S T E P H E N L . M A C K N I K Y S U S A N A M A R T I N E Z - C O N D E
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os Ángeles es un lugar rico en ilusiones. Entre lamagia de Hollywood y la luz surrealista de la at mósfera, la ciudad invita a sentir que la realidad física no siempre casa con las propias percepciones. Por esta razón, la urbe más poblada de California se prestaba para que la estadounidense Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa (DARPA) desarrollase, hace ahora unos dos años, un taller con un objetivo un tanto peculiar: estudiar la creación de ilusiones que pue dan aplicarse en el terreno militar. De los asistentes, tres éramos neurocientíficos. El resto del grupo se componía de expertos del mundo del espectáculo: directores, guio nistas, artistas Foley (reproducen ruidos de la vida diaria), ingenieros de sonido y técnicos de efectos especiales. Juntos debíamos asesorar a DARPA sobre las tecnologías e investigaciones en las que invertir para que las fuerzas armadas de Estados Unidos siguiesen manteniendo el elevado nivel científico en cuanto a camuflaje táctico, ocultación (con o sin camuflaje) y capacidad de engaño. El grupo de trabajo exploró lo que tal vez resulte más importante: el papel disuasorio que pueden desempeñar los errores de percepción para evitar la confrontación armada.
Los Gobiernos no son ajenos a ese tipo de añagazas, muy al contrario. «Engañar al adversario sobre la natu raleza, la posición y la importancia de nuestras fuerzas militares y ocultar las propias intenciones tácticas y operativas ha formado parte de la estrategia militar des de un comienzo», explicaba William Casebeer, nuestro anfitrión en DARPA y actualmente director del área de investigación para sistemas humanos y autonomía de los Laboratorios de Tecnología Avanzada de Lockheed Martin. Hace miles de años, el legendario general chino Sun Tzu enfatizó la importancia de influir en las percep ciones del enemigo para optimizar el éxito, ya fuera venciendo o, mejor todavía, eludiendo la guerra, una tesis que comparten casi todos los teóricos prominentes de la acción militar. Casebeer aseguraba que las ilusiones (desde las que demandan la respuesta sensorial básica
hasta las que involucran la capacidad cognitiva superior y gobiernan los juicios y decisiones) han contribuido a que numerosos países eviten los enfrentamientos bélicos. Incluso cuando el conflicto armado ha resultado inevi table, las ilusiones han ayudado al regreso seguro de los soldados desde las zonas en guerra.
No podemos divulgar las ideas y métodos concretos desarrollados en aquel taller, pero sí podemos explicar algunas ilusiones, hoy de dominio público, que han uti lizado los Gobiernos y las fuerzas militares para crear sorpresa estratégica y evitar bajas durante el conflicto.
Destellos disuasorios
En el siglo xx se utilizaron ráfagas de luz muy brillante para desconcertar al enemigo. En la Segunda Guerra Mundial, los británicos instalaron proyectores de arco de carbono en sus tanques con el fin de cegar a los pilotos alemanes que atacaban los barcos situados en el canal de Suez. El sistema, denominado «luz de defensa del canal», lanzaba destellos potentes desde la ranura de la torreta del carro blindado contra el avión atacante. Ello provo caba un efecto cegador en el aviador: sus neuronas reti nianas respondían con rápidas ráfagas de actividad y su sistema visual cerebral
producía las primeras reacciones en respues ta a la luz intermitente. Sin embargo, al final no se emplearon los tanques así provistos que se llevaron al canal para disuadir de los bombardeos.
Desde hace unos cua renta años, la milicia y la policía utilizan otra arma no letal: la gra nada de aturdimiento (A). Este dispositivo produce un sonido ex plosivo muy fuerte
(excede los 170 decibelios, más que un disparo de esco peta) a la vez que emite un destello luminoso intenso, de tal manera que satura todos los fotorreceptores de las personas que se encuentran en el entorno y las ciega por un tiempo. De esta forma se consigue reducir, durante unos cinco segundos, la eficiencia de los sistemas sen soriales primarios del sujeto, a la vez que se evitan las lesiones físicas. © A GE FO T OS T OCK
«Toda acción bélica se funda en el engaño.»
—Sun Tzu, hacia el siglo vi a.C.
L O S A U T O R E S
Stephen L. Macknik y Susana Martinez-Conde son
profesores de oftalmología en la Universidad estatal de Nueva York.
ILUSIONES Ejércitos fantasma
Durante la Segunda Guerra Mundial, los aliados cons truyeron un gran ejército de maniquís y vehículos infla bles para «reforzar» las tropas que tenían desplegadas sobre el terreno. Desde el aire, estas imitaciones parecían lo bastante auténticas para influir en las decisiones estra tégicas de las fuerzas alemanas. El Ejército británico re clutó a Jasper Maskelyne, ilusionista, para que dirigiera un equipo de expertos encargados de desarrollar estos engaños. Se les conocía como Magic Gang y se cuenta que sus estrategias ilusorias lograron burlar al mariscal de campo Erwin Rommel en la batalla de El Alamein. ¿Cómo? Colocó en el norte del campo de batalla 1000 tanques «disfrazados» de inofensivos camiones; en el sur «atacaron» con 2000 carros señuelo (B), acompañados
de vehículos de apoyo igual de falsos.
Los señuelos militares de hoy en día, tanto los vehícu los como las armas, resultan sumamente verosímiles y pueden pasar por auténticos, incluso a distancias de pocos cientos de metros. Además, pueden desplegarse y retirarse en unos minutos. Los engaños de este tipo fun cionan porque la acuidad del sistema visual humano es limitada y resuelve los detalles de forma dependiendo de la distancia (cuanto más cerca, más se aprecian los deta lles). Por ello, los señuelos se diseñan considerando la distancia mínima desde la que podrían ser observados y la resolución de los satélites de vigilancia. De esta mane ra se dificulta que los analistas puedan distinguir la autenticidad del objeto. El coste de fabricación de tales dispositivos es muy inferior al de los equipos o el arma mento auténtico. Con otras palabras, su empleo estraté gico puede reforzar la capacidad de las fuerzas armadas sin necesidad de invertir mucho dinero.
Poder mágico
En la Argelia colonial de 1856, el Gobierno imperial francés temía que los jefes supremos religiosos de las tribus, conocidos como morabitos, ejercieran una in fluencia indeseada sobre la población y los caciques árabes. Se creía que los morabitos podían producir mi lagros. Estos, obviamente, eran trucos de magia. Los mandos militares franceses recabaron la ayuda de un
famoso mago parisino, Jean Eugène RobertHoudin, con la esperanza de que sus ilusiones pudieran rivali zar con los «milagros» de esos líderes religiosos y que socavaran las creencias mágicas de los espectadores. El mago exhibió sus proezas en un teatro de Argel (C) y, poco después, en una serie de puestos avanzados en el desierto. El truco de la caja ligera y pesada resultó espe cialmente eficaz. RobertHoudin llamaba al escenario a algún cacique árabe fornido y le pedía que alzase una pequeña caja de madera. A continuación, anunciaba que privaría a ese hombre de su vigor, de tal manera que ya no sería capaz de levantar la caja. Esta contenía un elec troimán (fuerza que no conocían los morabitos), que la enclavaba en su sitio. El mago remataba la actuación propinando una descarga eléctrica dolorosa pero inocua a su hercúleo voluntario, quien abandonaba el escena
rio a todo correr. H
PA R A S A B E R M Á S
Memoirs of RobertHoudin, ambassador, author, and conjurer. JeanEugène Robert Houdin. Traducido por Sir Frederic
Charles Lascelles Wraxall. Chapman and Hall, 1859. Secret strobelight weapons of World War II. David Hambling
en Wired. Publicado en Internet, 17 de mayo de 2008. www.wired.com/2008/05/wwiistrobet1. The ghost army of World War II: How one topsecret unit deceived the enemy with inflatable tanks, sound effects, and other audacious fakery. Rick Beyer y Elizabeth Sayle. Princeton
Architectural Press, 2015.
Decoys in service of an inflated Russian might. Andrew E. Kramer en New York Times, 12 de octubre de 2016.
C
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UNIVERS
AL IMA
GES GROUP / GETTY IMA
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BETTMANN / GETTY IMA