KARI WEINER estuvo confi nada en una silla de ruedas (izquierda) durante siete años a causa de una distonía, una alteración que origina espasmos musculares incontrolados. En la actualidad (derecha), camina sin ayuda gracias a unos electrodos, alimentados por una batería, implantados en su cerebro cuando tenía trece años y a las operaciones de cirugía que corrigieron sus músculos retorcidos y alargaron sus tendones.
CORTESIA DE AUDREY WEINER (
IZQUIERDA
); PETER MURPHY (
DERECHA
éticas, becas que dejaron de otorgarse e investigadores que se encaminaron hacia otras áreas, sobre todo la psicofarmaco- logía, que parecía un camino mucho más seguro y efi caz para tratar las alteraciones cerebrales que la estimulación cerebral o la cirugía. A lo largo de los diez últimos años, sin embargo, las investigaciones sobre implantes cerebrales revivieron, es- poleadas por los avances en informática, electrodos, microelectrónica y técnicas de formación de imágenes, así como por el reconocimiento de las limitaciones de los fármacos en el tratamiento de las enfer- medades mentales.
Rodríguez Delgado declara que los investigadores actuales no mencionan sus trabajos por ignorancia, no porque fuera una persona controvertida; al fi n y al cabo, la mayor parte de las bases de datos actuales no incluyen traba- jos de las décadas de los cincuenta y se- senta, sus años de mayor productividad. Está emocionado por el resurgimiento de la investigación sobre estimulación cerebral porque aún cree en su capaci- dad para librarnos de las enfermedades psiquiátricas y de nuestra agresividad in- nata. “En un futuro próximo”, dice, “creo que seremos capaces de ayudar a muchos seres humanos, sobre todo con métodos no invasivos”.
Los sucesores de Rodríguez Delga- do se han hecho algunas de las mismas preguntas que él se planteó acerca de los posibles abusos de la neurotécnica. No han faltado quienes expresen su temor de que los chips cerebrales permitan que una “organización controladora en- tre en la materia húmeda situada entre nuestras orejas”, tal y como escribió el columnista del New York Times William Safi re. Un editorial reciente de Nature expresaba su preocupación porque los funcionarios de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de la Defen- sa, uno de los principales fi nanciadores de la investigación sobre implantes ce- rebrales, hubieran considerado abierta- mente la posibilidad de implantar chips cerebrales en soldados para aumentar su capacidad cognitiva.
Pero Kevin Warwick, especialista en informática, defi ende que los riesgos de los chips cerebrales son menores que
sus potenciales benefi cios, que incluirán “descargar” instantáneamente idiomas nuevos u otras habilidades, controlar los ordenadores y otros dispositivos con nuestros pensamientos y comunicarnos telepáticamente unos con otros. Rodrí- guez Delgado predice que la neurotéc- nica puede no llegar a avanzar tan lejos como mucha gente teme o espera. Las aplicaciones previstas por Warwick y otros, puntualiza Rodríguez Delgado, requieren conocer cómo codifi ca el ce- rebro la información compleja, algo que los neurocientífi cos están lejos de con- seguir. No obstante, aprender mecáni- ca cuántica o un idioma nuevo implica “cambiar lentamente conexiones que ya están allí”, dice Rodríguez Delgado. “No creo que puedas hacerlo de repente”. La estimulación cerebral, añade, sólo puede modifi car habilidades y capacidades que ya tenemos.
JOHN HORGAN, director del centro de pu- blicaciones científi cas del Instituto Stevens de Técnica de Hoboken, Nueva Jersey, formó parte de la plantilla de Investigación y Ciencia entre 1986 y 1997. Entre sus obras se encuen- tran The End of the Science, The Undiscovered Mind y Rational Mysticism.
BRAIN CONTROL: A CRITICAL EXAMINATION OF BRAIN STIMULATION AND PSYCHOSUR- GERY. Elliot S. Valenstein. John Wiley and Sons, 1973.
CONTROL CEREBRALDE ROBOTS. Miguel A. L. Nicolelis y John K. Chapin, Investigación y
Ciencia, págs. 6-14; diciembre 2002.
REBUILT: HOW BECOMING PART COMPUTER MADE ME MORE HUMAN. Michael Chorost. Houghton Miffl in, 2005.
Bibliografía complementaria
6.
RODRIGUEZ DELGADO, que sostienedos de sus implantes cerebrales en una fotografía tomada en agosto, piensa que la humanidad debería cambiar su misión, pasando del viejo aforismo “Conócete a ti mismo” al novedoso “Constrúyete a ti mismo”.
Myc: ¿Podría explicitarlo?
Mausfeld: El hombre busca lo con- creto. Imaginamos los átomos como pequeños sistemas planetarios y pen- samos en la corriente eléctrica como algo que fluye (y no como una ecuación de Maxwell). Muchos, científicos in- cluidos, consideran algo concreto las imágenes de RMf, una suerte de vi- sualización de los procesos psíquicos, cuando no respuestas concluyentes a cuestiones investigadas por la psicolo- gía. Y ello no es verdad. Las imágenes sólo aportan información sobre proce- sos metabólicos del cerebro desarro- llados mientras el sujeto lleva a cabo una determinada actividad psicológica. Las correlaciones constatadas son por supuesto interesantes, pero requieren a su vez una interpretación. No debe- ríamos olvidar que, de momento, no se conocen qué principios físicos se hallan en la base de qué fenómenos psíquicos. Además, tiene que aclarar- se la correlación entre los fenómenos psíquicos y el metabolismo cerebral, no sólo los fenómenos en sí.
Güntürkün: En mi opinión habría que distinguir entre dos conceptos: la mani- festación externa de la psicología, por un lado, y los mecanismos internos de la misma, por otro. Si nos atenemos al reconocimiento público de la discipli- na, su “propaganda”, resulta evidente que le ha prestado una gran ayuda la irrupción de las neurociencias. Por vez primera en la historia de la psicología, las cuestiones relacionadas con el cere- bro dominan en los medios de difusión. Y no se trata de determinados procesos moleculares sinápticos, sino de sentir, pensar, aprender, rasgos de personalidad y demás.