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El trabajo en saber local tiene un modo de investigación y aprendizaje, que es realizado mediante la observación y tiene en cuenta el conjunto de creencias, conocimientos y prácticas sobre el entorno, enfocándose en una perspectiva etno ecológica o de estudio de los saberes ecológicos tradicionales. El saber local es histórico y transferido, formando parte importante del conocimiento ecológico como estudio de la apropiación humana de la naturaleza (Brosius 1986; Nazarea 1999) que integra aspectos intelectuales y prácticos, explora las conexiones entre los símbolos, conceptos y percepciones de la naturaleza y las prácticas por las cuales la apropiación material de la naturaleza tiene lugar. Este tipo de saber se basa en observaciones personales, experimentaciones de ensayo y error y la síntesis de hechos y fenómenos. Las sociedades indígenas amparan un repertorio de conocimiento que es local, colectivo, diacrónico y holístico que esta ligado a las prácticas de uso y manejo de los ecosistemas locales y poseen una larga historia de práctica en el uso de los recursos, la cual ha generado sistemas cognitivos sobre los recursos circundantes que son transmitidos de generación en generación (Toledo 2008).

Naturaleza, cultura y producción son aspectos inseparables que permiten la construcción de los saberes locales y son adquiridos mediante el proceso de aprendizaje que es diferente según la edad y el sexo (Toledo 2008). Así los grupos humanos son tomados como seres sociales quienes ejecutan procedimientos intelectuales (conocimiento y creencias), toman decisiones y ejecutan operaciones prácticas en orden a una apropiación de la naturaleza. Las sociedades poseen una memoria colectiva y una memoria social que permite develar las relaciones que la humanidad ha establecido con la naturaleza. En la cosmovisión indígena cada acto de apropiación de la naturaleza tiene que ser negociado con todas las cosas existentes (vivas y no vivas), mediante diferentes mecanismos rituales y actos chamanísticos (intercambio simbólico). Es necesario

36 manejar sus recursos y vivir con la naturaleza, pero también pueden causar la sobreexplotación de estos (Scoones 1999; Moran 1993). Por esto es necesario investigar sobre cómo las personas realmente perciben las amenazas supuestas y reales sobre las tortugas y su relación con la sustentabilidad ecológica (Rebelo & Pezzuti 2000). La recopilación de los conocimientos que cada persona tiene sobre las tortugas y la ubicación de los hábitats, pueden derivar en resultados importantes en cuanto al estado de las poblaciones de estos animales y el monitoreo de las playas en las cuales desovan, generando opciones útiles en la conservación de este recurso. El conocimiento generado por los indígenas, sus relaciones y procesos, hasta ahora comienza a ser reconocido y promovido desde los ámbitos institucionales, académicos y por las organizaciones de la sociedad civil que trabajan temas ambientales (Rodríguez et al 2007).

Los estudios desde diferentes enfoques de las ciencias sociales y de las ciencias naturales revelan el estrecho vínculo entre la diversidad biológica y cultural dada la importancia de las poblaciones animales para las comunidades humanas en cuanto a su alimentación, uso ritual, entre otros y puede dejar entrever y organizar espacios de concertación, donde se continúe con las prácticas humanas y se puedan manejar o conservar las tortugas del género Podocnemis. Un ejemplo de esto se puede observar en Ecuador, zona de Aguarico, donde el conocimiento local y técnicas de muestreo permitieron la explotación de nidadas y valoraron el recurso tortugas, destinando un porcentaje para la alimentación y otro para la conservación (Caputo 2005), dado que el porcentaje de nidos que iban a ser inundados fue mayor a la cantidad que la comunidad consumía. La eficacia de proteger una playa es importante puesto que permite que la población aumente, siendo importante para cualquier plan de conservación (Caputo 2005; Alho 1985).

3.1 CONOCIMIENTO ECOLÓGICO INDÍGENA

El interés en el conocimiento tradicional ecológico ha ido aumentando en los años recientes, porque puede contribuir a la conservación de la biodiversidacd, de especies raras, áreas

37 protegidas, procesos ecológicos y el uso de los recursos en general (Berkes et al 2000). El análisis de muchos de los conocimientos tradicionales ecológicos muestra que existe un componente del conocimiento local de las especies y otros fenómenos ambientales como un mecanismo en el cual las personas realizan sus actividades de uso de los recursos además de un conjunto de creencias encajadas en referencia a los ecosistemas. El conocimiento tradicional es un cúmulo de conocimiento-prácticas y creencias (Berkes 1999, en Berkes et al 2000, Toledo 2002) que ha evolucionado por procesos adaptativos y se ha compartido a través de generaciones con una transmisión cultural interna y con el ambiente. Este es un atributo de las sociedades con una continuidad histórica en la práctica del uso de los recursos. (Berkes et al 2000).

En el proceso de apropiación, se realizan actividades de interpretación y actuación, los cuales son procesos cíclicos de memoria colectiva e individual de una cierta cultura y que se perfeccionan por medio de la experiencia siendo resultado de diferentes fuentes de información, experiencia histórica, experiencia socialmente compartida y la experiencia individual, que en cada generación es más enriquecida y refinada. Este abordaje entre lo objetivo y subjetivo puede unirse en la interpretación etnoecológica (Toledo & Barrera- Bassols 2008) siendo el fin de la exploración etnoecológica buscar en la estructura del sistema cognitivo, las razones objetivamentes suficientes. Por su parte Posey (1985) propone, que el estudio sistemático y entendimiento de sistemas de conocimiento ecológico de sus más antiguos habitantes los amerindios, pueden ser una solución al desarrollo amazónico sin la total destrucción de la selva, sugiriendo que las culturas indígenas son un valioso recurso humano que posee la información acerca de los recursos naturales en la Amazonía. Si este conocimiento se puede integrar con tecnologías modernas entonces hay un nuevo camino en el desarrollo amazónico. La etnoecología aborda el estudio de los saberes locales y los problemas y la separación entre lo natural y lo social y se fundamenta en la multiculturalidad, comprende la realidad local mediante el estudio de dinámicas, representaciones, ritualidades y simbolismos de los factores naturales, con el objeto de crear directrices que apunten a implementar propuestas de desarrollo local endógeno o sustentable con la participación de los actores locales (Toledo 2008).

38 3.4 USO HISTÓRICO DE LAS TORTUGAS ACUÁTICAS EN LA AMAZONÍA

En Brasil, Estado de Amazonas, se conoce el uso de las tortugas acuáticas desde el siglo XVI, en la exploración realizada por los portugueses por la capitanía de San José de la Barra del Río Negro, que transportaba millones de ejemplares de charapas, taricayas y cupisos. En 1972 se registran en un año, 24 millones de tortugas en la ciudad de la Barra del Río Negro, la futura Manaus. En 1855, en la ciudad de Belem-Brasil se calcularon más de 11.176 kg de manteca de tortuga y como medida para disminuir esta explotación surgió la primera resolución protegiendo las playas de desova de las tortugas en los ríos Solimões, Negro y otros (Oliveira 2006). En el periodo de 1860 a 1870 los quelonios y sus huevos fueron utilizados por los indios y ribereños de la región amazónica, no sólo para alimentación, sino para la iluminación y producción de manteca, con el uso de millones de huevos comercializando aproximadamente 8000 potes (Smith 1974). En 1954 un resumen informativo del ministerio de agricultura de la división de caza y pesca en Brasil describe la biología y reproducción de P. expansa, mencionando las actividades de captura de esta especie además de registrar el valor económico de sus subproductos (Pereira 1954).

Cronistas Europeos han relatado sus viajes por la Amazonía, entre ellos, Paul Marcoy que en su viaje a América del Sur, recorrió los territorios peruano y brasilero probablemente entre 1840 a 1846, y publicó en París en 1869 la narración descriptiva de su recorrido en la amazonía Peruana de Tierra Blanca a Nauta, mencionando la utilización indígena de la manteca de tortuga para cocinar en viajes largos. También menciona un criadero de tortugas cercano al río Ucayali y la preparación de guiso de tortuga usado casi diariamente. En la hora del almuerzo se utilizaba el caparazón de la tortuga que se acababa de matar y con los pedazos de carne adheridos se sumergía en el río con el fin de atrapar candirús. Los pueblos indigenas Amahuacas y Chacayas ubicados por ese entonces en la desembocadura del río Ucayali en la entrada del canal del Yanayacu comercializaban con tortugas, aceite de manatí, maní y zarzaparrilla (Marcoy 1869).

39 Otros mencionan lo más representativo de los viajes amazónicos a través de grabados en los que se representa el uso de los recursos naturales por parte de las comunidades indígenas (Wiener et al 1884). Los cocamillas en Perú hacían uso de las tortugas (Morán 1993).

Figura 3. Grabado de indígena capturando Charapa Fuente: Wiener et al 1884

En Colombia el uso reportado sobre los quelonios es posterior a la época de la cauchería, por la influencia de los Brasileros en las áreas de la frontera amazónica, hacia el año 1945 (Van der Hammen 1999), cuando se establecieron puntos en el río Caquetá cerca de las playas de Manacaro, Bernardo, Maria Manteca y Bocas del Cahuinarí. En estos puntos geograficos se cargaban con tortugas de ambos sexos, de diferentes edades de desarrollo y se saqueaban los nidos llenando embarcaciones que podían llevar de 3 a 5 toneladas de productos de tortugas. Hasta los años sesenta, estos barcos se desplazaban por todo el río Caquetá y Japurá hasta llegar a Tefé y Manaus, época en que iniciaron las medidas de control en su comercio y en 1974 se prohibió su consumo (Guiro et al 1996, citado en: Campos et al 1996).

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