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Capítulo II: Música y territorio

2- La música y lo espacial :

Es ampliamente conocido cómo la música, dentro de las artes, ha sido condenada a una relación casi indisociable con categorías y conceptos derivados de la creencia de que una esencia temporal domina al arte de los sonidos63. Pero la condición espacial del pensamiento deleuziano, de la que venimos hablando, es completamente detectable también en un área aparentemente alejada de las categorías de espacio y territorio como la música, lo cual es de esperar si la geofilosofía va mucho más allá de ser una simple etiqueta.

Boulez ver Scherzinger, Martin. Enforced Dete ito ializatio , o the T ou le ith Musi al Politi s e Sounding the Virtual: Gilles Deleuze and the Theory and Philosophy of Music. Ashgate. 2010. Págs. 103-128. 63 Prácticamente la totalidad de las reflexiones sobre la música desde los primeros teóricos en la antigüedad, e incluso hasta nuestros días, ha estado monopolizada por la concesión de una importancia primordial y excluyente a la noción de tiempo. Dentro de las contadas excepciones deseamos poner, desde ya, a Deleuze, precisamente por recurrir a las nociones espaciales que están en el centro de su pensamiento respecto de las artes, aunque no exclusivamente. Ante la pregunta de si el simple uso de nociones espaciales basta para poder adjudicar a este desarrollo filosófico particular la etiqueta de geoestética, consignamos que la operación deleuziana va mucho más allá, pues tales nociones no son adornos o añadidos elegantes, sino que realmente se toman como punto de partida.

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La presencia de operaciones de agenciamiento territorial en todo tipo de campos de producción no encuentra una excepción en la música. Cuando las fuerzas que el arte captura devienen sonoras, rítmicas o melódicas, y cuando aparecen como resultado del manejo de materia sónica correspondiente al arte musical, las formas musicales que así se consiguen, los procedimientos de composición que les dan vida, así como sus efectos sobre los cuerpos, sobre lo social, sobre la política y sobre la subjetividad, obedecen a fenómenos espaciales, a verdaderos agenciamientos territoriales64:

Deleuze y Guattari arguyen que la música y la literatura, artes claramente mucho menos orientadas espacialmente y más claramente orientadas al movimiento temporal, pueden sin embargo ser representadas tan fácilmente en el modelo de la territorialización y el enmarque como las artes visuales y arquitectónicas. La música también está enmarcada, e implica la extracción del caos de un ritmo vibratorio, que luego es ubicado en el marco construido del intercambio entre lo armónico y lo melódico. La vibración deviene armónica; la melodía viene a regular el agrupamiento, la construcción,

de u a asa so o a , de u i te a io de o i ie tos i ato ios65

.

Los agenciamientos territoriales pueden entonces llevar a la construcción de distintas formas específicas dentro de la música, como modalidades de esos movimientos vibratorios o ritmos enmarcados. Deleuze y Guattari señalan cómo con la música se forman bloques sonoros de sensación con formas particulares, los cuales se constituyen como marcos, cierres y determinaciones, tanto espaciales como temporales, con diferentes grados de des/re/territorialización. Mediante una categorización, entre otras posibles, nos ilustran dicho fenómeno en términos arquitectónicos y altamente espaciales, pues establecen los que serían diferentes componentes o formas elementales como si se tratase de unidades materiales–, espo sa les de o st ui la asa so o a su te ito io : el aire melódico, ritornelo monofónico, casi restringido a la simple vibración; el motivo, ya polifónico, un elemento de melodía que entra en el desarrollo de otro y crea contrapunto, consiguiendo un abrazo o acoplamiento; y el tema, como objeto de modificaciones

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Jorge Maldonado abre la discusión cuestionando si lo territorial es en Deleuze necesariamente identificable con lo espacial, pregunta de gran dificultad y también de gran interés que merece tratamiento

apa te: el p o le a de la úsi a e Deleuze o es u p o le a de tie po, si o de te ito io; i si uie a de

espacio, sino de territorio en tanto que salida del caos. Es decir, es un problema de creación, y sólo en esa medida es un problema de duración. Pero aquí ya no estamos en el planteamiento común sobre el tiempo y

la úsi a . Música y creación: un sentido en el pensamiento de Gilles Deleuze. Pág. 190. 65 Grosz, Elizabeth. Op. Cit. Deleuze and the Framing of the Earth. Pág. 20.

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armónicas a través de líneas melódicas, que arrastra irremediablemente aflojamientos, hendiduras y aperturas66.

Por lo dicho hasta aquí, no es raro que Deleuze y Guattari establezcan que en la música tiene lugar un auténtico geomorfismo, como queda consignado cuando tratan de identificar las características que harían posible distinguir a un pájaro considerado músico, es decir, verdaderamente artista, de uno que no llegaría a serlo67. Tales características no serían otras que una aptitud para producir afectos sonoros, rítmicos o melódicos, llevando a cabo agenciamientos territoriales: la capacidad de ocasionar, por un lado, motivos territoriales68, y por el otro, contrapuntos territoriales69. Se trata de la conquista de un estilo, más allá de las pancartas, marcas territoriales o firmas; de la capacidad de expresar la ela ió del te ito io o i pulsos i te os o i u sta ias e ternas, incluso si éstas o está dadas 70. Esta relación sería geomorfa porque, al comprometer al territorio, se

crean ritmos, patrones regulares que son verdaderas versiones de todos los elementos que hacen el territorio, variaciones a partir de ellos. La ca ió es geo ó fi a e ta to el proceso de territorialización en un sentido canta a través del pájaro en un ritornelo autónomo que expresa el modelado del agenciamiento de componentes territoriales 71. ¿Pero participa la música, como una más entre las artes, de esa condición espacial y territorial establecida para todas ellas? Veremos que en realidad la música tiene, particularmente, no sólo en esa condición territorial sino además frente a ella, su papel más importante. Es por eso que el proceso de aclaración de una cita que contiene este problema resultará central para los propósitos del presente trabajo pues, de manera

66 Deleuze, Gilles y Félix Guattari. ¿Qué es la filosofía? Pág. 192. 67

Deleuze y Guattari. Mil Mesetas. Pág. 325.

68 Constituidos por la relación con un medio de impulsos internos, dando paso a personajes rítmicos. Ver Bogue, Ronald. Op. Cit. Pág. 22.

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Constituidos por relaciones con un medio de circunstancias externas, dando paso a paisajes melódicos.

Ibíd.

70 Deleuze y Guattari. Op. Cit. Pág. 324. 71 Bogue, Ronald. Op. Cit. Pág. 22.

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categórica, Deleuze y Guattari dirán ue: La úsi a se i s i e e u p o le a u o eto: el del ito elo 72

, adjudicándole así unas características muy especiales.

Ya establecimos en el primer capítulo cómo el ritornelo está en el centro de la producción territorial; y habiendo destacado que el problema de la música está ligado al ritornelo, queda clara la ligazón de la música con lo espacial en el pensamiento de Deleuze. Pero podemos preguntarnos ahora ¿en qué consiste ese problema al que se enfrenta el arte sonoro en relación con el ritornelo, y que parece ser una de sus principales funciones? Deleuze y Guattari no nos harán espe a : El p o le a de la úsi a es [] inventar líneas de deste ito ializa ió pa a el ito elo 73, siendo ese ial e te la úsi a la ope a ió

a ti a, eado a, ue o siste e deste ito ializa el ito elo 74.