• No se han encontrado resultados

Los pobres en la sociedad de consumo

In document La personalización del consumo (página 45-55)

Aunque muchas veces la condición de ser pobre se encuentre por encima del umbral de supervivencia, siempre la pobreza implicará problemas de desnutrición, escasa protección, mala salud: características que en toda sociedad se asocian con “mínimos estándares de vida”. Con todo, la pobreza también comporta una dimensión psicosocial, por cuanto los calificativos de “no estar a la altura”, “tener menos” significan ser excluido de una sociedad que cree conocer muy bien sus patrones de “normalidad”.

La vida “normal” en una sociedad de consumo corresponde a la de los consumidores y su atributo más gravitante es la facultad de elegir. La conducta del consumidor implica no desaprovechar ninguna oportunidad de encontrar satisfacciones a sus deseos y placeres, prerrogativa que no tienen los pobres y que los relega a la calidad de consumidores defectuosos o frustrados. Esta es una fuente determinante de degradación social que no sólo se manifiesta como exclusión sino también como un “exilio” interno que se traduce en resentimiento y sentimientos de postergación.

71Véase BERGER, Peter, Un mundo sin hogar. Modernización y conciencia, (Edit. Sal Térrea, 1979)

Las atractivas posibilidades de planificación vital que ofrece el consumo, como formas sofisticadas de racionalización del tiempo, por ejemplo, se encuentran lejos del alcance del consumidor defectuoso que habita en barrios deprimidos o en sectores no urbanizados. A éste le cuesta encontrar formas novedosas de organizar su tiempo de modos que puedan ser apreciados como valiosos y gratificantes. Constreñido por los imperativos de la subsistencia, las perspectivas de hallar entretención y “desarrollo personal” no parecen encontrarse muy próximas a quien quedó fuera del “banquete social” (recordando a Malthus).

Tal como indica Bauman, “cuánto más pobres son los pobres, más altos y caprichosos son los modelos puestos ante sus ojos: hay que adorarlos, envidiarlos, aspirar a imitarlos. Y el sentimiento subjetivo de insuficiencia, con todo el dolor del estigma y la humillación que acarrea, se agrava ante una doble presión: la caída del estándar de vida y el aumento de la carencia relativa, ambos reforzados por el crecimiento económico en su forma actual:

desprovisto de regulación alguna, entregado al más salvaje laissez faire”.72

Quienes cuentan con recursos económicos pueden optar con un criterio estético en torno a dimensiones como la entretención y el trabajo. Ciertas actividades reservadas para ellos se encuentran elevadas a la categoría de fascinantes y refinadas, capaces de brindar experiencias incluso artísticas. Otras ocupaciones, en cambio, se encuentran modestamente remuneradas y sólo aseguran la sobrevivencia.

En la sociedad de consumo se consagra el discurso sobre la pobreza que subraya la indiferencia. Éste sentencia que los pobres no son responsabilidad de la sociedad, puesto que no han sabido aprovechar sus oportunidades. Al respecto, Moulian sostiene:

“La modernidad nos permite consumir sin remordimiento y sin peligro, lo que es más importante. Los pobres tiene que entender que sin ricos no se necesitarían jardineros ni se construirían edificios, ni se darían propinas a la

salida de los restaurantes”.73

72 Véase BAUMAN, Zygmunt,

Trabajo, consumismo y nuevos pobres, (Edit. Gedisa, 2000), p. 69.

73MOULIAN, Tomás, El consumo me consume, (LOM Ediciones, 1999), p.23

Otra lógica que puede emerger de este predicamento es aquélla que interpreta estas diferencias como producto de estructuras de dominación bien cristalizadas en la sociedad, y que deben combatirse para conservar un sentido de pertenencia, una cultura propia y definida en oposición a quienes tienen efectivas posibilidades de elección en el mercado.

Un ejemplo de esto puede apreciarse en la oposición a la enseñanza brindada por la institución escolar, en estudios como el realizado por Paul Willis en 1977, titulado “Aprendiendo a trabajar o cómo los chicos de clase

obrera consiguen trabajos de clase obrera”74. Este trabajo investiga el uso de

los recursos culturales para dar sentido y responder a las estructuras heredadas, por parte de un grupo de estudiantes ingleses de clase obrera.

De acuerdo a los resultados obtenidos, el autor plantea la presencia de una “cultura contraescolar”, identificando así las expresiones y representaciones de oposición a la autoridad formal, las reglas y los alumnos estrechamente vinculados a las demandas de la escuela. Quienes participan de esta representación cultural, se oponen a los derroteros discursivos de la institución, que asumen como falsas promesas de la ideología dominante: oportunidades que se pueden alcanzar por medio de la educación, movilidad social ascendente como una cuestión de aliento individual, títulos o certificados que abren puertas, etc. Al mismo tiempo, estos alumnos asumen como “liberadora” su condición obrera, que asocian a un trabajo manual y masculino digno de admiración, perfilándose de ese modo el proceso de reproducción cultural.

74 Véase WILLIS, Paul,

Aprendiendo a trabajar: cómo los chicos de la clase obrera consiguen trabajos de clase obrera, (Akal, 1988). Aunque se trata de un trabajo etnográfico efectuado en una ciudad industrial Británica a fines de la década del 70, su actualidad es subrayada cada vez que sonanalizados los elementos de la cultura que conducen a la reproducción de las desigualdades educativas. El cuestionamiento del individualismo y la comentada reflexión acerca de la equidad en educación, alcanzan una importante visibilidad durante los años de apogeo del modelo socialdemócrata en las sociedades productivitas avanzadas. Sin embargo, la problematización de estos temas se vincula también a otros factores, como el aumento de las corrientes post-marxistas ocupadas del problema de la alineación y fuertemente politizadas. Tal es el momento histórico en que emerge la “teoría de la reproducción cultural” difundida principalmente por Bourdieu y Passeron, que influirá de forma directa en la “teoría de la resistencia”, corriente dentro de la que se ubica la propuesta de Willis. Fundamentalmente, la vinculación de este enfoque con el planteamiento de Bourdieu radica en la idea de que los sistemas educativos ejercen una función de legitimación y reproducción de una estructura social desigual. Conectando las percepciones de estos autores, podría establecerse una trayectoria continua desde la desigualdad inicial de representación de los diferentes estratos sociales en la escuela, hasta la desigualdad planteada por la relegación de clase a ciertas disciplinas, el estancamiento en los estudios, y la distinta opción acceso a títulos educativos. Cfr. BOURDIEU, P. y PASSERON, J.C, Los estudiantes y la cultura, Labor, Buenos Aires, 1973.

CONCLUSIONES

El objetivo del estudio que aquí concluye fue delimitar los aspectos teóricos del consumo que impulsan el denominado “proceso de personalización”. Adicionalmente, se buscó vincular dichos aspectos con los rasgos que indican la presencia de una sociedad de consumo en Chile. El análisis realizado motiva las siguientes reflexiones:

1. La investigación entrega antecedentes para pensar que la radicalización de ciertos elementos característicos de la moderna definición de individuo, parecen conducir a la conformación de sociedades cuyas distintas esferas de acción son modificadas en forma sucesiva y se encuentran débilmente integradas por sujetos que se van centrando en sí mismos. Un vector esencial de estas transformaciones lo constituye el consumo, asumido por las personas como herramienta de complemento –y también de sustitución- de las cualidades personales. Incluso, en comunidades de consumidores avanzados, es posible pronunciar la sensación individual “muy liberadora” de que la identidad no se encuentra fija, sino que “va y viene” sin atender una voluntad central.

2. El consumo influye ostensiblemente en las percepciones sociales tanto del éxito y la realización personal como del fracaso, la pérdida y la pobreza. La elección, verdadera puerta de ingreso al mercado y signo emblemático de individualidad, se erige como un poderoso factor de estratificación. Por una parte, el libre ejercicio de aquélla, otorga un valor “estético” a todas las dimensiones en las cuales puede ser practicada. Por ejemplo, se eligen estilos y proyectos de vida que combinan, de manera “personalizada”, desde el tipo de trabajo y el lugar de residencia, hasta las actividades de recreación. Por otra parte, quien no cuenta con el privilegio de elegir, es delatado por su precariedad material, una trayectoria de vida lineal y “aburrida”, la práctica de actividades rutinarias, o bien, desprovistas de un sentido vocacional.

3. Al abandonar la representación homogénea acerca de sí mismo (optando por distintos “estilos de vida”), y renunciar a la percepción de que desempeña un papel provisto de utilidad social, el individuo contemporáneo debe cargar con el peso que significa que sus coetáneos no se enteren jamás del “espacio ínfimo” que ocupa en la sociedad. Esta anonimidad de las relaciones sociales se ve acentuada toda vez que, tal como ocurre en el ámbito consumo, el individuo pretende transformar su experiencia interpersonal en un diseño “a la medida” y, de este modo, someterla a la veleidosa práctica de la elección personal. El placer de elegir entre una variedad de objetos, o bien, de modelar una “buena vida” personal, junto con legitimar la gratificación de los impulsos, propicia una escasa atribución de importancia al efecto de las propias acciones en la sociedad. Sin embargo,

esta indiferencia del individuo-consumidor también comporta el

empobrecimiento de su vida personal y agudiza la experiencia subjetiva de vacío que padece.

4. Paradójicamente, avanza un consumo de “optimización individual” o “terapéutico” que busca atender algunos de los padecimientos psicosociales consignados en el punto anterior. Talleres de comunicación, expresión y relajación, prestan servicios racionalizados según el tiempo del que disponga el consumidor. Se trata de una modalidad de consumo compleja que ofrecería “control” sobre la propia vida y entregaría claves combinatorias muy funcionales a elección de “estilos de vida”. Estos apoyos personales representan un consumo “de segundo orden”, por cuanto propone “armonizar” los (sub)consumos de cuidado estético, ejercicio físico, alimentación y sexualidad.

El caso de los gimnasios parece particular. Junto con la industria de la moda y las cirugías -todas expresiones de la estetización más evidente del consumo-, estos espacios hacen del individuo el operador de una “pantalla” somática en la que ordena distintos signos de la mejor manera posible. Al igual que ocurre con el consumo de objetos, esta administración del cuerpo sufre variadas fluctuaciones de acuerdo al cambio de valores y de sentido, lo que vuelve desarraigada la relación entre la persona y su apariencia física. De esta forma, el cuerpo está dispuesto como una metáfora que es reserva

inagotable de una apariencia heterogénea y efímera, ante un consumidor que el psicoanálisis y la sociología ha calificado como “narcisista”.

5. Aunque el presente estudio se centra en los efectos individualizadores del consumo, no debe perderse de vista la concurrencia de distintos factores en el proceso de personalización. La innovación en las comunicaciones y la “mediatización de la cultura”, los nuevos usos del conocimiento y la expansión de las tecnologías de información, la globalización, etc., son factores que ponen a prueba el desgaste o adaptación de las configuraciones culturales existentes. Todos estos fenómenos aludidos han a repercutido, en mayor o menor medida, en las representaciones del individuo. Por ejemplo, puede pensarse en el contacto no dialógico, pero permanente y multimedial que ofrece Internet a los individuos, o bien, la frecuencia con que los medios de comunicación intentan rodear a los famosos de halos fascinantes, que contribuyen a la conformación de un conglomerado de consumidores (fans o cinéfilos) ávidos de personajes exitosos que han “elegido” la vida que quieren llevar.

Asimismo, es menester que futuros trabajos evalúen los efectos pormenorizados del consumo al interior de la familia como núcleo social, en la acentuación de la lucha entre orden y anomia ocurrida en algunas regiones, y comprueben su incidencia en la confianza o sospecha ciudadana respecto de las instituciones democráticas, entre otros aspectos aquí mencionados.

6. La personalización en la sociedad chilena y su anclaje en el consumo, plantea el desafío de buscar una pragmática amplia que sirva de base para la convivencia y que articule nuevas expresiones valóricas en contextos de mayor complejidad. La lógica solidaria de algunas organizaciones no gubernamentales, demuestra que el problema de los valores generados al interior de una sociedad de consumo puede enfrentarse, mediante la formulación renovada de los términos de convivencia: una “auto-realización en la auto-trascendencia”.

Pensar la realización del individuo en relación a otros es clave para superar la mirada individualista y egoísta que atribuye un carácter meramente utilitario a las relaciones humanas y las confunde siempre con el beneficio propio. El nuevo discurso debe fundamentarse en la realización de la persona en su condición de individuo abierto a otro, en torno a las dimensiones fundamentales de toda persona humana (sociabilidad, corporalidad, espiritualidad, entretención, cultura, etc.). En este contexto “inclusivo”, resulta fundamental brindar una atención especial a la presencia del pobre, que representa en esta lógica la negación de un principio que debe subyacer a todo acuerdo en favor de la subsistencia social: la orientación de la sociabilidad hacia una igual dignidad entre las personas.

Sólo en el contacto con los otros, la conciencia personal existe, y es a través de ese proceso que nos formamos y llegamos a compartir un mundo social. En este sentido, se propone un enfoque relacional que tome en cuenta la autoconcepción como uno de los discursos disponibles en la esfera pública, antes que con la forma de una estructura cognitiva privada y personal del individuo. El individuo se hace visible sólo en el seno de las relaciones sociales vigentes.

BIBLIOGRAFIA DE REFERENCIA

1) APEL, Karl Otto, Estudios Éticos: necesidad, dificultad y posibilidad de una

fundamentación filosófica de la ética en la época de la ciencia, Editorial

Fontamara, México, 1999, 223 págs.

2) BAUMAN, Zygmunt, Trabajo, consumismo y nuevos pobres, Editorial Gedisa, Barcelona, 2000, 155 págs.

3) BERGER, Peter, Un mundo sin hogar. Modernización y conciencia, Editorial Sal Térrea, Santander España, 1979, 223 págs.

4) BERMAN, Marshall, Brindis por la modernidad, en El debate: modernidad /

posmodernidad, Editorial El cielo por asalto, Buenos Aires, 1995, 400 págs.

5) BERTRAND, Sara, 2003, Mi cuerpo, una obsesión, en El Mercurio, Artes y Letras, Santiago de Chile, 28 de diciembre, E-12.

6) BRUNNER, José Joaquín, Criterios de Moralidad. Una polémica actual, en Persona y Sociedad, ILADES, Vol. VI, N° 1 y 2, Estado, ética y poder, Santiago de Chile, 1992, 231 págs.

7) BRUNNER, José Joaquín, Cartografías de la Modernidad, Dolmen Ediciones, Santiago de Chile, 1994, 212 págs.

8) BOURDIEU, Pierre, La distinción. Criterios y bases sociales del gusto, Editorial Taurus, Madrid, 1988, 597 págs.

9) DELANO, Manuel y TRASLAVIÑA, Hugo, La herencia de los Chicago Boys,

Ediciones del Ornitorrinco, Santiago de Chile, 1989, 209 págs.

10) DÍEZ NICOLÁS, Juan e INGLEHART, Ronald, Tendencias mundiales de

cambio en los valores sociales y políticos, FUNDESCO, Madrid, 1994, 770

págs.

11) DUBET, Francois y MARTUCCELLI, Danilo, En la escuela. Sociología de la

experiencia escolar, Editorial Losada S.A., Buenos Aires, 1998, 489 págs.

12) DURANT, Will, Historia de la Filosofía, Editorial Diana, México, 1978, 599 págs.

13) FERNÁNDEZ, Paulina, 2003, ¿Qué onda con los jóvenes?, en El Mercurio, Artes y Letras, Santiago de Chile, 13 de Marzo.

14) GARCÍA CANCLINI, Néstor, Consumidores y ciudadanos. Conflictos

multiculturales de la globalización, Editorial Grijalbo S.A., México D.F., 1995,

15) GERGEN, Kenneth, El yo saturado. Dilemas de identidad en el mundo

contemporáneo, Ediciones Paidós Ibérica S.A., Barcelona, 1997, 370 págs.

16) GIDDENS, Anthony, Modernidad e identidad del yo, Ediciones Península, Barcelona, 2000, 299 págs.

17) HABERMAS, Jürgen, Historia y crítica de la opinión pública, Ediciones G.Gili, Barcelona, 1999, 352 págs.

18) HAYEK, Friedrich A, Los principios de un orden social liberal, en Estudios Públicos N° 6, 1982, [en línea] <http://www.cepchile.cl/>.

19) HELLER, Agnes, Sociología de la vida cotidiana, Ediciones Península, Barcelona, 1994, 418 págs.

20) HOPENHAYN, Martín, Ni apocalípticos ni integrados. Aventuras de la

modernidad en América Latina, Fondo de Cultura Económica Chile S.A.,

Santiago de Chile, 1994, 281 págs.

21) INFORME DEL PROGRAMA DE NACIONES UNIDAS PARA EL DESARROLLO (PNUD), Santiago de Chile, 2002.

22) KERNBERG, Otto, Desórdenes fronterizos y narcisismo patológico, Editorial Paidós, México, 1997, 312 págs.

23) KRISTEVA, Julia, Las nuevas enfermedades del alma, Editorial Cátedra, Madrid, 1995, 205 págs.

24) LAJUGIE, Joseph, Los sistemas económicos, Editorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos Aires, 1973, 140 págs.

25) LASCH, Christopher, La cultura del narcisismo, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1999, 330 págs.

26) LE BRETON, David, Antropología del cuerpo y modernidad, Nueva Visión, Buenos Aires, 1995, 254 págs.

27) LIPOVETSKY, Gilles, El crepúsculo del deber. La ética indolora de los nuevos

tiempos democráticos, Editorial Anagrama S.A., Barcelona, 1996, 283 págs.

28) LIPOVETSKY, Gilles, La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo

contemporáneo, Editorial Anagrama S.A., Barcelona, 2002, 220 págs.

29) MARINAS, José Miguel, La fábula del bazar: orígenes de la cultura del

consumo, Antonio Machado Libros S.A., Madrid, 2001, 264 págs.

30) MOULIAN, Tomás, El consumo me consume, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 1999, 73 págs.

31) MOULIAN, Tomás, Chile actual: anatomía de un mito, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2002, 357 págs.

32) RIESMAN, David, et al. La muchedumbre solitaria, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1968, 375 págs.

33) SABATINI, Francisco, et al. Segregación residencial en las principales ciudades chilenas. Tendencias de las tres últimas décadas y posibles cursos

de acción, EURE, Santiago de Chile, 2001,[en línea] <http://www.scielo.cl/cgi-

bin/wxis.exe/iah/>.

34) SALVAT, Pablo, Orden espontáneo e individualismo de mercado, en Persona

y Sociedad, ILADES, Vol. XIII, N° 2, Santiago de Chile, 1999.

35) SENNET, Richard, El declive del hombre público, Editorial Península, Barcelona, 2002, 761 págs.

36) SIMMEL, Georg. Filosofía del dinero, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1977, 663 págs.

37) THOMPSON, John, Los media y la modernidad: una teoría de los medios de

comunicación, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1998, 357 págs.

38) TOURAINE, Alain, Actores sociales y pautas de acción colectiva en América

Latina, OIT, 1984, 138 págs.

39) TOURAINE, Alain, Crítica de la modernidad, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1998, 391 págs.

40) VEBLEN, Thorstein, Teoría de la clase ociosa, Fondo de Cultura Económica, México, 1963, 407 págs.

41) WILLIS, Paul, Aprendiendo a trabajar: cómo los chicos de la clase obrera

consiguen trabajos de clase obrera, Akal, Madrid, 1988, 230 págs.

RECOMENDADOS

1) BAJOIT, Guy, Todo cambia. Análisis sociológico del cambio social y cultural

en las sociedades contemporáneas, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2003,

287 págs.

2) BAUDRILLARD, Jean, Las estrategias fatales, Editorial Anagrama S.A., Barcelona, 2000, 205 págs.

3) BOURDIEU, P y PASSERON, J.C, Los estudiantes y la cultura, Editorial Labor, Buenos Aires, 1973, 166 págs.

4) CONTARDO, Oscar, 2001, Estudio mundial de valores: ¿somos una sociedad

moderna?, en El Mercurio, Artes y Letras, Santiago de Chile, 13 de mayo, E-

5) DELACAMPAGNE, Christian, Historia de la filosofía en el siglo XX, Ediciones Península S.A., Barcelona, 1999, 374 págs.

6) FAZIO, Hugo, Crece la desigualdad, otro mundo es posible, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2001, 273 págs.

7) GERGEN, Kenneth, Realidades y relaciones Aproximaciones a la

construcción social, Ediciones Paidós, Barcelona, 1996, 398 págs.

8) HOPENHAYN, Martín, El trabajo. Itinerario de un concepto, PET-CEPAUR, Santiago de Chile, 1988, 242 págs.

9) KLEIN, Melanie. Envidia y gratitud. Emociones básicas del hombre, Hormé, Buenos Aires, 1971, 156 págs.

10) KOHUT, Heinz, Análisis del self. El tratamiento psicoanalítico de los

trastornos narcisistas de la personalidad, Amorrortu Ediciones, Buenos Aires,

1977, 327 págs.

11) LARRAÍN, Jorge, Identidad chilena, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2001, 274 págs.

12) LE BRETON, David, La sociología del cuerpo, Nueva visión, Buenos Aires, 2002, 110 págs.

13) LIPOVETSKY, Gilles, El imperio de lo efímero. La moda y su destino en las

sociedades modernas, Editorial Anagrama S.A., Barcelona, 1994, 324 págs.

14) LYOTARD, Jean Francois, La condición post-moderna. Informe sobre el

saber, Editorial Cátedra, Madrid, 1998, 110 págs.

15) MARCUSE, Herbert, Cultura y sociedad, Editorial Sur S.A., Buenos Aires, 1968, 126 págs.

16) SALVAT, Pablo, El porvenir de la equidad. Aportaciones para un giro ético en

la filosofía política contemporánea, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2002,

232 págs.

17) TIMASHEFF, Nicholas, La teoría sociológica, Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2000, 397 págs.

18) TIRONI, Eugenio, La irrupción de las masas y el malestar de las élites, Editorial Grijalbo S.A., Santiago de Chile, 1999, 242 págs.

19) WEBER, Max, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2003, 213 págs.

In document La personalización del consumo (página 45-55)

Documento similar