• No se han encontrado resultados

Las manifestaciones de la sociedad de consumo en Chile

In document La personalización del consumo (página 34-41)

El modelo descrito contempla una “efectiva” solución a la dificultad característica que presenta el mecanismo de precios para ajustarse a las “necesidades” de la población. Los consumidores que no pueden hacer frente a determinados precios y a las alzas de otros, cuentan con una alternativa para no ser descartados por un mercado donde sólo importa el equilibrio entre las cantidades ofrecidas y el poder de compra. Este cariz “integrador” opera por la vía de una “gigantesca masificación” de los créditos de consumo, según observa Tomás Moulián en su libro “Chile actual:

anatomía de un mito” 49.

Siguiendo a este autor, el crédito permite un acceso “simbólico” a la “modernidad” de los bienes que en otros tiempos se adjudican exclusivamente las personas adineradas. Se ve, entonces, acuciada la construcción de la subjetividad -a partir del endeudamiento “amigable”, fraccionado en cuotas- que se permite al cliente que obtiene el crédito, siempre unipersonal (los créditos de consumo se conceden a la persona contratante, sin atención al ingreso familiar). Las relaciones de consumo presentan así una proximidad al individuo que, en conjunto con relaciones laborales flexibilizadas, configuran un panorama de personalización:

“Aun más, se pude sostener que los principios que rigen ambas esferas empujan hacia la individualización. El individuo asalariado, no mediado por el sindicato, como ideal de las condiciones de trabajo, y el individuo-consumidor

como lo real de las relaciones de consumo”50

En opinión de Moulian, que centra su análisis en la sociedad chilena, esta modificación del consumo experimentada desde los años ochenta en el país, encuentra sus antecedentes en la importante rebaja de aranceles que ha situado los bienes de consumo durables, importados o fabricados en Chile con componentes del exterior, al alcance de los salarios medios y medios bajos.

49 Véase MOULIAN, Tomás,

Chile actual: anatomía de un mito, (LOM Ediciones, 2002).

50MOULIAN, Tomás, ob. cit. p. 100.

La expansión del consumo y del comercio exterior en nuestro país ha tenido un profundo impacto en las prácticas sociales al punto de transformar la imagen que los consumidores tienen de sí mismos. Estos sucumben al consumo de productos accesibles como jeans, zapatillas, computadores, etc., originándose un proceso de adaptación de los valores a las nuevas condiciones de vida más secularizadas y más autónomas, que atiende a la diferenciación de los estilos de vida a través del consumo y el desarrollo de una ética del riesgo que invierte en educación y piensa en el mérito personal:

“Por la atomización general producida por las relaciones sociales de producción vigentes, del debilitamiento del Estado, no ha surgido una sociedad civil más fuerte. Tres tipos de presiones privilegian las estrategias individuales en contra de las asociativas: a) La flexibilización de las relaciones contractuales de trabajo, obliga a los trabajadores a disminuir los riesgos de conflictividad por miedo a la incertidumbre del empleo, favo- reciendo estrategias de acomodo en contra de estrategias colectivas de lucha, b) la expansión del consumo a crédito se consolida como una forma individual y no conflictiva (no distributiva) de acceso a "oportunidades", con tal que el trabajador sea un "trabajador decente", c) las empresas incentivan el mito de la capacitación como forma de ascenso ligada al mérito indi- vidual.”51

Las personas perciben con claridad que la economía es el ámbito de la actividad social que influye en forma más significativa en su vida, antes que la política. Lo anterior significa que no perciben un reconocimiento de su dignidad personal e identidad social, ni advierten la protección de sus intereses vitales o la integración a un esfuerzo colectivo ya que, para esos efectos, cuentan con un mercado que -a través del consumo- genera una visión de mundo (Welltanschauung weberiana) donde se cuenta con la mayor autonomía para construir su identidad. Es el proceso subrayado por Moulian de configuración simultánea de un “paraíso del consumidor” y “un páramo del ciudadano”.

51MOULIAN, Tomás, ob. cit. p. 121.

El último informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo,

publicado en mayo del año 2002 52, pone de manifiesto la tendencia hacia la

heterogeneidad y el individualismo en Chile. El documento consigna los sentimientos de incertidumbre que el propio “crecimiento y desarrollo” traen aparejados y que ponen en duda la posibilidad de que las personas consigan reconocerse en la experiencia colectiva. Se sospecha de las organizaciones intermedias, no se confía en los sistemas de previsión e, incluso, el 59% de las personas cree que la familia está en crisis. Este contexto facilita el avance de un aislamiento caracterizado por la sensación de vulnerabilidad. La poca importancia concedida a cualquier sistema deliberativo, corona este diagnóstico, ya que entrega una clara señal de que ninguna demanda encuentra espacios de recepción y que, al mismo tiempo, existe una subjetividad silenciada en el ámbito político, que encomia gradualmente el consumo como la dimensión que mejor le acomoda.

La apolitización es un riesgo creciente entre individuos que perciben como único aspecto relevante la construcción de sí mismos en el mercado

(“Ciudadanos credit-card”), y conciben a los partidos políticos como correas

de transmisión de la influencia de los candidatos entre una elección y otra; al parlamento como la base de apoyo de un gobierno de turno que, ante todo, es un banco o un administrador de demandas que no son cívicas. Como en muchos casos, la política parece influir poco en aspectos importantes de la vida cotidiana y no debería sorprender el grado de desafección presente a su respecto53.

Es así que puede hablarse de una crisis de representación en un doble sentido: por un lado, las personas no ven sus inquietudes representadas en las instituciones políticas. En función de estas demandas fundamentales 52Informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Santiago de Chile, 2002.

53 Síntomas de la fragmentación de la representatividad han sido advertidos incluso por defensores incansables de la acción colectiva. No obstante Alain Touraine, en su trabajo “Actores sociales y pautas de acción colectiva en América Latina”,postula la vigencia de categorías que orientan la acción social en América Latina -como clase, partido, sindicato-. Señala que en las sociedades latinoamericanas no existe generalmente una relación de representatividad entre grupos sociales, fuerzas políticas y expresiones ideológicas, sino una desarticulación que da lugar a una fuerte autonomía de cada uno de los componentes de la acción colectiva en relación con los demás. Agrega que las sociedades latinoamericanas en desarrollo se encuentran permanentemente atraídas por dos tendencias opuestas: por un lado se encuentra la formación positiva del tipo societal de las sociedades industriales modernas y, por otro, la lógica negativa -orientada a la ruptura del sistema social-, que combina la dependencia externa, la influencia de una oligarquía más especuladora que desarrollista y de regímenes represivos. Sentencia, finalmente, que la tensión entre estas tendencias opuestas crece conforme aumenta el nivel de modernización económica, de movilización social y de intervención política. Al respecto véase TOURAINE, Alain, Actores sociales y pautas de acción colectiva en América Latina, (OIT, 1984).

desatendidas, para muchos chilenos la política resulta ineficaz. Por otro lado, la gente pone poca atención a los discursos políticos, sobre todo cuando estos tratan conflictos autorreferidos.

Pero el desapego en relación a una experiencia “común” de sociedad y cierta sensación de desesperanza, asimismo, puede verse favorecido por otros procesos concurrentes en la sociedad de consumo. En la fragmentación social del espacio urbano, propiciada por el mercado, hoy se contempla un proceso de cambios en la escala de segregación.

Tal situación se encuentra originada en el fenómeno de liberalización del mercado de suelo y del fuerte desarrollo constatable del sector

inmobiliario privado54. Se ofrecen viviendas nuevas a familias de ingresos

medios y altos en zonas de ingresos predominantemente bajos. Con esta medida los privados buscan aumentar las rentas de la tierra, comprándola a un precio bajo, reflejo de la capacidad de pago de los ocupantes anteriores del terreno, y vendiéndola construida a precios mucho mayores. Por lo tanto, se observa una creciente construcción de “condominios cerrados” fuera del área tradicional de su concentración, ubicándose cerca de los barrios pobres, generándose así discontinuidad en el entorno. Con todo, puede afirmarse que la situación descrita introduce dos beneficios:

a) Un beneficio económico objetivo: los grupos pobres se favorecen con la llegada del desarrollo concurrente al desplazamiento descrito (trabajo, servicios, equipamiento urbano).

b) Un beneficio identitario subjetivo: el sentimiento de pertenencia a un área en progreso y no a un cordón de pobreza, llámese éste villa miseria (Argentina), una fabela (Brasil) o una población callampa (Chile). Luego, la disminución de la escala de segregación es una posibilidad que conlleva la llamada diseminación policéntrica, en que la élite se mueve a distintas partes de la ciudad y que admite otras formas de instalación espacial que vienen dadas por la aparición del 54 SABATINI, Francisco, et al.

Segregación residencial en las principales ciudades chilenas. Tendencias de las tres últimas décadas y posibles cursos de acción, EURE, Santiago de Chile, 2001,[en línea] <http://www.scielo.cl/cgi- bin/wxis.exe/iah/>.

shopping center y otro tipo de mega-proyectos, fuera del área tradicional de altos ingresos.

No obstante la construcción de un sentido de “pertenencia”, por lo menos urbano, podría verse favorecido por la situación descrita, los sentimientos de diferencia y segregación terminan por aflorar en un tercer nivel. La tercera dimensión de análisis ofrece una interpretación que se fundamenta en el miedo y en el repliegue en el espacio privado a partir de un prejuicio de inseguridad al que se concede una solución ficticia, ineficaz y propiciadora de las formas más drásticas de ruptura -atendiendo a su carga de exclusión simbólica-: el levantamiento de muros. A continuación, agudizada la segregación, se pavimenta el camino para las llamadas “condiciones de malignidad” que las investigaciones sitúan por encima de los efectos ventajosos en cuanto a su vigencia. Ellas consolidan una “nueva pobreza” que se distingue por rasgos peculiares como la ilegalidad, irregularidad e informalidad en sus asentamientos. Lejos de una opción de participar de los mercados de suelo en las ciudades, se reproducen la ausencia de servicios urbanos y las malas condiciones de accesibilidad a estos barrios, lo que ha resultado un factor adicional de empobrecimiento. Esta segregación residencial ha tenido su lamentable correlato en un aumento de los problemas sociales a través del retraso escolar, la inacción

juvenil y el embarazo adolescente55.

Las modificaciones de los conceptos tradicionales estarían haciéndose manifiestas, sobre todo, en el ámbito de las generaciones más jóvenes que se han formado al amparo del nuevo paradigma de socialización consumista. Resulta propio de los jóvenes establecer una clara distancia entre lo que los identifica y la impresión que tienen del país. Ellos no parecen hoy proclamar la igualdad y fraternidad: en Chile existen diferentes juventudes, no una gran juventud. "Si no tienes mi mismo nivel de ingresos, si no estudiaste donde yo

estudié y si no vives donde yo vivo, no eres como yo"56. Lo que caracteriza a

los jóvenes chilenos es precisamente su diferencia. Los diversos análisis realizados revelan que se sienten representados, primero por quienes tienen

55

Cfr. SABATINI ob. cit. 56

“Las juventudes y no la juventud”, precisa la socióloga y directora de estudios del Instituto Nacional de la Juventud, Paulina Fernández en ¿Qué onda con los jóvenes?, El Mercurio, 13 de Marzo de 2003.

la misma posición social que ellos, luego por aquéllos que estudiaron en un recinto similar y que viven en su comuna. La edad tiene una prioridad mucho

más baja. 57 Lo anterior redunda en que la socialización de los jóvenes sea

muy distinta a la de países como Argentina, Brasil, México y España, naciones que se ven como cercanas culturalmente a Chile, pero que respecto de sus jóvenes son diferentes:

“Aquí los grupos son homogéneos, todos los que son parecidos van a los mismos lugares y hacen las mismas cosas. Un punk de 15 años y un profesional de camisa y pantalón de 27 años aquí nunca se topan. Y mucho

menos participan de un proyecto país”.58

En consecuencia, los jóvenes no se identifican entre los distintos grupos que logran constituir, y menos con organizaciones que a su juicio expresan una voluntad heterónoma como los partidos políticos. Según los datos del

INJUV59, el 42,3% de los jóvenes entre 18 y 24 años ve a Chile como un país

consumista, un 48,5% como sin igualdad de oportunidades y un 31,7% como discriminador. Como un país justo lo considera sólo 2,2% de ellos y tolerante, sólo el 4,6%.

Como agente socializador que articula cultura y economía, el trabajo parece haber perdido centralidad. Según los resultados de la encuesta

efectuada por el PNUD en Chile el año 200260, sólo un 27% de las personas

se siente integrada a la sociedad a través del trabajo, lo que de inmediato conduce a pensar en las inestables condiciones de flexibilidad laboral, a las que hace referencia Moulian, como coadyuvante del consumo-individualista. Si bien en el mismo informe se consigna que la ausencia de datos comparables no concede la oportunidad de establecer si ese papel socializador fue más relevante en periodos anteriores, debe cotejarse esta información con el trabajo de Z. Bauman que indica, al menos, la resignificación que ha experimentado el trabajo con el auge de la cultura del consumo. Como se vio en el capítulo anterior, en las sociedades 57

Aspecto fuertemente asociado al consumo. En La distinción (Taurus, 1988), Bourdieu explica que la voluntad de un grupo de distinguirse, esto es, de acceder a una identidad social propia y ser percibido, se expresa mediante la transformación de una posesión objetiva en capital simbólico, que proporciona rótulos y etiquetas a los individuos. 58 FERNÁNDEZ, Paulina, ibid.

59FERNÁNDEZ, Paulina, ibid

60Véase Informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Santiago de Chile, 2002 p.94-96.

productivistas avanzadas ha operado un “pasaje gradual” e ineluctable de una sociedad de “productores” orientada por la ética del trabajo, a otra de “consumidores” dirigida por la estética del consumo.

También en Latinoamérica, el consumo puede llegar a adquirir una significación tan relevante como aquélla que distinguió al trabajo, al advertirse alrededor de este fenómeno una reorganización de las condiciones sociales de convivencia. En la sociedad chilena sería posible elaborar una

tipología del consumo, de acuerdo al PNUD.61 Aparece un consumidor

necesitado, cuya expresión es “yo consumo para sobrevivir”, que alcanza como grupo un 42%. Está conformado por personas de estrato bajo que orientan su consumo, de modo exclusivo, según sus carencias. Cabe indicar el sentimiento de frustración y postergación que este consumidor reconoce frente al resto.

Existe un consumidor de bienestar, o “yo consumo para estar mejor”, que corresponde a un grupo pequeño (13%) y que reúne a individuos de extracción popular que tratan de invertir sus modestos ingresos en pequeñas mejoras para el nivel de vida de sus familias -conseguir electrodomésticos, por ejemplo-. Aunque no se encuentran obsesionados por el consumo, al igual que el primer grupo se sienten perdedores y deprivados de un consumo cultural.

El consumidor existencial, “que consume para ser más” suele ser un sujeto de estrato medio muy preocupado por el público reconocimiento de su estatus. Este tipo de consumidor que aparece cada cinco entrevistados, se encuentra incomodado por la presión de distinguirse a través de lo que posee y se compara permanentemente.

Finalmente, el consumidor modelo, o “yo consumo para gratificarme”, alcanza un importante 26% y se ajustan al paradigma de consumo propuesto en la publicidad. Se trata de personas con un marcado gusto estético, preocupadas de su apariencia física, que pasea en centros comerciales y compra ropa de marca. Estos individuos de estrato medio-alto se sienten ganadores y realizados. Nótese la diversidad de fenómenos como la 61Informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) pp.98–106.

racionalización extrema del tiempo, individualismo o construcción de herméticas “comunidades imaginadas” que pueden afectar a estos grupos en su esfuerzo de distinción y movilidad social.

Tipología del consumidor:62

In document La personalización del consumo (página 34-41)

Documento similar