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MANEJO DE LA VACA PARTURIENTA

In document Materia de Bovinotecnia (página 108-113)

Tasa de crecimiento deseada y edad al primer parto

7.2 MANEJO DE LA VACA PARTURIENTA

7.2.1 INFLUENCIA DE LA NUTRICION EN LA REPRODUCCION Y PRODUCCION

Debido a la selección genética la vaca es capaz de producir una gran cantidad de leche en el inicio de la lactancia. Sin embargo en ese momento su apetito se encuentra disminuido, por efecto de los cambios hormonales que han desencadenado el parto y el inicio de la lactancia. Esto determina que la ingestión de alimentos no siempre logre satisfacer los requerimientos y la

producción de leche. Por esto, es frecuente observar un balance energético negativo. Esta situación los animales la intentan compensar movilizando grasa de los tejidos para obtener la energía que se requiere para producir la leche. En la mayoría de los rebaños existe una moderada movilización de grasas que se considera normal, pero en otros, cuando el déficit de energía es mayor, la movilización de grasa excede la capacidad que el hígado tiene para metabolizarla y se produce el Síndrome de Movilización Grasa. (Internet 4)

Es una enfermedad metabólica que afecta a las vacas al inicio de la lactancia, debido a un déficit de energía, que el organismo trata de compensar movilizando grasa de los depósitos, una movilización excesiva produce infiltración de grasa en diferentes órganos y tejidos, alterando su función.

Esta alteración comienza a desarrollarse poco antes del parto, pero su momento más severo es al inicio de la lactancia. Se ha observado en las vacas gordas pero también en aquellas de condición corporal media, por ello la condición corporal al parto es considerada solo un factor predisponente. Sin embargo, se ha podido comprobar que existe una correlación positiva entre la pérdida de peso corporal postparto y la presentación del síndrome, lo que explicaría la presentación en vacas gordas y también en vacas con un estado nutricional medio que sufren un déficit de energía.

El proceso de movilización de grasas se inicia algunas semanas previas al parto, sin embargo la expresión patológica más severa se observa frecuentemente en la segunda semana de lactancia en donde la infiltración de grasa en el hígado puede ser de 20% o más. Normalmente se acepta como fisiológicamente normal un porcentaje de infiltración grasa de 12- 13%, el que paulatinamente comienza a disminuir en la medida que progresa la lactancia. (Internet 4)

En el inicio de lactancia las vacas sufren un déficit de energía, por lo cual movilizan grasas desde los tejidos de depósito para mantener la producción de leche. En este período una alta proporción de vacas desarrollan una moderada o severa infiltración de grasa en el hígado. Este proceso de infiltración de grasa también compromete otros tejidos de importancia para el adecuado funcionamiento orgánico. La infiltración de grasas en el hígado se desarrolla cuando las concentraciones de ácidos grasos en la sangre aumentan y la capacidad del hígado para metabolizarlos excede su capacidad para sintetizar y secretar lipoproteínas. Este proceso se inicia en el período preparto junto con un aumento de las concentraciones sanguíneas de ácidos grasos y un descenso en las concentraciones sanguíneas de lipoproteinas. Cuando la infiltración de grasa en el hígado es severa se asocia con problemas clínicos en los rebaños, aumentando la frecuencia de enfermedades infecciosas, metabólicas y problemas reproductivos que se evidencian por aumento del lapso parto-primer estro observado y aumento del índice coital. La manera más exacta para diagnosticar la infiltración de grasa en el hígado es por biopsia hepática, pero para estudiar la situación de rebaños es más práctico utilizar la información de aportes y requerimientos en la ración, considerar los cambios en la condición corporal y estudiar la composición de fluidos orgánicos tales como las concentraciones de urea, bHB y proteínas en la leche o la composición sanguínea de grupos de vacas al final de su gestación y otro grupo de vacas al inicio de la lactancia. Como prevención, las vacas al final de gestación no deben estar demasiado gordas y recibir alimentos de buena calidad para satisfacer los requerimientos de energía al inicio de la lactancia.

La forma más común de este síndrome es subclínica, pero es posible observar pérdida de peso corporal, que provoca variaciones de la condición corporal de las vacas al inicio de la lactancia. Dependiendo del grado de infiltración grasa pueden observarse casos individuales con signología de insuficiencia hepática, expresada por somnolencia, disminución del apetito, fecas escasas y temperatura corporal normal. En general las manifestaciones clínicas son indirectas y los ganaderos o algunos profesionales no siempre logran asociarlas adecuadamente al déficit de energía. (Internet 4)

En los rebaños lecheros que están sufriendo esta movilización de grasas, por deficiencia de energía al inicio de la lactancia, se ha podido comprobar diversas alteraciones. (Schulz, s.f)

En lo que se refiere a la producción de leche, la curva típica de lactancia de la vaca lechera revela que, después del parto, el apetito de la vaca es tal que el consumo de energía raramente iguala los requerimientos de la vaca.

La producción de leche alcanza un máximo después de 35 – 50 días y luego declina constantemente, en tanto que el apetito continúa en ascenso por un período más prolongado.

Se encuentra un desbalance al inicio de la lactancia de la vaca, ya que la energía que se obtiene del alimento se transforma en peso corporal del animal, y la energía retenida es destinada por el organismo a la producción de leche, razón por la cual en esta etapa la dieta debe contar con un alto porcentaje de energía requerida por la vaca lechera, lo cual provoca un balance de energético positivo.

7.2.2 ALIMENTACIÓN EN LA REPRODUCCIÓN

La reproducción determina un incremento en las necesidades de nutrientes de los animales y, al contrario, el aporte de nutrientes a los animales puede afectar a sus procesos reproductivos.

En animales adultos, la mala nutrición puede reducir la producción de óvulos y espermatozoides, de modo que las hembras no conciben o producen menos crías de lo normal. (McDonald P, 1999)

La sub-nutrición general, así como la deficiencia de algún nutriente específico, puede interferir la síntesis de hormonas implicadas en la reproducción.

La fecundidad es junto con el rendimiento lechero el factor económico más importante de la explotación de ganado de leche.

Burgstaller, G (1986), citando a Wiesner, deduce que los trastornos de la fecundidad sólo tienen causa genética en un 10% de oportunidades, y en un 90% de casos obedecen en gran número a factores ambientales, entre éste porcentaje también se cuentan los casos que son afectados por mala nutrición de los animales. La alimentación ejerce la más intensa influencia sobre el proceso reproductor.

En las etapas de secado, gestación y lactación es de gran importancia los niveles de nutrición que tenga la vaca, ya que de acuerdo a eso, se tendrá un mejor futuro productivo y reproductivo del animal.

La interacción que debe existir entre alimentación y fecundidad debe ser considerada desde largo tiempo antes de la cubrición del animal.

Con un adecuado plano de alimentación antes del parto y un lento incremento después del mismo, las raciones que se les proporcionan deben aportar un alto porcentaje de energía durante el primer mes de lactación, con el objetivo de ofrecer las mejores condiciones para un regular curso de la reproducción.

Como consecuencia de una suficiente formación de ácido propiónico a partir de pienso concentrado rico en almidón, se producen valores normales de glucosa que estimulan la formación y maduración de folículos; mientras que cuando los niveles de energía son bajos tanto como las cifras de glucosa en la sangre, se producen mayores incidencias de quistes ováricos.

Una fecundidad óptima depende de la ración administrada a diario con la producción.

7.2.3 CONDICION CORPORAL

La cantidad de reservas que una vaca posee al momento del parto tiene una influencia muy fuerte en potenciales complicaciones al momento del parto o inmediatamente después del mismo, en la producción de leche, y en la eficiencia reproductiva para la próxima lactancia. Las vacas que se encuentran demasiado delgadas poseen:

• Una producción de leche reducida debido a una falta de reservas corporales adecuadas para ser utilizadas en el comienzo de la lactancia;

• Una mayor incidencia de ciertas enfermedades metabólicas (quetosis, desplazamiento abomasal, etc.);

• Una reiniciación demorada del ciclo estral luego del parto. Por otro lado, las vacas que se encuentran demasiado gordas poseen:

• Un mayor número de complicaciones al parto (parto difícil);

• Una depresión del consumo voluntario de materia seca en el comienzo de la lactancia lo que predispone a la vaca para:

• Un incremento en la incidencia de ciertas enfermedades metabólicas (síndrome de la vaca gorda, quetosis, etc);

Figura 1: Balance energético de las vacas lecheras en el comienzo de la lactancia

La meta es la de tener vacas en "buena" condición al momento del parto, ni demasiado flacas ni demasiado gordas. La condición corporal es una evaluación subjetiva de la cantidad de grasa o de la cantidad de energía almacenada que una vaca posee. La condición corporal cambia a lo largo del ciclo de la lactancia. Las vacas en el comienzo de la lactancia se encuentran en un balance de energía negativo y perdiendo condición corporal (movilizando las reservas corporales). Cada kilogramo de peso corporal mobilizado, suministra suficiente energía como para mantener la producción de siete kilogramos de leche. Las vacas de comienzo de la lactancia no deben de perder más de un kilogramo de peso corporal por día. En contraste, las vacas en el final de la lactancia se encuentran en un balance de energía positivo y ganan condición corporal para reponer las reservas corporales perdidas en el comienzo de la lactancia. Por lo tanto, la condición corporal "ideal" cambia a lo largo de los diferentes estadíos de la lactancia (Figura 1).

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