ESTRUCTURA DEMOGRÁFICA DE LA MUESTRA
8.1.3. Los problemas de la interpretación paleodemográfica
Las reconstrucciones paleodemográficas pueden implicar varias fuentes de error potenciales, las que tienen que ver con la exactitud en las estimaciones, las prácticas de entierro, los factores tafonómicos y la forma de excavación y muestreo (Wood et al. 1992, Chamberlain 2006).
A partir de la década de 1980 se comenzó a discutir acerca de la distorsión que pueden generar las estimaciones de sexo y edad en las reconstrucciones paleodemográficas. Las críticas fundamentales focalizan en que las estimaciones de sexo y edad de una serie osteológica, pueden producir una distribución que refleje la población esqueletal a partir de la cual se construyó la metodología usada (Bocquet- Appel y Masset 1982, Masset y Parzysz 1985, Boquet-Appel 1986, Aiello y Molleson 1993). Estudios posteriores han respondido a dichas críticas donde se tienen en cuenta las poblaciones de referencia utilizadas en la construcción de los distintos métodos (Konigsberg y Frankenberg 1994, 2002; Frankenberg y Konigsberg 2006). En general, la aplicación de múltiples métodos de estimación, así como también el estudio de diferentes estructuras anatómicas, permite reducir el sesgo en las estimaciones finales de sexo y edad de los individuos (Lovejoy et al. 1985), en este sentido la evaluación del error intra e interobservador en las determinaciones también ayuda a disminuir el error (Meindl et al. 1990, Walrath et al. 2004).
137 En cuanto a las estimaciones del sexo, se sabe que las diversas formas de expresión del dimorfismo sexual en el esqueleto, son el resultado de las diferencias ontogénicas y funcionales que experimentan los individuos durante los procesos de crecimiento y desarrollo. Los indicadores osteológicos de la pelvis han sido considerados como los indicadores sexuales más confiables, debido a su gran poder discriminante (Phenice 1969, Lovejoy et al. 1985), resultado del rol fundamental que ocupa esta estructura durante el parto. Tanto en individuos adultos como en subadultos, se ha determinado que la escotadura ciática mayor es el marcador sexual de mayor confiabilidad (Bruzek 2002, González et al. 2005). El dimorfismo en los marcadores del cráneo presenta mayor variabilidad y, por ende, mayor ambigüedad, tanto dentro de las poblaciones como entre poblaciones (Meindlt et al. 1985, Masset 1987). Esto se debe, principalmente, a que la expresión del dimorfismo en el cráneo se basa más en el tamaño que en la forma (Walrath et al. 2004) y a que, en individuos de edades avanzadas, la remodelación craneofacial modifica la expresión de muchos marcadores sexuales, confiriéndoles un aspecto más masculino (Israel 1973).
Los indicadores morfológicos más adecuados para establecer estimaciones de edad varían según se trate de individuos adultos o subadultos. En adultos, se ha demostrado que las técnicas de determinación de la edad de muerte basadas en los cambios degenerativos de la sínfisis púbica (Tood 1921, McKern y Stewart 1957, Gilbert y McKern 1973, Brooks 1995), son más apropiadas para determinar la edad de muerte en individuos menores de 45 años, mientras que la técnica de Acsádi y Nemeskéri (1970) es más precisa en los grupos de edad de muerte superior. En los individuos subadultos, se ha propuesto que el grado de desarrollo y erupción dentaria es más confiable que los resultados arrojados por los indicadores óseos- longitud de los huesos largos, desarrollo y fusión de epífisis- ya que están sujetos a una menor influencia ambiental (Meindl y Russell 1998).
Por otra parte, se considera que es posible una aproximación más confiable y obtener conclusiones relevantes si se llevan a cabo controles que tienen que ver con parámetros tafonómicos y así como también la información que puede obtenerse de las prácticas mortuorias.
Por otra parte, el estudio de las prácticas mortuorias puede ayudar a la interpretación de los perfiles paleodemográficos, ya que puede existir una en la selección de individuos para ser enterrados en lugares o sectores especiales, esta selección puede ser por género, edad, estatus, entre otros. Por ejemplo, en los templos
138 coloniales, los sectores próximos al altar y específicamente a la pila bautismal eran reservados para inhumar a los difuntos de familias con elevado poder socio-económico que podían pagar (i.e donar), mientras que en los sectores exteriores de la iglesia eran inhumadas las personas con menores recursos (Galvão 1995; De la Pena 1998, 1999; Chiavazza 2005; Bárcena y Pannunzio de Mulle 2011;). En este punto, el muestreo arqueológico cobra especial importancia; resulta esencial conocer que sectores del cementerio se están excavando, las dimensiones del mismo y así poder realizar un muestreo lo menos sesgado posible.
Otro aspecto que puede incidir en la representatividad de las series osteológicas son los factores tafonómicos. Debido a procesos postdepositacionales, principalmente, los individuos subadultos y adultos de edad avanzada se ven subrepresentados en el registro o presentan los estados de conservación más bajos (Ubelaker et al.2003, Ubelaker et al. 2003). Este aspecto ha sido estudiado en el capítulo 7.
En síntesis, todos estos elementos influyen en las interpretaciones de la variabilidad del dimorfismo y de la composición etaria de la muestra, de esta manera nuestras estimaciones estarán sesgadas y en consecuencia, no reflejan la estructura demográfica de la población viva de la cual derivan (Wood et al. 1992). De esta manera, los análisis bioarqueológicos no se efectúan sobre poblaciones ni sobre muestras de poblaciones, sino sobre muestras de conjuntos osteológicos y material cultural asociado, preservados diferencialmente en cada caso. Es por esta razón que se ha planteado que no es posible, en el estado actual de las investigaciones, establecer con precisión la naturaleza de las relaciones existentes entre las propiedades del registro y la dinámica de las poblaciones de las cual deriva (Hoppa 1996, 2001). A este respecto, es importante enfatizar la importancia de la información contextual a la hora de interpretar las distribuciones de sexo y edad de las muestras (Wood et al. 1992, Wright y Yoder 2003).
Expectativas biológicas
Teniendo en cuenta lo antes dicho sobre la importancia de la consideración de múltiples aspectos para la interpretación de los perfiles de mortalidad, construimos un modelo paleodemográfico sobre la base de aspectos tafonómicos, teoría bioarqueológica y antecedentes demográficos históricos de la población de Mendoza.
Con respecto a los patrones de mortalidad, diversos estudios realizados en sociedades coloniales de América, han definido tendencias sobre las edades de muerte,
139 la longevidad y las causas más comunes de muerte (Saunders et al. 1995a, 1995b; Ubelaker et al. 2003; Larsen 2005). Los patrones de mortalidad elaborados a partir de muestras de cementerios históricos de Estados Unidos son una importante fuente de información comparativa. Ubelaker y Landers (2003) en su trabajo del cementerio Voegtly, en base a una muestra de 691 individuos, calcularon que el 63% eran menores de cinco años, el 8,5% tenían entre 5 y 14 años, el 2% entre 15 y 20 años, el 10,7% entre 20 y 34, el 10,7% entre 35 y 50 y el 4,92 % eran mayores de 50 años, es decir que el 73% eran subadultos y el 27% eran adultos. Sin embargo, en otros cementerios de este país las distribuciones son algo diferentes; en el cementerio Freedman de Texas, el 37% eran subadultos y el 65% adultos (Hoffman et al. 1993), en el cementerio Highland Park de Rochester, 34% subadultos y 66% adultos (Sutter 1995). Con respecto a la longevidad, la edad de muerte promedio en los individuos mayores de 20 años, en Voegtly era de 35,4 años para las mujeres y 37 años para los hombres (Ubelaker et al. 2003), mientras que en Highland Park eran algo más bajas, siendo 32,5 años en mujeres y 35,1 en varones (Sutter 1995). En la primera iglesia Bautista Africana de Filadelfia, se calculó que la edad media al morir en adultos era 38,9 en mujeres y 44,8 en hombres (Angel et al. 1987). De esta manera, pese a las variaciones observadas entre los distintos cementerios podemos observar elevados porcentajes de mortalidad entre los individuos infantiles y entre los adultos una edad media de muerte centrada entre los 35 y 44 años.
En cuanto al patrón de los perfiles de mortalidad, las sociedades coloniales se caracterizan por presentar una curva de mortalidad que presenta características de un perfil acumulativo o atricional y catastrófico (Larsen y Milner 1994, Warrik 2003). Entre las principales causas de muerte en este tipo de sociedades, están las enfermedades infecciosas. Como consecuencia de los reiterados brotes epidémicos, las enfermedades traídas por los europeos causaron alta mortalidad entre los grupos nativos ya que no poseían inmunidad, lo cual puede generar perfiles de mortalidad catastróficos para la población indígena ya que presentan similar riesgo de muerte. Sin embargo, dichas enfermedades pudieron provocar baja mortalidad entre los europeos ya que habrían generado inminidad por haber estado expuestos al patógeno, de esta manera el patrón de mortalidad puede ser atricional, catastrófico o una mezcla de ambos (Chamberlain 2006). A su vez, breves episodios de hambrunas (i.e. pérdida de las cosechas), de condiciones climáticas adversas, duras condiciones de trabajo, tienden a producir un patrón de desgaste elevado en la mortalidad, como el registrado en
140 numerosas muestras de esclavos africanos (Corruccini et al. 1985, Blakey et al. 2000, Howson et al. 2000).
En cuanto a la fecundidad, estudios comparativos que evaluaron las diferencias en la fecundidad en sociedades con distinto sistema de subsistencia, observaron en las sociedades sedentaria agrícolas un índice sintético de fecundidad de 6.6 ± 0.3, el cual resulta significativamente mayor que el observado en cazadores-recolectores (Bentley et
al. 1993a, 1993b). Ubelaker y Saunders 2003, en base a los registros históricos
calcularon para el Cementerio Voegtly, que las mujeres tuvieron un promedio de 7 hijos con un rango entre 2 y 12 y que la edad del matrimonio (que generalmente coincide con la edad del primer embarazo) era de 25,1 años para las mujeres con un rango entre 17 a 43 años y 28,1 años para los hombres con un rango de 20 a 55 años. En cuanto a la cantidad de hijos resulta relevante los patrones de lactancia, ya que una serie de estudios han demostrado que el proceso que desencadena la lactancia inhibe la ovulación y produce amenorrea posparto, de modo que, en líneas generales, existiría un período de infertilidad que duraría el tiempo del amamantamiento (Campbell y Wood 1988, Vizthum 1994 y trabajos allí citados). Sin embargo, dicha inhibición hormonal también está influida por la frecuencia, la duración, la intensidad de los episodios de amamantamiento, así como también por otros factores ecológicos y organizativos y culturales de las sociedades que determinan el ritmo, duración y modo de reemplazo de la leche materna por otros alimentos (Vizthum 1994). A partir de estudios transculturales, Sellen y Smay (2000) observaron que la duración de la lactancia en sociedades agrícolas ocurre a edades más tempranas (i.e. 27 meses de edad) que en cazadores recolectores, mientras que la incorporación de alimentos líquidos y sólidos ocurre a edades similares (i.e. 5 y 6 meses respectivamente). Por lo que los autores sugieren que el destete a edades más tempranas no se da por una mayor disponibilidad de alimentos, sino que tiene que ver, fundamentalmente, con los patrones de trabajo y de actividad de las madres. Sin embargo, se ha documentado que los niños de las familias españolas eran alimentados por las nodrizas (Correa 1997), por lo que la fertilidad de las mujeres españolas en algunos casos, no estaría regulada por la lactancia.
En cuanto a la migración, a partir del siglo XVI se puso en marcha un proceso de migración europea a gran escala, junto con los traslados forzados de los pueblos conquistados y de esclavos africanos, proceso que se mantuvo durante los siguientes 400 años (Canny 1994). La migración, durante el período colonial fue muy importante y tuvo consecuencias profundas a nivel demográfico. Estudios históricos han demostrado
141 que las altas tasas de migración compensaron las grandes pérdidas demográficas causadas por la alta mortalidad (Canny 1994, Larsen y Milner 1994,Landsman 2006).
Teniendo en cuenta todos estos aspectos teóricos, sumado a la información demográfica histórica disponible expresada en el capítulo 4, se interpretará la distribución de sexo y edad de las muestras recuperadas en RSF y LC.