Juan Diez The earliest mathematical work o f the New World.
V 48 LOS ORIGENES DE LA CIENCIA
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los primeros registros de libros que han llegado hasta hoy son posteriores de cuatro decenios a la fecha en que Mendoza leia su ejemplar de Al berti, es evidente que con la apertura de la Uni versidad en 1553 y la del Colegio de Tlatelolco en 1536 llegaron libros de ciencia, particularmen- te de medicina botanica, ademas de diversos co- mentarios escolasticos a Aristoteles.
En el ano de 1576 se efectuaron en la ciudad de Mexico dos transacciones comerciales en las cuales se vendieron 341 y 1190 libros respec- tivamente.52 El primero de estos tratos es del 21 de julio y se llevo a cabo entre Alonso Losa, li- brero local, y Pablo Garcia. Consistia no solo de libros sino tambien de mapas, grabados en ma- dera estampas sagradas y profanas. Los 341 vo- lumenes comprendian 121 titulos, en su mayor parte de temas teologicos, piadosos o religiosos. El segundo documento data del 22 de diciem- bre, fecha en que el mismo Alonso Losa forma- lizo un pedido de libros a Diego de Mexia, en Sevilla. Ahi Losa afirmaba que en la Nueva Es pana existia un “mercado seguro” para esas obras. En ambas listas de libros predominan los de medicina tales como el De Materia Medica de Dioscorides, el Libro de Anathomta del Hom-
52 Leonard,
Los libros del conquistador, pp.
171-180 y Apen- dices I y II (pp. 271-289). Vease tambien: Irving A. Leonard, “Una venta de libros en Mexico, 1576”,Nueva Revista de Filologta His
panica,
(Mexico), ano II, (1948), Num. 2, pp. 174-185; Irving A. Leonard, “On the Mexican Book Trade, 1576”,Hispanic Review,
vol. 17, (1949), pp. 18-34.bre, de Bernardino Montana, los Problemas de Francisco Lopez de Villalobos, asi como diver sos tratados de Antonio de Aguilera. Todas estas obras son representativas de la medicina euro- pea traditional. En la lista del 21 de julio apare- cen dos ejemplares de los Secretos de Chirugta (impresa en Valladolid en 1567) de Pedro Arias de Benavides,.obra de interes para conocer as pectos de la farmacoterapia botanica americana y en particular de la mexicana que conviene que analicemos. En la primera parte de esa obra tra- ta de la zarzaparrilla, el ruibarbo, la “planta de Michoacan”, el guayacan, la “higuera del infier- no” o catapucia, y del maguey, las tunas, los aguacates y las guayabas. Asimismo describe el celebre balsamo de las Indias, el liquidambar y la tecomhaca, entre otras gomas y resinas. En la segunda parte habia del morbo galico, o sea la sifilis y de otras enfermedades. Esta obra, ca- rente de erudition, fue resultado de las perso nales observationes del autor en Guatemala y Mexico — donde dirigio durante algun tiempo el Hospital del Amor de Dios que estaba dedicado a la curacion de las enfermedades venereas— abunda en interesantes noticias que no hallamos en otros autores; noticias que, como el mismo Arias dice, son “cosas nuevas y secretos nuevos”. Esta obra, junto con la de Monardes, muestra la difusion en Europa de la farmacopea botani ca indigena, cuyo impacto en la medicina de la epoca no podemos pasar por alto. Sin embargo, cabe decir que tanto en Mexico como en Euro-
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pa esos conocimientos fueron enmarcados desde fecha temprana, dentro de los esquemas clasi- cos de un Plinio, un Dioscorides o un Teofrasto, y asi pervivieron hasta la epoca de Toumefort y de Linneo. En este sentido, por novedosas que resulten las obras de Oviedo, Monardes o Arias de Benavides, es claro que solamente lo son en cuanto al fondo —la enumeracion de los farma- cos— pero no en cuanto a la forma —la taxono- mia que utilizan— que resulta obsoleta e insufi- ciente ante los numerosos especimenes botanicos nuevos que incorporaron en sus obras. Las sec ciones que Farfan y Barrios dedican a la tera- peutica botanica indigena, y los tratados de Her nandez y Ximenez consagrados completamente a ellas, siguen siendo obras arcaicas a pesar de la novedad de su tema. Los nuevos datos de la medicina indigena que recogieron no impulsa- ron el cambio sino que fueron interpretados de acuerdo con las teorias hipocratico-galenicas sobre la naturaleza de las enfermedades y su tratamiento. En este sentido la medicina acade- mica mexicana de los siglos xvi, x v i iy gran parte del xviii se mostro tan reacia a aceptar noveda- des como en los otros aspectos de su disciplina.
Los dos registros del ano 1576 que aqui estu- diamos contienen tambien diversos comentarios a la Fisica de Aristoteles asi como varios Repor- torios o Cronografias muy en boga de la Nueva Espana entre los astronomos, cartografos y na vegantes.53 Este tipo de obras ayudaron a difun-
dir los conocimientos astronomicos entre los es- tudiosos novohispanos y permitieron realizar las primeras estimaciones de la position geografica de algunos puntos del virreinato tales como la ciudad de Mexico o Veracruz.54 Por otra parte, y dentro de las ciencias aplicadas aparecen el ce lebre Tratado de Agricultura de Alonso de He rrera obra que gozo tambien de gran difusion en la Colonia’ durante los siglos xvi y xvii.
El tercer registro de libros del ^siglo xvi que ha llegado hasta hoy data de 1584.55 El 3 de octu- bre de ese ano fiie redactado como “Memoria” de los libros que, en cuarenta cajas, Benito Boyer, vecino de Medina del Campo, enviaba a Mexico consignados a Diego Navarro Maldona do. Los temas cientificos variaron poco respecto de las listas de ocho anos antes. Sigue predomi- nando la medicina, la cual se ve representada por los libros de cirugia de Francisco Diaz y de Juan de Vigo. Se enumeraron varios ejemplares de los tratados de Alberti y de Serlio, asi como
del xvi fueron los de Rodrigo Zamorano, Jeronimo Cortes y Jeroni mo de Chavez. La influenda de este ultimo en el
Reportorio de los
tiempos e Historia Natural de Nueva Espana
de Enrico Martinezha sido estudiada por Jose Miguel Quintana. Vease de este autor: