• No se han encontrado resultados

MI MACHO ALFA EXPONE EN LA ASAB Voy a llevar mi versión masculina a clase, a la academia Estoy explorando un poco este lado mío.

In document Desvestir mis otras (página 69-76)

incesantemente A veces me veo,

MI MACHO ALFA EXPONE EN LA ASAB Voy a llevar mi versión masculina a clase, a la academia Estoy explorando un poco este lado mío.

Empoderarme, independizarme, tomar las riendas de mi vida, sin tener que ser “sexy” para gustarle a nadie, para venderme mejor.

Reviso mi experiencia masculina en el performance del festival Grado Cero, preparo con cuidado mi caracterización, y me dispongo a la aventura de salir por mi cuenta al centro de Bogotá, esta vez sin compañía ni ningún tipo de escolta. Medias negras y zapatos de cuero negros de amarrar. Algunos accesorios: reloj, gafas, ¿cartera? Voy a exponer mi ponencia sobre vestido y sujeto, y quiero hacer énfasis en el poder de mi atuendo.

Quiero que mi audiencia participe de mi experiencia. Compartir los efectos que mi presencia vestida en masculino, produce en mis movimientos, en mi actitud, en mi relación con ellos y con los espacios que habito.

Me visto en mi casa con naturalidad, al mirarme, es como el reencuentro con un viejo amigo. La sensación de rigidez me posee de inmediato Me cuesta un poco la peluca, pero es necesaria, de resto ha sido solo lavarme la cara, vestirme y salir. Me he cargado un bolso cuero con lo necesario para la sesión, es rígido y pesado, una versión femenina de un portafolio masculino. En la calle me siento un poco tiesa. Hace un sol intenso. De camino a la ASAB, paso como un transeúnte cualquiera, eso quiero creer.

¡Que calor esta peluca!, ¡me pica un poco! Calor en la calle; me pesa la carterota; me tallan las gafitas; me pesan los zapatos. Aunque nadie se detiene a mirarme de frente, yo siento mil ojos encima mío. El calor se hace más intenso.

Una vez en la Academia, ya estoy en “casa”. Nadie me saluda de entrada, no me reconocen. Me siento entre el público que escucha la ponencia en curso. Me miran con disimulo, pero no mucho. Me abstraigo en la conferencia, tomo notas. Me preparo para mi presentación. Paso al frente con el grupo correspondiente, y por fin es evidente que soy yo.

Me siento de acuerdo a mi atuendo: algo tiesa, erguida, no cruzo la pierna. Siento un poco de presión, pero no muy diferente a mi usual nerviosismo para hablar en público, sin embargo, esta ropa me aprieta un poco, es algo dura y fría. No se acopla del todo a mi piel.

Comienzo mi presentación y mientras leo muestro algunas imágenes de mis “otras” posibles. Coincide muy acertadamente lo que estoy leyendo con lo que estoy viviendo y me siento satisfecha. Observo la sensación de las prendas sobre mi cuerpo, las diferencias en mi interacción con el entorno y con la gente con quien me relaciones en esas pocas horas de la mañana del sábado en la ASAB.

69

Algunas de mis “Otras Posibles” van al Encuentro de Estudios de Corporeidad

Otra oportunidad para irrumpir en la academia con otras versiones de “mi misma”. Esta vez en la mesa de ponencias sobre performance en el marco de un encuentro de Estudios sobre Cuerpo, lo que proporciona un ámbito particular, ya que no seré la única pensando mi cuerpo y su presencia vestida, en términos sensibles. Aunque siempre es una experiencia la interacción de cuerpos vestidos, no siempre es tan notable como lo que puede producir el contraste de mi atuendo y mi actitud con el medio que abordo.

YO CYBER-PUTA en la Academia

Octubre 5, 2015 Ya me había expuesto en esta caracterización en Grado Cero y la experiencia fue algo abrumadora. Por eso pienso en exponer esta fémina que hay en mí, de primeras, para “salir de eso”. Es decir, entre más expongo mi cuerpo, entre más muestro, más tensión y, por lo tanto, más exigente el performance. Así que decido comenzar con lo que más me

cuesta.

De jovencita, mi percepción de consolidarme como mujer se enfatizaba en mi sensualidad y mi capacidad de seducción. La certeza de “gustar”, de lograr la atención de mi entorno, era el principal objetivo.

Pasaba largas horas mirándome al espejo, ensayando miradas y gestos provocadores, que acentuaba con brillantes coloretes y sombras extravagantes en mis ojos buscando la mujer en mi cara de niña. Perfilando la redondez de mis rasgos, lograba a veces agregarme años, y pretender ser una “mujer fatal”.

Ahora soy una mujer que, como la mayoría en edad adulta, siento que mi sensualidad ha sido de alguna manera aplacada, disimulada, silenciada. La discreción es lo correcto. Prohibido escandalizar para las mujeres adultas, y así poco a poco, controlando los sentidos, se desvanece mi espontaneidad. Entonces, ¿ser una mujer adulta implica renunciar a seducir, a desear, a sentir?

Me reúso a dejar de sentir y de vez en cuando exploro con la ropa, la manera de despertar la “gata” que hay en mí. Transparencias, encajes, sedas para envolverme en provocativas texturas en negro. En lo cotidiano nunca es evidente, apenas si se asoma alguna tiranta. Esta, sin embargo, es una oportunidad para exagerar y por qué no, mostrar más de la cuenta.

Vuelvo al espejo y estudio mi cara. Resalto mis ojos con una línea negra y largas pestañas postizas. Pómulos salientes, labios muy rojos. Una peluca súper peinada para enmarcar.

70

¡Vaya! ¡Qué curioso! ¡Parezco una Drag Queen! Es curioso como este maquillaje, en vez de acentuar lo femenino mío, endurece mis gestos, resalta mis rasgos masculinos. Me visto igual que para el festival Grado Cero y me dispongo a asistir a la ASAB y atender a las ponencias sobre performance. Una vez vestida (desvestida):

Advierto que debí cambiar de perfume para estimular un poco mis acciones. Aunque medio desnuda, no siento frio, la peluca parece mantenerme tibia toda, y los tacones no son tan altos como para incomodarme. Me tomo el tiempo para avanzar, me voy sin prisa, cargo mis cosas y pienso que mi mochila me delata.

Llego al salón, no hay mucha gente, puedo escoger la silla, me siento cerca a la ventana. Son sillas pequeñas, de madera un poco ajada, ¡peligran mis medias!

Comienza la ponencia, mantengo la postura: las piernas cerradas - cruzadas, la espalda recta, eso trato, ¡que silla tan incómoda!

Me cuesta acomodarme, esta falta de ropa no es muy confortable, me talla la silla en la cola y la espalda, hay fricción de la madera en la piel de mis piernas. No siento frio, ahora pienso que la temperatura es algo relativo.

Hago demasiada conciencia de mi cuerpo – corporalidad: del color de mi piel expuesta. Las medias dejan ver el grado de firmeza de mis piernas. Me ocupo de que lo transparente del top no deje ver mucho de mis senos. Esta lycra plateada no es muy flexible y me aprieta de modo que, el tono de los músculos de mi espalda, y el volumen y la flacidez de mi abdomen son mucho más evidentes. Y para completar el calzón se me trepa entre las nalgas que se asoman por el espaldar de la silla, que sigue siendo durísima.

Trato de mantener la postura que exige este atuendo, es decir, conservar la silueta de lo apretado de las prendas: no relajar la panza, no encorvar la espalda, no torcer los pies, no chancletear los zapatos Ciertamente estoy aquí y ahora, pero mi cabeza se ocupa, se distrae de la información que se imparte en el evento. Pienso en lo incomodo de esta silla.

Logro abstraerme y participar un poco de la charla. Tomo mis notas y las del evento. A mí se me olvida mi atuendo, … De vez en cuando pierdo la postura.

Al final, pierdo la postura por completo, y hasta me quito los zapatos.

La segunda ponencia es sobre anatomía desde lo médico – antropológico. Después de un rato se torna aburrido.

Reconozco de nuevo mi olor y vuelvo a mi realidad presencial - física, mi presencia aquí en este momento.

Quiero salir un rato, pero no quiero distraer al ponente y a la audiencia, aun que, no debería importarme.

Decido salir antes de terminar la charla. Me siento cansada, necesito aire.

Soy consciente de que al pararme literalmente expongo mi trasero al escrutinio de sus miradas, pero no me importa, me despido con un gesto de algunos conocidos, y me voy.

71

MI NACHO ALFA en La Academia

Octubre 6, 2015

Yo macho es la versión masculina de Ruth, es como seria yo si acentuara esta cara que también soy yo, y que expone de nuevo mi viejo deseo de ser hombre, con todas las ventajas que en algún momento considere exclusivas de este género.

No porque no me guste ser mujer en lo esencial, sino por lo que implica relacionarme con ellos: hombres. Tal vez para no tener que enfrentar, relacionarme, lidiar con los hombres siendo mujer. Por el deseo de relacionarme de igual a igual, sin tener que negociar las desventajas para llegar a un equilibrio.

Salir a la calle solo sin temer que me metan mano. Arriesgarme al ridículo sin temor a verme feo. Sentirme menos vulnerable, menos manipulable. Alta confianza en mí mismo. Camaradería y solidaridad entre amigos, las mujeres – somos enemigas naturales – leí en alguna parte. Acceso prioritario a la vida laboral, mejor remunerado.

Después confirmé que algunos hombres son muy vulnerables y también la pasan mal, y que hay muchas mujeres manipuladoras.

Siempre la lucha con esta peluca, tensión en el cuello, me incomoda también el cuello de la camisa, demasiado acartonada, fría. Y encima el cuello de la chaqueta, resulta pesado.

El sonido de los zapatos me persigue, me da el ritmo. En la calle me muevo con soltura. Mis gestos son casi los mismos, me siento muy cómoda. Camino rápido con pasos largos, con el control en el centro de mi cuerpo, contraigo la cadera que NO se contonea. Asumo una actitud corporal algo rígida. Nadie me mira de frente. En el salón, no me talla la silla, (la ropa me protege), no tengo que ocultar la barriga. Me molesta la estructura de los cuellos montados de camisa y saco. Saliendo del edificio en la portería, con caras desconcertadas preguntan: ¿La conozco? Como que sí la conozco.

Por la calle, caminando por la Jiménez, paso por entre la gente indiferente, casi desapercibida. Nada especial, no me abren el paso. No hay interacción directa: nadie me habla o me mira directamente. En la ASAB, cuando muestro mi carnet a la entrada, los porteros me miran curiosos, de resto nadie me nota, ninguna actitud prevenida, nadie me esquiva. En el salón, de entrada, no advierten mi presencia. Después, algunos asocian mi presencia del día anterior con la de hoy.

72

YO RASTA en La Academia

Octubre 7 2015

No pude resistirme a sacar “mi rasta” a pasear por la ciudad.

Esta es la expresión de mi “Energía feliz”, optimista, confiada de mí misma. Es mi silueta básica, no exige mayor artificio, por el contrario, el atuendo es ideal para lidiar con las minucias del entorno sin desaparecerme por completo, conservando pequeños rasgos de identidad, no propiamente la mía, pero alguna identidad. Disfruto mucho este atuendo.

Salgo del edificio y en la calle como si nada. No tengo medias y no tengo frio. En general muy cómoda. Se me olvida mi atuendo, si no fuera porque los dreds se me enredan con el bolso al andar.

Definitivamente adoptaría este estilo para mi vida.

El cambio no es tan dramático como para atraer atención inmediata a mi paso.

Siento un poco de calor por la peluca. Hago conciencia de no tocarme o arreglarme demasiado el pelo para no evidenciar lo postizo.

Ya dentro del teatro, me registro.

Me acaloro demasiado, me quito la chaqueta. Aunque ligero, me cuesta lidiar con el peso de los dreds, que en todo caso me protegen del aire acondicionado.

(Autorretrato)

73

CAPITULO III: DESVESTIR MIS OTRAS

75

In document Desvestir mis otras (página 69-76)