CAPITULO VII LA POESIA ARABE
LOS MISTERIOS DE LO ASTRAL O DEL MUNDO DE LOS DESEOS
Los misterios de lo astral están relatados en la “HISTORIA DE MAHMUD” que dice así:
“Mahmud” había nacido en ínfima familia y ejercía el humilde oficio de cargador. Un día ganó cinco dinares en una boda y con ellos compró a un saltimbanqui un mono, y como no tenía casa, de ordinario dormía en los portales de la plaza pública.
Cuando fué con su mono a pasar la noche en una casa derruida, con el colmo del asombro, vió que el mono en cuestión era un lindísimo genni, quien, al punto le hizo servir, por arte mágica, el más suntuoso de los banquetes. Luego el supuesto mono le dijo:
—Desenvuelve este paquete, que contiene unos gruesos diamantes de incalculable valor. Con uno de ellos te presentarás mañana al rey y le dirás que si no posee él otro diamante igual, te tendrá que dar la mano de su hija; pero una vez que le hayas mostrado los diez diamantes y te haya concedido a la joven, te cuidarás muy bien de consumar el matrimonio hasta que yo te lo diga. Obedéceme en todo, pues de lo contrario te puede costar la vida, y me traerás también el brazalete de su nodriza.
Sorprendido Mahmud con aquellas revelaciones, y frotándose los ojos, como el que no da crédito a lo que ve, se encontró de nuevo, sin saber como, y cou el mono a su lado, durmiendo entre las ruinas.
Pero al día siguiente vióse, en efecto, con los diez soña dos diamantes, y se encaminó con ellos al palacio, sucedióle punto por punto con el rey lo que el mono le había predicho.
El rey le cedió la mano de su hija; pero Mahmud se abstuvo de unirse con su esposa, y cogió el brazalete de su nodriza y le entregó al mono. Sin embargo, sin darse cuenta de lo que acaecía, se encontró de nuevo el buen Mahmud, como el día anterior, durmiendo al lado de su mono y entre las ruinas.
Temiendo perder la razón, ante aquella inexplicable metamorfosis, fuese a casa de un astrólogo, quien le previno diciendo:
—¡Infeliz! Aquel mono es un genni rebelde, que sólo quiere tu perdición. Prendado el infame de la hija del rey, ha querido apoderarse de ella tomándote a tí como débil instrumento, a. fin de que la despojes de su brazalete-talismán que, para preservarla de todo maleficio, le guarda su nodriza. Si quieres evitar la catástrofe que te amenaza, ve a tal y tal pasaje con este billete que te escribo y que entregarás al rey de los invisibles genios protectores de la humanidad.
Asustado el joven, obedeció al astrólogo y caminó tres noches con el billete en cuestión por desiertos y pavorosos parajes que planta humana jamás holló.
Al tercer día de su viaje, vió en el desierto, vagar aquí
y allá luminosas antorchas llevadas por seres invisibles, las que, por sus acompasados movimientos le indicaron también a su invisible rey, quien, tomando el billete al momento hizo traer al mono para que vomite el brazalete que había, engullido.
Al volver entre los hombres, Mahmud, sin saber cómo, se vió casado con la hija del rey, heredando el reino de allí a poco y debiendo ser feliz con su esposa por el resto de sus días.
Pero pasadas las primeras embriagueces del trono, vió el sultán Mahmud que estaba ya aburrido de la vida. Cierta noche, se le presentó, surgida, no se sabe donde, la sombra de un Cheik del Magreb lejano. Era el magrebita un sacerdote de centenares de años que poseía una majestad suprema y -dijo:
—¡La paz sea contigo, Sultán Mahmud! A tí me envían mis hermanos, los santos del extremo occidente, para hacer que te des cuenta de los beneficios que debes al Retribuidor.
Y al decir ésto, le cogió la mano como a un niño llevándole a una de las cuatro ventanas que tenía el aposento.
—¡Mira! — siguió diciendo el Cheilc al Sultán al par que le mostraba la llanura en la que percibió Tin inmenso ejército que se precipitaba sobre la ciudadela desde las lejanías del monte Makattam.
—¡Ha llegado la hora de mi destino! — gimió angustiado el Sultán, mientras unas manos invisibles cerraban la ventana, abriéndola de nuevo con el panorama otra vez de la pacífica y opulenta ciudad.
De igual modo el Cheik le fué llevando sucesivamente hacia las tres ventanas restantes. En la del Este vió primero a la ciudad querida ardiendo por los cuatro costados; y después, feliz y tranquila como antes. En la del oeste vuelve a ver a la capital inundada por el agua y luego restituida, en un instante, a su anterior ser.
Por último, tras la ventana del norte, vió a. su corte raída de la faz de la tierra, y a un desierto inmenso ocupando su lugar bajo el conjuro del anciano que le dijo:
—Mañana el desierto se unirá con el desierto através de las llanuras.
Y un instante después volvió a presentarse el panorama alegre de la ciudad pletórica. Hecho esto, el cheik llevó el sultán, sin resistencia, a un pequeño estanque, donde se hundió la cabeza, haciendo-lo ver por un par de segundos a más de inmersión, una gran escena de los horrores, en el que el mismo sentía como el protagonista, que consistía en lo siguiente:
Vendo una nave de recreo, se produjo un naufragio en el pie de una alta montaña que dominaba el océano, todo. Como el único sobreviviente del naufragio, se encuentraba rodeado por bárbaros, que o ven como un objeto extraño y despreciable, riéndose de él sin piedad.
- Para que lleva consigo tanto hierro inútil? dicen lo, despojándolo de la joyería. Ven a trabajar y, ya que ni para esto sirve, vamos a utilizarlo como una bestia de carga.
Y diciendo esto, les puso a empujar continuamente una rueda de molino, azotando sin piedad tiendo como único alimento un puñado de frijoles por cinco años.
Al cabo de ese tiempo el derrumba el molino y huye a una ciudad distante del extranjero, donde es muy bien recibido. Sin embargo, para cumplir con las leyes del país, se casan en la primera mujer vieja o joven, que salió ese día por la puerta del "hammam", y esa mujer era la más terrible de todas, con la cuál tuve que vivir durante cinco años y con quien tuvo varios hijos ...
Todo esto, todas estas escenas - repetimos - se llevó a cabo durante ese breve momento de la inmersión.
Cuando el sultán volvió en sí, le preguntó: - ¿Dónde estoy?
- Sultan Mahmud, estás en tu reino.
- Así fue, por suerte, una pesadilla?! , exclamó. Y estoy muy agradecido una vez más convertirme en el Señor de los Señores después de haber naufragado, servido de distracción para bárbaros y, en última instancia, mártir y el asno miserable!
Así el Cheik, disolviéndose en la bruma de la mañana, dije:
- Sultan Mahmud, adiós! Ya se cumplió a tu lado la misión confiada a mí por mis hermanos, los Maestros, para que te dese mejor cuenta de los beneficios realizados a usted por el Retribuydor y que parecías no entender o agradecer.
Mahmud sintió el frío de la muerte y se comprometió a ser, a partir de ahora, muy agradecido por su suerte.
Esta historia explica claramente los tormentos que el hombre puede sufrir en el mundo Astral o de Deseos durante la iniciación o después de la muerte.
El mundo astral es la cuarta dimensión del mundo. En ella el hombre vive todos los dolores y sufrimientos causados a los demás y aprende lo cuanto es difícil soportar el dolor que causó. Existe, además, el sufrimiento allí es mucho más fuerte, porque no hay cuerpo físico que lo mitigue un poco.
Hay otra característica peculiar de esta etapa de la existencia: que el hombre no puede medir el tiempo de lo Astral, por lo que cada segundo de intenso sufrimiento se considera una eternidad.
El santoral cristiano nos da el siguiente ejemplo:
Un ángel se le apareció a un paciente, que era santo, y le dijo:
- ¿Cuál te gusta más? Viven dos años más enfermo o morir y pasan dos horas en el Purgatorio?
El hombre bueno, por supuesto, eligió la segunda opción. Pero aún no habían se pasado dos minutos en el purgatorio, cuando comenzó a quejarse de lo Ángel, creyendo que había sido engañado por él, porque, como sentía, ya parecía estar allí bien más de 2 años!
Entonces el ángel le hizo regresar a su propio cuerpo, que aún estaba caliente, y le dijo: - Y ahora, ¿qué dices?
Esto es lo que nos cuenta la historia de Mahmud.
Capítulo XII