Los motivos por los cuales se cometen violaciones al derecho a la vida son explicados, o no, de muchas maneras por las mujeres. Las razones son múltiples y no es fácil iden- tificarlas en todos los casos; en unos las mujeres no hacen referencia al porqué, más allá
de que lo denunciaron o lo acusaron; en otros simplemente la víctima estaba allí; o la comunidad o el territorio forman parte de la disputa de la guerra.
Dichas razones son parte de los contextos próximos a los hechos y de la decisión tomada por los perpetradores, aunque en general éstos asocian su acción a un supuesto compor- tamiento de la víctima o la comunidad afectada. Algunos de estos contextos próximos a la violación, o de las razones esgrimidas por los responsables, son: la participación en movimientos políticos o sociales, o el liderazgo comunitario; la resistencia a las “vacu- nas”, a acatar órdenes, o la negativa al reclutamiento forzado; la supuesta colaboración con los grupos armados; la represalia por la denuncia de violaciones sufridas; los civiles presentados como guerrilleros muertos en combate para obtener beneficios económicos; el fuego cruzado; incluso como castigo o retaliación contra personas que regresaron a sus comunidades después del desplazamiento; o porque los confundieron con otros, aunque esta es a veces una razón esgrimida a posteriori por los perpetradores o una explicación que trata de encontrar una respuesta a algo que no lo tiene por las víctimas. Estos son algunos de los aparecen mencionados de forma más reiterada por las mujeres en sus testimonios.
La participación en movimientos políticos o sociales
El ejercicio del derecho a la participación en diversos escenarios, ya sea de naturaleza política, social o comunal, es una razón frecuente que se enuncia para encontrar una respuesta de muchos asesinatos y ejecuciones extrajudiciales. La muerte de militantes de partidos políticos de oposición, sobre todo de movimientos de izquierda incluidos varios candidatos presidenciales, es una muestra de intolerancia por la expresión de ideas contrarias a un discurso y práctica tradicional. Personas vinculadas al Partido Comunista y a la Unión Patriótica fueron particularmente afectadas, en violaciones de derechos hu- manos que comenzaron poco después de la constitución de la UP a partir de mediados de los años 80. Frecuentemente las víctimas aparecían en listas y previamente habían sido amenazadas. A pesar de ello muchas de estos militantes políticos siguieron adelante con su trabajo, aunque fueron poco a poco desapareciendo como parte de una estrategia de exterminio
Antes vivíamos en Santander de Quilichao de donde era oriundo mi esposo, antes de que lo mataran. Un día, eso fue un 26 de abril, que lo tengo tan presente, nunca en la vida se me va a olvidar… A él lo tenían en una lista, porque pues como él
había sido concejal anteriormente, había sido militante de la JUCO [Juventud Comunista], del Partido Comunista y de la UP. Entonces usted sabe que esas
personas así, los mismos gobiernos, el mismo Estado los manda desaparecer, así mismo como desaparecieron a todos los de la UP. A él lo habían amenazado, pero
era fiel a sus ideales. Yo le había dicho que nos fuéramos de ahí, pero él era una
persona muy terca por sus ideales y nunca quiso irse. Corinto, Cauca, P.180.
A pesar de que la mayoría de las víctimas de ejecuciones y desapariciones forzadas fueron hombres, también numerosas mujeres que participaban en el movimiento fueron víctimas
directas. A pesar de las denuncias de estos hechos, siguieron produciéndose durante años y las personas que lograron sobrevivir lo hicieron desplazándose, ocultando su identidad o en el exilio.
Empezaron a llegarme datos de que “vimos la lista que tienen los paramilitares y usted está ahí”. Hubo un amigo de uno de mis hermanos que le mostró la lista y le dijo: “vea es que su hermana está ahí, se llama Juliana, se transporta en una moto de tal color, tal marca, el esposo ya muerto”. Entonces yo aparecía en esa lista, y entonces, pues bueno siguieron con los demás camaradas del Partido, los siguieron asesinando… En la lista estábamos 11 funcionarios de la alcaldía que
debíamos ser asesinados. Ya habían asesinado 10 y faltaba yo, entonces, pues la última era yo y habíamos quedado si acaso 3 o 4 del Partido Comunista... Barrio Chinita, Barranquilla, Atlántico, 1995, P. 594.
Militante de la UP asesinada
Comenzamos a participar políticamente, cuando estábamos constituidos como un movimiento político de la Unión Patriótica en el año 87. Con mi compañera ya
habíamos estado en las tertulias y ella acababa de tener una bebé, y el día que a ella la desaparecen fue el 12 de abril. La niña nació el 4 de marzo y me pidió ella que la acompañara a hacer unas diligencias. Ahí fue la última vez que la vi. Al otro día ya llega su hermana a buscarla que le había dejado la niña, entonces yo ahí me asusté, dije: “cómo que ella se va con él y va a dejar la niña recién nacida, eso me parece raro”. Ahí mismo vinimos a la prensa, vinimos a la sede a buscar los dirigentes de la Unión Patriótica y a decirles: “mire, parece que Isabel no está y no
se ha quedado la noche anterior”. Yo ya tenía el mal presentimiento, porque o sea
éramos tan entrañables amigas, yo ya presentía, yo me acordaba de la mirada de
ella. Comenzamos a hacer las denuncias en la radio y hasta en televisión se pasó el
mensaje de que se le respetara la vida, que era una madre de una niña de 35 días de nacida, que por favor le respetaran aunque sea la vida a ella. Ahí comenzamos a hacer las denuncias y nada que se encontraba. Ella a cualquier parte que se iba siempre me decía “me voy para tal parte”, yo era como decir su sombra y ella también conmigo,
éramos así. Cuando esos días ya hicimos la denuncia ante la Fiscalía, así por allá a
mí me dijeron: “si usted no quiere que nada le pase deje de estar señalando a tales
agentes del Estado”. Como a los ocho días llegó Semana Santa y… fue que un familiar
mío que trabajaba con comunidades indígenas en Totoro me dijo: “allá la gente no quiere hablar porque los han amenazado, pero vaya, vea que parece que por allá
ha habido bala, en el puente yendo para Totoro”. Yo me asusté, los nervios, empecé
a atar cabos de que nos habían amenazado a otra compañera también la habían cogido y la habían arrinconado en la calle le habían dicho: “ustedes dejen de estar
molestando”, con frases soeces y toda esa vaina y de allí seguimos. Yo ya fui y le avisé
la familia. La familia esperaba que ella apareciera con vida y desde un principio mi presagio era que a ella tenían que respetarle la vida, ella no había hecho nada.
Nosotros militábamos, nosotros no teníamos ninguna intención. No la dejaron ser madre y entonces, teníamos la esperanza que apareciera con vida pero no fue así.
Apareció muerta, torturada, con siete balazos. Popayán, Cauca, 1987, P. 315.
El pertenecer a un movimiento social, ya sea de índole comunal, barrial o sindical, fue otro pretexto para matar a dichas personas. Desde una perspectiva contrainsurgente, estas personas han sido consideradas como gente organizada, que protesta y exige sus dere- chos, lo cual se constituye en un obstáculo serio para las pretensiones de control de distin- tos sectores económicos, políticos o militares. Muchas de ellas han sido señaladas de ser parte de organizaciones guerrilleras simplemente por participar en dichos movimientos sociales. En el siguiente caso, la víctima participaba en el movimiento estudiantil, lo que se constituyó en el móvil del asesinato posterior a la muerte de otro estudiante en una acción antidisturbios con fuego real en Cali.
A raíz de esas amenazas, mataron a un estudiante de la Universidad del Valle que
era el representante estudiantil y que era muy cercano a nosotros acá en el Cauca.
Mataron a ese estudiante, Julián Andrés Hurtado se llamaba, que de hecho pues estaba también protagonizando varias movilizaciones en conmemoración del ase- sinato de otro estudiante que un año antes habían matado que se llamaba Jhony
Silva. Popayán, Cauca, 2006, P. 309.
La resistencia a las “vacunas”
Las “vacunas” que no son otra cosa que las extorsiones económicas realizadas por grupos armados no estatales, han sido una forma tradicional de financiación de estas organiza- ciones. El solicitar mediante la fuerza o la amenaza de su uso, una suma de dinero les ha permitido recaudar fondos para su subsistencia. La resistencia a pagar o a colaborar de alguna forma con el poder impuesto ha sido la causa de otros asesinatos.
A él lo mataron acá y no se pudo comprobar quién pero para mí fueron los mismos reinsertados. Porque él trabajaba vendiendo mangos en la escuela y a él ya le habían pedido la vacuna. Entonces él se les enojó y dijo que él no daba vacuna, que él si era posible entregaba ese puesto pero que él estaba trabajando para la comidita de él y para su esposita, y que el trabajar para otro que no sabía. Para tener un arma al hombro no trabajaba, que ya le había sucedido con su hijo y lo había perdido, pues entonces no le pagaba. Él llegó muy enojado y le dije yo: “eso se maneja con más prudencia”, porque aquí es a toda hora que la vacuna, que la
vacuna. Urrao, Antioquia, 1996, P.70.
A veces esa resistencia no ha sido solo individual sino colectiva, y el asesinato una forma de tratar de vencer ese liderazgo o torcer la voluntad de las víctimas mediante la ejecución de la amenaza.
Él fue uno de los que contribuyó a sacar los milicianos de por acá. Se unieron muchos sardinos y gente de Versalles para sacar los milicianos de por acá. Que porque no podían permitir que siguieran las vacunas, las muertes, porque fueron
muchos los que cayeron en manos de ellos, inocentes… Yo le decía a él “vos sabes
que cuando van a sacar a alguien de algún territorio a lo primero que le dan es
a la cabeza” y él me decía “sí”. Yo llorando le decía “ándate” y él me decía “yo
no me quiero ir de mi barrio”, y yo le decía llorando “te van a matar” y me dijo “yo me voy a ir para dejarte tranquila cucha”. Hasta que una noche faltando un cuarto para las diez de la noche vinieron y me dijeron que lo habían matado a dos cuadras de aquí para abajo, cuando llegué. Sí yo lo recogí y lo llevé al hospital
pero yo sabía que estaba muerto. Santa Bárbara, Antioquia, 1997, P.74.
La negativa al reclutamiento forzado
Además del reclutamiento llevado a cabo por otros motivos, como la lucha contra el Es- tado, la retaliación o el uso de las armas y el dinero para tener poder, los distintos grupos armados no estatales también han logrado engrosar sus filas mediante la fuerza e intimi- dación, obligando a personas que se vinculen a sus grupos. El reclutamiento forzado es una infracción grave del derecho internacional humanitario que no ha respetado sexo ni edad. Ha afectado tanto a hombres como a mujeres, a mayores y menores de edad. Sin embargo, son estos últimos, los niños, las niñas y los adolescentes, las personas más afec- tadas. Muchos de quienes se han resistido al reclutamiento han pagado caro tal oposición, incluso con su propia vida, entre ellos niños y adolescentes. Las mujeres señalaron algu- nos casos de cómo esta negativa tuvo como consecuencia la muerte.
El niño se quedó y en ese largo de tiempo lo cogieron o sea lo reclutaron un grupo
llamado los elenos [ELN]. Como él se les resistió, no quería seguir con ellos, lo
llevaron hasta Chinita Dos y él trato de volarse y lo mataron. Tampoco sabemos
dónde quedó el cuerpo, no sabemos nada de él. Neguá, Chocó, 1995, P.474.
A mis hermanos los mataron, porque no quiso irse con ellos… Él se dedicaba a
trabajar en la finca, en el campo, él era agricultor. Corregimiento Cunday, Toli- ma, 2003, P. 116.
El reclutamiento de mujeres no es una excepción. El trabajo forzado o abusos sexuales en algunos de estos casos y la muerte como consecuencia de su negativa a participar una vez estando reclutadas, fueron descritos por algunas mujeres testigas de los hechos.
Bueno a mí me daba mucho miedo porque a nosotros nos decían de que muchas mujeres teníamos que irnos para allá, a lavarles la ropa o hacerles las cosas así
con ellos allá o si no que las violaban y después las mataban. Piamonte, Antio-
quia, 1998, P. 219.
Me afectó mucho porque o sea yo vi que a una muchacha la cogieron y se la lleva-
ron arrastras porque la muchacha no se quería ir. Y después, al otro día, la vimos
El señalamiento de colaboración con los grupos armados
La cercanía de una persona con algún grupo armado contrario no es permitido en una guerra donde el estatus de “amigo” o “enemigo” se define por quien tiene el poder de las armas. No hay garantías frente al abuso y todo vale para destruir al “enemigo” real o supuesto. El castigo consiste generalmente en la muerte. Dar información a su rival o la sospecha de haberlo hecho presuntamente ha sido una declaración frecuente para “expli- car” los asesinatos. En un contexto de control comunitario donde las diferentes actitudes pueden ser fácilmente catalogadas como favorable “al otro lado”; el contacto con perso- nas miembros de otros grupos armados o agentes del Estado; o incluso la extensión de la figura de informantes a partir de políticas públicas de seguridad; han supuesto un contexto donde se llevan a cabo asesinatos sin posibilidad de defensa.
A uno de ellos lo mataron porque… lo andaban buscando y que porque era el in- formante. Eso decían ellos, porque a uno no le consta. Entonces ellos se llevaron a uno para allá o sea lo sacaron entre la gente y se lo llevaron para allá. Entonces el hermano se fue atrás y dijo que qué pasaba con su hermano. Entonces le dije-
ron: “no, con usted no es, váyase”. Y él dijo: “no, lo que es con mi hermano es
conmigo”. Bueno los cogieron y los mataron. San José del Playón, María La Baja,
Bolívar, 1999, P.203.
El asesinato de personas que dieron información ha sido practicado por los distintos gru- pos armados. De manera coloquial se justifican esas acciones con la acusación de ser delator o “sapo”, porque habla o da información supuestamente valiosa. En el primer tes- timonio, una persona es asesinada por la guerrilla porque presuntamente dio información al ejército, y en los otros dos testimonios, se trata de personas que fueron asesinadas por los paramilitares por dar presunta información a la guerrilla.
Ella había sido presidenta de la junta de acción comunal, entonces esa mucha- cha como que empezó a salir mucho al pueblo y a los guerrilleros no les gustaba mucho, porque salía mucho al pueblo y charlaba mucho con el ejército… Ellos llegaron a pensar que Bernarda estaba llevándole información al ejército… A esa muchacha la tuvieron amarrada en una barranca encima del camino… cuando
al otro día a las siete de la mañana la noticia era que la habían matado. Argelia,
Antioquia, 1990, P. 85.
A él lo mataron el 26 de febrero del 2003 por el barrio Arenales. Lo cogieron, lo
torturaron y de ahí lo mataron… Los paramilitares fueron porque a él cuando lo mataron le pusieron un letrero en la espalda donde decía que era un sapo de
las FARC y decía de una vez que los que lo mataron eran de las AUC. Papayal, Bolívar, P.765.
A los diez meses fue la muerte del otro hijo mío, de Javier que también estaba
huyendo. Él estaba por Ocaña y se vino para acá y de acá volvió y arrancó para
informante de la guerrilla, los mal informaron porque él no debía absolutamente
nada. Media Luna, Cesar, 1996, P.700.
En vista que mucha de la población civil está en medio de los diferentes grupos armados, no es nada fácil negarse a mantener conductas que pueden ser vistas por “el otro lado” como colaboración. Ser considerado neutral es algo prácticamente imposible para esas personas que están al vaivén de cualquier parte del conflicto. Los civiles están obligados de esta manera a estar en un contexto donde se dan las hostilidades y ser considerados como “colaboradores o cómplices” fácilmente, lo que conlleva muchas veces su muerte por el bando contrario.
Ellos decían que mis hermanos eran auxiliadores de la guerrilla. Como decía mi
mamá: “pero vivimos en un sitio por donde pasan cuatro grupos armados y como distinguimos los unos de los otros, si los otros piden un café, se les da un café, si unos piden una limonada se les da una limonada, a todo el que pase por ahí y diga que vea que préstenos eso, que préstenos un fogón, que si tiene una linternita”. Mi mamá les hacia el favor y mi mamá… nunca se dio cuenta quién era quién, quién era paraco, quién era guerrilla, quién era ejército, igual todos pasaban por el mismo sitio. Hasta que un día mi mamá estaba viviendo acá en Medellín o había venido porque ella venía por tiempos y nos llamaron y nos dijeron que habían
matado a mi hermano. Belmira, Antioquia, 1986, P. 90.
Esta constricción a contribuir a los objetivos de una o con otra parte, a partir de cosas como la alimentación o el consumo o proporcionar información sobre lo que se ha visto, puede ser causa de muerte. Estas conductas se asocian en la guerra a “colaboración con el enemigo”.
La guerrilla… que uno trabajaba era con ellos, que fuera uno como miliciano con ellos. Entonces uno no les decía “pues sí“, sino decía: “vamos pensando, vamos pensando”. Entonces uno se ponía en una situación muy dura. Si salía el ejército le decía a uno “cuéntenos, ¿dónde está la guerrilla? que nosotros le pagamos”. Entonces uno si se ponía en una situación muy dura para uno porque ya uno
veía que mataban gente. Cuando le colaboraban al ejército, entonces ahí mismo
llegaba esta otra gente y lo mataban… y si uno le colaborada a la guerrilla,
ahí mismo se daban de cuenta que era guerrilla y lo mataban. Urrao, Antioquia,
2005, P. 597.
Los diferentes grupos armados perpetraron asesinatos contra personas por este motivo. En los siguientes testimonios, se ilustra la muerte de civiles por parte de grupos paramilitares por ser presuntos auxiliadores de la guerrilla. El desprecio por la vida se muestra en todos estos casos, en donde las propias estrategias de los grupos armados convierten directamente a la gente en “enemigo a eliminar” pasando por encima de cualquier otra consideración.
La señora le recibió unos marranos de cría a la guerrilla y se había juntado a vivir con un señor que era muy colaborador de la guerrilla, cierto entonces. La señora empezó pues a salir y cada rato la cogían los paramilitares y a veces la cogían hasta
dos horas que para que ella confesara cosas. Hasta que llegó el día en que mataron
la viejita… los paramilitares la mataron… Argelia, Antioquia, 1990, P. 85.
Mi cuñado él tenía una finquita en Villavicencio y una finquita en Caquetá, y la de