Capítulo 2. Marco Teórico
2.1. Entre el universo de la infancia y el mundo de la cultura
2.1.3. El lugar del sujeto que participa en la familia
En esta experiencia de construcción de sujeto, que emerge de los discursos que imponen las normas, las teorías académicas, las reflexiones sociales, políticas y
culturales, aparece el papel de las familias en la creación de condiciones que garantizan la participación de niñas, niños y adolescentes, en ese sentido, la imagen del niño se transforma mediante el reconocimiento de sus habilidades y el establecimiento de límites. El rol de la familia es fundamental en el diálogo y la construcción colectiva sobre el concepto del derecho a participar, el adulto desde su lugar de observador en la interacción con los sujetos niños sabe crear, pues sabe identificar cuál es la necesidad de saber, de información, de respuesta… sus intervenciones en la relación con el niño le llevan al camino de la reflexión.
La Política Nacional de Apoyo y Fortalecimiento a las Familias 2016 – asume a las familias como sujetos colectivos de derechos y agentes de transformación en un sentido amplio plural y diverso. El Estado está obligado a reconocer, promover y proteger todas las formas de organización familiar, lo cual permite hablar de las familias en plural y de sus diferentes formas, tanto en términos de estructura como de dinámicas relacionales. En el curso de vida, sus particularidades y sus condiciones sociales y culturales. (Ministerio de Salud y Protección Social, 2016, p.7)
En el marco de la Sentencia del 11 de julio de 2013 del Consejo de Estado- Exp. 19001-23-31-000-2001-00757-01 (Consejo de Estado, 2013), en la cual se afirma que la familia es:
“… una estructura social que se constituye a partir de un proceso que genera vínculos de consanguinidad o afinidad entre sus miembros. Por lo tanto, si bien la familia puede surgir como un fenómeno natural producto de la decisión libre de dos
personas, lo cierto es que son las manifestaciones de solidaridad, fraternidad, apoyo, cariño y amor, lo que la estructuran y le brindan cohesión a la institución”.
Las familias se conciben en esta política como:
Sujetos colectivos de derechos con capacidad de agencia. Las familias son una unidad en razón a sus vínculos de afecto y a la convivencia. Son agentes
corresponsables de los derechos de sus integrantes y mediadoras con el Estado y la sociedad para su garantía.
Agentes transformadores que al desarrollar capacidades en los diversos
escenarios de la vida cotidiana para asumir autonomía y responsabilidad, aportan al desarrollo de los proyectos de vida individual de sus integrantes, así como al desarrollo social y comunitario.
Sistemas vivos que actúan como redes de vínculos y relaciones en constante proceso de autorregulación y desarrollo, que tienen en cuenta los conflictos como inherentes, y las crisis como oportunidades para potenciar sus capacidades y recursos. (Ministerio de Salud y Protección Social, 2016, pg.10)
La política comprende que las familias son sujetos colectivos de derechos, que transitan por los diferentes entornos en los que se encuentran y donde sus integrantes se desarrollan, y que actúan como agentes de transformación social, debido a su capacidad de potenciar el desarrollo tanto de cada uno de sus miembros, como a nivel colectivo y social.
Es importante, entonces señalar la necesidad de reconocer las diversas formas de organización familiar que existen en el país, y por tanto la necesidad de contar con servicios sociales de educación, salud, vivienda, entre otros, que den cuenta de estas formas y dinámicas familiares, y propendan por su protección y fortalecimiento. (Ministerio de Salud, 2016, pg. 14).
La familia entonces tiene diversas formas de organización, se reconoce la familia nuclear como unidad domestica formada por uno o dos padres y sus hijos, sean biológicos, adoptados o hijastros. Históricamente, la familia nuclear de padre y madre fue la dominante en Estados Unidos y en otras sociedades occidentales, pero hoy ha adoptado características diferentes. En lugar de la numerosa familia rural en que padres e hijos trabajaban codo a codo en tierras propias, ahora vemos pequeñas familias urbanas en las que ambos padres trabajan fuera de casa y los hijos pasan mucho tiempo en la escuela o el jardín infantil. El aumento de los divorcios también ha repercutido en la familia nuclear. Los hijos de padres divorciados viven con el padre o la madre y, a
veces, van y vuelven entre ellos. El hogar puede incluir un padrastro y hermanastros o la pareja de uno de los padres. Cada vez hay más adultos solteros sin hijos, padres y
madres solteras y hogares de homosexuales y lesbianas (Hernández, 1997, 2004; Teachman, Tedrow y Crowder, 2000).
En muchas sociedades de Asia, África y Latinoamérica y entre las familias
estadounidenses que remontan su linaje a esos países, la forma familiar tradicional es la familia extendida (una red multigeneracional de abuelos, tíos, primos y familiares más distantes). Muchas, o la mayoría de las personas, viven en hogares de familia extendida donde tienen contacto cotidiano con los parientes.
A menudo, los adultos comparten las responsabilidades de la manutención y crianza de los niños, a la vez que otros hijos se encargan de los hermanos menores. Es frecuente que estos hogares estén encabezados por mujeres (Aaron, Parker, Ortega y Calhoun, 1999; Johnson et al., 2003).
Conviene entonces, reflexionar sobre el papel de las familias en la generación de capacidades para el ejercicio de la participación de niñas, niños y adolescentes toda vez que es el primer escenario social en donde se promueven una serie de creencias y
valores culturales, sociales y políticos que es necesario repensar para apropiar relaciones que no se basen en disposiciones de estructuras jerárquicas y poder que limiten el
desarrollo de la personalidad y la identidad de los niños, sino que se construyan vínculos que permitan establecer relaciones armónicas desde la convivencia
intergeneracional sobre la base del diálogo y el ejercicio de la autonomía, el sentido crítico y la libertad.
La reflexión gira en torno a revisar las estrategias y las tácticas que se viven en las configuraciones familiares, determinadas por sus contextos y la influencia de lo económico, político, social y cultural en sus prácticas cotidianas, y de esta manera, comprender el poder transformador de las dinámicas centradas en el adulto, para
establecer relaciones más horizontales con la participación de las niñas y los niños, y de esta manera adoptar y ejercer los conceptos de ciudadanía, democracia, diálogo y representación de una forma más justa y equitativa acorde a las transformaciones que se están experimentando como producto de la adaptación de las familias a las condiciones cambiantes.
Mantener la idea de la familia como institución administrada por padre y madre que generan condiciones para que los hijos vivan y crezcan, es un modelo de familia que no siempre ha funcionado, en muchos casos el ideal de buena familia, ha obligado a
muchas mujeres -en especial- a abandonar sus propios proyectos de vida basados en el reconocimiento de su ser en el mundo y su capacidad de ser útil a la sociedad, para sacrificarse por amor en beneficio de un ser humano niño – hijo que quizás pueda realizar eso que ella ya no hará. Es un hecho la relación de dependencia que establece madre – hijo en la gestación y los primeros meses de vida y la forma como la sociedad le atribuye ese papel a la madre es clara: cuidado y protección; sin embargo, es clave tener en cuenta que la relación que ese hijo desarrolla con otros, por ejemplo con su padre u otros integrantes del hogar le ofrece múltiples posibilidades que desde esa experiencia de interacción le contribuyen a descubrir lo que necesita para otros sentidos de la vida, es decir, le ofrece condiciones para participar.
Un ambiente facilitador debe tener la calidad humana, no perfección mecánica; por eso creo que la frase “madre suficientemente buena” (alude a la capacidad de
identificarse con el bebé) describe en forma adecuada lo que el niño necesita para los procesos de crecimiento hereditario se actualicen en su desarrollo. (Winnicott 1991 pg. 166)
Al respecto, se establece la necesidad de centrarse en el estudio del sujeto, dentro del grupo familiar pero también fuera de él como individuo. La familia es el primer
agrupamiento dentro de la personalidad individual, sin embargo, llama la atención la comprensión del rol de la madre como objeto subjetivo que posteriormente se convierte en objeto percibido objetivamente, pero para que esto suceda en el niño, se requiere la experiencia de paso por objetos transicionales. Así las cosas, el niño –individuo- hijo debe adaptarse de un modo sensible mientras él va adquiriendo la capacidad de utilizar la fantasía, de valerse de la realidad interior y de los sueños y de manipular juguetes. Al jugar, el niño ingresa a un área intermedia denominada el engaño saludable, lo
importante para el autor es que el niño disponga de un lapso para utilizar la experiencia de relaciones estables a fin de desarrollar áreas intermedias en las que los fenómenos transicionales o lúdicos puedan quedar establecidos, de modo tal que en lo sucesivo el niño tenga la posibilidad de disfrutar de todo lo que ha de derivarse del uso del símbolo. (Winnicott, 1993, pg. 156)
Sin embargo, en la sociedad moderna, esta idea de familia cambió, (Winnicott, 1993, pg. 144) afirma que existe una tendencia a reconocer los valores del hogar, teniendo como referencia los malos hogares, la larga y agotadora tarea de criar hijos, es digna de realizarse y, de hecho, proporciona la única base real para la sociedad y la única fuente para la tendencia democrática en el sistema social de un país.
En esta investigación es importante el descubrimiento del rol de la madre en los primeros años de la vida, toda vez que como dice Winnicott los niños pequeños no mantienen recuerdos cuando las cosas han marchado bien, pero si los conservan cuando han marchado mal porque recuerdan que de pronto la continuidad de su vida se
interrumpió, es así como para las niñas que participan de la investigación la edad de los dos años causa un grado de recordación en un caso por la muerte de la mamá y en el otro la realización de un bautizo.
En el proceso de crecimiento, el adolescente es inmaduro. La inmadurez es un elemento esencial de la salud en la adolescencia, contiene los rasgos más estimulantes: pensamiento creativo, sentimientos nuevos y frescos, ideas para un nuevo modo de vivir. La sociedad necesita ser sacudida por las aspiraciones de quienes no tienen
responsabilidades. Si los adultos abdican, el adolescente se convierte en adulto en forma prematura, a través de un proceso falso. Un consejo a la sociedad podría ser este: por consideración a los adolescentes y a su inmadurez, no les permitan apresurarse y alcanzar una falsa madurez, transfiriéndoles una responsabilidad que aún no les corresponde, aunque luchen por ella.
2.2. El lenguaje, las palabras, el desarrollo del significado y la relación con el