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Mandalas y Thangkas

In document UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID (página 77-83)

4.1 Morirse como proceso psicológico adaptativo expresado a través de los textos

4.1.3 El Bardo de la meditación

4.1.3.3 Mandalas y Thangkas

Algunos de los recursos de meditación más habituales son los Mandalas67 y los Thangkas.

Los Mandalas son elementos muy presentes en las tradiciones budistas tibetanas, cobrando especial relevancia en la escuela Gelugpa. Resultan especialmente interesantes por las experiencias que proporcionan a quien practica con ellos debido a las características especiales que requieren para su elaboración y por la gran cantidad de simbolismo que conllevan. Estos objetos rituales permiten realizar la meditación a través de la visualización.

Los Thangkas son Mandalas portátiles, siendo los monjes itinerantes los primeros que comenzaron a usarlos en este formato, por la comodidad que suponía su transporte al estar pintados habitualmente en seda.

Un Mandala se compone de la simbología adecuada para liberar la mente desde dos perspectivas:

1. La de la persona que lo realiza;

67 Mandala: Palabra sánscrita que designa un diagrama que representa tanto un templo como los atributos de un Buda y que es utilizado para estimular el proceso meditativo.

-Esto es debido a que están compuestos por minuciosos dibujos que sólo pueden ser realizados prestando atención absoluta a su complejo proceso de elaboración. -Su segunda función tiene lugar al ser utilizado como ofrenda, constituyendo una práctica de desapego.

2. La del espectador;

Se debe a que la persona que lo observa se ve inmersa en un mundo simbólico inundado de mensajes que habrá de analizar, por lo que habrá de poner en práctica sus capacidades de atención plena.

Desde la primera perspectiva, la de la persona que realiza el Mandala, se observa cómo la precisión requerida para su elaboración, envuelve a la persona en un estado de concentración absoluto, ya que se realiza bajo unas directrices muy concretas y complejas, que habrán de seguirse estrechamente. En la figura 8, se plasma la minuciosidad con la que son trabajados utilizando materiales como arenisca y marmolines coloreados.

Figura 8. Elaboración de un Mandala de arena

El proceso se suele acompañar de un ambiente que predispone a la meditación, como puede ser iniciar el trabajo pensando en la motivación que empuja a realizar tal acción, perfumar el ambiente con inciensos, recitar mantras en un tono concreto, etc.

Un Mandala se diseña pensando en él como un templo que acoge tanto el macrocosmos del universo, como el microcosmos de la persona. Por este motivo ha de seguir las directrices de un diagrama cósmico, formado por líneas geométricas calculadas para representar todo su significado.

Las líneas circulares simbolizan los ciclos que tienen lugar en el universo, como son el ciclo de la vida y de la muerte.

Los rituales llevados a cabo en torno al trabajo personal con Mandalas, también revelan una buena parte de la información acerca de cómo se vive la experiencia de afrontamiento del proceso de morir.

En este caso el Mandala ofrece una posibilidad de análisis acerca de la impermanencia muy valiosa, dado que una vez completado el trabajo meditativo en torno a su realización, se procede a poner en práctica el siguiente nivel de enseñanza.

Esta segunda función o nivel de enseñanza viene dada por su posibilidad de ser utilizado como objeto ritual destinado a servir de ofrenda.

Es decir, como puede observarse en numerosos vídeos y documentales68, una vez

finalizado el minucioso proceso de elaboración del Mandala, para el cual se han invertido un número elevado de horas, éste es destruido.

Toda la arena de colores con la que se ha trabajado para su composición será tirada al río, donde continuará su camino fluyendo con las aguas. Se cierra un ciclo y se abre otro.

68 Como ejemplos se pueden ver el vídeo titulado “monjes tibetanos elaboran un mandala”. Recuperado de:

https://www.youtube.com/watch?v=YVpdwSfT2SA y el documental de los productores Kawamura, Kibe y McLean (1994) titulado “The tibetan book of dead”.

Figura 9. Destrucción del Mandala de arena

Recuperado de: http://www.ftmassana.com/blog/index.php/2011/08/26/internet-es-un- mandala-de-arena/

La experiencia de la práctica de destrucción encabezada por la propia persona que lo ha realizado, conduce a hacer patente el objeto de meditación; revela una vez más que se ha de pasar por todos los cambios con naturalidad, sin aferrarse a ningún estado o situación concreta ya que ésta también cambiará.

Este ritual de destrucción favorece un aprendizaje significativo que ayudará a la persona a ser más capaz de asimilar cómo todo se transforma y degenera, aceptando que nada permanece en el mismo estado por mucho que se desee.

Además ofrece la oportunidad de afrontar en primera persona la experiencia de pérdida, dando lugar a que ésta desarrolle habilidades que aumentan su capacidad de desapego.

Con este ritual también se hace consciente a la persona de la ley del origen interdependiente, al experimentar cómo al cambiar las causas y las condiciones, cambia también el fenómeno.

Así, en un principio la persona contaba con una serie de botes diferenciados que contenían arena de colores, que posteriormente se convirtieron en un diagrama colorido, pleno

de significado y ahora no es más que la arena de un río, de manera que el ciclo comienza de nuevo.

La conclusión, tanto cognitiva como emocional, derivada de la exposición a la pérdida, contribuye a liberar a la persona de las tensiones que provienen de las ideas erróneas acerca del cambio, la degeneración y el echar de menos.

Desde la segunda perspectiva, la del espectador, se manifiesta cómo éste vivirá un proceso de liberación a través del trabajo con Mandalas de la siguiente manera:

A través de la observación de sus imágenes, la simbología iconográfica del Mandala colabora a desencadenar un proceso de pensamiento alternativo más realista que será de gran ayuda a lo largo de la vida.

En caso contrario, si la realidad se representa en la conciencia de manera distorsionada y la persona no presta atención a ello, se imposibilita una adaptación adecuada a ésta, dando lugar a errores que se producen en cadena. Esto se debe a la manera distorsionada que a menudo muestran las personas a la hora de interpretar los sucesos de su vida.

Como se ha comentado anteriormente, en el contexto de las (TCCs) se concluye que la conciencia distorsiona las percepciones provenientes del exterior, reflejando miedos, preocupaciones, deseos y muchos otros pensamientos que habitualmente angustian a la persona. En las (TCCs) se entiende que por este motivo, a menudo, la persona no cuenta con una percepción libre y objetiva de la realidad, sino, con una percepción condicionada que sólo lleva a sufrir. Las tradiciones budistas tibetanas también atienden a este proceso cognitivo y tienen su particular manera de denominar a estas percepciones irracionales denominándolas “emociones conflictivas” o Klesha en sáncrito.

Para disminuir las posibles emociones conflictivas, el trabajo de meditación con

Mandalas busca tener presente cómo la mente condiciona la realidad, evitando que la persona

Dado que todo depende de sus causas y condiciones, incluyendo los propios pensamientos, se induce a través de la simbología del Mandala a generar unas condiciones favorables que guíen un pensamiento más racional.

Por eso, el simbolismo del Mandala ha de ser interpretado por la persona, haciendo patente una serie de ilusiones que revelan lo que se esconde en el interior de la mente del espectador. El objetivo es que la persona comprenda que esas ideas no son más que proyecciones de su mente, carentes de realidad e inevitablemente condicionadas.

De esta manera se podrá ir logrando un estado de serenidad mental permitiendo analizar la realidad objetivamente y en consecuencia aceptarla tal cual es, eludiendo las ilusiones.

Así lo explica Nyima (2003, p.20) “Una vez que los oscurecimientos de la conciencia dualista y de las emociones conflictivas han sido purificados, emergen la sabiduría que conoce la naturaleza tal como es y la sabiduría que percibe todo cuanto existe”.

La figura del guía o gurú que ubique a la persona y le haga seguir una línea de pensamiento más ajustada a la realidad es fundamental para que la persona no añada sufrimiento innecesario a ciertas circunstancias de la vida, como puede ocurrir durante el proceso de muerte.

La meditación con Thangkas en este caso, también ayuda a afrontar el proceso de morir, ofreciendo un método de visualización para asimilar las leyes que rigen los fenómenos de existencia.

Si se cuenta con la ayuda de un guía o maestro para llevar a cabo la meditación con el

Thangka, ésta será mucho más fructífera, dado que el maestro recomendará qué imágenes son

las idóneas para cada persona. Así permitirá superar sus miedos en un estado de relajación óptimo, con un control del propio cuerpo y de la mente que facilita tanto la observación como la comprensión, familiarización y aceptación del proceso de morir.

Tanto las terapias psicológicas practicadas en Occidente como las tradiciones budistas tibetanas orientales, reconocen que los miedos nunca pueden ser eludidos.

La manera de que los miedos sean superados ha de llevarse a cabo a través del enfrentamiento a ellos, para que a través de la experiencia la persona tenga la oportunidad de descubrir que las consecuencias esperadas no corresponden con lo que en realidad ocurre, es decir, la persona toma conciencia de que no son más que ilusiones.

La exposición ante estas imágenes está destinada a trabajar con los miedos, que en el caso de la muerte abarcará entre otros, el miedo a lo desconocido, enfocándose a habituar al sujeto al tránsito por el que ha de pasar durante su proceso de morir.

El objetivo de esta práctica de visualización descansa sobre la idea de que el “Yo” y el entorno, no son dos entidades diferentes, sino, dos aspectos de la misma realidad.

El guía instruye para que se reconozcan los miedos como proyecciones de la mente y así los pueda supervisar. De lo contrario la persona sufrirá y se encontrará perdida.

Para evitar esto, el maestro insiste, tanto al moribundo como a los acompañantes que estas ilusiones que le turban, no son más que proyecciones de la mente, creadas por la propia persona, por lo que no hay que temerlas como si se tratase de una realidad.

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