En relación con los adjetivos relevados, puede observarse que la cualidad más atribuida a la mujer es la belleza, lo que se percibe en varios textos. Algunos ejemplos: “hermosa joven, toda mojada”, en “La princesa y el poroto” (El baúl de colores 1); “bella y celosa”, “esposa bella” en “Nace un héroe” (Todos juntos 2); “bella bailarina” en “Un soldadito de plomo” (Perpleja la oveja 3); “bellísima chica”, “la chica estaba maravillosa” en “Caye” (El baúl de
colores 3); “María es linda” en “Diente flojo” (El baúl de colores 3).
El primero de los dones que entregan las hadas como regalo a la princesa recién nacida, en “Un beso mágico” (Soy de primero) es, justamente, la belleza. En segundo lugar, aparece la bondad. En el tercero, la inteligencia, y en el cuarto, la solidaridad. Indudablemente, una reiteración de los estereotipos que condicionan las características de una mujer “ideal”, se- gún el mandato social establecido desde la órbita patriarcal. En este caso, también hay plena coincidencia con lo relevado en las investigaciones efectuadas anteriormente. “La belleza como ‘condición femenina’ constituye un estereotipo clásico de mujer y de niña”, afirma Alejandra Pastor (2009-2010: 3)
El ideal femenino podría resumirse en la casi “obligación” de ser bella y buena. Esta últi- ma cualidad también se observa como muy deseable en la futura maestra de “Josefina pasa a segundo” (Todos juntos 2), cuando la mamá expresa “seguro va a ser muy buena y paciente”.
En nuestra investigación anterior (Alvez, Ritter, Lujan, Monti Carvalho y Nieto, 2012) se había mencionado este aspecto al afirmar lo siguiente:
[…] existe un modelo de lo femenino que se orienta específicamente hacia las exigen- cias de la belleza física, rasgo que se reproduce una y otra vez en los textos analizados, principalmente en los relatos, y hacia otras cualidades que podrían sintetizarse en el ad- jetivo “buena”. Ser buena y hermosa, o sea, estar al servicio de los demás, complacerlos, alegrar e iluminar sus vidas con su dulzura y su aspecto agradable ha sido el estereotipo y la exigencia establecida para todas las mujeres que querían ser consideradas femeni- nas. Más que sujetos con derechos y capacidad de decisión y elección, se las relega al rol de objetos decorativos, promoviendo una imagen reducida y restringida.
Otros adjetivos que caracterizan a las mujeres y aparecen por lo menos dos veces en los textos relevados son “distraída”, “nerviosa” y “celosa”. Dichos vocablos apuntan a la esfera de la emotividad y de la subjetividad, remitiendo una vez más a lo ya determinado como “características del eterno femenino” (Fainholc, 2011: 75)
En los varones, en cambio, se destacan las cualidades consideradas propias del género, se- gún los estereotipos, como la valentía y la posibilidad de ser buenos guerreros. Los ejemplos así lo evidencian: “hermoso y valiente” en “Un beso mágico” (Soy de primero); “valiente”, “un gran guerrero” en “Nace un héroe” (Todos juntos 2); “hombres valientes”, “muy valientes” en “Los tres cosmonautas” (Piedra libre 3); “valiente y guerrero”, “fuerte y temerario” en “El jefe indio” (Piedra libre 3).
subjetividad, roles de género, ProFesiones, Familia: lo Femenino
y lo masculino
A partir de las dicotomías genérico-sexuales que definen las “características del eterno femenino”, se consideraron los estereotipos socioculturales que ordenan y determinan los rasgos identificadores de lo femenino y lo masculino (Fainholc, 2011: 75). De acuerdo con ello, y sin pretender la realización de un análisis exhaustivo, que excedería los límites de este trabajo, se destacarán algunos aspectos relevantes para contribuir a la desnaturalización de la mirada a partir de la perspectiva de género promovida en este artículo.
En la mayoría de los cuentos relevados el protagonista o los protagonistas son varones e inclusive instalan su predominio ya desde el mismo título. Ej: “El sastrecillo valiente” (El
baúl de colores 1), “El gigante egoísta” (Soy de primero), “Los tres cosmonautas” (Piedra libre 3), “Agustín y el meteorito” (Perpleja la oveja 3), “Príncipe hechizado” (Soy de tercero), entre
otros. Las protagonistas son menos, y se remiten en muchos casos a los cuentos maravillosos tradicionales, en adaptaciones o con versiones actualizadas, que en varias oportunidades solo reiteran estereotipos: “La princesa y el poroto” (El baúl de colores 1), “Caye” (El baúl de colo-
res 3), “Un beso mágico” (Soy de primero), “La Cenicienta” (Mi amigo Umi 2), “Caperucita
roja” (Mi amigo Umi 2). También puede considerarse estereotipada la figura de la mujer al asumir otros roles, por ejemplo como madre sobreprotectora y autoritaria, en “La princesa y el poroto” (El baúl de colores 1).
Se advierte también en el presente análisis cómo son los varones representados en las figuras masculinas quienes ejercen el poder, personifican la autoridad y toman las decisiones, en casi todos los textos narrativos analizados. Por ejemplo: el sultán en “Aladino y la lámpara
maravillosa” (Soy de primero); Francisco, el intendente de Bremen, en “Buenos amigos” (Soy
de primero); el comisario de “El día en que llovieron buñuelos” (Mochila al hombro 2), o el
rey que nombra consejero al sastrecillo valiente (El baúl de colores 1). De esta configuración iconográfica que enaltece a los hombres, otorgándoles determinadas cualidades relacionadas con destacados roles políticos y sociales, se desprende que los personajes masculinos son más relevantes y con mayor peso. De esa manera, en forma subyacente se afirma el rol pasivo, su- bordinado y sumiso de las mujeres. Sin embargo, hay algunas excepciones, como la reina de “La isla que flota”(Giralunas 3), una señora común, la Ferramosca, pero “enérgica y de pocas pulgas” que se convierte en la primera soberana por un “episodio heroico”, ya que pudo freír al pez que aterrorizaba a los habitantes de la isla.
En este aspecto hay coincidencia total con lo expresado por Etxaniz Erle (2004: 88-89) quien manifiesta: “Todos los oficios que implican algún poder corresponden a personajes masculinos (rector, subdirector, alcalde, etc.)”.
Si se profundiza un poco más el análisis de algunos textos mencionados, se observa que la curiosidad, la osadía, la valentía, la aventura, el riesgo, parecen ser atributos de los varones. La mujer aparece generalmente en una situación de espera y pasividad, como ya se ha mani- festado. Por ejemplo, en “Aladino y la lámpara maravillosa” (Soy de primero), el Sultán posee el poder político y es el padre de Halima, la única mujer, quien se encuentra en una relación de subordinación. El genio tiene la potestad de conceder los deseos y modificar la vida de Aladino. Este, a su vez, no se arredra ante la aparición y solicita viaje, riquezas y amistad con la hija del gobernante. Ella aparece en un rol pasivo ya que se limita a aceptar la amistad deseada por el joven y propiciada por el genio.
Cuando el protagonismo está ejercido por alguien del género femenino, pueden obser- varse estas tendencias:
a. La clásica y bella princesa que espera al príncipe azul, con quien podrá ser eternamen- te feliz y cumplir todos sus sueños, como en “Un beso mágico” (Soy de primero), o “La Cenicienta” (Mi amigo Umi 2).
b. La niña que rompe con las reglas, como Ricitos de oro (Soy de primero), una chiquilla “un poco traviesa y curiosa”, que aparece como impulsiva (“no lo pensó ni un segun- do”) y entra a la vivienda de la familia de los osos “sin pedir permiso”.
c. La mujer que, por su emotividad y afectividad, incurre en una falta. Tal es el caso de Merenwen, de “El árbol de las varitas mágicas” (¡De la puerta al sol 3!), “hada distraí- da”, que se emociona al encontrar su varita y comete un grave error.
d. La bruja, generalmente “muy fea y malvada”, como en “Brujas eran las de antes” (Todos juntos 2).
Ricitos de oro emerge con una actitud muy activa en su rol protagónico, pero esto no es visto como algo positivo. Es más, el episodio debe servirle para aprender que “para entrar a un lugar, primero hay que pedir permiso”. Pensemos si sería el mismo cuento, con idéntica ideología, en caso de ser un varón el protagonista. En ese caso, probablemente se incentivaría esta actitud curiosa y se lo vería como detective o investigador. En forma reiterada, se percibe de qué manera los estereotipos confluyen para afianzar las diferencias y las representaciones naturalizadas acerca de cómo deben ser y actuar los dos géneros.
No obstante esta situación, podemos encontrar algunas excepciones en los textos anali- zados, que evidencian un avance en cuanto a las concepciones estereotipadas. Por ejemplo, Mariana, la protagonista de “Un viaje en calesita” (Giralunas 3), vive una aventura especial al realizar un desplazamiento en el tiempo, y viajar hacia una época pasada.
En relación con la distribución de las actividades domésticas, generalmente son las mu- jeres quienes efectúan las tareas del hogar, cocinan para todos los miembros de la familia, y cuidan a los niños. Por ejemplo: “El día en que llovieron buñuelos” (Mochila al hombro
2), “Historia con leche” (Perpleja la oveja 3), “Una mañana complicada” (Todos juntos 2),
“Devuelvan a ese chico” (Giralunas 3), en donde el personaje femenino de la mamá aparece ubicado en el entorno familiar, cuidando a su bebé Andresito. También en esta cuestión hay coincidencia total con el informe de la Association Européenne Du Côté Des Filles (Imagi-
naria, 2000), que expresa: “En el contexto de la escasez flagrante de personajes femeninos,
una mujer de cada dos está, en los álbumes de los tres países, encargada de las funciones maternas y domésticas”. Estereotipo relacionado esta vez con la distribución del trabajo para cada género y de los ámbitos de acción específicos. A la mujer se la relega al plano del hogar, con el altisonante título de la “reina de la casa”, cuando en realidad se cercenan sus posi- bilidades de crecimiento personal y profesional. En nuestra sociedad, el trabajo doméstico carece del prestigio y del reconocimiento que posee un puesto asalariado.
En alguna escasa ocasión, como en “Ricitos de oro” (Soy de primero), las tareas del hogar son realizadas en conjunto por la familia de los osos: “Un día, después de ordenar, limpiar, hacer las camas y preparar una rica sopa para la cena se fueron los tres juntos a pasear.”
Cuando las mujeres aparecen desempeñando profesiones, generalmente se encuentran al servicio y al cuidado de otros, en una extensión del rol maternal, por ejemplo maestra, como en “La nueva y yo” (Perpleja la oveja) y “Josefina pasa a segundo grado” (Todos juntos 2). Los varones, en cambio, ejercen profesiones más independientes y socialmente más reconocidas,
con mayor prestigio y mejor remuneración económica, como ingenieros y médicos, en “Mis- terio en la ciudad” (Perpleja la oveja 3).
En los relatos analizados, con frecuencia es el varón quien posee algún oficio o ejerce determinada profesión y, por lo tanto, realiza tareas remuneradas fuera o dentro del hogar: el zapatero de “Una importante ayuda” (Soy de primero), el pescador Pedro en “Grandes de- seos” (Soy de primero), el detective en “Lupertius se enoja los jueves” (¡De la puerta al sol! 3), el cuidador del zoológico en “Los elefantes pintores” (Giralunas 3), el comisario en “El día en que llovieron buñuelos” (Mochila al hombro 2). En “Paisaje que sube y baja” (El baúl de
colores 2) tanto el papá de Alejo Huachi como su mamá son artesanos; uno hace tinajas y la
otra teje ponchos, pero solo él aparece en el texto con un oficio. Es alfarero; sin embargo, no se dice que ella sea tejedora. La falta de reconocimiento del trabajo femenino es otra cuestión que estigmatiza y condena a las mujeres a la exclusión.
Al respecto, la Association Européenne Du Côté Des Filles indica en su informe: “La je- rarquía que los álbumes transmiten a los niños es esencialmente la del trabajo. Trabajo ‘mas- culino’, retribuido y/o prestigioso, trabajo ‘femenino’ gratuito y a veces humillante. […] En los tres países los álbumes niegan a las madres todos los roles sociales y políticos y conceden una vida profesional sólo a 14 madres de las 255 en total” (Imaginaria, 2000). Etxaniz Erle (2004) expresa, luego de analizar los textos de la LIJ vasca que “hay un evidente desequilibrio en detrimento de las mujeres. Solo 17 aparecen desempeñando algún trabajo frente a 95 hombres con oficios definidos”. Podemos establecer relaciones muy claras entre la situación planteada por estos estudios y los resultados que hemos obtenido actualmente.
Sin embargo, existen algunos avances, mínimos en cuanto a porcentajes. La mujer puede aparecer desempeñando trabajos no convencionales, como colectivera en el caso de Merce- des, la conductora del “Colectivo dragón” (Todos juntos 2). En el análisis de la iconografía de los textos relevados durante el año 2010 por nuestro equipo, ninguna fémina conducía un vehículo, ni siquiera para trasladar a sus hijos. Nueva contradicción con lo que refleja el mundo actual, en donde la mujer no solo es capaz de conducir un automóvil, sino también una universidad, una empresa o un país.
Como contraparte, en el texto “Una explicación” (Giralunas 3) encontramos una mayor relación con el mundo real y con la sociedad contemporánea. La mamá de Joaquín es mos- trada iconográficamente con el cabello de color castaño y largo, muy coqueta, y trabajando en su casa, en su escritorio, con la computadora. Se considera, por lo tanto, al personaje femenino como bello e inteligente, capaz de desarrollar actividades intelectuales y de cierta complejidad.
Aparecen, además, situaciones en donde la madre sale de su casa para ir a trabajar, como ocurre en “Caperucita roja y contagiosa” (¡De la puerta al sol!2) o se observa el caso de Eu-
genia, en “Historia con leche” (Perpleja la oveja 3), la chica que viaja a la Capital, a cumplir un servicio por horas. Con ello, se evidencian situaciones en las que la mujer asume otras responsabilidades en el ámbito laboral, incursionando también en los espacios públicos, y no solo en los lugares privados y hogareños.
En lo que respecta a los estereotipos étnicos, puede percibirse que las niñas, adolescen- tes y mujeres presentadas en la iconografía son de piel blanca, y cabellos rubios, castaños o pelirrojos, como en “Un beso mágico”(Soy de primero). Este aspecto puede relacionarse con lo ya mencionado por Alejandra Pastor (2009-2010: 6), cuando habla de un “estereotipo
ario”, inclusive en países que no pertenecen a esa etnia. Un ejemplo claro de este “ideal” es la imagen de Ricitos de oro (Soy de primero): una niña blanca, con pequitas, cabello rubio y enrulado, y ojos marrones. Imagen, sin duda, asociada a un prototipo de belleza y vinculada a ciertas concepciones como “deseable”.
En escasas ocasiones se muestra a las féminas con la piel trigueña o morena, o con rasgos propios de los pueblos originarios, como en “Paisaje que sube y baja” (El baúl de colores 2).
Por otro lado, también es notable el predominio de lo masculino en la asignación de
nombres propios, lo que proporciona mayor visibilidad y reconocimiento social. En “El ár- bol de las varitas mágicas” (¡De la puerta al sol! 3), el abuelo mago posee el nombre de Maglor y así se lo menciona en varias oportunidades. En cambio, la niña que escucha la historia re- latada por el hechicero no tiene nombre, y solo figura como su nieta. En numerosos casos se percibe esta pérdida de la individualidad y de la identidad de las féminas, fenómeno propio de una sociedad patriarcal. Las mujeres son “la esposa de, la hija de, la nieta de”, convertidas así en simple apéndice del hombre, sin vida propia. Omitir el nombre o mencionar a alguien solo a través de sus vínculos parentales significa también negar la visibilidad y los derechos inherentes. Implica desconocer o quitar la autonomía y la libertad individual.
En relación con los modelos de familia que se evidencian, también hay similitudes con los estudios analizados y que sirven de antecedentes para esta investigación. Se presenta a una familia tradicional, biparental, heterosexual, como en “Historia con leche” (Perpleja
la oveja 3), “Un beso mágico” (Soy de primero), “La casa más limpia del barrio” (Mauro y Emilia 1)sin considerar la existencia de una diversidad de modelos familiares en la com- pleja sociedad actual.
Por otro lado, y como ya se percibió a través de algunos ejemplos, varios textos pueden ser leídos e interpretados en clave de parodia. Por ejemplo: “La isla que flota” (Giralunas 3),
“La etiqueta en el zapato” (¡De la puerta al sol! 2), “El mapa del tesoro” (¡De la puerta al sol!
3), “Caperucita roja y contagiosa” (¡De la puerta al sol! 2). Pensamos que con ello se tiende
al siguiente objetivo:
La parodia permite a los textos infantiles tematizar y a su vez leer desde una distancia crítica los lugares comunes de la literatura infantil y juvenil, sus marcas fosilizadas. Por otra parte su necesaria referencia a otros textos o géneros parodiados obliga al juego intertextual; es decir a la apelación a otras obras, géneros, personajes, estilos [...] de la literatura infantil y juvenil, o incluso de la serie literaria o de la cultura en general. (Bajour y Carranza, 2005)
No obstante, es necesario indicar que, aún desde la mirada paródica, los estereotipos están presentes, y muchas veces remarcando actitudes extremadamente machistas, como en el cuento “El año nuevo de Felisa” (Vamos juntos a 1), donde la protagonista es presentada como “la tía solterona”, una persona que “siempre estaba en la Luna” y “nunca había conse- guido novio”. Su máximo deseo era: “Que aparezca mi príncipe azul en un caballo blanco, que nos casemos, seamos felices y comamos perdices”.