LOS DOCUMENTOS ESCRITOS
F. Imparati, op cit., pág 226 (N del E ).
30 Para m ayor facilidad, se ha traducido por «grano» lo que en la traducción
inglesa aparece com o «em m er-w heat». C onviene, por tanto, precisar que en este caso se trata del «triticum dicoccu m », generalm ente traducio por el térm ino «farro» (N . del E .).
campos situados a lo largo de la orilla izquierda del Nilo, jun to a su valoración para la imposición del tributo en grano. Pese a la elabora da fraseología y a los cálculos de cada párrafo, Gardiner adm ite que gran parte del verdadero significado y finalidad de las series perm a nece oscuro, al igual que en el caso de las tablillas de P ilo s 31.
Los varios térm inos que diferencian los campos, m uestran distin ciones: 1) de propiedad, según sea individual, del templo, real, etc.; 2) de condición: «apenas roturado», «(normalmente) arable», «ago tado», «no cultivado», etc.; 3) de colocación, en relación con las cre cidas y decrecidas del Nilo. Los registros de pequeños propietarios, que constituyen el tem a de muchos párrafos recuerdan los de Pilos en su catalogación de nombres propios y ocupaciones, así como en el hecho de que aparecen muchas mujeres.
Ejemplo: P árrafo 84.
El em barcadero del faraón en H ardai. Medidas realizadas al sur de P-ma:
La señora H athor, junto a sus hermanos: 3 arouras = 14 (ta- sable) y a 114 sacos de grano (por aroura).
Repartido para Suchus de P-m a, cultivado por m ano de H ori: 10 arouras = 214 a VA sacos de grano.
El auriga P ra ’ (hi) wenmaf, cultivado por mano del campesino Amenemope: (20) 5 arouras = 14 a VA sacos de grano.
La señora Tkam en: 5 arouras = 14 a l lA sacos de grano. El pastor Set (em) hab: 5 arouras = 14a 114 sacos de grano. El agricultor Pkhore: 5 arouras = lA a 114 sacos de grano. El servidor N akhthikhopshef: 5 arouras = Vi a 114 sacos de grano.
El encargado de establo Kenhikhopshef: 5 arouras = 14 a 1 14 sa cos de grano.
El esclavo Shedemdei: 3 arouras = 14 a 114 sacos de grano. Las dimensiones de propiedades tan pequeñas varían de un m í nimo de 0,0164 hectáreas (1/25 acre) hasta 11 hectáreas (27 acres), mientras que los campos de tierra khato, pertenecientes a la corona, varían entre 0,55 y 93 hectáreas (1 1/3 - 230 acres): Gardiner (op. cit., vol. II, pág. 98) cita a Lozach-Hug con respecto al hecho de que en tiempos recientes alrededor del 40 por 100 de las propiedades en Egip to alcanzan 14 acre e incluso menos.
31 El m onum ental trabajo de Gardinier ofrece una lectura bastante com plicada. U na exposición de los problem as y del significado de este docum ento se encuentra en la reciente aportación de M . Liverani, II m o d o d i p ro d u zio n e, en L ’a lba delta civiltá, vol. II, Torino, 1976. Para un tratam iento más general en relación con las condiciones económ icas del m undo egipcio, véase el reciente trabajo de W . H elck, W irtsch afts geschichte des alten A e g y p te n , en H an dbu ch d e r O rientalistik, 1. A b t., 1 B d ., 5 A b s chnitt, Leiden, 1975, parte 3 . a: N eu es R eich, pág. 200 y ss. (N . del E .).
Notas adicionales a la «posesión y uso de la tierra»
Ninguna clase de documentos micénicos ha dado tanto motivo de discusiones como las tablillas relativas a la posesión de la tierra en P i los. Sin em bargo, permanecen entre las zonas más oscuras en el ám bito de la interpretación de los testimonios en Lineal B. N o se puede decir que en este caso el vocabulario o la sintaxis sean m ás difíciles que de costum bre, aunque también en este aspecto se encuentren problemas sin resolver. Se trata más bien de ignorancia sobre la si tuación general, de la que las tablillas nos proporcionan solamente elementos marginales. La mayor parte de las tentativas de solución parten de una teoría preconcebida sobre la posesión de la tierra en la Grecia micénica y, por tanto, los testimonios de las tablillas se han interpretado de m anera que se adaptaran a dicha teoría. H ay que ob servar, sin embargo, que sin una operación teórica semejante tod a explicación global resultaría probablem ente imposible. Es más, las escasa cantidad de hechos incontrovertibles que se desprende de los documentos permite la más amplia variedad de interpretaciones. En este apartado intentarem os puntualizar tales hechos sin considerar distintamente cada teoría.
Ante todo, es preciso destacar que las tablillas de la serie E de P i los no representan un censo de la tierra arable de todo el reino, ni si quiera de la provincia citerior. La gran m ayoría se refieren a la locali dad de Pa-ki-ja-ne32 que es la más próxim a al palacio entre las nueve ciudades de la misma provincia; dicha localidad figura tam bién en un documento religioso (PY Tn 316)33 como sede de un santurario. T o do esto, junto al hecho de que muchas de las personas citadas en las cuatro series principales tengan títulos religiosos, justifica la conside ración de este lugar como un caso especial. Las otras dos series p rin cipales de documentos sobre la tierra (Ea y Es) se refieren, aparente mente, a zonas diferenciadas, pero, por desgracia, no tenemos ele mentos que perm itan localizarlas. Si creemos encontrarnos ante una constatación de carácter general, tenemos que preguntarnos por qué se recibieron tan pocas inform aciones34. P or tanto, parece que es más prudente suponer que las únicas zonas catalogadas son aquellas en las que surgieron particulares problemas de propiedad. Es muy p e ligroso generalizar la situación de Pa-ki-ja-ne que, por lo que se puede deducir, pudo muy bien ser excepcional.
De lo anteriorm ente expuesto se deduce que cualquier intento de comprender la m anera en que se cultivaba y distribuía el grano resul-
32 C fr. En 609 = 114 + . 33 Cfr. P Y Tn 316 = 172 + .