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Margit Eckholt: la cuestión de la mujer como signo permanente de los tiempos Legado y misión

2. El aporte de cuatro teólogas sobre la participación e importancia

2.3 Margit Eckholt: la cuestión de la mujer como signo permanente de los tiempos Legado y misión

El período histórico, tras el Concilio Vaticano II, es testigo de una gran explosión de la cultura feminista. Una nueva consideración de la función y de las características de la mujer trajo consigo grandes cambios para la sociedad y para la familia, a pesar de la gran victoria en la lucha por obtener sus derechos. Por ejemplo: el derecho al voto, el derecho a la educación, igualdad de oportunidades laborales; aunque esta tardaría más tiempo en convertirse en realidad. La educación jugó, sin duda, un papel preponderante en la emancipación de la mujer. Le abrió la puerta de las oportunidades laborales y le permitió el acceso al universo cultural.

Las reflexiones de este Concilio, en torno a la condición femenina, se produjeron en un momento en que la mujer y su papel en la sociedad, estaba aún eclipsado por el del hombre. Posterior a este momento, en la vida de la Iglesia y de la humanidad, el Magisterio de Juan Pablo II, retoma el tema de la existencia de un asunto femenino y pasa, del mero reconocimiento de su dignidad a su participación en la vida civil y social.

2.3.1. La esperanza y la desilusión

2.3.1.1. La esperanza como fundamento eclesial para la cuestión de la mujer

El papa Juan XXIII, en su encíclica Pacem in Terris, se interroga sobre la mujer como un signo de los tiempos. Ya no se mira como un instrumento sino que se debe avistar su dignidad como persona, dentro del Estado, y su fe cristiana en la Iglesia. Merece respeto porque es humana e igual al varón. Además, profesa la fe cristiana. Esto alude a la igualdad entre derecho y el hecho de la mujer ante el varón (cf. GS 9). Entre hombre y mujer (cf. GS 29) existe discriminación a nivel social, sexual, de raza, color, condición social, lengua y religión. Sin olvidar que en nuestro tiempo, las mujer participa y colabora activamente tanto en la vida social como en el apostolado de la Iglesia (cf. AA 9)101.

El proyecto de esta nueva eclesiología, la eclesiología del pueblo de Dios, en Lumen Gentium, y la constitución pastoral, en Gaudium et Spes, se orienta a los derechos humanos, es decir, ofrece a la Iglesia una base constitutiva en la vida de la mujer. Cuando se habla de la misma dignidad, en

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toda persona, no se puede excluir a la mujer (cf. LG 10-12). Allí se reafirma la dignidad tanto en el hombre como en la mujer que conforman el pueblo de Dios. La igualdad de todos los creyentes de la Iglesia, moldea buenos cristianos. La mujer cree en el pueblo de Dios, por tanto, trastoca la dignidad de la persona humana. No existe Iglesia sin ella. Esta característica es indiscutible en la nueva eclesiología; la mujer también integra y encamina a la Iglesia.102.

2.3.1.2. Desilusión: ¿fue entendida la cuestión de la mujer como signo de los tiempos?

La cuestión de la mujer fue considerada por Juan XXIII, como un signo de los tiempos en materia de justicia. Es decir, el papa responde al segundo movimiento feminista, cuyo objetivo - la igualdad entre el varón y la mujer - se forja a través de múltiples posibilidades: formación, profesión, política y publicidad. Esta preocupación se abriga desde la perspectiva externa de la Iglesia. Subsisten cambios radicales en el papel de la mujer y en las relaciones entre los sexos. Emerge entonces un interrogante ¿son conscientes el concilio y la doctrina de los desafíos que plantean si se enfoca el interior de la Iglesia a través de su conformación social? Sí, es cierto que las imágenes de la mujer, dentro y fuera de la Iglesia, se refieren a la igualdad entre mujer y varón103.

Cuando se habla de mujer con poder se referencia el carácter signo, se le cuestiona como un signo de los tiempos. Es decir, es un signo que se erige en compañía de la Iglesia para rescatar su conciencia como sujeto y está aferrada a esta. Desde esta perspectiva, la Iglesia Latinoamericana se caracteriza por ser signo del tiempo de la pobreza. Como queda constatado en la Tercera Asamblea General del Episcopado Latinoamericano, en Puebla -México, en donde el rostro de los pobres se muestra en Jesús. Sin las mujeres no hay Iglesia. Hay que entender este signo del tiempo, desde su espíritu de fe y desde su teología para que se haga partícipe de la cualidad del significado sobre la cuestión de la mujer104.

2.3.2. La nueva cualidad de la cuestión de la mujer como signo de los tiempos, revolución cultural y perspectiva salvífica para la Iglesia.

Durante el Concilio II, las mujeres católicas testimonian una reflexión profunda sobre su imagen desde la antropología teológica tradicional, consideran que allí se les discrimina. A través de la

102 Ibid., 12-13. 103 Ibid., 15. 104 Ibid., 15-16.

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Carta de Juan Pablo II a las mujeres, en 1995, y con la Carta sobre la operación entre varones y mujeres en sociedad e Iglesia, se conserva la imagen tradicional de la mujer, especialmente, dentro de la iglesia y por tanto, se cuestiona su estructura social. El ser interno de la casa de Dios no guarda una relación estrecha con el externo. En la sociedad, la relación de los sexos, ha producido un cambio de época en la biografía de la mujer105.

La cuestión de la mujer, como un signo de los tiempos, adquiere una nueva cualidad y una nueva fuerza. Durante este Concilio, la cultura del catolicismo cambia y la mujer contribuye con aquellos ambientes a través de comunidades y/o asociaciones. En los años 70, el movimiento feminista secular y eclesial, empieza a aproximarse. En los últimos años se ha experimentado un cambio radical; el descubrimiento de la subjetividad y la espiritualidad femenina como parte del acceso al público, a través de la identidad religiosa. Esto se produce al margen de las iglesias institucionalizadas. Otra visión novedosa es la perspectiva salvífica de la Iglesia. Desde esta se llega a la acción del sacramento de la salvación (cf. LG 1). Este es el gran desafío, en la nueva cualidad de la cuestión de la mujer, como signo de los tiempos, se convierte en una capacidad de culturalización de la Iglesia.106.

2.3.3. Tres elementos que determinan la nueva cualidad de la cuestión de la mujer como signo de los tiempos

2.3.3.1. El cambio en la imagen de la mujer y en la relación entre los sexos. Perspectiva social y cultural

La nueva cualidad de la cuestión de la mujer, como signo de los tiempos, significa diversidad de vida. Ser mujer debe situarse en lo privado y en lo político sin dejar de lado los conflictos que puedan surgir entre dos ámbitos de vida. Ser mujer debe redefinirse en el contexto de la relación con el varón. Ser mujer debe tematizarse en las diferencias, en los conflictos, en la igualdad y en la diferencia entre razas, clases sociales, nivel educativo y forma de vida107.

En la constitución pastoral, del Concilio vaticano II, se afirma que el pueblo de Dios procura discernir en los acontecimientos y en los deseos, en los que participan los signos verdaderos de la

105 Ibid., 6-17. 106 Ibid., 18-19. 107 Ibid., 20-21.

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presencia de Dios (GS 11). El nuevo modelo de mujer y de comprensión de sexos tiene una significación cultural decisiva porque produce cambios que atañen a la vida. Entonces se identifica la cuestión de la mujer como un signo de los tiempos que se descubre, que se calla, pero que representa una discusión más humana y más digna de un ser humano108.

2.3.3.2. El perfeccionamiento de la metodología del trabajo teológico de la mujer. Perspectiva teológica

Se cristalizó, sobre todo en las ciencias de la cultura, una nueva metodología en las experiencias humanas, desde diferentes perspectivas de espacio, tiempo, raza, posición social y género. La nueva cualidad de la cuestión de la mujer, como signo de los tiempos, tiene que ver con una evolución científica. Esto implica una visibilidad nueva y transformada en el trabajo teológico de la mujer sobre la categoría de género109.

La categoría género no está aislada. Las mujeres tematizan la pluralidad en la experiencia de lo que el mundo implica. La categoría de género puede contribuir con una exploración del tema antropológico, teológico y de justicia entre los sexos. La cuestión de la mujer puede identificarse como signo de los tiempos porque posibilita analizar la determinación sexual de ser humano que no se entiende pero reflexiona sobre su limitación. Esta visión otorga una libertad en la diferencia de sexos. En ese sentido, la cualidad teologal de la cuestión de la mujer como signo de los tiempos reside en un descubrimiento de la perspectiva de la creación y de un nuevo camino con libertad110.

2.3.3.3. Cambio en la percepción de la Iglesia y en la adhesión de la mujer. Perspectiva eclesiológica

Desde la perspectiva sociológico-pastoral, en los últimos años, se habla de pérdida de adhesión y des-feminización de la Iglesia. Las mujeres tienen la propiedad de comprometerse con las estructuras pastorales clásicas y de confirmar, al mismo tiempo, una iglesia que cobra fuerza y dinámica en su fe y en su compromiso eclesial111.

108 Ibid., 21-22. 109 Ibid., 22-23. 110 Ibid., 24-25. 111 Ibid., 25.

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La cualidad teologal de un signo de los tiempos se muestra, ante todo, en el afloramiento de interrogantes sobre el futuro de la fe. Se trata de un camino decisivo, guiado por el Espíritu de Dios para explorar de nuevo una tradición de fe cristiana. Este reajuste en la relación de la mujer con la iglesia, aflora lo nuevo del tiempo, pluraliza el mundo vital, abre la opción entre tradición y modernidad, en la búsqueda de nuevas formas ajustadas al evangelio para expresar la fe cristiana en el mundo de hoy112.