VI. Estructura de la investigación
1.2. El contexto general y específico del período investigado
1.2.2. Las dinámicas de los países estudiados
1.2.2.1. México
En el caso de México, la realidad política, social y económica de este país pasó por crisis profundas y ha estado sujeta a una serie de reformas significativas en el ámbito político, macroeconómico, comercial, regulatorio, sectorial y laboral durante estas cuatro décadas.
De una manera sintética podría decirse que el período se inicia con el presidente Luis Echevarría Álvarez (1970-1976) en la mitad de su sexenio. Echevarría, que había sido designado con la sombra de la matanza de Tlatelolco, pues muchos le consideraban responsable de aquella inexcusable demostración de fuerza bruta, tuvo que enfrentarse a una grave crisis económica y de confianza en el sistema político mexicano.
El propósito de su gobierno fue el de romper con el "desarrollo estabilizador" y sustituirlo por lo que llamaría ―desarrollo compartido‖. Y, en lo político, Echevarría trató de desligarse de su responsabilidad en la matanza de Tlatelolco imprimiendo a las políticas gubernamentales un marcado sesgo social, acompañado de una retórica populista107.
Asimismo, propuso darle un mayor impulso al gasto social, particularmente a la educación y salud, tratando de resolver el atraso en que se encontraba sumido el sector agropecuario. Por ello, nada más ocupar la presidencia, Echevarría comenzó a actuar de una manera decidida. Creó en 1972 el Instituto del Fondo Nacional de Vivienda para Trabajadores (INFONAVIT) para frenar el descontento popular; en 1973 desarrolló el Programa de Inversiones Públicas para el Desarrollo Rural (PIDER), con los objetivos de generar empleos permanentes y remunerativos que permitieran arraigar a la población en su lugar de origen así como realizar obras de infraestructura y servicios; en 1974 creó el Fondo Nacional para el Consumo de los Trabajadores (FONACOT) y el
Programa Nacional de Solidaridad Social del IMSS108; duplicó el número de
educadores; concedió la semana de 40 horas a los empleados de bancos y oficinas del
gobierno; distribuyó millones de víveres (despensas) a través de la Compañía Nacional
107 S
ÁNCHEZ ANDRÉS, AGUSTÍN, México en el siglo XX: del Porfiriato a la globalización, Madrid, Arco/Libros, 2010, p. 58.
108
CEJA MENA,CONCEPCIÓN, ―La política social mexicana de cara a la pobreza‖, Scripta Nova, Revista electrónica de geografía y ciencias sociales, Universidad de Barcelona, Volumen VIII. Número 176, 1 de noviembre de 2004. [Disponible en: http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-176.htm, consulta realizada el 12 de diciembre de 2015].
de Subsistencias Populares (CONASUPO109); y trazó un ambicioso plan para lograr que México fuera autosuficiente en la producción de los alimentos básicos, evitando con ello la compra de maíz en los mercados extranjeros y, por tanto, la fuga de divisas. A su vez, el gobierno se comprometió a crear empleo ampliando el sector paraestatal, concedió subsidios a los agricultores, otorgó incentivos a la producción, impuso
barreras a la entrada de capitales extranjeros y potenció el sistema de crédito oficial110.
En el ámbito político, la promesa de ―apertura democrática‖, con la que Echevarría quería recuperar la legitimidad política fue cumplida en parte con la promulgación de
una nueva ley electoral, la Ley Federal Electoral de 1973, junto a otras medidas
reformistas materializadas en enmiendas constitucionales. Esto permitió la entrada en escena de nuevos partidos políticos para lanzar la señal de que también llegaba la competencia a la arena política, aunque supusieran ―modificaciones insustanciales‖, ya que se redujeron a una simple ampliación de las minorías en el Congreso, el establecimiento de diputaciones de ―partido‖ en los congresos estatales y una pequeña reducción en el número de afiliados exigidos a una organización para otorgarle registro legal, según Carlos Pereyra111. Por supuesto, la reforma no eliminó el control del gobierno sobre el proceso electoral ni la utilización del aparato gubernamental por el PRI, que constituían las principales demandas de la oposición112, pues, como afirma, Manuel Alejandro Guerrero, ―el régimen no estaba dispuesto a tolerar una apertura que escapara a su control‖113
.
En el último año de la presidencia de Echevarría la situación económica era grave: el déficit público se había incrementado multiplicándose por cinco entre 1971 y 1975; la inflación había crecido también mucho; la balanza de pagos se había deteriorado; la deuda externa había crecido exponencialmente; y la productividad de los sectores se había reducido considerablemente. El peso estaba sobrevalorado. La moneda cayó, en
109 Este organismo público se había creado en abril de 1965 y se extinguiría en mayo de 1999. 110 P
ÉREZ HERRERO,PEDRO, Historia Contemporánea de América Latina (1950-1980) Vol. V, Auge y
caída de la autarquía, Madrid: Editorial Síntesis, 2007,pp. 261-262.
111 P
EREYRA,CARLOS, ―México: los límites del reformismo‖, Cuadernos Políticos, Número 1, México, D.F., editorial Era, julio-septiembre, 1974, p. 40. [Disponible en: http://www.bolivare.unam.mx/- cuadernos/cuadernos/contenido/CP.54-55/CP54-55.6.-CarlosPereyra.pdf, consulta realizada el 13 de diciembre de 2015].
112 S
ÁNCHEZ ANDRÉS,AGUSTÍN,2010, ob. cit., p. 60. 113 G
UERRERO MARTÍNEZ,MANUEL ALEJANDRO, México: la paradoja de su democracia, México, D.F., Universidad Iberoamericana, 2004, p. 48.
agosto, y no se pudo consolidar una nueva paridad sino hasta diciembre, debido a que el ciclo político mexicano aseguraba que ese sería el momento en el cual terminarían las políticas económicas del gobierno. Como el gobierno mantuvo inicialmente su tipo de cambio fijo a 12,5 pesos por dólar, todos los mexicanos que pudieron trataron de convertir sus pesos a la moneda estadounidense. Los desmentidos gubernamentales cada vez más frecuentes acerca de la devaluación sonaban a falsos. En los siguientes tres meses, el pánico financiero llegó a su máximo nivel y la pérdida de confianza alcanzó proporciones dramáticas. Finalmente, cuando la huida de capital había alcanzado proporciones de pánico, el peso fue devaluado —el peso pasó de tener una relación de 12,5 pesos por dólar que se venía manteniendo desde 1970 a 20,6 pesos por dólar en
1976—114. Para Lawrence Whitehead, ―lo que causó la caída de la moneda y la recesión
interna de 1976-77, fue la "dolarización" de la economía, que se hizo inevitable debido
a la frontera abierta de México con Estados Unidos‖115.
La devaluación del peso, junto a la firma de un convenio de estabilización con el FMI —que permitió refinanciar la deuda exterior a cambio de la adopción de un severo ajuste que obligaba al país a reducir el déficit público y a limitar el endeudamiento exterior—, contribuyó a que el gobierno de Echevarría entregara el poder en pleno desprestigio116. El clima se enrareció y el período de la presidencia de Echevarría acabará en medio de la crisis económica y la incertidumbre política. A finales del sexenio de Echevarría, la administración perdió el control sobre la economía, originando una crisis de confianza —tanto en el aspecto económico como en el político—, que para algunos fue la más severa desde la nacionalización del petróleo en 1938.
Para suceder a Echevarría fue designado como candidato del PRI para ocupar la presidencia el ex secretario de Hacienda, José López Portillo (1976-1982), quien comenzó en medio de la que hasta entonces se consideraba la crisis económica más seria en el país desde el inicio del desarrollo estabilizador.
114 S
KIDMORE,THOMAS E. Y SMITH,PETER H., Historia contemporánea de América Latina, Barcelona, Crítica, 1996,p. 267.
115 W
HITEHEAD,LAWRENCE, ―La política económica del sexenio de Echevarría; ¿qué salió mal y por qué?‖, Foro Internacional, Volumen XX-3, enero-marzo de 1980, p. 503. [Disponible en: http://biblio- codex.colmex.mx/exlibris/aleph/a21_1/apache_media/-NHH5E1YND2NPIC7Y95DBYTY264AI76.pdf, consulta realizada el 12 de diciembre de 2015].
116 M
López Portillo inició su andadura presidencial aplicando severas medidas de contención del gasto público, pero el descubrimiento de importantes yacimientos de petróleo en el
Golfo de México117, unido a la vertiginosa subida del precio del crudo tras la ―segunda
crisis del petróleo‖, cambiaron las directrices de la política económica, experimentando
la economía mexicana un proceso de ―petrolización‖118
, es decir de convertir al petróleo en ―la palanca del desarrollo‖119
, que pretendía estimular el crecimiento, promover el empleo y pagar las importaciones, todo ello sin crear inflación y que, en un principio, pareció tener buenos resultados.
La caída del precio mundial del crudo desde 1981 redujo de forma considerable los ingresos previstos en divisas. Por ello, el gobierno de López Portillo se vio arrastrado a un fuerte préstamo externo, que fue aumentando paulatinamente, hasta alcanzar 57 mil millones de dólares a finales de 1981120, respetando apenas al principio los límites impuestos por el FMI de no contratar más allá de 10 mil millones de dólares en tres años. En 1978 se contrataron 3.350 millones; en 1979, último de vigencia del convenio, 3.340; y en 1980, se rebasaron los cuatro mil121. Esto, unido a la política económica contracíclica del gobierno de Ronald Reagan, que elevó las tasas de interés, afectando al coste de los créditos, provocó la crisis de la deuda de 1982.
En febrero de 1982, el gobierno de López Portillo decidió hacer flotar el peso en el mercado internacional —como hiciera Echevarría en 1976—, viéndose cómo la moneda caída rápidamente de 26 pesos por dólar a alrededor de 45. La inflación continuó subiendo y en agosto el gobierno decretó otra devaluación, cayendo el peso hasta quedar situado entre 75 y 80 pesos por dólar122. Un gobierno desesperado trató de evitar la
117
En septiembre de 1979, López Portillo confirmaba que México tenía alrededor del 5% de las reservas de crudo del mundo y el 3% de las reservas mundiales de gas natural. Visto en SMITH,PETER H.,1998, ob. cit., p. 131.
118 Resultan muy ilustrativas las conocidas frases pronunciadas por el presidente López Portillo: ―"México, país de contrastes, ha estado acostumbrado a administrar carencias y crisis. Ahora con el petróleo en el otro extremo, tenemos que acostumbrarnos a administrar la abundancia‖ y ―En el mundo de la economía los países se dividen en dos: los que tienen petróleo y los que no lo tienen. ¡Y nosotros lo tenemos!‖.
119
GARCÍA ALBA,PASCUAL Y SERRA PUCHE,JAIME, Causas y efectos de la crisis económica de México, México D.F., Centro de Estudios Económicos, El Colegio de México, 1984, p. 29.
120 S
KIDMORE,THOMAS E. Y SMITH,PETER H.,1996, ob. cit.,p. 271. 121 G
REEN, ROSARIO, La deuda externa de México: 1973-1987. De la abundancia a la escasez de
créditos, México, D.F., Nueva Imagen, 1988, p. 57.
122 S
MITH, PETER H., ―Capítulo 2 - México, 1946-c. 1990‖, en BETHELL, LESLIE (ed.), Historia de
América Latina, Volumen 13. México y el Caribe desde 1930, Barcelona, Crítica Grigalbo Mondadori,
huida de capitales al exterior decretando la congelación de las cuentas bancarias en
dólares y —en una decisión que se revelaría controvertida— nacionalizando la banca123
en el mes de septiembre.
El desastre económico propició el ascenso de los tecnócratas dentro del PRI, designándose como candidato presidencial al secretario de Programación y Presupuesto, Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), pero antes de que pudiera tomar posesión del cargo el primero de diciembre, la economía mexicana fue sacudida por una crisis financiera muy grave, pues México carecía de dólares para pagar su deuda externa124. Esta crisis de la deuda externa en México, que se extendería poco tiempo después a otros veintisiete países latinoamericanos, entre ellos Brasil, Venezuela, y Argentina, sería el preámbulo de la ―década perdida‖ en América Latina.
De la Madrid, con un gobierno de tecnócratas125 como él mismo, se hizo cargo no ya de
―administrar la abundancia‖, sino de capear una crisis económica estructural de grandes proporciones, encontrándose muy pronto con las consecuencias políticas e imponiendo un cambio estructural en el modelo económico que, inevitablemente y a la larga, tendría repercusiones negativas sobre el viejo aparato corporativo, debilitándolo, pues los costes de la crisis y del cambio se iban a cargar sobre los hombros de los asalariados y de los sectores populares en general.
Ciertamente, el plan de austeridad aprobado por el FMI y recogido en el Programa
Inmediato de Reordenación Económica (PIRE) —un programa de corte netamente monetarista basado en el control rígido de la oferta monetaria, como apunta Arturo
Guillén126— se orientó a reducir la demanda interna disminuyendo los salarios reales, el
123 Una descripción muy detallada de todos los acontecimientos que llevaron al proceso de nacionalización puede verse en TELLO CARLOS, La nacionalización de la Banca en México, México, D.F., Editorial Siglo XXI, 1984. El texto completo del decreto que estableció la nacionalización de la banca puede verse en: http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/gac/cont/7/doc/doc4.pdf, consulta realizada el 6 de diciembre de 2015].
124 El 20 de agosto de 1982, el entonces secretario de Hacienda de México bajo la presidencia de López Portillo, Jesús Silva Herzog, había anunciado a la comunidad financiera internacional que el gobierno mexicano ya no estaba en condiciones de cubrir el servicio completo de su deuda. Las causas que expuso fueron el aumento súbito de las tasas de interés y la enorme fuga de capitales privados desde México. 125 Sobre esta nueva generación de tecnócratas, resulta relevante el estudio de: C
ENTENO,MIGUEL ÁNGEL,
Democracy Within Reason Technocratic Revolution in Mexico, Pennsylvania State University, University
Park, P.A., 1994. 126G
UILLÉN ROMO,ARTURO, ―Capítulo II. La transición al modelo neoliberal con Miguel de la Madrid (1983-1988)‖, en México hacia el siglo XXI: crisis y modelo económico alternativo, México, D.F., Plaza y Valdés Editores, Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, 2000, p. 39.
crédito interno y el gasto público, como forma de alcanzar una drástica reducción del déficit global del sector público, y a lograr un superávit de la balanza comercial aumentando las exportaciones y reduciendo las importaciones, a costa de una severa contracción de la actividad económica y del mercado interno, según señala Isabel Rueda127.
La política económica puesta en práctica por De la Madrid indujo una profunda crisis cuyo impacto principal recayó sobre un sector social clave: la clase trabajadora. El plan de austeridad produjo pérdidas masivas de empleos. Por otro lado, lógicamente, el reembolso de la deuda pública se hizo en detrimento de los gastos sociales —sobre todo en educación y salud—. La política instrumentada en esos años contribuyó a que aumentara el porcentaje de la población que no satisfacía de manera aceptable sus necesidades esenciales en materia de alimentación, educación, vivienda y salud. En suma, fueron las mayorías populares las que cargaron con el peso del ajuste al que estuvo sometida la economía en esos años de retroceso económico y social,
deteriorándose las condiciones existenciales de la población128.
Con la crisis de 1982 concluyó una época para México, como señala Medina Peña, la época del llamado proyecto estatista, basado en un papel activo del Estado en la economía, el crecimiento hacia adentro, gastos deficitarios y un mercado protegido. De ahí en adelante se impusieron las realidades externas implícitas en la globalización de la economía internacional, así como el surgimiento del neoliberalismo y el culto a la economía de mercado, como panacea a cualquier desequilibrio económico o social. Por lo tanto, se impuso en México la escuela ortodoxa o monetarista, que llevo a la implantación de políticas contraccionistas, a las cuales acompañaron severísimos
reducciones de los aparatos administrativo y paraestatal129. Este viraje que representó un
desplazamiento radical en la dirección histórica de la economía mexicana. Se abandonó casi totalmente la política de la ISI, dándose un giro drástico en el enfoque de desarrollo económico por parte del gobierno.
127 R
UEDA PEIRO, ISABEL, México: crisis, reestructuración económica, social y política, 1982-1996, México, D.F., Siglo XXI Editores, 1998, p. 85.
128
TELLO,CARLOS, ―La crisis en México. Saldos y opciones‖, Revista de la Universidad de México, Número 415, agosto 1985, p. 6. [Disponible en: http://132.247.1.5/revista/revistaum/ojs_rum/index.php/- rum/issue/view/593, consulta realizada el 26 de diciembre de 2015].
129 M
Frente a las políticas económicas anteriores que asignaban un papel central al Estado en la promoción del crecimiento económico por medio del manejo del aparato tributario; de la fijación de precios públicos y algunos privados sujetos a control, y del uso de las barreras comerciales para promover el crecimiento, como resultado de la incorporación de México a la corriente neoliberal, en 1982 comenzó una nueva etapa en la que se iba a redefinir cualitativamente la naturaleza del Estado, pasando de uno fuertemente interventor a uno que limitaba selectivamente su participación en la economía, como
señala Ulises Beltrán130. Su papel en la economía, ya no sería una participación directa,
sino una labor de regulación, control y orientación, y en materia de bienestar social se buscaría limitar su intervención al mínimo. Por ello, en este contexto de redefinición del papel del Estado, el tema de la lucha contra la pobreza y la marginación fue eliminado de la retórica oficial.
Esta redefinición del Estado supuso un ―achicamiento‖131, una reducción de su tamaño,
materializada mediante recortes continuos en el gasto público —que se tradujo en la suspensión de una serie de subsidios, cancelación de programas sociales y despido de empleados públicos— y la venta, fusión o liquidación de un gran número de empresas públicas, llevándose a cabo un programa de ―privatización‖ —o de ―desincorporación‖, como lo llamaron en México—. Según Pedro Aspe, aunque el número de desincorporaciones fue alto, su impacto económico fue poco significativo. Por ventas se
obtuvieron recursos económicos inferiores a 500 millones de dólares132. Con la venta de
paraestatales se produjo una transferencia de poder desde el Estado, al reducir
130
BELTRÁN,ULISES,―Las dimensiones estructurales de la crisis de 1982‖, Foro Internacional, Volumen XXX, número 4, abril-junio 1990, p. 598. [Disponible en: http://codex.colmex.mx:8991/exlibris/aleph/- a18_1/apache_media/2KXIYPUE166HBQKLVHM6UYQS7RLNPJ.pdf, consulta realizada el 20 de diciembre de 2015].
131 En este contexto, resulta muy relevante la polémica sobre el tamaño del Estado. En este sentido, cabe señalar que la polémica contemporánea en relación con este tema introduce conceptos ideológicos por los que el tamaño del Estado se utiliza como variable que supuestamente define también el cumplimiento de valores, objetivos y principios políticos. Desde una perspectiva estrictamente liberal, el crecimiento del Estado se ve como acción depredadora en la que la relación entre el Estado y los individuos suma cero: mientras más grande es el Estado, menos libertades e independencia tiene la sociedad civil (SHARPE, LAWRENCE J., ―The growth and descentralisation of the modern democratic state‖, European Journal of
Political Research, Volumen 16, Número 4, julio 1988, p. 368. [Disponible en:
http://onlinelibrary.wiley.com/-doi/10.1111/j.1475-6765.1988.tb00158.x/abstract, consulta realizada el 26 de diciembre de 2015]). Desde otra perspectiva, el tamaño del Estado es una medida del bienestar social en general. Por ello, su crecimiento es benéfico y viceversa. Quizás en esta polémica, el problema no sea determinar una medida abstracta del tamaño del Estado, sino saber hasta qué punto dicho tamaño favorece o impide realizar sus propósitos de mejora del bienestar general.
132 A
SPE,PEDRO, El camino mexicano de la transformación económica, México, D.F., Fondo de Cultura
sustantivamente su poder económico —acercándose al ideal neoliberal de un ―Estado no propietario‖—, reforzando a importantes corporaciones industriales y financieras y abriéndoles las puertas del poder político, es decir, de la influencia privada directa en
ámbitos antes cerrados a los grupos económicos, según Concheiro133.
Una demostración de este giro de la política mexicana hacia las reformas estructurales promovidas por las instituciones del Consenso de Washington fue la adhesión de México al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), formalizada el 25 de julio de 1986, con lo que se empezó a desmantelar rápidamente las barreras proteccionistas ante las importaciones del extranjero. Ello significó que el