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Música celestial

La música tiene el poder extraordinario de fi jar en la memoria lo que presenta. Si tiene una letra sobre Dios, quedará registra- da en la mente y tendrá un efecto positivo, si tiene una letra mala, también tendrá una fuerte infl uencia en la mente. Pablo les aconsejó a los creyentes de Colosas que cantaran salmos y cánticos espirituales, inclusive para enseñar unos a otros. Leamos el Código Fuente de hoy que está en Colosenses 3:16.

Hay versículos bíblicos que hablan de la importancia de alabar a Dios con himnos celestiales, veamos dos de ellos: Salmo 50:23: “El que sacrifi ca acción de gracias me honra, y al que ordene su camino, le mostraré la salvación de Dios”. Isaías 51:3 (última parte): “Se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voz de cantar”.

Pablo dice a los Colosenses que los cánticos al Señor deberían ser espirituales, lo que signifi ca que ya en aquella época había diferentes estilos musicales y que una parte de ellos no era apropiada para los cristianos. En verdad la música debería ser una ex- presión de contentamiento, gratitud y alegría al autor de nuestra vida. Deberíamos cantar de las bendiciones que recibimos de Dios cada día, pero no siempre es así. Alabamos a Dios en la iglesia con los himnos del himnario, pero en casa en el celular y en la computadora mantenemos músicas que no nos edifi can y que marcan nuestra mente con mensajes elaborados por Satanás con la fi nalidad de apartarnos del Señor. La música cristiana siempre debe tener el objetivo de alabar y adorar a Dios. El interés de Satanás, que entiende bien del asunto, porque era el director del coro del cielo, es usar las músicas con tenor religioso para enfocar la mente en el hombre y no en Dios.

Veamos lo que la Sra. White dice sobre la música y su papel en nuestra edifi cación: “Pocos medios hay más efi caces para grabar sus palabras en la memoria, que el de repetirlas en el canto. Y un canto tal tiene poder maravilloso. Tiene poder para subyugar naturalezas rudas e incultas; para avivar el pensamiento y despertar simpatía; para promover la armonía de acción y desvanecer la melancolía y los presentimientos que destruyen el valor y debilitan el esfuerzo” (El evangelismo, p. 362).

¡Canta al Señor! Tú que eres adolescente y joven usa la fuerza de tus pulmones para alabar a quien merece su alabanza. ¿Quieres hacer un compromiso? Cuando llegues a tu casa selecciona en tu computadora, celular, Tablet, CD y DVD todo lo que, después de lo que estudiamos hoy, no representa alabanza a Dios. Bórralos y tíralos a la basura. Escucha cada día lo que llene tu mente de cosas buenas y agradables a Dios.

UN EMAIL A DIOS

Señor, sé que muchas personas creen que mi compromiso de no escuchar o cantar músicas que no sean para agradar a Dios es demasiado exagerado. Ayúdame a no darle importancia a lo que dicen y a levantar mi voz para alabarte y adorarte. Amén.

CONECTE LA PANTALLA

El momento de romper el hielo de hoy será bien refl exivo. Invite a los participantes del GPA a sentarse. Ponga una música de fondo bien tranquila. Entregue una hoja de papel a cada uno y prepare una caja que pondrá en el medio del grupo. Pida a todos que piensen en alguien que les hizo mucho mal. En seguida escriban el nombre de la persona en un pedacito de papel. Pregún- teles si la persona merece el perdón. Cada uno debe responder para sí mismo. Dígales que nosotros no merecíamos el perdón de Dios, sin embargo, lo recibimos con la muerte de Jesús en la cruz. Entonces pida que cada participante coloque en la caja, el nombre de la persona que escribió, si desea perdonarla. Oren juntos por las personas que tienen sus nombres en la caja para que en ese momento reciban el perdón.

BAJE EL CONTENIDO

Daisy Guerra, una comerciante de Sao Paulo sufrió la pérdida de su hijo que murió por un asaltante a la salida de su panadería. El hijo era su brazo derecho, porque ella había quedado viuda a los 30 años. Rafael, de 25 años, recibió dos tiros a quemarropa después de luchar con el asaltante para evitar que lo matara. Esa semana Rafael recibiría su diploma, era una semana que tenía todo para ser especial. Daisy dijo que la noticia de la muerte de su hijo le llegó como si fuera un golpe en su cabeza, quedó atontada. Todo ese dolor generó una actitud decidida y sorprendente. Daisy perdonó al asesino de su hijo que quedó preso y resolvió ayudar a su familia enviando alimento y ropas a la mujer y sus tres hijos pequeños cada mes de ahí en adelante. La ayuda la mantiene hasta hoy. Ella le dijo a un entrevistador: “A través del perdón que salió espontáneo de mi corazón, confi eso que siento alivio. ¡Sí, perdonar hace bien!”

Otro caso de perdón muy conocido es el de Massataka Ota. Su hijo de ocho años fue secuestrado y lo mataron por haber reco- nocido a uno de los tres secuestradores que era un policía que trabajaba en la seguridad de la empresa de su padre. En principio, Ota pensó en matar a los asesinos de su hijo, porque fue invadido por el odio. Pero en el juicio de los tres asesinos, fue a hablar con ellos y les dijo que los perdonaba. Hoy, Massataka Ota va dos veces por mes al presidio donde los criminales cumplen su pena. Les lleva semillas e implementos agrícolas y ayuda a los presos a tener un ofi cio. Ota hizo una larga travesía del odio al perdón, pero hoy dice: “El odio come nuestra vida. Cuando logramos disculpar sinceramente a la persona que nos hizo el mal, nos sentimos mucho mejor. Perdonar no solo es bueno para quien es perdonado, también es bueno para quien perdona”. Ah, y un detalle: los asesinos de Ives Ota nunca pidieron perdón a la familia del niño. Independientemente de eso, los padres perdo- naron el mal que les hicieron. Hoy son felices y viven en paz.

MENSAJE DE WHATSAPP

¿Tú tendrías la misma actitud que Daisy y Massataka si vivieras una situación semejante? ¿Estás de acuerdo con la afi rmación que hicieron que perdonar hace bien? ¿Para ti es fácil perdonar? ¿Alguien te hizo mal al punto de no poder perdonar la actitud

La música tiene el poder extraordinario de fi jar en la memoria lo que presenta. Si tiene una letra sobre Dios, quedará registra- da en la mente y tendrá un efecto positivo, si tiene una letra mala, también tendrá una fuerte infl uencia en la mente. Pablo les aconsejó a los creyentes de Colosas que cantaran salmos y cánticos espirituales, inclusive para enseñar unos a otros. Leamos el Código Fuente de hoy que está en Colosenses 3:16.

Hay versículos bíblicos que hablan de la importancia de alabar a Dios con himnos celestiales, veamos dos de ellos: Salmo 50:23: “El que sacrifi ca acción de gracias me honra, y al que ordene su camino, le mostraré la salvación de Dios”. Isaías 51:3 (última parte): “Se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voz de cantar”.

Pablo dice a los Colosenses que los cánticos al Señor deberían ser espirituales, lo que signifi ca que ya en aquella época había diferentes estilos musicales y que una parte de ellos no era apropiada para los cristianos. En verdad la música debería ser una ex- presión de contentamiento, gratitud y alegría al autor de nuestra vida. Deberíamos cantar de las bendiciones que recibimos de Dios cada día, pero no siempre es así. Alabamos a Dios en la iglesia con los himnos del himnario, pero en casa en el celular y en la computadora mantenemos músicas que no nos edifi can y que marcan nuestra mente con mensajes elaborados por Satanás con la fi nalidad de apartarnos del Señor. La música cristiana siempre debe tener el objetivo de alabar y adorar a Dios. El interés de Satanás, que entiende bien del asunto, porque era el director del coro del cielo, es usar las músicas con tenor religioso para enfocar la mente en el hombre y no en Dios.

Veamos lo que la Sra. White dice sobre la música y su papel en nuestra edifi cación: “Pocos medios hay más efi caces para grabar sus palabras en la memoria, que el de repetirlas en el canto. Y un canto tal tiene poder maravilloso. Tiene poder para subyugar naturalezas rudas e incultas; para avivar el pensamiento y despertar simpatía; para promover la armonía de acción y desvanecer la melancolía y los presentimientos que destruyen el valor y debilitan el esfuerzo” (El evangelismo, p. 362).

¡Canta al Señor! Tú que eres adolescente y joven usa la fuerza de tus pulmones para alabar a quien merece su alabanza. ¿Quieres hacer un compromiso? Cuando llegues a tu casa selecciona en tu computadora, celular, Tablet, CD y DVD todo lo que, después de lo que estudiamos hoy, no representa alabanza a Dios. Bórralos y tíralos a la basura. Escucha cada día lo que llene tu mente de cosas buenas y agradables a Dios.

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Señor, sé que muchas personas creen que mi compromiso de no escuchar o cantar músicas que no sean para agradar a Dios es demasiado exagerado. Ayúdame a no darle importancia a lo que dicen y a levantar mi voz para alabarte y adorarte. Amén.

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El momento de romper el hielo de hoy será bien refl exivo. Invite a los participantes del GPA a sentarse. Ponga una música de fondo bien tranquila. Entregue una hoja de papel a cada uno y prepare una caja que pondrá en el medio del grupo. Pida a todos que piensen en alguien que les hizo mucho mal. En seguida escriban el nombre de la persona en un pedacito de papel. Pregún- teles si la persona merece el perdón. Cada uno debe responder para sí mismo. Dígales que nosotros no merecíamos el perdón de Dios, sin embargo, lo recibimos con la muerte de Jesús en la cruz. Entonces pida que cada participante coloque en la caja, el nombre de la persona que escribió, si desea perdonarla. Oren juntos por las personas que tienen sus nombres en la caja para que en ese momento reciban el perdón.

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Daisy Guerra, una comerciante de Sao Paulo sufrió la pérdida de su hijo que murió por un asaltante a la salida de su panadería. El hijo era su brazo derecho, porque ella había quedado viuda a los 30 años. Rafael, de 25 años, recibió dos tiros a quemarropa después de luchar con el asaltante para evitar que lo matara. Esa semana Rafael recibiría su diploma, era una semana que tenía todo para ser especial. Daisy dijo que la noticia de la muerte de su hijo le llegó como si fuera un golpe en su cabeza, quedó atontada. Todo ese dolor generó una actitud decidida y sorprendente. Daisy perdonó al asesino de su hijo que quedó preso y resolvió ayudar a su familia enviando alimento y ropas a la mujer y sus tres hijos pequeños cada mes de ahí en adelante. La ayuda la mantiene hasta hoy. Ella le dijo a un entrevistador: “A través del perdón que salió espontáneo de mi corazón, confi eso que siento alivio. ¡Sí, perdonar hace bien!”

Otro caso de perdón muy conocido es el de Massataka Ota. Su hijo de ocho años fue secuestrado y lo mataron por haber reco- nocido a uno de los tres secuestradores que era un policía que trabajaba en la seguridad de la empresa de su padre. En principio, Ota pensó en matar a los asesinos de su hijo, porque fue invadido por el odio. Pero en el juicio de los tres asesinos, fue a hablar con ellos y les dijo que los perdonaba. Hoy, Massataka Ota va dos veces por mes al presidio donde los criminales cumplen su pena. Les lleva semillas e implementos agrícolas y ayuda a los presos a tener un ofi cio. Ota hizo una larga travesía del odio al perdón, pero hoy dice: “El odio come nuestra vida. Cuando logramos disculpar sinceramente a la persona que nos hizo el mal, nos sentimos mucho mejor. Perdonar no solo es bueno para quien es perdonado, también es bueno para quien perdona”. Ah, y un detalle: los asesinos de Ives Ota nunca pidieron perdón a la familia del niño. Independientemente de eso, los padres perdo- naron el mal que les hicieron. Hoy son felices y viven en paz.

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APRENDE A

PERDONAR