lo que son los cristianos

Nos juntamos en asamblea y congregación para asaltar a Dios con nuestras oraciones como a carga cerrada. Oramos también por los emperadores, por sus ministros y por las autoridades.

142 Apología contra los gentiles en defensa de los cristianos

a fuerza de honorarios puesta por los elegidos, como si la religión fuese sacada a subasta. Cada cual aporta una módica cuota en día fijo del mes, cuando quiere y si quiere y si puede, porque a nadie se le obliga: espontáneamente contribuye.

6. Son como los fondos de piedad. Porque de ellos no se saca para banquetes, ni libaciones, ni estériles comilo- nas, sino para alimentar y sepultar menesterosos, y niños y doncellas huérfanos, y a los criados ya viejos, como también a los náufragos, y si hay quienes estuvieran en minas, en islas, en prisiones únicamente por la causa de nuestro Dios, son también alimentados por la religión que profesan.

7. Y esta práctica de la caridad es más que nada lo que a los ojos de muchos nos imprime un sello peculiar. “Ved –dicen– cómo se aman entre sí” (Vide ut invicem se diligant), ya que ellos mutuamente se odian. Y “cómo están dispues- tos a morir unos por otros”, cuando ellos están más bien preparados a matarse los unos a los otros.

8. Y eso de que nos tengamos por «hermanos» no lo censuran, a lo que pienso, sino por cuanto entre ellos todo nombre de parentesco lo dan únicamente por afecto fin- gido. Pero es que somos también vuestros hermanos por derecho de naturaleza, nuestra madre común, aunque vosotros sois poco hombres por ser malos hermanos.

9. En cambio, ¡cuánto más dignamente se dicen y son hermanos los que reconocen en Dios al Padre común, los que beben un solo Espíritu de santidad, los que, nacidos de un mismo seno de ignorancia, han visto con asombro la misma luz de la Verdad!

10. Mas puede suceder que se nos mire como a her- manos menos legítimos por no haber tragedia alguna que declame acerca de nuestra fraternidad o bien porque usa- mos como hermanos de nuestros bienes familiares, los que entre vosotros rompen la fraternidad.

11. Así que quienes convivimos compenetrados en espíritu y en alma (animo animaque miscemur), no dudamos en comunicar con otros nuestras cosas. Todo entre noso- tros es común, menos las mujeres.

12. En este punto rompemos el consorcio, en el único en que los demás hombres lo practican, pues no sólo usur- pan las mujeres de sus amigos, sino que pacientísima- mente suministran la propia a sus amigos, siguiendo en

Son como los fondos de piedad. Porque de ellos no se saca para banquetes, ni libaciones, ni estériles comilonas, sino para alimentar y sepultar menesterosos, y niños y doncellas huérfanos, y a los criados ya viejos, como también a los náufragos, y si hay quienes estuvieran en minas, en islas, en prisiones únicamente por la causa de nuestro Dios, son también alimentados por la religión que profesan.

143 esto, creo, la doctrina de los mayores y de los más grandes

sabios: del griego Sócrates y del romano Catón, quienes compartieron sus mujeres con sus amigos,176 aun cuando

las desposaron, sin duda, para que les diesen hijos, aunque fuesen de otros, no sé si contra la voluntad de ellas. Por- que, ¿cómo se habían de preocupar ellas de la castidad que los maridos tan baratamente habían dado? ¡Qué ejemplo el de la sabiduría ática! ¡Qué ejemplo de gravedad romana! ¡Alcahuetes un filósofo y un censor!

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