Capítulo 3. Análisis por casos
E: Y tu mamá no quería.
I: No, mi papá, eh… mi papá le dijo: “No”, mi papá me sacó de ahí, ella le dijo: “Mirá, este… lo llamamos –dice, lo llamaron a mi papá– lo llamamos para que le avisemos –dice– que ella va a hacer la comunión, y que después ya la vamos a mandar para que vaya a estudiar el noviciado, porque le estamos enseñando acá a leer y a escribir, ella ya sabe, ella va a hacer el noviciado porque después ella va a entrar a, a… para que ella pueda agarrar los hábitos” y cuando le dijeron eso a mi papá se le pararon los pelos de punta, y le dijo una grosería, no sabés, pero bueno… entonces este… y ahí me sacó.
Si bien Isabel evoca estos primeros aprendizajes formales, su alta valoración del mundo escolar los torna conocimientos de menor categoría:
(EI1,R182)
I: (…) No es lo mismo que alguien te enseñe así, que vayas a la escuela, porque en la escuela sabés cómo hacer. Yo tengo muchas faltas de ortografía, me como los puntos, los comas, todas esas cosas, eso todavía no lo puedo recuperar viste, pero lo que a mí más me gusta es la matemática, pero me cuesta un poquito.
Una cuestión a resaltar es que para Isabel esta “desventaja” (no haber ido a la escuela) no es inamovible, nos dice “todavía no lo puedo recuperar”, lo que refleja la idea de que aún es posible aprender lo que no sabe y quiere saber. Por ello Isabel hoy asiste a la escuela.
Otra persona que Isabel menciona es una profesora de corte y confección1 que, entre otras cosas, le enseñó a dividir.
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Isabel se refiere a un curso que forma parte de las ofertas de talleres y de capacitación de algunas Escuelas de Adultos.
(EI1,R371)
I: Para aprender corte y confección hay que dividir, suponele la sisa, el hombro, todas esas veces, hay cosas que uno, tenés que sacar, dividir, y yo no sabía eso, pero teníamos una profesora que era buenísima la profesora. Entonces decía: “Profesora Anita, yo no sé dividir, pero yo quiero hacer el molde”, entonces ella me dice: “Mire, no sabe dividir, pero vamos a agarrar el centímetro y vamos a dividir”. Entonces agarraba el centímetro, suponele, tenía ochenta de cintura, entonces lo doblamos al centímetro en cuatro y ya lo dividíamos, entendés. Hacíamos, eh, dividíamos, ella me enseñó a dividir así. Yo no sabía dividir.
La división que le enseñó esta profesora está apoyada en la actividad material de dividir el centímetro de costura en partes iguales y no en estrategias de cálculo. Sin embargo, como se analizará más adelante, Isabel puede en la actualidad realizar cálculos mentales de división aunque no reconozca la operación como tal ni identifique el origen de este conocimiento.
Isabel hace referencia en varias ocasiones a una tercera persona importante en su movilización para el estudio: su actual empleadora. En una clase cuenta que había pensado dejar la escuela, y que cuando esta señora le da un libro de estudio considera que es una señal o un mensaje de Dios que le dice que quiere que ella siga estudiando.
(C2,R18)
I: Yo justo estaba por dejar de venir y la patrona me dice que tiene un libro de matemática que usaron sus hijos, y que ellos ahora están en la UBA.1 Y yo justo que pensaba abandonar. Siempre que quiero abandonar Dios me manda a alguien que me dice “tenés que seguir”…
(EI1,R47)
I: Entonces cuando yo me vine a anotar justo estaba anotando Juanita,2 y me dijo (imitando a la maestra): “Pero ¿por qué no te anotás en otra escuela, más cerca?, este…
por el tema del boleto”, entonces yo le dije a Juanita que no, porque yo trabajaba por este lugar, que si… ahora me quedó un solo trabajo, pero los otros trabajos ya no me llaman a trabajar. Entonces, cuando empecé a venir a estudiar, es como que se me empezó a, a, a… a, como es, a quedarme con menos trabajo, ¿no?, entonces ya me quedó un solo trabajo por acá, entonces como que me costaba mucho viajar, a mí. Y yo estaba por dejar, ya había dejado de venir casi quince días, entonces yo tengo una señora que voy a trabajar a Flores, que ella es contadora, y siempre que yo le decía que no, que ya no iba a venir, ella siempre me decía, me regalaba un cuaderno, un libro de matemática, y me decía todas las cosas que yo tenía que hacer. Entonces yo entendí que Dios no quería que deje la escuela, eso entendí yo.
Isabel le otorga a su patrona el poder de evaluar su decisión de estudiar. Destaca su nivel educativo –es contadora– y considera que por ello puede evaluar también la calidad de los materiales de enseñanza que le ofrece su actual maestra.
(EI1,R82)
I: (…). Porque ella me dijo que… que estaba bien lo que yo había empezado a hacer, irme a la escuela que… para hacer algo por mi vida, para no quedarme ahí estancada sin saber… quizás tengo la oportunidad de hacer algo ahora y… ella me estaba ayudando, este… en matemática, todas esas cosas, pero cuando yo les… ella me preguntó qué es lo
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Sigla que corresponde a la Universidad de Buenos Aires.
que me enseñaba Juanita, entonces yo le dije: “Yo le traigo el cuaderno para que usted vea”, entonces cuando yo le llevé el cuaderno para que ella vea, me dijo que estaba muy bien, este… el material que tenía Juanita para trabajar con nosotros, y que no hacía falta que ella me ayude a mí aparte, porque el material era bueno. Y aparte, o sea, este… todo lo que, lo que Juanita clasificó1 estaba bien, o sea, las notas por ahora las tengo bien.
E: Isabel, ¿ella te enseñaba matemática antes de que vos empezaras la escuela?