B R I T T A B A N N E N B E R G
Los dos jóvenes que en 1999 asesinaron a una docena de alumnos y un profesor en el estadounidense instituto Columbine han sido venerados por muchos de sus futuros imitadores.
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l 18 de julio de 2016, un refugiado de 17 años atacó con un hacha y un cuchillo a cuatro pasajeros de un tren regional que circulaba por las inmediaciones de la cuidad alemana de Wurzburgo. Los medios de comunicación informaron del suceso durante días. El joven había registrado con su teléfono móvil un vídeo en el que se confesaba adepto al Estado Islámico.Pocos días después, el 22 de julio hacia las seis y media de la tarde, empezaron las primeras comunicaciones y emisiones especiales sobre unos posibles actos terroristas en Múnich. En un principio se habló de varios sujetos provistos de armas que habían sido vistos en distintos sitios de la ciudad. Hubo un gran despliegue policial. También se interrumpió la circulación del metro, se acordonó la ciudad y los ciudadanos que se encontraban en la calle buscaron refugio en los establecimientos co merciales. La televisión mostraba imágenes de agentes de policía fuertemente armados que ponían en seguridad a las personas. En las redes sociales se precipitaban los rumores. Hasta medianoche no se supo que un solo homicida de 18 años había disparado a nueve personas en el centro comercial Olympia de Múnich y que, final mente, se suicidó.
En el marco de este clima mediático caldeado, al cabo de 48 horas un ciudadano sirio de 27 años perpetró otro ataque suicida en Alemania en nombre del islam: se voló por los aires frente a la entrada de un festival de música que se celebraba al aire libre en Ansbach. Un total de 15 personas resultaron heridas.
¿Qué lleva a cometer tales acciones? ¿Se pueden evitar? Con el fin de averiguarlo, investigadores de la Universidad de Giessen analizamos entre los años 2013 y 2016 el ataque de locura homicida o síndrome de Amok.
Llamar la atención
Ya sea con o sin trasfondo ideológico, la meta de estas personas es captar la mayor atención mediática posible.
Esto se consigue cuando el delito resulta «espectacular» y afecta a víctimas elegidas al azar. En cambio, el objeti vo de los terroristas es, sobre todo, difundir miedo y terror. Si actúan en grupo, quieren demostrar poder y violencia para hacerse respetar entre los suyos y, a su vez, ganar prestigio para sí mismos. Pero el terrorista que actúa solo presenta características en común con la persona que comente un homicidio relacionado con un ataque de locura, puesto que los dos se creen grandiosos y, por lo general, manifiestan una personalidad narcisista en extremo. Normalmente, sus fantasías de asesinato también incluyen el suicidio tras el «exitoso» acto homicida. Ello favorece que adopten una conducta intransigente. Por lo común, una vez que han empezado con el atentado quie ren matar a cuantos más inocentes mejor con el fin de causar una gran sensación.
A través del análisis de informaciones detalladas pu blicadas en los medios de comunicación pueden distin guirse dos tipos de imitadores de estos homicidas: por un lado, un grupo mayoritario formado por sujetos ino fensivos que «aprovechan» los ataques recientes de otros para emitir amenazas con las que ganan apariencia y que les permiten disfrutar, ya sea de manera anónima o pública, de la atención que reciben por ello. Por otro lado existe un grupo reducido de personas «propensas» a cometer estos ataques. Sus fantasías giran en torno a perpetrar un asesinato y se sienten motivadas para pla nificarlo. Sus amenazas son más indirectas y ambiguas. Dudan entre el deseo de anunciar su grandioso plan y la precaución de no delatarse.
La difícil búsqueda del porqué
Para nuestra investigación reunimos material de todos los casos de jóvenes homicidas que habían ocurrido en Alemania entre 1964 y 2016, así como de 40 ataques llevados a cabo por adultos (mayores de 23 años). Basa mos el análisis en expedientes penales y pruebas crimi nales, testimonios de los propios homicidas (sus diarios,
¿Qué es?
Las personas que sufren un ataque de locura homicida, o síndrome de Amok (palabra malaya para este tipo de trastorno), cometen masacres, tras las cuales, por lo general, acaban suicidándose. Suelen presentar una personalidad narcisista extrema. Por lo común, actúan movidas por sentimientos de odio, ira y venganza hacia la sociedad o hacia grupos sociales determinados. Aun así, su motiva ción principal reside en convertirse en el centro de atención de los medios de comunicación y, sobre todo, en con seguir que no se les olvide jamás.L A A U T O R A
Britta Bannenberg es profesora de
criminología en la Universidad Justus Liebig de Giessen. Desde hace años investiga el ataque de locura homicida.
notas y cartas), entrevistas con ellos, las víctimas y el entorno social, así como peritajes psiquiátricos y psico lógicos y autopsias psiquiátricas en los casos en los que el sujeto se había suicidado.
Los 35 jóvenes que habían intentado o logrado come ter un asesinato múltiple tenían entre 13 y 23 años. En su mayoría eran varones (solo registramos tres mujeres) y acostumbraban a actuar en solitario. Un total de 19 ca sos, entre los que se encontraban los homicidios produ cidos en Erfurt (2002), en Emsdetten (2006) y en Win nenden (2009), los clasificamos como un grupo típico del ataque de locura homicida. Los 14 sucesos que utili zamos como grupo de control se diferenciaban del perfil característico por la personalidad de sus autores, el motivo de acción o el procedimiento utilizado.
Los jóvenes que presentan el síndrome de Amok son, en su mayoría, tranquilos y reservados y, por lo general, se les considera tipos raros y solitarios. Se sienten extra ños en el mundo y su entorno, y tienen dificultades para relacionarse con los demás. Su personalidad es narcisis ta y manifiestan rasgos paranoicos: se ofenden con faci lidad, son egoístas y poco o nada empáticos. En cambio, no son ni impulsivos ni agresivos. A menudo se sienten humillados y maltratados (aunque a veces tan solo poco atendidos y admirados), pero los demás no comprenden sus emociones. Con frecuencia provienen de familias que, a ojos de una persona ajena, parecen normales, aunque estos sujetos adoptan un papel particular dentro del seno familiar porque resultan más introvertidos y solitarios. Carecen de relaciones de confianza con los parientes o de amistades profundas con personas de su edad. En el instituto se sienten desbordados. No forjan planes de futuro, pasan mucho tiempo frente al ordenador y pocas actividades les proporcionan alegría. No se sienten reco nocidos por los demás, desarrollan un odio muy marca do hacia sus compañeros, aunque no lo manifiestan. Por ello, no llaman la atención a causa de arrebatos de vio lencia o de delitos anteriores. Sin embargo, sus testimonios y declaraciones en Internet delatan la dimensión de su menosprecio.
Los individuos propensos a presentar un ataque de locura homicida reflexionan sobre la venganza e imagi nan de manera detallada la sensación que se debe expe rimentar al herir o matar a otras personas. Se identifican con asesinos en masa y quieren ser como ellos (o mejo res). Los imitan, por ejemplo, escuchando la misma
música. Según datos de la policía alemana, el homicida de Múnich visitó y fotografió en Winnenden la escuela de enseñanza secundaria donde en 2009 sucedió la masacre que se saldó con 15 muertos y el suicidio del homicida. También mantuvo contacto con el asesino en masa noruego Anders Breivik, autor de un ataque bom ba y una masacre posterior en un campamento de vera no. Provocó 77 muertes.
El ataque que dos estudiantes llevaron a cabo en abril de 1999 en el instituto Columbine, en Estados Unidos, fascina de manera particular a los potenciales homicidas. En la actualidad, todavía se pueden encontrar en Internet secuencias originales que grabó una cámara fija situada en la cafetería del centro. También están publicados los diarios, las redacciones y las anotaciones de los dos ase sinos, quienes habían planeado la masacre durante más de un año. En sus textos justifican las fantasías violentas con odio y menosprecio hacia la sociedad. Con todo, su mayor motivación era que jamás se les olvidara.
Durante meses, los futuros homicidas suelen limitarse a recopilar información sobre personas que han cometido masacres y a ver imágenes y vídeos de tales acciones. También fantasean que protagonizan estos actos, imaginan posibles escenarios de actuación y disfrutan del sen timien to de superioridad que les invade.
La identificación con asesinos o personajes vengativos de películas o videojuegos se antoja adolescente e inma dura. Con frecuencia, los autores imitan a sus ídolos du rante el ataque vistiendo camisetas con mensajes de odio o ropa de combate. Se presentan como víctimas que practican la venganza, lo cual no tiene nada que ver con la realidad, ya que la mayoría nunca ha sufrido acoso escolar ni maltrato. Los videojuegos de disparos en pri