CAPÍTULO 1. EL CORPUS TEÓRICO Y LAS CATEGORÍAS ESTÉTICAS
1.3 EL SISTEMA DE CATEGORÍAS ESTÉTICAS
1.3.3 LO SUBLIME
La manifestación de lo sublime suele identificarse con lo grandioso, elevado, noble, excelso. “La palabra sublime procede del latín sublimis, término emparentado con el verbo sublevo, levantar, alzar del suelo. Con su significado habitual designa algo excelso, eminente o sumamente elevado, y se aplica tanto a fenómenos naturales como a determinadas acciones humanas. En este sentido, son sublimes un huracán, una cascada, el cielo estrellado o el inmenso desierto, así como el comportamiento de los hombres que arriesgan o sacrifican su vida por una noble causa.”57
Para A.S.V., lo sublime no es la categoría suprema por el sentimiento que provoca asociado con la infinitud y grandeza. No propone tampoco su olvido a pesar de la “desaparición” que ha tenido en nuestro tiempo, en la sociedad enajenada, capitalista. No es una categoría que se desdibuje frente a otras ya que tiene rasgos propios que logran identificarla en relación, por ejemplo, con lo bello y lo trágico.
El primer estudio propiamente sobre esta categoría aparece en el siglo I con Longino, en Sobre lo sublime.58 Tiene que ver con la grandeza del alma, referida al lenguaje, al estilo. Contrario a esto, el estilo pseudo sublime, ampuloso.
El inglés Edmund Burke, en Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y de lo bello (1757), refiere como punto importante el placer determinado que provoca lo sublime, y se ocupa así mismo de sus causas y sus fuentes. Dice Burke que lo
57
. Ob. cit., p.201 58
sublime provoca “la emoción más fuerte que el sujeto puede resistir”59 y dentro de dichas fuentes menciona la oscuridad, tanto en sentido de la noche como el de la ceguera mental. Lo son también la presencia de una fuerza terrible, la privación de algo, la soledad, el silencio, la vastedad o grandeza de dimensiones, lo eterno, lo magnífico. Burke logra identificar la diferencia entre lo sublime y lo bello, dada por el objeto en sí que provoca el sentimiento, así como la reacción que desencadena. Dice Burke, citado por A.S.V.: “Los objetos sublimes son oscuros y de grandes dimensiones; los bellos son claros, ligeros, delicados, y relativamente pequeños.”60 Más, los efectos son distintos: lo bello produce placer; lo sublime, acompaña dicho placer con dolor moderado; produce deleite, y este deleite se nutre a su vez del propio placer y del dolor.
Podemos situar a Mendelssohn como antecesor de Kant en algunas cuestiones. Este opone la gracia, considerada como la belleza que carece de fuerza, a lo sublime. Ambos conceptos, por su parte, logran unirse en lo que de espontáneo hay en ambos. Un pensador como Henry Homes of Kames tiene en sus postulados, algunos que presagian la estética posterior, y en parte, a la de Kant. Uno de los preceptos importantes de su obra consiste en la importancia que le atribuye al sujeto, lo que abre el camino a la subjetividad que luego explicaría Kant. Homes descubre además, la grandeza y la sublimidad. El hombre tiene un deseo hacia lo grande, como el cielo y el océano, de ahí que el sentimiento de la grandeza sea intrínseco del ser humano. No provocan, por ejemplo, el mismo sentimiento de lo bello
59
. Burke, Edmund: Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y de lo bello
(1517), citado por Adolfo Sánchez Vázquez: Invitación a la estética, ed. cit., p.204 60
y lo sublime. El primero, produce armonía, regularidad; el segundo produce una emoción diferente, más fuerte.61
Kant, en su Crítica de juicio, opone de cierta manera lo bello y lo sublime. Plantea que lo sublime debe ser siempre grande y lo bello pequeño. Así, lo bello queda a un objeto limitado, mientras que lo sublime está más relacionado con lo ilimitado, es decir, con lo que no se puede “apresar” bien. Para Kant, la base de lo sublime no se localiza en el objeto, a diferencia de Burke, sino en la percepción, en la manera de pensar frente al objeto. Lo sublime, en definitiva, no está nunca en el objeto, sino en la manera de percibirlo, solo cuando tenemos conciencia de nuestra superioridad sobre la naturaleza en nosotros y de esta forma la naturaleza fuera de nosotros. Hasta aquí, podemos entender como el principal aporte de Kant el hecho de concentrar su atención en el sujeto, pero en relación con el objeto, no aislado, así como también, el concentrar la base de lo sublime en percepción que del fenómeno haga el sujeto. No obstante, para Sánchez Vázquez esta superioridad se logra en el justo momento en que “liberados del temor o del horror, nos encontramos a la necesaria distancia para poder contemplarlo.”62
Hegel trata de encontrar lo sublime en el arte principalmente. Es la manifestación sensible de la idea, el espíritu absoluto. Expone Hegel que las diferentes formas de manifestarse la idea en la historia, dieron lugar a tres momentos importantes en el arte: el arte simbólico, el arte clásico y el arte romántico. En estas formas históricas predominan las categorías estéticas de lo sublime, lo bello y la ironía. Lo sublime, para Hegel, es cuando el contenido
61
. Cfr. Bayer, Raymond. Historia de la Estética, ed. cit., pp. 243-244 62
expresado en la obra de arte, no encuentra una unidad en su forma simbólica, por lo que es exterior a ella. Lo sublime se da en Hegel por la inadecuación entre contenido y forma. Consiste en representar lo infinito sin hallar concreción en la forma.
Adolfo Sánchez Vázquez, analiza lo que considera más aportador de Nicolai Hartmann. En su Estética, traza diferentes rasgos para definir lo sublime: por ejemplo, la separación de lo trascendental y aceptación en lo natural; separación de lo cuantitativo; no constituye su esencia lo abrumador ni lo catastrófico; su fundamento no es un disvalor, sino que su valor está en el objeto, en la medida en que es experimentado. Pero lo sublime estético solo se presenta cuando el vuelco hacia lo grande por parte del sujeto se concreta en la distancia de contemplación. Lo sublime para Hartmann está en la grandeza humana como tal.
En la Teoría Estética (1970), Theodor Adorno precisa algunas imperfecciones de la teoría de lo sublime kantiana. Señala, por ejemplo, haber dado el papel principal a la naturaleza, argumentando, por su parte, que lo sublime debía ser la grandeza del hombre al dominar la naturaleza. Ante esto, A.S.V. se pregunta: ¿Qué sucede si el dominio del hombre sobre la naturaleza asume una forma destructiva, como en muchos casos actuales? Y el mismo da la respuesta: entonces lo sublime resulta trágico. Adorno relaciona pues, la naturaleza y el hombre en una relación que pasa por alto Kant, de ahí una limitante.63 Aun cuando reconoce el aporte realizado en cuanto que lo sublime es la “resistencia del espíritu ante el poder desatado”, le hace dos críticas fundamentalmente: una, haber limitado lo sublime a la naturaleza; y dos, haber puesto el sentimiento de lo sublime más en lo moral que en lo artístico.
Lo sublime, como en las demás categorías estéticas, se halla en cierta relación con el hombre. En lo sublime el hombre se eleva ante el peligro, la muerte. Sánchez Vázquez concibe lo sublime natural como algo que no existe por sí mismo, sino en relación con el hombre, al que sobrecoge o asusta en gran medida. Con todo, para apreciar este sentimiento debe existir una estrecha relación con el hombre, ya que si nos apartamos no se puede hablar como tal de la presencia de esta categoría, dada la no apreciación estética propiamente; esto ocurre porque el objeto es todo y el sujeto es nada. Solamente, cuando el sujeto, “sin dejar de sentirse sobrecogido ante lo grandioso o lo terrible, se afirma sin dejarse anonadar, puede hablarse propiamente de lo sublime con una dimensión estética.”64 En esta relación el sujeto puede mantenerse a cierta distancia psíquica y contemplarlo; de ahí que él mismo pueda transformar el sobrecogimiento en goce.
Para A.S.V. esta categoría es “el sentimiento que se despierta en la relación entre la grandiosidad e infinitud de un fenómeno y las limitadas fuerzas humanas […].”65 Sin embargo, cuando la naturaleza sobrepasa en fuerza al hombre y lo aplasta, estamos en presencia de lo trágico y no de lo sublime propiamente. Plantea que lo sublime es lo desmedido en la naturaleza y la vida humana. Esta impresión despierta en el hombre la autoconfianza en sus propias fuerzas. No estamos, por otra parte, ante lo sublime siempre que no se logre afirmar como ser libre. El sujeto siempre tiene que mantener la distancia frente al fenómeno y contemplarlo para que se despierte el sentimiento de lo sublime. El sujeto tiene que afirmarse, y solo se logra mediante la apreciación; mientras esto no ocurra, no se puede hablar de lo sublime estético.
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Donde más plenamente se pone de manifiesto lo sublime es en el arte. Aun cuando sea capaz de provocar sobrecogimiento, este no logra borrar la distancia necesaria para apreciarlo y transformar la experiencia para que tenga un fin gozoso. En el arte, lo sublime existe por la relación entre el contenido y forma, es decir, “por su contenido formado.”66 Lo grandioso, por su forma, es lo sublime estético. Y esto se da solamente en la apreciación que hagamos.