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ESTUDIOS BIOARQUEOLÓGICOS EN POBLACIONES COLONIALES

3.2 Mortalidad y morbilidad

Los estudios realizados por Ubelaker y colaboradores (2003) en el cementerio de Voegtly de Pittsburgh, Pennsylvania, ofrecen información bioarqueológica comparativa muy útil sobre demografía y morbilidad. Se trata de un cementerio

32 Evangélico Luterano, donde fue inhumada parte de una población suizo-alemana durante los años 1833-1861. A partir de una muestra de 544 individuos, se realizaron estudios de la distribución espacial y del contexto mortuorio, así como también estudios tafonómicos y bioarqueológicos. Estos últimos, consistieron en determinaciones de sexo, edad, identificación de patologías óseas y orales, traumas y evidencias de estrés sistémico. En general, se registró una elevada mortalidad infantil y una edad de muerte adulta muy temprana que rondaba entre los 33 y 37 años, según los autores este patrón de mortalidad, es característico de sociedades en transición de la América Urbana del siglo XIX, donde las enfermedades infecto-contagiosas eran cotidianas en los ámbitos sociales y laborales del núcleo de la sociedad (Ubelaker et al. 2003).

Otro antecedente lo aporta el trabajo realizado en Maryland, en el sitio Patuxent Point (King y Ubelaker 1996), con una cronología que va de 1658 a 1680. La muestra corresponde a trabajadores de una plantación de tabaco y a sus familias, presentaban edades de muerte muy temprana y evidencias de malas condiciones de salud (Ubelaker

et al. 1996). En Texas, se excavaron los restos de 16 individuos que datan de 1850-

1890, los cuales han sido interpretados como personas de ascendencia europea, de una clase socio-económica baja, el análisis óseo reveló importantes problemas de salud (Winchell et al. 1992, 1995). En Illinois se descubrieron 29 entierros, de contextos históricos, que documentaron una baja esperanza de vida, mala salud dental y procesos infecciosos (Larsen et al. 1995).

En Ontario, una muestra de 77 esqueletos se obtuvo en un cementerio de principios del siglo XIX (Pfeiffer et al. 1992); en ella, se estimó la estatura y se evaluó el estado de salud tanto a nivel óseo como dental (Pfeiffer et al. 1992, Katzenberg y Pfeiffer 1995). En este mismo estado, en la iglesia Anglicana Santo Thomas, se recuperó una importante muestra de 595 individuos inhumados entre 1821 y 1874 (Saunders et al. 1995a, 1995b). El estudio de dicha muestra dio como resultado una valiosa información sobre la morbilidad y la mortalidad, que coincide con la información documental de los registros parroquiales (Arenque et al. 1992, Jiménez 1993, Saunders et al. 1995a, Saunders et al. 1995b). En lo que respecta a la salud bucal de esta muestra, se encontró un alto porcentaje de caries y de pérdida de dientes antemortem, asimismo, éstos indicadores presentan una correlación positiva en relación con la edad. Esto lo atribuyen principalmente, al incremento en el consumo de azúcar y harinas refinadas (Saunders et al. 1997).

33 En el cementerio africano de Nueva York (que mencionamos antes), además de estudios morfológicos, también han desarrollado investigaciones demográficas (Blakey

et al. 2000, Howson et al. 2000), de crecimiento y desarrollo (Shujaa et al. 2000), de

los cambios degenerativos (Watkins et al. 2000), alteraciones esqueletales relacionadas con los patrones de actividad (Terranova et al. 2000), evidencias óseas de procesos infecciosos (Null et al. 2000) y metabólicos (Mack et al. 2000), entre otros. En síntesis, todos estos trabajos indican una edad de muerte adulta temprana, alta mortalidad infantil, altos porcentajes de marcadores de estrés sistémico y malas condiciones de salud general.

Otra muestra de esqueletos correspondientes a esclavos africanos se recuperó en una plantación de azúcar de Barbados, del período 1660-1820, en la cual se registró una alta frecuencia de hipoplasia de esmalte dental (53%) (Corruccini et al. 1985) y de enfermedad periodontal (Corrucini et al. 1987), además, se hallaron pruebas de sífilis congénita en tres individuos (Jacobi et al. 1992).

En América del Sur, los trabajos bioarqueológicos de tiempos históricos también tienen un importante desarrollo. Por ejemplo, en Colombia, Larsen (2005) realizó un trabajo para evaluar el impacto de la conquista en la salud de las poblaciones. A partir de muestras recuperadas en diferentes sitios, detectó que las enfermedades infecto- contagiosas europeas (i.e. viruela), no afectaron de manera generalizada y continua a las poblaciones, sino que fue en oleadas, comprometiendo a algunas poblaciones y a otras no, según variaciones fisiológicas locales (estado de salud, dieta, calidad nutricional y patrones de actividad). Dicho estudio, muestra que aunque la pérdida demográfica fue alta, e incluso algunas poblaciones se extinguieron, muchas otras sobrevivieron y se adaptaron a nuevas circunstancias (Larsen 2005). De esta manera, el autor explica el resurgimiento demográfico y la recuperación de la población durante el siglo XX.

Por otra parte, en Ecuador se han llevado a cabo múltiples proyectos para restaurar varias iglesias coloniales de Quito, lo cual implicó la excavación y recuperación de restos humanos. La mayor cantidad de muestras provienen del Convento de San Francisco (Ubelaker 1994), las investigaciones se centraron en la morbilidad y su correlación con los registros histórico, dicha comparación arrojó datos similares (Ubelaker 1993, 1995a, 1995b).

En la costa central de Perú, se han impulsado investigaciones sobre el efecto de la colonización española en la salud de las poblaciones nativas, hacia fines del siglo XVI. Klaus y Tam (2009) en la población Mochica de Mórrope, obtuvieron datos sobre

34 las prevalencias de hipoplasia de esmalte, hiperostosis porótica, lesiones periósticas y lo correlacionaron con la velocidad de crecimiento femoral y su impacto en la estatura final adulta. Los autores proponen la combinación de factores socioeconómicos, microambientales y el aumento de la densidad poblacional, como causas principales del aumento en la morbilidad de las poblaciones (Klaus y Tam 2009). Además, según Klaus

et al. (2009) las prevalencias de enfermedades articulares degenerativas en el hombro,

codo, muñeca y rodilla, también aumentan en el período postcontacto como consecuencia de la explotación de la población mochica dentro de un modelo de intensificación económica colonial.

En Santiago de Chile, se han llevado a cabo excavaciones de rescate en varios sitios del período Colonial-Republicano que contenían muestras humanas. En el cementerio de “La Pampilla”, excavado en 1995, correspondiente al camposanto del antiguo Hospital San Juan de Dios (Henríquez Urzúa et al. 1997, 1999; Prado Berlien et

al. 2000) se recuperó una muestra de 108 individuos. Las investigaciones abarcan

estudios documentales (Prado Berlien et al. 2000), de las prácticas mortuorias (Henríquez et al. 1999) y de la salud oral de los individuos (Henríquez Urzúa y Prado Berlien 2006). Los análisis revelan un desgaste oclusal leve y una frecuencia de caries (19.9%) mayor a la registrada en otras poblaciones históricas agrícolas, las lesiones hipoplásicas presentan prevalencias muy altas (77%) y reflejan las presiones ambientales que afectaron a estos individuos durante parte de su infancia (Henríquez Urzúa y Prado Berlien 2006). Los trabajos de remodelación en La Iglesia La Purísima Concepción de Colina implicaron la excavación de 61 individuos de diferentes edades y sexo (Rodríguez et al. 2000). Las formas de entierro practicadas aquí, resultaron similares a las registradas en otros cementerios coloniales excavados en Santiago, el uso de un mismo espacio para múltiples inhumaciones, escasa presencia de ajuar, evidencia de entierro en cajones o ataúdes en algunos individuos aunque, debido al alto grado de disturbio de las sepulturas, no se pudo evaluar si existió una sectorización por edad o por sexo (Rodríguez et al. 2004). Se observaron patologías relacionadas con problemas nutricionales, procesos degenerativos e infecciosos y lesiones traumáticas que reflejan el estilo de vida y condiciones de salud de la población rural, durante el período colonial (Rodríguez et al. 2004). En dicha muestra la mortalidad de niños menores de cuatro años es muy alta, los autores lo atribuyen al efecto sinérgico entre eventos catastróficos y cambios en la dieta por el destete. Siendo que, el período de lactancia pudo haber sido breve y a que la dieta post-destete resultara inadecuada en términos proteicos, conllevó

35 a un desarrollo deficiente del sistema inmunológico y esto, a su vez a una predisposición a contraer infecciones (Rodríguez et al. 2004).

Para el caso de Uruguay también contamos con antecedentes de excavaciones arqueológicas en contextos de inhumaciones cristianas coloniales, los más significativos son el caso de las inhumaciones próximas a la Iglesia Matriz de Colonia de Sacramento y los enterramientos de la Capilla de Nuestra Señora de Belén. En el primer caso, las obras de remodelación de la estructura dejaron al descubierto una gran cantidad de restos humanos, perdiéndose todo tipo de información contextual. Se calculó un número mínimo de once individuos, de los cuales nueve eran adultos, un subadulto de 13 a 14 años de edad y un niño de aproximadamente 7 años. Las estaturas calculadas varían entre 1,53 m y 1,59 m para las mujeres y 1,65 m y 1,76 m para los hombres (Sans 1988). El otro antecedente lo constituyen los trabajos desarrollados por Ferrari (2010) en la Capilla de Nuestra Señora de Belén que data de mediados del siglo XVIII a principio del XIX. El autor hace un completo estudio documental de la funebria del lugar y de los libros parroquiales, lo cual brindó valiosa información de los porcentajes de entierros de indígenas, esclavos, europeos y mestizos inhumados. En cuanto a los estudios bioantropológicos, estuvieron centrados en la estimación de sexo y edad, arrojando un total de 16 individuos, de los cuales cinco individuos eran perinatos (31,25%), cuatro individuos subadultos (25%), uno de los cuales tenía alrededor de once años de edad, y un número mínimo de siete adultos (43,75%). De los adultos, cinco serían individuos masculinos y los dos restantes indefinidos (Ferrari 2010).

Por último, consideramos importante hacer una breve mención de trabajos referidos a la funebria, ya que como se mencionó en el Capítulo 2, es de suma importancia para interpretar la estructura demográfica de las muestras. A este respecto, en México hay una importante tradición basada en estudios de la funebria de templos católicos coloniales (Rodriguez 2001, Tiesler et al. 2002). En términos generales el patrón de entierro corresponde a las costumbres funerarias católicas de la época, los cuerpos eran depositados en posición decúbito dorsal extendido con los brazos cruzados sobre el abdomen en dirección oeste-este, mirando hacia el altar. Los templos manifiestan un patrón de inhumación sucesiva y densa, en función de las remociones observadas a partir de la gran cantidad de entierros secundarios (Rodriguez 2001, Tiesler et al. 2002). Además, se ha documentado que la remoción de los cuerpos podía hacerse rutinariamente cada determinado número de años y algunas fuentes señalan una periodicidad de siete años, o bien, cuando se consideraba demasiado saturado el piso de

36 restos, y se hacía necesario renovar el suelo completamente (Rodríguez 2001: 64). Resulta importante mencionar que en las naves la iglesia de Míxquic del siglo XVI (Rodriguez 2001) como en la Catedral de Mérida (Tielser et al. 2002) hay registros de que en un mismo espacio se habían inhumado tanto indígenas como europeos y también individuos de ascendencia africana junto a descendientes de europeos e indígenas, lo cual indica que no había una estricta segregación espacial en función del estatus social.

En síntesis, podemos ver que la articulación entre la información obtenida a partir del registro bioarqueológico y la documentación histórica ofrece información útil para conocer el estado de salud, enfermedad, condiciones de vida de las sociedades durante el período colonial, así como también de los procesos de mezcla biológica y relaciones sociales.

En conjunto, estos trabajos señalan las difíciles condiciones de vida durante el período de contacto y siglos posteriores hasta mediados del siglo XIX. En todas las muestras bioarqueológicas mencionadas de este período se observa una alta mortalidad infantil y baja esperanza de vida en adultos, asimismo las condiciones de salud observadas en el registro esqueletal son malas, registrándose elevadas prevalencias de estrés sistémico (hipoplasias de esmalte, líneas de Harris, hiperostosis porótica y cribra

orbitalia), y de procesos infecciosos. La salud oral también era deficiente con elevadas

prevalencias de caries y de pérdidas antemortem. Estos indicadores han sido interpretados como evidencias de las malas condiciones de vida producto de las tensiones biológicas, económicas y culturales de una sociedad en proceso de transformación como la colonial.