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Los protagonistas y el reconocimiento de ellos mismos

¿Quién narra su testimonio? Es la pregunta por el quién la que interesa en éste primer momento porque desde aquí se alude a un sujeto que se manifiesta, que se expresa, el cual tiene características propias que lo marcan como ser y lo diferencian como otro, por ello, reconocer al otro solo es posible desde lo que deja ver en su mirada, en su rostro y en lo que enuncia de sí mismo. En este orden de ideas y desde una perspectiva que propone Ricoeur, la atestación posibilita el designarse a uno mismo en perspectiva de identidad. Identidad, desde esta misma perspectiva teórica, se comprende desde dos instancias. La primera con relación a la temporalidad, señalando con ello que el ser permanece en el

tiempo (no implicando con ello la anulación de los cambios) y en segundo

lugar ser uno mismo diferenciándose así de los otros, ser distinto, diverso,

inverso. Por ello, al hacer evidente cada uno de los fragmentos

testimóniales se pone en evidencia no sólo las concepciones que cada ser tiene sobre sí mismo sino que, al mismo tiempo, se evidencia la relación construida con los otros.

Reconocer la referencia identificante de cada uno participantes del grupo de trabajo tiene una implicación ética frente al otro, de reconocerlo desde lo que es y desde lo que piensa y, de éste modo, no visualizarlo como un posibilitador de datos, sino como un alguien que tiene una historia personal y una mirada frente al mundo. La respuesta entonces al quién

narra su testimonio queda saldada desde las características testimoniales ofrecidas por los hombres y las mujeres que participaron de éste encuentro.

En un inicio se habla de Luisa, quien al igual que Diana, son las responsables de los niños del sector ya que asumieron ser madres comunitarias, lo cual les permite estar en contacto permanente con los habitantes del barrio. Aunque compartan el mismo desempeño laboral, Luisa y Diana son polos opuestos. Luisa prefiere estar en la tranquilidad de su casa con sus hijos y a veces con su esposo y así evitar los problemas vecinales, por su parte, Diana es una mujer de carácter y voz fuerte, responsable de poner en evidencia las problemáticas de su comunidad así como de defender lo que les pertenece. Las dos cumplen un papel importante en la comunidad, siendo, de ésta forma, referentes para la misma, pero desde la particularidad de sus posturas, una desde el liderazgo y fortaleza para asumir la resolución de alguna problemática comunitaria y la otra desde la tranquilidad de manejar y resolver lo que acontece en su escenario familiar y laboral. La diferencia en su personalidad es dada por lo que narran de sí mismas, un ejemplo de ello se da cuando Luisa, en la intimidad de su hogar contaba:

Soy una persona digamos muy humilde en el sentido que yo de

pronto me enojo con usted por algo, pero yo reconozco y yo reflexiono, admito, le pido disculpas a usted así usted me allá gritado, pero el deber mío es ese como persona yo soy así, bueno si me doblego ante las personas pues como mucha gente dice: ¡hay es que usted le gusta como doblegarse!, No, a mi me gusta pues ser así. También soy muy cascarrabias con mis hijos, a veces tengo problemas con ellos porque son como un poquito necios y entonces eso a mi me enerva porque:- ¡hay haga tal cosa!, y al ratico ya estoy como otra vez contenta, no me quedo enojada, porque hay padres que se quedan enojados. Me gusta mucho respetar para que me respeten, ante todo yo respeto niños, jóvenes, adultos, para que así

mismo me respeten, porque me molesta mucho cuando las personas no respetan a las demás personas. Soy muy trabajadora.

Luisa deja ver claramente que es, se identifica, se caracteriza, se enuncia para dar cuenta de lo que sabe de ella. Estas identificaciones personales muestran la identidad de Luisa, lo que es y ha sido desde antes del desplazamiento, como ella misma lo indica en otra de las entrevistas, aludiendo a algunos cambios, como por ejemplo el modo de trabajo, después del desplazamiento, tema que se trata más adelante, en el momento cuatro. Por otra parte, se resalta la diferencia de Luisa en tanto contrasta su enunciación con la de Diana quien en su testimonio deja ver su carácter y, al mismo tiempo la diferencia con Luisa en cómo resolver los problemas que se les presentan.

DIANA: 38 años

Yo soy libre y yo tengo que morir siendo libre. A mi prácticamente me mata el orgullo y yo puedo ser muy amiga suya y lo puedo querer mucho, pero usted me hizo algo y yo soy orgullosísima y a usted no lo vuelvo a mirar. A mi me da mucha ira que el otro me conteste por otro lado sabiendo que yo tengo la razón, si el otro tiene la razón yo con mucho gusto se la doy, pero si yo la tengo no me la extravíe. Si yo teniendo la fuerza en el cuerpo, teniendo trabajo, no voy a andar pidiéndole cosas al otro, si yo tengo trabajo defiendo mis hijos como sea y si no tengo trabajo dios sabrá.

Si bien es cierto que es importante el reconocimiento de la mismidad de cada uno de las personas y su diferenciación con los otros, también es indispensable hacer alusión a las construcciones que se hacen con la otredad en un escenario comunitario para configurar un modo de habitar y de configurar tramas de sentido en el territorio morado.