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Sobre qa-si-re-u, k e-ro si-ja y otros térm inos del m ism o tipo véase el artículo de

ASPECTOS PARTICULARES Y PROBLEMAS EJEMPLIFICADORES

9 Sobre qa-si-re-u, k e-ro si-ja y otros térm inos del m ism o tipo véase el artículo de

V entris-C hadw ick sobre la organización social y tam bién el de L ejeune sobre el d a m o s (n .d .c .).

tan más en el consejo que en la guerra, son, en el m ejor de los casos, espectadores, escuchan en silencio a los que tienen título para h a ­ blar y no expresan sus sentimientos más que con u n rum or de apro ba­ ción o descontento.

Otro personaje, el ko-re-te, asociado al basiléus, aparece como una suerte de prefecto de la aldea. C abría preguntarse si esta duali­ dad de direcciones en el nivel local no corresponde a la que hemos com probado en el cuadro del palacio: com o el wánax, el basiléus tendría prerrogativas principales religiosas (piénsese en los p h y-

lobasiléis de la Grecia clásica); el ko-re-te, como el lä-wä-ge-täs, ejer­

cía una función m ilitar.

H abría que relacionar el térm ino con koiros, tro p a arm ada; tendría el sentido del kóiranos hom érico, casi sinónimo de hegemon, pero que, asociado a basiléus, parece indicar, si no una oposición, por lo menos una popularidad, una diferencia de planos. P or lo de­ más, el llam ado Klumenos, ko-re-te de la aldea de I-te-re-wa, depen­ diente del palacio de Pilos, figura en otra tablilla como com andante de una unidad m ilitar; una tercera le da el calificativo de mo-ro-qa

moiropas), poseedor de una moira, de un lote de tierra.

P o r incom pleta que sea nuestra inform ación, parece posible extraer de ella algunas conclusiones generales referentes a los rasgos característicos de las m onarquías micénicas.

1. A nte to do, su aspecto bélico. El wánax se apoya en una aris­ tocracia guerrera, los aurigas, sometidos a su autoridad, pero que constituyen, dentro del cuerpo social y de la organización militar del reino, un grupo privilegiado, con su organización particular, su m o ­ do de vida propio.

2. Las com unidades rurales no están, respecto del palacio, en una dependencia tan absoluta que no puedan subsistir sin él. Supri­ m ido el control real, el dam os continuaría trab ajando las mismas tierras con las mismas técnicas. Como en el pasado, pero en un m a r­ co en adelante ya puram ente aldeano, tendría que alim entar a los re ­ yes y a los ricos señores del lugar por medio de entregas, obsequios y prestaciones más o menos obligatorias.

3. La organización del palacio, con su personal adm inistrativo, sus técnicas de contabilidad y de control, su reglam entación estricta de la vida económica y social, presenta un carácter de imitación. T o ­ do el sistema reposa sobre el empleo de la escritura y la constitución de archivos. Son los escribas cretenses, pasados al servicio de las dinastías micénicas, quienes, transform ando la escritura lineal usada en el palacio de Knossos (Lineal A) a fin de adaptarla al dialecto de los nuevos señores (Lineal B), les han aportado los medios de im plan­ tar en la Grecia continental los m étodos adm inistrativos propios de la economía palatina. L a extraordinaria fijeza del idiom a de las tablillas a través del tiem po (más de 150 a ñ o s 10 separan las fechas de

10 A quí, Vernant sigue la datación tradicional de las tablillas de K nossos. A ctu al­ m ente ésta parece en crisis debido a los nuevos hallazgos arqueológicos. V er sobre este

los docum entos de Knossos y de Pilos) y del espacio (Knossos, P i­ los, Micenas, pero tam bién T irinto, Tebas, Orcóm eno), m uestra que se tra ta de una tradición m antenida dentro de grupos estrictam ente cerrados. A los reyes micénicos, aquellos centros especializados de escribas cretenses les sum inistraron, al mismo tiempo que las técni­ cas, los esquemas p ara la adm inistración de sus palacios.

P a ra los m onarcas de Grecia, el sistema palatino representaba un notable instrum ento de poder. D aba la posibilidad de establecer un control riguroso del E stado sobre u n extenso territorio. A bsorbía y les perm itía acum ular toda la riqueza del país y concentraba, bajo una dirección única, recursos y fuerzas militares im portantes. P osibi­ litaba tam bién las grandes aventuras en países lejanos, p ara estable­ cerse en tierras nuevas o p ara ir a buscar, allende los m ares, el m etal y los productos que faltaban en el contienente griego. Se advierte un a estrecha relación entre el sistema de economía palatina, la expansión micénica a través del M editerráneo y el desarrollo en Grecia misma, ju n to a la vida agrícola, de una artesanía ya m uy especializada, orga­ nizada en gremios según el m odelo oriental.

La invasión doria destruye todo este conjunto. R om pe, por m u ­ chos siglos, los vínculos de Grecia con Oriente p ara convertirse en una barrera. A islado, replegado sobre sí mismo, el continente griego retorna a una form a de economía puram ente agrícola. El m undo h o ­ mérico no conoce ya una división del trabajo com parable a la del m undo micénico ni el empleo en un a escala tan vasta de la m ano de obra servil. Desconoce las múltiples corporaciones de «hom bres de las herram ientas», agrupadas en las cercanías del palacio o situadas en las aldeas apara ejecutar allí las órdenes reales. Al caer el im perio micénico, el sistema palatino se derrum ba por entero; jam ás volverá a levantarse. El término wánax desaparece del vocabulario p ro ­ piamente político. Lo reemplaza, en su empleo ténico, p ara designar la función real, la palabra basiléus, cuyo valor estrictamente local hemos visto y que, más que a una persona única que concentre en sí todas las form as del poder, designa, empleada en plural, una categoría de grandes que se sitúan, tan to unos como otros, en la cúspide de la jerarquía social. Suprim ido el reinado del wánax, no se encuentran huellas ya de un control organizado p o r el rey, de un ap arato adm i­ nistrativo, ni de u n a clase de escribas. La escritura m ism a desapare­ ce, como arrastrada por el derrum be de los palacios. C uando los griegos vuelven a descubrirla, a fines del siglo ix , tom ándola esta vez de los fenicios, no será sólo una escritura de otro tipo, fonética, sino producto de una civilización radicalm ente distinta: no la especialidad de una clase de escribas, sino el elemento de u n a cultura com ún. Su significación social y psicológica se habrá transform ado —p o ­ dríam os decir invertido— : la escritura no tendrá ya p o r objeto la

tem a las puntualizaciones de O . P an agl y S. H iller en D ie frü h griech isch en T exte aus M y k en isch er Z eit, D arm stadt, 1976, pág. 40 sg g ., 50 sgg.' (n .d .c .).

creación de archivos para uso del rey en el secreto de un palacio, sino que responderá en adelante a una función de publicidad; va a perm i­ tir divulgar, colocar por igual ante los ojos de todos, los diversos as­ pectos de la vida social y política.